El experto Martín Maldonado razona así: “Imaginemos que una persona quiere bajar de peso. El paciente pesaba 100 kilos, a las dos semanas va al médico y le dice: ´Peso 85 kilos, pero me corté las dos piernas´. Es lo que hizo Milei”. Y en esta entrevista explica su razonamiento con todo rigor.
La pobreza bajó más de 20 puntos porcentuales en solo un año. De esta manera, en la primera mitad de 2025 unos 10 millones de personas dejaron de ser pobres y 5,3 millones abandonaron la indigencia, según el INDEC. Los números dan muchos motivos para festejar. Pero…
Aunque ninguna estadística refleja la realidad, sino que la representa, en el caso de la pobreza los métodos para medirla vienen siendo cuestionados hace años. Y en los últimos 24 meses, los del gobierno de Javier Milei, las voces críticas se alzaron desde varios lugares. Uno de los más respetados es la Universidad Católica Argentina. Su Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) advirtió que, si bien la pobreza se redujo gracias a la baja de la inflación, los cambios en los precios relativos y el fortalecimiento de la AUH y la Tarjeta Alimentar, la caída efectiva fue de apenas 2,1 puntos porcentuales en dos años −del 33,9% al 31,8% entre 2023 y 2025− al corregir problemas de “captación” en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). El observatorio afirma que la encuesta mejoró de forma abrupta su capacidad para registrar ingresos laborales y no laborales. Entonces, que más personas declaren todos sus ingresos genera un “efecto estadístico” que explica casi tres cuartas partes de la baja de la pobreza informada por el organismo oficial.
Por otro lado, el observatorio cuestiona que el INDEC siga usando un cálculo para la Canasta Básica Total (CBT) de 2004/2005, aunque existen datos actualizados a 2017/2018, donde el peso de los servicios en el presupuesto familiar es mucho mayor. Para Agustín Salvia, director del ODSA, una actualización metodológica llevaría la canasta vigente para octubre pasado de $1.276.649 a unos $1.942.000. Con este cambio, la pobreza habría crecido menos tras la devaluación de diciembre de 2023, pero también habría bajado menos velozmente durante 2024 y 2025.
Martín Maldonado, doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Córdoba e investigador del Conicet, es un especialista en pobreza que le pone el cuerpo al problema. En 2020 formó parte del Proyecto Czekalinski, un experimento en el que, junto a otros voluntarios, se dispuso a alimentarse durante 6 meses con la Canasta Básica Alimentaria, un listado de 52 productos que el INDEC usa para determinar si una familia es pobre o no. No lo logró.
−¿Cómo calificás la medición de pobreza oficial del INDEC?
−Limitada y obsoleta. Porque se hizo en 1985. La Argentina tiene dos mediciones oficiales de pobreza. Una, Necesidades básicas Insatisfechas (NBI), que se mide cada 10 años con el censo, incluye cinco variables que miden carencia material: calidad de la vivienda; la dimensión sanitaria, que mide acceso a agua potable y método de eliminación de excretas; la tercera mide si los chicos en edad escolar −hasta segundo año de la secundaria− asisten a la escuela, solo eso. La cuarta mide hacinamiento: si hay más de tres personas por cuarto. Y la última dimensión es cuántas personas dependen del principal sostén del hogar, y si esa persona sabe leer y escribir.
–¿Cómo es la historia de las mediciones?
–Son dimensiones de una pobreza muy extrema de carencias materiales, que fueron diseñadas en el año 1960. Esa medición de pobreza estructural se hizo por primera vez en 1980. En Santiago del Estero, Chaco, Formosa, daba entre 45 y 52% de personas con NBI, pero en el último censo, en 2022, dio alrededor de 9%. Porque es un indicador de pobreza casi rural. En Caba siempre dio entre 6 y 7%: los pobres siempre tuvieron un techo, agua potable, fueron a la escuela, saben leer y escribir y no viven más de tres personas en un cuarto. Pero podés seguir siendo pobre.
–¿Para qué sirve este indicador?
−Sirve para tomar decisiones a largo plazo y su principal virtud es que mide todo el país. NBI actúa en conjunto con la segunda forma de medir, la medición de pobreza por ingresos, que se hace todos los meses y se reporta cada trimestre. Mide solamente ingresos monetarios en centros urbanos de más de 80.000 habitantes. Son 40.000 encuestas que reflejan todos los ingresos autorreportados por la familia. La familia dice: “yo gano esto en blanco, esto en negro, esto me presta mi mamá y esto es un resultado de una changuita que vendo pizza los fines de semana. Y redondeo $1.200.000 al mes”. Eso se compara con el costo de la canasta básica alimentaria, que tiene 52 alimentos.
