El dirigente agropecuario y expresidente de la Federación Agraria Argentina definió la situación como “catastrófica” por un “dólar retrasado, una alta carga impositiva y el aumento de costos permanente”. Pintó un cuadro negro por un marco que sólo deja espacio al rentismo.
–Si tenemos que mirar la famosa macro, que el Gobierno asegura que va bien, en relación a la micro, que en muchos lugares anda mal, ¿qué podría decir de eso en relación a la producción agrícola?
–Buzzi: Que puede haber algún accidente comercial favorable por el petróleo o la exportación agropecuaria, pero salvo el superávit comercial que puede estar habiendo, el desequilibrio fiscal es un dato de la realidad a partir de que están inyectando transfusiones permanentes a través de préstamos y todo tipo de artilugios para sostener el tipo de cambio, aunque la plaza en pesos no esté bien porque la han secado. No hay una demanda de dólares en el pequeño inversionista. El pequeño ahorrista -al contrario- está liquidando. La macro es mentira o está sostenida por un par de pilares pero el plan económico tiene que recurrir permanentemente a ciertos artilugios para que no se desencadene una corrida hacia el dólar y el retiro de depósitos. Respecto a la micro, en relación al campo, el modelo está repitiendo el déjà vu de los noventa porque, nuevamente, se necesita tener escala para que los números cierren. Esto ocurre en la agricultura, que es distinto al sector ganadero que está atravesando una bonanza transitoria por defecto y no por virtud.
–¿Por qué?
–Buzzi: Porque está faltando hacienda, hay demanda internacional y aún un cierto consumo interno. Y ante la falta de oferta hay un cierto veranito, pero es una circunstancia transitoriamente positiva para el sector ganadero remanente, que son muchos que permanecieron en la actividad porque no les da para sembrar soja y siguen teniendo vacas. Son porfiados, tienen vocación o son ganaderos de toda la vida. En la agricultura, en cambio, con el dólar retrasado, una alta carga impositiva y el aumento de costos permanente, la mayoría de los productores están en una situación de endeudamiento creciente, de quebranto y solamente le cierran los números a los que trabajan en grandes escalas. El productor mediano que sobrevivió a todas las crisis de los ‘90, al macrismo, a la falta de una política activa de parte de Alberto Fernández, a ese sobreviviente -hoy- no le están cerrando los números.
–¿Y a quién le cierran?
–Buzzi: A los que trabajan de 4.000 a 5.000 hectáreas para arriba. Y les cierra por escala y no por producto, por el retraso del tipo de cambio y todos los costos que le impiden una rentabilidad. Eso no está pasando.
–¿Qué es determinante para la rentabilidad agropecuaria?
–Buzzi: El tipo de cambio. Ni siquiera hay que discutir retenciones. Que nos den un tipo de cambio competitivo y acorde al proceso inflacionario, y la rentabilidad del campo explota.
–¿Cuál sería a su criterio?
–Buzzi: El dólar, cuando asumió Milei -en diciembre de 2023- era de $ 860 pesos. Al 15 de marzo 2026 debió de ser ajustado en más de un 200%, según el proceso inflacionario que tuvimos, es decir que tendría que estar cercano a los $ 2.500. Por lo tanto, un quintal de soja de $ 45.000 pesos, con un dólar real que deberíamos tener, tendría que estar en $ 78.000 pesos. Le das al productor $ 78.000 por cada 100 kilos de soja y los números cambian, o por cada 100 kilos de girasol o de trigo o de maíz. En este momento, entre el retraso cambiario y la erosión que provocó el aumento de los costos, especialmente en combustible, logística, insumos y demás, hace que el productor no esté ganando plata.
–¿Cómo se explica que la Expochacra de San Nicolás convocara a tanta cantidad de gente?
–Buzzi: Porque van a hacer turismo. Van a pasear y ver las ofertas tecnológicas, pero el campo argentino no se está tecnificando porque la banca no está ofreciendo créditos con tasa impulsada por la Secretaría de Agricultura de la Nación, que de paso ni siquiera se sabe quién está a cargo. En consecuencia, no hay una política de modernización y tecnificación de la agricultura argentina a partir, por ejemplo, de un Banco de la Nación dando créditos con tasa subsidiada para que haya inversión en fumigadoras, sembradoras, cosechadoras, tractores, equipamiento de riego y utilitarios. Al contrario, las tasas de interés son usurarias porque el sector financiero está para ganar plata, no para apoyar la producción, incluso el Banco de la Nación Argentina, al cual hay que defender, por supuesto. Todo este combo no puede arrojar una política virtuosa. Estamos en un proceso de destrucción total de las PyMEs del campo y las de la ciudad. Están ejecutando un PyMEcidio.
–¿Qué pasa con ese productor agropecuario pequeño que hoy no tiene ganancia? ¿Vive de sus ahorros, está vendiendo su campo…?
–Buzzi: Se están transformando en rentistas. Alquilan el campo a un productor más grande, reciben una renta, chica, mediana o un poco más grande, pero se salieron de la actividad. En la abrumadora mayoría de los casos del sur de Santa Fe y el norte de Buenos Aires, el productor sobreviviente de la crisis terminó siendo un productor rentista. Quedan productores un poco más grandes o medianos que alquilan los campos vecinos y que quieren seguir en el negocio, pero hay muchos cerealistas que se han dedicado a alquilar campos y se transformaron en los nuevos pules de siembra. Dejan de ser productores en actividad para ser rentistas y no corren el riesgo de perder el patrimonio que pudieron salvar.
–Con lo cual empezamos, otra vez, a pensar en los grandes monopolios productores.
–Buzzi: Claro. Empieza a haber una concentración creciente y una agricultura sin agricultores sino con empresarios que se dedican a manejar volúmenes importantes y la Pampa gringa, que se inició en 1878 con la primera exportación de trigo de Casilda, para el 2030 habrá desaparecido.
–¿Y cómo entiende la explosión de los tractores o la maquinaria agrícola china? ¿Quién la está comprando?
–Buzzi: Hay contratistas a los que les gusta tecnificarse y modernizarse La china es una maquinaria más barata que la de origen nacional o del MERCOSUR, que tiene costos propios de componentes impositivos altísimos. La maquinaria agrícola argentina no es competitiva por los impuestos y porque tenemos un dólar a $ 1.400, pero si se fuera a 2.700 no habría maquinaria agrícola que pueda ingresar. Y advierto que yo no soy devaluacionista, soy productivista. Tenemos que tener un tipo de cambio competitivo que aliente la producción, la exportación nacional y que detenga el ingreso de baratijas y pelotudeces. Esto es catastrófico, estamos -y sin ánimo de comparar ninguna situación para que nadie se ofenda- ante un holocausto del empresariado nacional.