Recién venido de un foro en Bogotá, dice el diputado nacional, exministro de Defensa y ex canciller que el problema con Donald Trump es que se repliega sobre lo que ve como “patrio trasero” y por primera vez “cruzó una línea roja” al atacar con tropas en Sudamérica, como hizo en Venezuela. Según Jorge Taiana, además, mientras tanto el Presidente Javier Milei actúa “como un chupamedias” sin advertir que “el imperio americano está en decadencia”. También habla de los dilemas del peronismo.
Hay preguntas a Taiana que son como una brasa ardiente: ¿Cómo parar a Trump, a Milei y a unos cuantos más embarcados en el atropello a los derechos civiles, soberanías y economías? Según el expresidente del Parlasur, una respuesta posible la dio un reciente foro de la Internacional Progresista, del que fue parte en Bogotá, donde se exhortó a una “acción colectiva” de políticos, sindicatos y organizaciones sociales de la región. Taiana le cuenta a Y ahora qué? que fue elegida Colombia debido a que el Presidente Gustavo Petro visitará el 3 de febrero la Casa Blanca, tras ser amenazado como próxima víctima y a un mes del secuestro por EE.UU. del Presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
–Cada día se hace más difícil entender por qué y cómo funciona ahora el mundo. ¿Se puede hacer una interpretación?
–La realidad que estamos viviendo es la de tiempos muy acelerados y muy, muy complejos. Quizás el hecho central es lo que ya afirmó hace muchos años el Papa Francisco: no estamos en una época de cambio, sino en un cambio de época. Es como en la Revolución Industrial cuando cambió el mundo campesino. Es una transformación enorme. Y se da por razones tecnológicas, razones económicas, y con consecuencias políticas. Pasamos por la etapa de la caída del Muro de Berlín, o sea el fin de la Guerra Fría. Pasamos por una hegemonía norteamericana que intentó articular con Naciones Unidas una serie de políticas, la Cumbre del Medio Ambiente en Río, la Cumbre de los Derechos Humanos, la cumbre de las Mujeres…
–¿Estas instituciones de post II Guerra Mundial pasaron a mejor vida?
–Todo eso se acabó y se frustró. Ya se vio sobre todo en la segunda guerra de Irak. El mundo está cambiando económicamente, tecnológicamente. Hay empresas más poderosas que muchísimos países y una superpotencia que sigue siendo la más grande. Pero que hoy está disputada porque crecen distintas potencias. De aquel mundo unipolar pasamos a un mundo multipolar.
–¿Pero no sucede que los conflictos esenciales se mantienen?
–Es un mundo de transición, de cambio, y es un mundo con conflictos, con fricciones. En principio, posiblemente, con violencia y con guerras. Así fueron las épocas de multipolaridad. Cuando a finales del siglo XIX se repartieron las potencias europeas el mundo, con el acuerdo de Berlín, 15 años después se lanza la Primera Guerra Mundial. La I Guerra Mundial termina con cuatro imperios que tenían siglos: el otomano, el austrohúngaro, el germano y el ruso. Ahora estamos iniciando otro proceso de multipolaridad. Están creciendo países medianos que se vuelven más grandes.
–¿Como en el caso chino?
–El ejemplo más grande es China. Pero no va a haber otra Guerra Fria entre dos. Tenemos un mundo mucho más abierto, desordenado. Y más conflictivo. Estados Unidos pierde su carácter de Gran Hegemón en lo económico y en lo político. Mantiene una superioridad militar notoria frente a los otros países, pero inicia estratégicamente un repliegue. Lo vemos en el triunfo de Trump en su segunda misión. Lo que vemos en su informe sobre Seguridad Nacional en diciembre.
–¿Qué surge del planteo trumpista de seguridad?
–Está claro que decide que no puede pelear en todas partes. Que no puede ejercer ese poder omnímodo, que hay que replegarse. ¿Y de qué modo se repliega? Hace como los boxeadores cuando retroceden. Tirando golpes. Hoy tenemos una amenaza contra Irán. Los otros días atacó en Nigeria y bombardeó en Somalia. Pero se va distanciando de la unión estrecha con Europa. Le dice que a la OTAN la tienen que financiar los europeos. Se repliega. ¿Hacia donde? Hacia EE.UU., abandonando la globalización general y buscando un retorno de las grandes empresas.