−¿En esa canasta limitada está el principal problema?
−No, hay 18 problemas. Yo tengo relevados 18 “trucos” con las mediciones. La lógica, de última, está bien. La del censo sirve para grandes desarrollos de largo plazo. Así nos dimos cuenta de que había que llevar agua para el norte o infraestructura para la Patagonia. Es una foto del desarrollo regional del país. Y la medición por ingreso es un electrocardiograma muy sensible a la microeconomía, a la variación de precios.
–¿Cómo es la canasta que conforman esos 52 alimentos?
−Tiene mucho pan, mucho fideo, mucha azúcar y solo 130 gramos de queso al mes. De carne tiene 5 kilos de la más barata disponible en góndola: carnaza, alita y carcasa de pollo. Y 150 gramos de pescado. Lácteos tiene muy poco, tiene productos baratos y que te dan alta saciedad.
En carne propia
Un poco al estilo del documental Super size me, en el que Morgan Spurlock comió solamente en McDonald’s durante un mes, con consecuencias escalofriantes, Maldonado participó del Proyecto Czekalinski. En 2020, él y otras dos voluntarias se propusieron alimentarse con la canasta básica durante seis meses y comparar su evolución con otros dos grupos: uno que siguió una dieta basada en las recomendaciones de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) del Ministerio de Salud, y otro que siguió comiendo lo que comía normalmente.
Cuenta Maldonado: “Yo duré cuatro meses, hasta que el médico me ordenó suspender porque tenía los valores de triglicéridos plasmáticos disparados. Y las dos mujeres duraron tres meses. Una presentó un descenso de peso abrupto, a punto de entrar en Bajo Peso. La segunda, además de un descenso de peso considerable, vio interrumpido su ciclo menstrual. El médico nos dijo: ´Ah, comer como pobre mata´”.
–Entonces, ¿por qué se sigue usando esa canasta como referencia?
–Todos los gobiernos de la democracia mantuvieron artificialmente bajas las líneas de indigencia y de pobreza. Para que haya menos pobres que atender. Otro de los trucos es que los gobiernos suelen hacer convenios, a través del Ministerio de Economía, con cuatro o cinco supermercados en el Gran Buenos Aires y después mandan a los investigadores del INDEC a medir en esos supermercados. Cuando había Carne para todos, había dos supermercados en La Matanza que tenían el kilo de asado a 5 mil pesos, entonces para el INDEC en todo el país la carne valía 5 mil pesos. Todos los gobiernos tiran esa línea de pobreza artificialmente para abajo, con varios trucos, para que quede poca gente por debajo de la pobreza.
−Hoy la línea de pobreza para una familia de cuatro personas es de $1.257.329.
−¿Qué significa ese número? Que una familia de 4 personas tiene que pagar alquiler, expensas, todos los servicios −electricidad, agua y gas−, comida, vestimenta, salud, esparcimiento, la comida para el perro, la cuota del celular, la cuota de Netflix, el boleto de ómnibus y la nafta para la moto con esa plata. Es a todas luces imposible. Una mujer sola tiene que vivir con 411 mil pesos al mes. Si yo hago un estudio antropométrico de la Argentina, y digo que la altura promedio de los hombres es 1,50 m., y para la mujer 1,40 m., entonces somos todos altos. En mi programa de subsidios y atención a los petisos voy a tener poca gente. Por eso los gobiernos mantienen la línea artificialmente baja: para que queden pocos por debajo, porque a cada uno de ellos le tengo que pagar asignación universal por hijo, planes de vivienda y subsidios en las tarifas.
−¿Cómo se calcula la canasta básica total?
−Acá aparece otro de los 18 trucos. La canasta básica alimentaria es súper deficitaria nutricionalmente, no es nutritiva. Te da la línea de indigencia, que tiene por debajo a los que no pueden ni siquiera comprar comida. Y la línea de pobreza se mide con la canasta básica total, que debiera ser una canasta de bienes no alimentarios. Debiera tener un alquiler, un promedio de tarifas, ropa para cuatro personas, los utensilios escolares, boletos de transporte. Pero nunca se conformó en la práctica una canasta básica total. Lo que hacen es multiplicar la canasta básica alimentaria por 3. Ese “coeficiente de Engel” tuvo su origen en el año 1985, cuando las familias gastaban un cuarto de su ingreso mensual en alimentos y tres cuartos en bienes no alimentarios.
