La Ley de Modernización Laboral propuesta por el Gobierno nacional, que se tratará en las sesiones extraordinarias del Congreso, intenta flexibilizar la Ley de Contrato de Trabajo, y para el Premio Konex 2006 y director de la Especialización de Posgrado en Derecho del Trabajo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Mario Ackerman, implica “un retroceso en derechos que debilita a los trabajadores” e indica “el enanismo moral del proyecto mileista”.
El proyecto oficial busca flexibilizar la Ley de Contrato de Trabajo, reduciendo costos laborales y una supuesta litigiosidad para fomentar el empleo formal.
Entre sus puntos más destacados incluye cambios en la presunción de la relación laboral, ajustando qué actividades quedan fuera de la ley; la creación de un banco de horas como forma de compensar horas extras con descanso equivalente en lugar de la retribución monetaria, permitiendo jornadas de hasta 12 horas; la creación de un Fondo de Asistencia Laboral con el que pretenden modificar el régimen indemnizatorio y crear un fondo que sería administrado por entidades privadas; la incorporación de modalidades digitales para recibos de haberes y certificados laborales y la flexibilización del goce de las vacaciones
Para Ackerman, quien dialogó con Y ahora qué?, existe “una usurpación del lenguaje de la libertad”. Consideró que esta reforma propuesta, “recorta protecciones y abre la puerta a negociaciones individuales en condiciones de extrema desigualdad. No es una propuesta inmoral: esto es inmoralidad en sí misma», aseveró.
–El jefe de Gabinete Adorni aseguró que el Gobierno está obsesionado en sacar la Ley de Modernización Laboral. ¿Por qué cree que están tan obsesionados?
–Ackerman: Porque quieren aprovechar el empuje que les dio el triunfo electoral, pero en condiciones normales no debería ser posible porque es un saqueo descarado a las normas laborales. Juegan con el apuro y han mezclado lo laboral con el tema fiscal, el Impuesto a las Ganancias y la coparticipación federal, que es con lo que están extorsionando a las provincias. Y son temas que no tienen absolutamente nada que ver. Es un gran problema que no se está debatiendo.
–¿Cuál es, a su juicio, el tema esencial que no se está debatiendo?
–Ackerman: El Fondo de Asistencia Laboral, por ejemplo. Es el núcleo duro del proyecto porque se podrá usar para despidos, pero también para cualquier otra hipótesis de terminación de la relación de trabajo, muerte del trabajador, incapacidad, extinción del vínculo, pero, fundamentalmente, apunta al despido sin causa.
–¿Por qué lo considera el núcleo duro del proyecto?
–Ackerman: Primero, porque el empleador podrá despedir sin costo utilizando tres puntos de la contribución patronal a la jubilación. Puntos que se deducen de lo que debería ir al ANSES y que van a este fondo que sería administrado por entidades financieras privadas. De esto, por ejemplo, no se habla mucho, pero tiene dos consecuencias. La primera es que el empleador no va a tener, entre comillas, miedo a despedir porque lo hará sin costo. Y, simétricamente, el trabajador va a tener miedo a que lo despidan porque sabe que al empleador no le costaría nada. Para decirlo sencillamente: esto generará trabajadores más obedientes.
–¿Cuánto representa ese tres por ciento?
–Ackerman: Anualmente son unos 3.300 millones de dólares que les sacarían a los jubilados y se los darían para administrar a empresas, entidades financieras, fintechs o lo que se autorice. Así que el problema no está en el Impuesto a las Ganancias, está acá. ¿Por qué no hablan de esto?Esto representa un negocio descarado a costa de los trabajadores y de los jubilados. Álvaro Espina Montero, ex secretario general de Empleo de Felipe González, ya hablaba en la década del 80 de la estatura moral de una sociedad. Decía que se mide según la atención que se les preste a los sectores más vulnerables, más débiles y más necesitados. La estatura moral de este proyecto es de enanismo moral.
–¿Qué destino le ve a este proyecto si se llegase a convertir en ley?
–Ackerman: Sacarles plata a los jubilados para ejercer la especulación financiera a través de una ley va a ser declarado inconstitucional, no tiene salvación porque elimina la protección contra el despido arbitrario, que es el corazón del Derecho del trabajo. Si el trabajador no tiene protección contra el despido arbitrario, ¿cómo va a reclamar? ¿Cómo le va a decir al empleado que no le pagó el sueldo el mes pasado? El empleador le puede contestar que si no le gusta que se vaya. Y ni hablar de otras eventuales atrocidades como invitar a una secretaria a cenar a la noche a su casa. Si esa mujer le dice que no, la podría echar gratis.
–¿Qué otra crítica le hace?