–¿También retrocede hacia Latinoamérica?
–Se repliega hacia donde considera que está su patio trasero, América Latina. Y eso es lo que nos complica a nosotros de una manera doble. Porque no se repliega simplemente tirando, sino que quiere reforzar su hegemonía. Y no solo eso. Se trata de dominio. No por liderazgo sino por la frase que tiene el Informe. Dice que hay que ir con la convicción por la fuerza, que es una frase de Ronald Reagan. Es decir que la Nueva Era Dorada de EE.UU. va a ser producto de eso. Ese el panorama general que tiene elementos económicos, políticos, sociales, cambios de vida, la revolución tecnológica. Con un cierto malestar en la cultura. La idea de que todo está mal y de que la democracia no sirve para mucho sino más para algunos derechos.
–¿Una democracia condicionada o vaciada?
–Con cuestionamientos por derecha, con la aparición de la ultraderecha y la sensación de la gente de que el horizonte no es de mejora. Los jóvenes que dicen que no quieren tener hijos, la caída de la tasa demográfica. Cambios con un panorama más o menos oscuro hacia el futuro. En esto se enmarca lo que pasó en Venezuela el 3 de enero. Un ataque y secuestro del Presidente y la Vicepresidente por EE.UU. Es un hecho novedoso ¿En qué sentido? Estados Unidos tiene la doctrina Monroe desde 1823. Atacó e invadió muchas veces: a México, a Haití, a Santo Domingo, a Granada, Panamá, a Nicaragua. En muchos países no había intervenido militarmente con tropas. Nunca había cruzado esa línea roja.
–No parece salvarse ni Groenlandia.
–Sobre esa polémica, vale recordar que EE.UU. sí le compró a Dinamarca en 1917 lo que hoy se conoce como Islas Vírgenes. En plena Guerra Mundial y ¿por qué? Porque creían que los alemanes podían llegar a tomar esas Islas que Dinamarca no estaba en condiciones de defender. Si los alemanes iban a tomarla, cerca de la Florida, se afectaría mucho su seguridad.
–Volvamos a Sudamérica.
–El ataque a América del Sur es novedoso. En realidad hay una pequeña salvedad. Hay un ataque a la Argentina antes, pero no a la parte continental sino a las Islas Malvinas. La fragata Lexington atacó las defensas de Malvinas que tenía el gobernador Vernet en diciembre de 1831, dos años antes del ataque británico. Destruyó la defensa de las Islas que quedaron poder defenderse. Y ¿por qué atacó las Islas? Porque el gobernador Vernet quiso cobrar a los cazadores de focas y de ballenas un impuesto por la caza. Los estadounidenses dijeron: nosotros no pagamos ningún impuesto. Pero el primer ataque continental es lo que pasa el 3 de enero en Venezuela, y dice que la va a gobernar y a disponer las principales medidas.
–No parece detenerse en Venezuela.
–Amenaza a Colombia con acciones militares, a México para atacar a grupos ilegales, a Cuba con la idea de que caiga sola. Es una política muy agresiva hacia la región. Que ya había empezado antes con los aranceles, aunque después los va bajando. Es una agresión a las posibilidades de desarrollo de la región y una injerencia política. En Brasil pone aranceles y una condena y sanciones a un juez simplemente porque lo había condenado a Jair Bolsonaro. Es decir que no tenía nada que ver con el comercio, ni con dumping. Es una sanción económica por un hecho político. Trump combina la amenaza de la fuerza con el uso efectivo de la fuerza y las sanciones. Es un panorama enormemente peligroso. Por eso se convocó a la reunión en Bogotá.
–¿Por qué en Colombia?
–No casualmente, porque está amenazada. La Internacional Progresista reunió a países, a movimientos políticos, académicos, políticos, legisladores. Trump dijo que Gustavo Petro es un delincuente, un vendedor de drogas, etcétera. Además, Colombia está viviendo un proceso electoral y ya hemos visto que Trump interviene los procesos electorales. Activamente intervino en Argentina cuando dijo que si no ganaba Milei no daba los 20.000 millones de dólares. Eso tuvo un efecto electoral. Intervino en Honduras donde dijo que “si no gana el mio, agárrense”.