−¿Cómo se llegó a esa conclusión?
−En la encuesta nacional de hogares de 1985 se le preguntó al segundo y al tercer decil más bajo de ingresos qué porcentaje de sus ingresos gastaba en alimentos. Y esa gente dijo entre un cuarto y un tercio. Entonces ese número se multiplica aproximadamente por 3, con muy pequeñas actualizaciones, para completar la canasta total. Pero en 1985 no había celulares, no había internet, no sé cuántos pagaban educación o salud privadas. Esa proporción quedó completamente obsoleta. Además de las dos variables que publica el Indec, hay otras dos formas de medir pobreza a las que prestan atención los especialistas: la Pobreza Multidimensional y la medición de Status y Poder Adquisitivo.
–¿Cómo funciona la medición de la UCA?
−La medición de la Encuesta de Desarrollo Social de la UCA es mucho más completa, porque mide acceso a derechos a través de 250 variables. El formulario tarda casi ocho horas en completarse encuestando a cada familia. En Calidad del ambiente, por ejemplo, pregunta por cercanía a un basural, cercanía a agua estancada, calidad de la vivienda completa; calidad de tu empleo, si es en blanco, si te sentís realizado en tu trabajo. En educación mide si los chicos comen en la escuela, si aprenden, cuántas materias se llevan, si entienden lo que dice la maestra… hay como 50 preguntas. En Salud pregunta si usted se siente feliz o no, a cuánto queda el hospital más cercano, cuándo fue la última vez que fue al odontólogo, si se hizo un Papanicolau o una mamografía; cuánto tiempo tardó en obtener el último un turno médico, si entiende lo que le explicó el médico… En transporte es similar.
Y las nuevas preguntas son por salud mental: “¿Usted tiene en quién confiar cuando quiere hablar de un problema? ¿Cuándo fue la última vez que lo abrazaron? ¿Y la última vez que le contó un cuento a su hijo?”. Hasta mide calidad del tiempo libre, a qué lo dedica, porque no es lo mismo ver Facebook o salir a caminar. Mide equidad de género. Mide participación política…
–¿Y qué resultado da?
−Cuando medimos acceso a derechos, 67% de los argentinos tienen carencia en algunos de estos derechos: ambientales y habitacionales, de empleo, salud, educación o servicios. O sea, dos de cada tres argentinos viven en hogares donde hay carencia en algunos de estos derechos. Y uno de cada tres tenemos una vida plena, un trabajo en blanco, digno y respetado, vivimos en casa propia con todos los servicios, tomamos vacaciones a fin de año, compramos un libro en el último año. Yo, por ejemplo, consigo turno médico y entiendo lo que me dicen los médicos, he votado la última vez, me acuerdo a quién y sé por qué voté, participo de actividades recreativas, de tiempo libre y de deporte.
–¿La de la UCA es la representación más fiel de la pobreza en este momento?
–Es la representación más fiel, pero es carísima de llevar adelante. Si la medición de pobreza por ingreso releva 40.000 hogares, la de la UCA releva 6.000 hogares y se hace una vez al año: es muy seria, metodológicamente perfecta, pero es muy chica la muestra.
−¿Qué significa la pobreza hoy?
−La pobreza hace mucho tiempo dejó de ser un concepto unívoco: se puede ser pobre por infraestructura, por falta de ingresos o por falta de acceso a derechos. Se puede ser pobre rural o se puede ser pobre de un pueblo originario, se puede ser pobre por discriminación: tener buen ingreso pero ser discriminado por tu elección religiosa o de género. En CABA hay muchos barrios, como Boedo, donde la gente tiene todos los servicios pero no tiene para mantener sus casas. Son los nuevos pobres por ingresos: la persona tiene casa y cultura, tiene un título y vínculos sociales de clase media, pero no puede festejar un cumpleaños porque no le alcanza la plata.
−¿Y la medición por nivel socioeconómico?
−La hace la Asociación Argentina de Marketing, que son varias consultoras privadas, y es básicamente económica. Es la que genera la famosa pirámide que publican los medios y divide los ingresos en ABC1, ABC2, C1, C2, etc.. Combina ingresos, nivel de educación, nivel y prestigio del trabajo. Esa medición da que un 51% de la población es de clase media o media baja.
−¿Se pueden comparar los cuatro índices?