–Ackerman: Derogación de derechos individuales y una exclusión monumental de derechos del trabajo. Hay una “uberización” del trabajo. De hecho, se ocupan de ellos y les dedican un capítulo de la ley, más de diez o doce artículos que, de una manera u otra dicen que no tienen ningún derecho laboral. Dejan de ser trabajadores porque no tienen ningún derecho laboral, no tienen vacaciones, ni salario garantizado, ni protección contra accidentes de trabajo, nada. Dejan de ser trabajadores. Esta es la modernización que proponen.
–¿Por qué el Gobierno insiste en que esta reforma laboral va a permitir la creación de fuentes de trabajo?
–Ackerman: Porque algo tienen que decir. ¿Qué van a decir, que lo hacen para explotar a los trabajadores? Si yo fuera el Gobierno diría exactamente lo mismo, y agregaría que es para terminar con el trabajo en negro y para promover la contratación de trabajadores.
–Disculpe el lenguaje, pero es como si nos trataran de pelotudos. ¿No le parece?
–Ackerman: Por supuesto que nos tratan de pelotudos. Lo voy a poner en un ejemplo: yo vivo en un club de campo, tengo una casa muy linda, una pileta muy grande, y descubro que para llenar de agua la pileta tengo que evitar que salga el agua y tirar mucha agua adentro. También descubro que, si destapo la pileta y no echo agua, la pileta se vacía. Y esto es lo que pasa en las relaciones de trabajo. Si usted facilita los despidos, pero no simplifica y abarata la contratación en serio, no va a haber contratación, se va a vaciar la empresa. Las empresas argentinas no contratan trabajadores, primero, porque no tienen guita y porque no hay crédito. Segundo, porque no tienen necesidad, porque con este dólar no se puede exportar y con estos costos, y los ingresos de los trabajadores, no hay consumo.
–También se arma un círculo vicioso.
–Ackerman: Claro. Las fábricas cierran porque no hay actividad productiva, que es el núcleo duro de la economía. Y para eso, por ejemplo, hay que cambiar el valor del dólar, no hay que abrir la economía para afuera, hay que abrirla para adentro. No hay que permitir que entren productos chinos. Si no hacemos esto, por más que les diga a los empleadores que van a poder despedir gratis tampoco van a contratar personal porque no se reactivará el consumo.
–¿Por qué razón la nueva ley generaría empleo, entonces?
–Ackerman: No va a generar empleo porque no habrá más consumo. El empleo no lo genera el Derecho laboral ni el abaratamiento del costo del trabajo. Si no, volvamos a la esclavitud y sería todo más fácil, pero hoy ni los esclavos servirían porque habría que darles de comer. Por eso digo que la solución para la generación de empleo no está en las normas laborales. ¿Dicen que esto va a generar empleo? Veremos dentro de dos años cuando no haya trabajo y adjudiquen el problema a la industria del juicio, porque alguien tendrá que tener la culpa.
–¿No a la ineptitud de los gobernantes?
–Ackerman: Ineptitud no. Detrás de esto hay un proyecto de país con vaciamiento de la producción nacional.
–Exactamente lo contrario de lo que está haciendo Trump.
–Ackerman: Trump cerró y devaluó el dólar frente al euro. Es decir que el euro hoy es más caro frente al dólar mientras nosotros tenemos el dólar barato. Pero, además, metió aranceles. Si usted devalúa su moneda y pone aranceles, esto tiene un doble efecto porque limita las importaciones y facilita las exportaciones. Nosotros estamos haciendo exactamente lo contrario. Es así de fácil la cosa, no tiene ningún misterio. Lo que es alarmante, lo que preocupa, es que nadie hable de esto.
–¿Podría enumerar tres puntos a favor y tres en contra del proyecto de Ley de Modernización Laboral?
–Ackerman: Uno: la verdadera modernización pasa por la digitalización de todos los registros y la simplificación. La eliminación de papelería inútil, la digitalización de los recibos, la promoción del pago a través de transferencias, de paso le hacen un pequeño negocio a Mercado Pago. Esta simplificación y adaptación en materia de pago y de comprobante, está bien. Segunda virtud: define varias cosas que están en conflicto en la jurisprudencia. Todas en contra de los trabajadores, pero las define. Por ejemplo: ¿cómo se calcula la indemnización por despido? Hay una discusión en la jurisprudencia sobre el aguinaldo: ¿tiene que entrar en la base indemnizatoria? Hay tribunales que dicen que no, tribunales que dicen que sí. Esta ley dice que no entra el aguinaldo en la base indemnizatoria. Si bien son reformas que quitan derechos a los trabajadores, define la cuestión y baja la causa de litigiosidad. A mi gusto, la baja al revés de cómo debería ser. Y veo una tercera ventaja para las empresas, y es que pueden aprovechar mejor la mano de obra que tienen ocupada, bajando los costos laborales, lo que llaman el costo del salario. Esto, por supuesto, conspira contra la generación de empleo, pero es otra virtud del sistema, por lo menos para algunos. ¿Está claro?
