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Jura Mamdani y Laje desparrama islamofobia

Poco antes de la medianoche del 1º de enero juró Zohran Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York, un joven musulmán nacido hace 34 años en Uganda, hijo de inmigrantes indios y autodefinido socialista democrático. La mayoría de sus antecesores juraron el cargo sobre la Biblia. Mamdani no juró sobre el Corán sino sobre dos ejemplares del Corán: el que perteneciera a su abuelo y el que fuera propiedad del escritor afroamericano Arturo Schomburg, cedido para la ceremonia por la Biblioteca Pública de Nueva York.

Con un sentido de la oportunidad exquisito, días antes de aquella ceremonia neoyorquina circularon algunas consideraciones del ultraderechista Agustín Laje referidas al peligro que representa el Islam para la Argentina. En efecto, según el apóstol de Milei y sus ideas libertarias, “tarde o temprano la invasión islámica intentará colonizar nuestro país, de la misma forma que lo viene haciendo en Europa”. De ahí que sea urgente cerrarle las puertas, Laje dixit, y concluyó: “Es imprescindible no dejarlos entrar.”

Es evidente que Laje conoce el aserto de Brecht: “No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado.” Entonces opera con la intención de asustar burgueses y generar fascistas, y asegura que ha sido testigo personalmente (vive parte del año en España) del impacto de la inmigración musulmana en Occidente, tanto en el orden demográfico como en el cultural. En su obra escrita y los otros canales que suele transitar (desde la presidencia de la Dirección Ejecutiva de la Fundación Faro hasta las redes) repitió Laje un argumento xenófobo que la ultraderecha europea considera una verdad incontrastable: los delitos sexuales aumentaron exponencialmente conforme los gobiernos toleraron que los inmigrantes de dicho origen (musulmán) avanzaran, hasta encabezar con comodidad las estadísticas policiales y judiciales referidas a ese tipo de delitos aberrantes.

También Daniel Parisini, un militante más conocido por su alias en las redes sociales (Gordo Dan), que otrora fuera médico genetista y ahora influencer, dirigente libertario y empresario de medios, supuso de interés entrar en la cuestión. Subió un video donde aparece un condenado a muerte y se explica el procedimiento para cumplir la condena, y aseguró que el problema con el Islam no radica en cada uno de sus practicantes sino en que se trata de un “completo sistema de creencias en su totalidad, y desde el principio siendo absolutamente legítima la generalización”. Pero lo cierto es que las imágenes difundidas provocaron algunas reacciones airadas, incluso en su propio espacio. Parisini se justificó porque el Islam no admite matices, explicó, y según su punto de vista es una religión “liberticida”, asesina y pedófila, razón por la cual se ubica en las antípodas de los valores de Occidente. La incontinencia digital del Gordo Dan motivó un posteo de Zulemita, la hija de quien fuera presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem, y los libertarios reivindican como quien llevó adelante la mejor gestión desde la restauración democrática en 1983. 

Devenida mileista pur sang sin atenuantes, Zulemita Menem fue categórica: “La fe no divide, confundirla con el terrorismo, sí”, escribió. Dijo que “confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso para quienes profesamos esta fe y rechazamos toda forma de violencia, provenga de donde provenga”. Y fue más allá: “Hablo como argentina y musulmana. Cuando el mundo es golpeado por la violencia, las víctimas hieren a la condición humana en su conjunto, sin distinción de religión, cultura o creencia. Esa realidad debería impulsarnos a buscar la paz entre los hombres, no a profundizar divisiones ni prejuicios.”

Como es sabido, en la Argentina conviven desde hace más de un siglo y sin enfrentamientos las tres religiones abrahámicas principales, y la hija del ex presidente Menem recordó al Gordo Dan que “somos muchos los argentinos que profesamos la fe islámica que vivimos en este país”. Dijo que además de trabajar y dar trabajo, conviven con respeto y cumplen “con uno de los pilares de nuestra fe, la asistencia a los pobres y a los huérfanos”. Y concluyó: “Aportamos a la sociedad y creemos profundamente en la convivencia. Merecemos el mismo respeto hacia nuestra fe que el que brindamos a los demás.” Pero no era posible intercambiar gentilezas livianamente con (valga la redundancia) el Gordo Dan, que había dicho: “El presidente Milei no hizo un milagro económico con nuestro país para que lo tiremos a la basura en dos días, dejando entrar a una cultura invasora que le rinde culto a la muerte”.

Pero Zulemita, según ha trascendido, replicó que varias personas que en la actualidad acompañan al Presidente Milei y a su hermana “en el proceso de transformación de la Argentina” tienen raíces musulmanas, y que algunos de ellos profesan el Islam. Y también habrá que mantener presente que este debate se dio en momentos en que el Gobierno analizaría la implementación de una medida restrictiva del ingreso al territorio argentino de inmigrantes de confesión musulmana, para satisfacer un pedido del gobierno de Israel. Esta iniciativa, a la que podría agregarse la expulsión de musulmanes ya radicados en Argentina, buscaría fundamentos (pese a ser discriminatoria y xenófoba, y de flagrante inconstitucionalidad) en la presunta conveniencia de aumentar la seguridad nacional y defensa, las políticas antiterroristas y la preservación cultural.

Mientras en Argentina la brújula del Gobierno buscaba un Norte para insertarse en el mundo, aun a costa de abandonar jirones de su tradición pacifista por el camino, la situación pegaba un giro de 180º. Estados Unidos atacó a Venezuela y secuestró al presidente y su esposa, los trasladó a Nueva York y los enjuició. Toda la información es sobreabundante y confusa, aunque si algo es indiscutible es el olor a petróleo. Se cortaron los envíos a Cuba, Irán, Rusia y China porque los EE. UU. “encuarentenaron” el petróleo a raíz de que atacaron un buque ruso por no haber respetado el bloqueo comercial a Venezuela. Pero puede ser lo anterior, como también lo contrario: las noticias ahora son efímeras y casi no duran, como la referida a las amenazas de invasión a Groenlandia, aunque luego Trump dijo que a lo mejor la compra. Y hay más: Trump estaría enojado con María Corina Machado porque no rechazó el Nobel de la Paz que a él correspondería (por haber terminado ocho guerras que hubieran costado millones de vidas, aseguró)  y también estaría enojado con la OTAN, por no responder a los requerimientos norteamericanos aplicando la debida reciprocidad para casos análogos.

Demasiadas noticias sin anclaje posible. María Corina Machado habría dicho que si Trump quería le regalaba el Nobel, o que lo podrían fraccionar, pero el Comité Noruego desalentó la iniciativa porque se trata de un Premio que no puede compartirse ni dividirse. El mundo está en un tembladeral, ciertamente. Trump elige enemigos y destinatarios de sus mensajes que mueven a la perplejidad. Del presidente de Colombia, por ejemplo, y de cara seguramente a lo que piensa que es la posteridad, Trump sentenció pedagógicamente: “Petro tiene fábricas de cocaína que se envía al país. Que se cuide el culo.”

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