Asombra la tecnología bélica norteamericana, capacitada para realizar operaciones de alta complejidad como el reciente secuestro de Nicolás Maduro, tanto como impresiona la rusticidad del mensaje político que la acompaña, en particular los argumentos que esgrime el presidente Donald Trump para justificar la intromisión en Venezuela. ¿Se trata de una contradicción o es un modus operandi?
La operación Determinación Absoluta se autodefine por su nombre. Expresa la voluntad de intervenir para hacer valer los intereses de la potencia estadounidense sobre el país que posee las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo. Este parece ser el dato principal que debiera ordenar el análisis, más allá de las violaciones a los derechos humanos que se presentan como prioritarios pero no se someten a comparaciones con otros países del mundo.
Invoca colusión con el narcotráfico, algo que suena forzado puesto que Venezuela no es precisamente un narco-estado más allá que el flagelo de la droga también esté presente en zonas de su territorio. El invento del Cartel de los Soles no prosperó pero seguirá influyendo en los espíritus proclives a creerse ese cuento.
Más grave es aniquilar embarcaciones en mar abierto, sin probar que transportaran drogas, trae al recuerdo el infame pretexto de las armas de destrucción masiva que se esgrimió para intervenir en Irak en 2003 donde también el petróleo –como en Libia en 2011– era la cuestión.
Está todo a la vista, pero al mismo tiempo envuelto en la bruma de la ideología, que responde a su vez a las relaciones de fuerza en pugna por el control del mundo. Por eso es necesario poner el caso Venezuela en el contexto de la guerra cognitiva que es una parte importante de la guerra híbrida que se aplica en nuestra época, según explica el experto en riesgo geopolítico Ricardo Auer.
Los alineamientos explicativos son múltiples: por países, por grupos de pertenencia, por afinidades y múltiples preferencias. Se crea un maremágnum de argumentos y se asumen posiciones que sólo tienen en común que casi todas toman partido invocando una verdad que resulta esquiva y sin embargo existe y es compleja de analizar.
El régimen venezolano está en la mira de los intereses dominantes de la primera potencia mundial desde hace varios lustros. Más cerca en el tiempo, tras la muerte de Hugo Chavez ocurrida en 2013 después de haber gobernado desde 1999, el trato hacia el país caribeño fue empeorando con el tiempo. La denominación de “dictador” se estableció entonces y fue heredada por el sucesor, Maduro.
Así, con la Venezuela chavista hubo una escalada de sanciones tanto de EEUU como de países aliados que comenzaron en 2015 con medidas parciales que luego se ampliaron a penalizaciones económicas generales en 2017 y culminaron con un embargo petrolero en 2019, (dice la Wiki) afectando finanzas y activos, y extendiéndose a otros sectores como el oro, con varios ciclos de imposición y flexibilización hasta 2024-2025.
Cronología de las Sanciones de EEUU a Venezuela
2015: Primeras sanciones aplicadas por Barack Obama (Ley de Defensa de los Derechos Humanos), enfocadas sobre funcionarios por violaciones de derechos humanos y corrupción (restricciones de visado). Las exportaciones de hidrocarburos, que había superado los 62 mil millones de dólares en 2010, habían caído en un lustro a 50 mil millones.
2017: Sanciones económicas más amplias bajo Donald Trump, (asumido en enero de ese año), prohibiendo acceso a mercados financieros y transacciones con el gobierno venezolano. En estas condiciones se realizan en 2018 las controvertidas elecciones que reeligieron a Maduro con un amplio porcentaje de votos, pero donde la participación no alcanzó a la mitad del electorado.
2019: (Todavía bajo la primera gestión de Trump) se impone el embargo petrolero y congelamiento de activos del gobierno venezolano en EEUU. Se aplican también restricciones a la venta de oro y otros minerales buscando presionar la caída de Maduro tras las elecciones de 2018 restringiendo notablemente los ingresos por exportaciones.