–Petro, hasta ahora, se mantuvo firme.
–Le contestó a Trump que quien que sabe de drogas es el Poder Judicial que tiene todas las denuncias. Le dijo que él nunca aparece en 25 años en denuncias. Y tampoco Nicolás Maduro. Luego EE.UU. reconoce que el Cartel de los Soles ni siquiera existió. Petro va a ir Washington el 3 de febrero justo al cumplirse un mes del ataque a Venezuela. Por eso, a la reunión en Colombia vinieron personalidades importantes, políticos, legisladores, la vicepresidenta de la Asamblea Nacional francesa, alcaldes y hasta diputados de Estados Unidos. No podemos quedarnos callados. Tenemos que buscar una acción coordinada. Ningún país puede pensar en una situación militar con EE.UU.
–¿Cómo enfrentar los ataques entonces?
–Con América Latina como zona de cooperación, libre de armas de destrucción masiva. Debe ser la respuesta de paz de los Gobiernos y de las organizaciones sociales del pueblo, parlamentarios y sindicatos para parar esta ofensiva de Trump. El Informe de Seguridad Nacional de Trump habla de que el patio trasero tiene que estar subordinado, obedeciendo, que no puede haber ni chinos, ni gobiernos que no coincidan con él. Y que hay un enemigo interno en EE.UU. Es la doctrina de las dictaduras, pero no para EE.UU. Ahora dice que hay un enemigo interno de delincuencia, crimen organizado e inmigrantes. Que les mandaron inmigrantes asesinos y enfermos. Todo falso pero que tiene cierto impacto.
–¿La sociedad estadounidense puede ponerle un freno?
–Hay una reacción. Está cayendo la popularidad de Trump. En 2025, las movilizaciones más grandes fueron con el lema ‘no kings’, no reyes. Pero justo Trump le agrega su nombre al Centro Kennedy de artes y dramaturgia en Washington. Y hay una reacción. En la situación económica, si bien los números macro no son malos, no logra bajar los precios. Bajó un poco la gasolina, pero los precios suben, los alquileres son altos. La gente lo siente y son los problemas económicos que llevaron a la derrota de Joe Biden. La renta de una vivienda es carísima. Una hipoteca está fuera del alcance incluso para estudiantes de grandes universidades que deben pagar cientos de miles de dólares de deuda por haber estudiado y no saben cómo pagarla. Hay malestar.
–¿Puede Trumnp mantener esta iniciativa política?
–La mantiene con amedrentamiento. Con una lógica muy transaccional de propietario de bienes raíces: te amenaza con algo muy grande pero después lo arregla por menos. Pero nunca se sabe adónde se termina o cuándo.
–¿Por qué no se logró una condena por el ataque a Venezuela?
–Porque hubo un grado de descoordinación preocupante. Hay que tener una voz más unificada y una visión más común. La reunión de la CELAC fue un fracaso porque varios países, entre ellos Argentina, se opusieron. Pero se pueden hacer acciones desde el pueblo, de los partidos políticos, las organizaciones sociales, los sindicatos. Sin trabajo en común y sin integración regional no vamos a tener posibilidades de enfrentar los grandes desafíos, no solo de un EE.UU. hegemónico, sino otros que se van a dar. Hay que mantener el rechazo a las acciones que violan el derecho internacional. Porque, además, afectan los intereses y las posibilidades de desarrollo de nuestros países.
–¿Qué acciones de coordinación regional se evaluaron?
