El Senado aprobó el Régimen Penal Juvenil y la edad de imputabilidad bajará a 14 años. A pesar de ello, la directora regional del Centro de Referencia del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia bonaerense, Sandra Barreto, ratificó la baja incidencia de los menores de 16 en actos delictivos y advirtió que habría que cambiar el eje de la problemática “de un sistema represivo a una mirada social”, más contemplativa de las necesidades de los pibes y sus familias.
“Con la situación económica actual, las familias están mucho más vulnerables porque el sistema económico rompe lazos familiares y comunitarios”, explicó Barreto a Y ahora qué?, quien está al frente de dieciséis municipios divididos en cuatro centros de referencia, uno por cada departamento judicial.
–¿Qué son esos centros de referencia?
–Barreto: Los dispositivos del organismo de Niñez que acompañan a los adolescentes que han transgredido la ley penal y que los juzgados le imponen una medida en territorio, pero no privativa de libertad. Acompañamos ese proceso, porque los chicos se van a su casa.
–¿No se van a su casa?
–Barreto: Solamente los que nosotros acompañamos. Los cuatro centros tienen un total de ochenta personas trabajando.
–¿Y cuántos adolescentes, niños, niñas?
–Barreto: En mi región debe haber unos 500, 550 jóvenes, y unos 100 privados de libertad.
–¿Qué ocurre con esos 100 que deberían estar privados de su de libertad? Si ello no ocurre, ¿dónde están?
–Barreto: Van a instituciones especializadas, a institutos de menores. La población carcelaria, en líneas generales, desde la Constitución y las garantías constitucionales actuales, no son espacios para resocializar a los adultos, así que mucho menos sirven para los adolescentes. Lisa y llanamente son cárceles para chicos más chicos. En algunas, obviamente tienen personal especializado para tratar con niños y no hay personal del Servicio Penitenciario. De todos modos, no dejan de ser lugares de encierro, con rejas, como si fuera una cárcel.
–¿Y cómo es la situación dentro de ese lugar?
–Barreto: Sí, yo no tengo tanta experiencia en ese campo, pero sí puedo decir que conozco a los compañeros del organismo que trabajan ahí y sé que hacen mucho esfuerzo para que los chicos estén lo mejor posible.
–¿La Justicia puede decidir que un joven de 17 años y ocho meses, por ejemplo, vaya a una cárcel común de adultos?
–Barreto: Los delitos muy graves, en líneas generales, tienen penas altísimas. Otro mito es que los chicos tienen penas mucho más laxas que los adultos. Obviamente que una persona de 50 años, con una pena de 15 años, sale a los 65. Bueno, un chico de 18 con una pena de 30 años sale a un adulto, digamos. Pero si tienen penas altas, de 20 años, por ejemplo, llega un momento en que pasan a unidades carcelarias que tienen pabellones de jóvenes adultos donde están con los chicos que, ya siendo adultos, han cometido algún delito entre los 18 y los 20 años. En el Servicio Penitenciario, nacional o bonaerense, tienen espacios para esos jóvenes y ahí pasan de los institutos de menores a los pabellones de jóvenes adultos. Otro mito es el de la puerta giratoria. No vamos a negar que a veces, y sobre todo en los barrios, el chico comete una transgresión y por ahí a los tres días o tres meses vuelve a la casa porque no es gratis que el sistema penal toque la vida de los chicos. Cuando un juez decide que la medida sea alternativa a la privación de libertad y lo manda a la casa, lo manda con estrictas pautas de conducta, y ahí es donde los pibes son acompañados por el personal de los centros de referencia en la Provincia de Buenos Aires.
–Es como si el chico cumpliera una condena en su casa.
–Barreto: Sí, pero -por ejemplo- están obligados a volver a la escuela, a hacer algún tratamiento para combatir adicciones, a no circular de noche… en fin… una serie de cosas. El acompañamiento de los adultos que trabajan en los centros de referencia es fundamental para colaborar con que ese joven no solo no vuelva a transgredir, sino que empiece a recuperar ciertas lógicas como volver a la escuela, ser consciente de que está necesitando algún tratamiento y sentirse cómodo circulando en su comunidad.
–¿Qué otro tipo de intervenciones realizan o sobre qué otras cosas operan?
–Barreto: El motor de la intervención de los centros de referencia es el vínculo. También hay una cuestión que muy real en estos momentos que es la situación económica porque las familias están mucho más vulnerables. El sistema económico rompe tanto los lazos familiares y comunitarios que la mayor vulnerabilidad de los pibes que llegan a transgredir la ley, y llegan a una cárcel o a un centro de referencia, está en que sus vínculos primarios son totalmente lábiles. No hay quien acompañe, no hay quien guíe, quien diga que tal cosa no se puede.
–Visto en esos términos, ¿qué tienen en cuenta los equipos de operadores al momento de tratar con un pibe?
–Barreto: Siempre les digo que tengan en cuenta que, si llegamos a la vida de un chico vulnerable a los 16 o 17 años, llegamos tarde. Pero, al mismo tiempo, estamos a tiempo -que esta obsesión por bajar la edad no tiene en cuenta- de hacer otra cosa, porque cuando hablamos de adolescentes siempre estamos a tiempo. Usando un lenguaje médico, es como si aún no se les cerraron los huesitos, así que podemos ayudarlo a que camine mejor.
–¿Cuáles son las causas más frecuentes por las que los chicos llegan a ustedes?
–Barreto: Los consumos problemáticos y de salud mental. Es una pandemia silenciosa, y no tanto, porque las consecuencias están a la vista. Nosotros acompañamos para que vayan aprendiendo herramientas y puedan elegir porque, cuando esa elección está viciada por el consumo ya no hay un sujeto libre de elección porque su voluntad está tomada por el consumo o por alguna afección de salud mental. Necesitamos que se pongan reflexivos, pero es un tema cada vez más difícil porque, cada vez, los consumos son más problemáticos y esas sustancias afectan su salud física y mental.
–¿Hay un cruzamiento de datos para determinar, en la Provincia de Buenos Aires, cuántos chicos transgreden la ley penal?
–Barreto: En la Provincia de Buenos Aires de cada 10 chicos, 6 o 7 son pobres, pero solo la mitad de uno, por ponerlo en este modo, transgrede la ley penal. Y creemos que los de 13 ya son grandes, y no los vemos como sujetos de cuidado. Y esta ley tampoco prevé que el Estado los vea como sujetos de cuidado, sino solo como sujetos pasibles de dar cuenta de sus actos. Nuestro principal trabajo es que comprendan que sus acciones tienen consecuencias.
–Pero si un pibe puede volver a su casa y seguir estudiando, si no tiene el delantal para ir al colegio, o los útiles escolares, si no tiene un plato de comida, si no se apoya a la familia, ¿cómo hace para seguir adelante?
–Barreto: En estas condiciones, hacemos un acompañamiento con un adulto guía que los ayuda a pensar, a encontrar el modo de controlar sus impulsos, que es el principal problema cuando dicen delito de adulto, pena de adulto, porque no es un adulto. La mayoría de los pibes no transgreden la ley porque hay un adulto guía que les aporta una infancia sólida, te da esos tres segundos que los ayuda a pensar qué están haciendo está bien o mal. Pero también hay que hacer un acto de introspección y revisar nuestro mundo adulto. Cómo hacemos nosotros mismos en la calle, en nuestras casas y en nuestros trabajos para controlar la violencia porque no estamos revisando nuestras conductas, y los chicos también necesitan ser cuidados de ese modo.