2020-2025: Trump y luego Biden mantienen y amplían o rebajan las sanciones, con flexibilizaciones (como en 2022 para la empresa Chevron) y aplicaciones en otras áreas, en respuesta a la situación política y migratoria. Lo más dramático fue la enorme caída en las exportaciones petroleras por la acción del embargo combinado con la pandemia, cuando llegaron a sólo 700 millones de dólares en 2020. Para 2025 se habían recuperado a 13 mil millones, la quinta parte de lo que vendían en 2010.
En resumen, sostienen los sitios de análisis como Wikipedia, que “las sanciones no se establecieron de golpe, sino que fueron una política progresiva con diferentes fases y objetivos, siendo el año 2019 clave por el embargo petrolero” (y agreguemos sobre la exportación de oro, con congelamiento de activos en una de las principales plazas off shore del mundo, la City de Londres). Una verdadera política de estados que rigen el dominio de las finanzas mundiales, no sin registrar contradicciones con sus propios sistemas de especulación bancaria y financiera.
Mirado en esta perspectiva, el drama venezolano adquiere carácter de enorme tragedia social y explica en gran medida la diáspora de su población, que inicialmente fue de sectores con oficios más calificados y posteriormente se amplió a capas más sumergidas que son, sin embargo, las que trató de proteger el régimen chavista y donde radica su popularidad, tan cuestionada y sin embargo vigente. Lo admite, contrario sensu, el propio Trump cuando señala que Corina Machado, la premiada opositora y estandarte, no tiene las aptitudes y condiciones para hacerse cargo del gobierno.
Otros análisis iluminarán esta realidad compleja y la tragedia de un pueblo con el que tenemos relaciones fraternales desde antes del encumbramiento del chavismo. Nos importa señalar que Venezuela es hoy un campo preferencial de operaciones para el manejo de la opinión pública mundial. Se actúa allí como parte de una estrategia global de confrontación con los BRICS y el tiempo dirá si resultaron acertadas, lo cual es posible desde ya poner en duda.
En homenaje a la hermandad con ese pueblo es necesario mirar su lacerante estado actual con la mayor objetividad y solidaridad posibles. No es lo usual y a ello exhortamos, aún siendo escépticos de que una visión más objetiva se imponga de inmediato, pero confiando en que tarde o temprano las cuantificables proporciones de lo real terminarán siendo posible de entenderlas sin demasiadas distorsiones.
Como criterio metodológico conviene tener en cuenta que los prejuicios resisten con éxito a la razón, porque operan debajo del nivel de la conciencia y establecen presuntas verdades no expuestas al análisis crítico. Funcionan como determinantes en las sombras de lo que pensamos.
Crónica de un fraude anunciado
Con las innumerables dificultades para la sobrevivencia de los venezolanos que generó el embargo petrolero y el aislamiento financiero de la administración chavista debía generase un enorme caos social que derrumbara al régimen. Pero no sucedió como estaba planeado, pese a que abundaron los enfrentamientos y hasta se intentó el simulacro presidencial de Juan Gaidó, de cuyo apresurado reconocimiento tuvieron que desdecirse quienes en América y Europa se entusiasmaron en concederle de inmediato.
La crítica que puede hacerse a la “democracia bolivariana” es que aprovechó la renta petrolera sin encarar un verdadero despliegue de sus potencialidades productivas y laborales. Cuando se cortó ese maná del cielo por acciones beligerantes estadounidenses, como se reseñó anteriormente, todo se complicó. Así enteramos de que en Caracas faltaba papel higiénico como dato del desabastecimiento que sobrevino.
Hugo Chavez fue la respuesta a los manejos oligárquicos de una dirigencia que atendió a su enriquecimiento antes que al fomento de las capacidades nacionales, pero con una visión distribucionista que no se planteó prioritariamente ser promotora de nuevas actividades productivas y con ello permitió que se establecieran condiciones para que se multiplicaran los enfrentamientos internos y las injerencias externas.