–Se puede trabajar en redes energéticas propias, más coordinadas, y no que cada uno haga, por separado, lo fotovoltaico, y otro el molino y otro la represa. Lo mismo en telecomunicaciones. O en el área de Inteligencia Artificial. Eso hoy está muy descoordinado. En una reunión de la Corporación Andina de Fomento en Panamá, hubo un discurso muy profundo de Lula. Lo recomiendo. Muy profundo. Es acerca de la integración y de cómo responder a este mundo tan complejo. Hay que salir del aislamiento que produce la sensación de no se puede nada. Nos amenazan para nos quedemos quietitos, porque si no podemos recibir un palo en la cabeza. La forma es estar activos y construyendo opinión a favor de un mundo basado en la solidaridad, en el derecho a la vida, de las libertades que tenemos. Es más fácil decirlo que hacerlo pero hay que entender las diferencias de nuestros países y llevar un mensaje de esperanza de que si nos ponemos firmes podemos defender la soberanía, la libertad y la justicia. Es el mensaje de Bogotá.
–¿Cuál fue la intención del viaje de un avión de EE.UU. que trajo a legisladores a Tierra del Fuego y a Neuquén?
–La noticia produjo una conmoción. Muestra el reiterado interés en el sur argentino de sectores de EE.UU. tanto en el Comando Sur como del Gobierno y ahora del Legislativo, con en el sur de Argentina. Se dice fueron por la energía o el acceso a la Antártida o para ver si hay cosas chinas que se estén haciendo. Me parece que no hay que confundirse. Cuando estuvimos en el Ministerio de Defensa hicimos un esfuerzo grande en fortalecer la presencia de las Fuerzas Armadas y del Estado en el Sur. Eso se basa en que es un conjunto estratégico el Atlántico Sur, las islas Malvinas, Georgias, Sandwich, los espacios marítimos, el sector antártico, la misma Patagonia, y la extensión de límites de nuestra plataforma continental hasta las 350 millas, así como el paso interoceánico. Va a tener mayor relevancia en el siglo XXI. En el mundo hay pocos pasos interoceánicos, agua dulce y recursos naturales renovables y no renovables. Los estadounidenses quieren una mayor presencia allí y Milei se la ofrece. Nosotros no tenemos que compartir Tierra del Fuego con nadie porque ya compartimos la mitad del territorio con Chile. Tenemos que tener especial presencia y desarrollo económico y de la Defensa. No debemos regalarla la zona sino fortalecerla.
–¿Por qué hay que prestar mucha atención al extremo sur?
–Porque en los próximos años 10, 20 o 25 años se va a definir mucho sobre el Atlántico sur y el acceso a la Antártida. Quedarse atrás no es una buena iniciativa. Me parece que lo que también fueron a ver los del avión, en Neuquén, es Vaca Muerta. Están muy interesados en el tema energético y querrán ver cuánto hay ahí. Lo curioso del caso es el silencio y la falta de comunicación oficial. La tuvo que dar la embajada de EE.UU.
–¿A qué atribuye el silencio gubernamental sobre la misión estadounidense?
–A que es parte de la actitud general de la política exterior argentina. Básicamente es solo una sumisión a EE.UU., a la política de Israel y nada más. No creo que el vuelo haya que atarlo necesariamente a la intervención por el Gobierno del puerto de Ushuaia. Puede tener otros objetivos el Gobierno nacional. Lo cierto es la creciente relevancia estratégica de la zona.
–Le transmito que hay voces cada vez más fuertes en disconformidad con lo que consideran pasividad de gran parte del peronismo frente a este cuadro de situación. ¿Cuál es su opinión?
–No hay que olvidarse de que el peronismo fue derrotado en las elecciones del 2023, de una manera, diríamos, sorpresiva. Y no tanto porque había una apreciación general de que el Gobierno (ndr: de Alberto Fernández) no había andado muy bien sino porque gana un outsider que dice una serie de barbaridades. Que hay que quemar todo, quemar el Banco Central… Con una serie de descalificaciones de la clase política. La verdad es que eso produce un impacto en el peronismo. Muchos partidos de centro se inclinaron masivamente hacia el oficialismo. La reafirmación fue el triunfo electoral en la elección legislativa de 2025 porque sacan 80, 90 diputados y tienen ahora más de 100. Muchos se han pasado, no en masa pero sí formando un grupo numeroso, a las filas del oficialismo. El peronismo mientras tanto ha mantenido su unidad. Una unidad que tiene diversidad por razones prácticas.
–¿En qué puntos se pone de manifiesto hoy la diversidad peronista?