–¿Y los tres en contra?
–Ackerman: El Fondo de Asistencia Laboral, que es una estafa, un negocio financiero que lo único que hace es facilitar los despidos. Segundo defecto del sistema: la exclusión de trabajadores de los derechos laborales. La tercera es que, para las empresas, esto va a ser más barato y más caro para los trabajadores porque lo van a pagar con libertad. El trabajador no va a poder decir que no. Y si le parece le sumamos un ataque frontal u un debilitamiento de todo el sistema de relaciones colectivas de trabajo, la organización sindical, la negociación colectiva y al derecho de huelga. No hay que olvidar que sin organizaciones sindicales fuertes los trabajadores tienen menos derechos.
–A pesar de este escenario, los sindicalistas aún no logran acordar el camino a seguir.
–Ackerman: Sí, no hay homogeneidad. Hay disconformidad, pero tienen unas internas espantosas y no se terminan de dar cuenta que ahora de tienen que estar todos juntos deponiendo ambiciones personales. Yo les diría que se peleen por otra cosa, pero que ahora vayan todos juntos.
–¿Usted qué actitud tomaría ante este cuadro?
–Ackerman: Haría un paro general por tiempo indeterminado. En Europa, por una reforma de este tipo, hoy tendría una huelga en puerta. Haga un paralelo, por ejemplo, con la reacción de los granjeros europeos por el acuerdo Mercosur-UE, Pararon Francia, y el acuerdo todavía no está ratificado. Acá, la reacción es, ¿qué negociamos? ¿con qué nos quedamos? Hay que tomar una actitud común, ya sea negociar todos juntos o hacer huelga todos juntos. Pero no se ponen de acuerdo, y eso favorece al Gobierno. Y los gobernadores, en lugar de estar preocupados por los trabajadores y los empresarios de sus provincias, están preocupados por la discusión de la coparticipación federal. ¿O usted escuchó a algún gobernador hablar de la reforma laboral y del Fondo de Asistencia Laboral? ¿Los escuchó hablar de la expulsión de trabajadores del Derecho del trabajo o del debilitamiento de las organizaciones sindicales? ¿O del derecho de huelga?
–Hablan del tema fiscal.
–Ackerman: De la plata de la coparticipación, que no tiene nada que ver con esto. Si usted lo piensa con malas intenciones, puede ser una estrategia del Gobierno. Metieron el tema fiscal para negociar eso y que no les toquen el tema laboral. No sé si es la intención, pero el resultado viene siendo ese. Hay un juego de distracción, es una estrategia casi militar. Por un lado, un ataque frontal y relámpago contra las instituciones laborales. Y, por otro, un ataque para distraer la atención. Pusieron una bomba en otro lado, mientras socaban por acá.
–¿Y el objetivo final cuál es? ¿Lo laboral o lo fiscal?
–Ackerman: Está muy claro que el objetivo es la reforma laboral, entre otras cosas por lo que recauda ese Fondo de Asistencia Laboral en un año. Esos 3.300 millones de dólares al año se los sacan a los jubilados, se los pasan a entidades financieras privadas para que lo administren, cobren una comisión, trabajen la plata en fondos de inversión y para que tengan el dinero a disposición de los empleadores cuando quieran despedir a un trabajador y no les cueste. Vienen tiempos preocupantes. Esta reforma termina con mucha litigiosidad y de peor calidad que la anterior porque da ventaja de corto plazo, pero -en el tiempo- provocará menos generación de empleo, menos necesidad de trabajadores, menos consumo y una caída de la economía. A cambio de esto se van a facilitar las importaciones, tendremos más productos importados, menos producción y habrá que ver qué queda del país y hasta cuándo se aguanta de esta manera.
–Igual el consumo quedará restringido porque corremos riesgo de disminuir geométricamente la base de consumidores.
–Ackerman: Sí, pero facilitamos el empleo en China, en algún lugar generamos empleo, así que los chinos están contentísimos con nosotros… Esta es la Argentina que viene: un país cada vez menos desarrollado y más dependiente de los capitales extranjeros. Un país de servicios que exporta, cada vez, más barato; con trabajadores que no son trabajadores porque no van a tener relación de dependencia. Este es el modelo que viene. Esto es lo que la gente votó.