O sea que mientras hubo recursos abundantes disponibles el comandante Chavez hasta pudo soñar con ser el líder de América Latina inspirado en Juan Domingo Perón. Cuando eso se restringió, los problemas pendientes se agigantaron y su muerte lo salvó de ver y sufrir la tragedia posterior. Dejó un legado movimientista que ahora tiene desafíos muy grandes por delante.
Tras la agitación para complicar a Maduro luego de las controvertidas elecciones del 2018 se desenvolvió el operativo para demostrar la ilegitimidad de su gobierno.
Empezó allí la operación para instalar que habría fraude que hoy está ampliamente lograda. El 95% de los observadores y comentaristas está convencido de que Edmundo González ganó las elecciones con argumentos que considera irrefutables y que se esgrimen como mantras. No es un tema sometido a verificación y las “pruebas” tiene la consistencia de artículos de fe. Nada hay más potente que la convicción de las creencias.
Quizás nunca sepamos la verdad verdadera. En la Argentina, por caso, no se abren las urnas en los recuentos electorales, aunque suele ser un reclamo en comicios de resultados ajustados.
La decisión del Comando Electoral de no mostrar las papeletas en Venezuela obedece probablemente a no entrar en el juego del poderoso adversario que domina el campo de la opinión pública, terreno en el que hay certezas muy instaladas y donde la realidad material puede ser bastante gris, habida cuenta de las dificultades reales en la confección de tales instrumentos de recuento de votos. La oposición ganadora en el debate no se ha privado de nada, pero cierto es que no obtuvo el gobierno puesto que la base chavista existe.
La actitud de la oposición, con amplísimo apoyo internacional, nos recuerda aquella célebre frase del diputado conservador cordobés José Aguirre Cámara que declaraba al Partido Demócrata de su provincia como “triunfante siempre desde antes del comicio”.
Para la relación de fuerzas en la batalla cognitiva, algo bien diferente de la batalla cultural que entraña debate, participación y amplitud de datos, se impone a Maduro como fraudulento y deja limpio al empresario Daniel Novoa de Ecuador de la misma acusación. Así funcionan las cosas en la manipulación pública y no podemos dejar de señalar su arbitrariedad como sustancialmente antidemocrática.
Pero cabe preguntarse: ¿Por qué sólo secuestraron a Maduro, cuando se trata de un régimen al que se acusa, no sin forzar todo, de narco y corrupto? Nos surge entonces una indagación: ¿Era el presidente de Venezuela una amenaza para la humanidad? Suena ridículo. Y más aún si lo comparamos con otros grandes productores de petróleo, como Arabia Saudita o Rusia, que promueven desde los BRICS un comercio mundial con otras monedas que desplacen al dólar.
Recubriendo estas crudas realidades económicas y sociales asistimos a una enorme proliferación de versiones que se instalan en todos los medios de comunicación no necesariamente con pretensiones de establecer con claridad los hechos sino para crear una enorme confusión general.
Estas indagaciones que realizamos sobre las operaciones informativas no buscan establecer una verdad alternativa al discurso impuesto por la hegemonía del poder mundial, que no se limita a la dominación norteamericana, sino que pretende llamar la atención sobre sus inconsistencias y su carácter manipulador como resultado de relaciones de fuerza que establecen sus propias prioridades por sobre los hechos, lo que son siempre más complejos que su reducción a eslóganes para alienar voluntades.
Desde un punto de vista más general escandaliza el uso de las víctimas como argumento puramente ideológico, lo cual resulta obsceno por la ausencia de empatía real con que se enuncia.
Ocurre porque la manipulación es en sí misma carente de principios y sirve a fines de contención y encuadramiento de las conductas sociales, dispersando las energías que de otro modo impulsarían necesarias reformas en favor de la equidad y la solidaridad humanas.