–No son lo mismo las provincias que la capital o que el Gran Buenos Aires o que la Provincia de Buenos Aires o el Sur. Se ha hecho un esfuerzo en mantener la unidad en una situación de profundo debate acerca de por qué se perdió y cómo se vuelve a construir una mayoría. No es una cosa sencilla de hacer porque estamos en un momento de cambio histórico. Adaptarse a esta nueva realidad es un tema complejo. Uno puede adaptarse acomodándose a lo que aparece como la mayoría y el impulso oficialista puede volverse dialoguista con el Gobierno. Y creer que el Gobierno tiene acciones positivas o se puede construir una oposición desde otra perspectiva si se entiende que las políticas del Gobierno son negativas para el desarrollo. La política de Milei tiene un resultado negativo para el desarrollo, la integración, o para transformar la Argentina en un actor relevante internacional.
–¿Cómo afecta el rol de Argentina en el mundo?
–Siendo un seguidor o un chupamedias de Trump, no nos puede ir muy bien. Uno porque a los chupamedias no les va bien. Y porque Trump no es el retorno de una edad dorada de EE.UU. como dice él sino que es parte de la decadencia del Imperio americano. En estos años de Milei se va a acentuar el atraso tecnológico, la primarización, la pérdida de tecnología. Se espanta a los científicos, se los echa. Y sin obra pública. Hay que recuperar el apoyo de las mayorías, que hoy, en buena medida, no están satisfechas con el peronismo y desconfían. Parte del voto que ha ido a Milei es voto históricamente peronista, sobre todo en sectores populares. Nosotros nos hemos distanciado de ese voto.
–¿Por qué el peronismo se distanció de los sectores populares?
–Porque nos hemos burocratizado y alejado. Nos hemos preocupado más veces por las cuestiones de los dirigentes que por los problemas reales de la gente, de su trabajo, de su vida cotidiana, de su seguridad, de su empleo. Hay que pensar críticamente lo que se ha hecho, sin destrozarse ni sacarse los intestinos y, al mismo tiempo, siendo capaces de construir una alternativa. Es una cosa que requiere liderazgos, que no se inventan. Se van dando, crecen. Al mismo tiempo se requiere mucho diálogo y mucha atención a la gente.
–¿Qué cambió en la gente?
–Vivimos en un mundo post pandemia. Quizás debiéramos aceptar definitivamente que la pandemia ha cambiado a la sociedad más de lo que pensábamos, en todo el mundo. A muchos todavía nos cuesta entender cómo va a evolucionar ese individualismo con que se salió de la pandemia y si se va a mantener como característica de la juventud centennial. No somos una isla, nos pasan cosas que pasan en el mundo. Tenemos nuestra originalidad pero estamos viendo fenómenos complejos.
–¿Qué tipo de fenómenos específicamente?
–El bajo crecimiento económico en los países desarrollados y de alto crecimiento económico en países que no estaban desarrollados y han pasado a tener un peso y un juego importante. No se puede negar el impacto de los BRICS. No se puede negar el impacto de la Organización de Cooperación de Shangai. No se puede negar el renacer que hay en el continente africano y que va a transformarlo en pocos años en un competidor de productos agrícolas de la Argentina. Para lo cual el sector agroganadero debería tener una estrategia cosa que claramente hoy no tiene. Los peronistas tenemos que pensar en las tres banderas. En la soberanía política, en la independencia económica y la justicia social que no se puede lograr si no hay soberanía e independencia económica.
–¿Cómo se adapta el concepto de las tres banderas al mundo de hoy?
–La respuesta no es tan sencilla. Son desafíos que están presentes. Hay debate, hay que leer, hay que escuchar. Es una época en que hay que escuchar más que hablar. Hay que ser receptivo a las distintas visiones y perspectivas porque lo cierto es que distintas capas generacionales y distintos sectores del país no tienen necesariamente la misma visión de cuál es la realidad y las prioridades del país. Pero hay problemas complejos a enfrentar. Para tener bienestar, seguridad y trabajo, tiene que haber una estrategia de desarrollo y una convivencia armónica. Nos cuesta eso, por una larga historia de enfrentamientos y divisiones. Pero los argentinos deben tener la vida que se merecen.