−No: uno son chauchas, otro son palitos, otro, vacas y el otro, naranjas. Miden aspectos distintos de un fenómeno muy complejo que es la pobreza. No hay uno mejor que otro, se eligen de acuerdo a la política pública que yo quiera diseñar. El de pobreza multidimensional es el más completo, pero no tenemos cortes históricos. El de NBI, que no tiene manipulación, quedó obsoleto porque describe la pobreza en el año ´60. Y hoy los pobres pueden tener agua potable, saber leer y escribir y tener un techo. Los pobres de hoy no tienen 8 hijos que viven hacinados.
Es como que yo pregunte cuál es el mejor instrumento para diagnosticar una enfermedad: ¿un termómetro de mercurio, una radiografía, una tomografía computada o una evaluación psicológica y psiquiátrica? Depende de qué enfermedad. En este caso, depende de qué pobreza querés describir: la urbana de CABA, la rural del Chaco, la del mercado laboral, la de los migrantes o la de la población que hace trabajo golondrina.
–¿Hay países de la región que hayan modernizado la forma de medir pobreza?
–Sí. Brasil, Chile y México los actualizaron y miden pobreza multidimensional. Y mantienen la medición de pobreza por ingreso hasta soltarla con el tiempo. En Estados Unidos hay cuatro niveles de canastas básicas. El mundo está yendo hacia esas mediciones de pobreza multidimensional.
−¿Por qué no se actualiza en la Argentina?
−¿Qué gobierno quiere reconocer 67% de pobres? Porque al otro día tenés que aumentar al triple la asignación universal por hijo y todos los programas sociales… Cuando asumió Milei dije “es muy bobo el hombre”: no le interesan los temas sociales, nadie lo asesora y no escucha a los que sabemos. Al inicio de su gobierno se perdió la oportunidad histórica de decir: “yo cambio el modo de medir la pobreza y empiezo con 67% de pobres, que es lo que me deja la pesada herencia del peronismo. Y después bajo ese número”.
−Al asumir, Mauricio Macri prometió pobreza cero…
−En ese momento mi hija, que tenía unos 12 años y ya empezaba a entender a qué me dedicaba yo, me dijo: “Papá, te vas a quedar sin trabajo”. Y le contesté: “No, quedate tranquila que papá va a tener trabajo para rato”. Macri no hizo grandes cambios. Con los últimos índices, muchos medios dijeron irresponsablemente “Milei sacó de la pobreza a 12 millones de argentinos”. Eso es absolutamente falaz, como fue falaz decir que Macri aumentó 4 millones de pobres en 2017, que Cristina sacó de la pobreza a 6 millones de personas o que Alberto Fernández sumó 6 millones de pobres en su último semestre de gobierno. Cuando los precios de los alimentos en relación a los otros precios suben o bajan mucho, la medición se pone boba y no mide pobreza sino que mide inflación. Es como hacerse un análisis de sangre después de comer una porción de torta. ¿Qué pasó en este último corte? La línea de pobreza bajó tanto, a $1.257.329, que quedaron un montón de pobres por encima: familias que ganan $1.300.000, $1.500.000, para el INDEC no son pobres.
–¿Cómo evaluás la política de ayuda social del gobierno, que aumentó la AUH por encima de la inflación?
−Es atroz, pero coherente con la ideología libertaria de eliminar intermediarios como organizaciones sociales, fundaciones, clubes de barrio y centros vecinales, con la que estoy completamente en desacuerdo. La AUH le ganó a la inflación pero… ¿esas familias son menos pobres o más pobres? Reciben más dinero del Estado pero son mucho más pobres porque el estado les sacó calidad en la educación, calidad en la salud pública, en el transporte. Si hay una persona discapacitada en la familia ni hablar, o si hay adultos mayores con jubilaciones o pensiones.
La amputación de Milei
Maldonado lo grafica con una analogía: “Imaginemos que una persona quiere bajar de peso. El paciente pesaba 100 kilos, a las dos semanas va al médico y le dice: ´Peso 85 kilos, pero me corté las dos piernas´. Es lo que hizo Milei. Todavía el impacto del ajuste es mucho menor gracias a 20 años de un Estado presente. Yo prefiero que el paciente baje dos kilos por mes porque está haciendo una dieta estricta y porque va bajando grasa magra, y no que se corte las piernas. Acá cortaron cosas que después va a llevar muchísimos años recomponer, como Vialidad Nacional. El costo de dejar de mantener una ruta, cuando quieras retomarlo, va ser mucho más grande. No es como dejar de escribir un paper y seguirlo a los 4 años. No hay un plan de país, no hay un criterio, no hay un horizonte de desarrollo ni planes sectoriales.