No es por falta de preservativos sino por la ausencia de políticas de Estado que la sífilis resurgió en Argentina, donde no detiene su ascenso de contagios ni en los geriátricos. Como muchas veces “lo viejo funciona”, el especialista Federico Tobar sugiere retomar iniciativas originales como las del histórico sanitarista Ramón Carrillo.
El Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación advirtió acerca de una situación crítica de sífilis en 2025, con un aumento del 26% respecto al año anterior, y un 71% respecto al promedio 2020-2024, alcanzando más de 55.000 diagnósticos. Como información adicional se advirtió que la mayoría de las infecciones se concentró en jóvenes entre los 15 y 39 años y alertaron sobre un descenso en el uso de preservativos que el Estado, por otra parte, dejó de distribuir. También se reportó un aumento de entre el 10 y 15% de mujeres que contrajeron la infección durante el embarazo.
Entre las causas principales del aumento geométrico de los contagios, los especialistas las atribuyen a una disminución de las políticas de prevención, menor uso de preservativo y dificultades en el diagnóstico oportuno.
Para elmédico sanitarista y experto en Políticas y Sistemas de Salud Rubén Torres,“hay varias situaciones que influyen en el incremento de las infecciones, pero destacaría tres como las más importantes”, dijo en diálogo con Y ahora qué?
“La primera es un hecho cultural, el uso de profilácticos en las relaciones sexuales, ha perdido crédito en las generaciones más jóvenes. Como segundo factor, la falta de información por parte del Ministerio de Salud y, como tercero, la disminución de la distribución de preservativos gratuitos que el Ministerio hacía. Es necesario que las autoridades sanitarias provinciales y nacionales activen una campaña de concientización sobre el tema”, explicó Torres a Y ahora qué?
La sífilis es una enfermedad de transmisión sexual (ETS) provocada por la bacteria Treponema pallidum y se trata eficazmente con penicilina, pero requiere detección temprana para evitar complicaciones. Sus síntomas son semejantes a otras enfermedades de la piel, pero una de las cosas más peligrosas es que sus señales pueden aparecer y desaparecer solas y las personas infectadas pueden creer que ya están curadas. El contagio ocurre al tener contacto directo con una persona infectada durante las relaciones sexuales, por cortes en la piel o por la boca. No se contagia por compartir el baño, ropa o cubiertos dado que la bacteria muere rápido fuera del cuerpo humano.
Como síntomas, en la primera etapa aparece una llaga pequeña y dura (chancro) en los genitales o la boca. En la segunda etapa, aparecen manchas rojas en las palmas de las manos y plantas de los pies, fiebre, dolor de garganta y caída del cabello. De no tratarse, puede aparecer dificultades en el caminar, ceguera, pérdida de la memoria y hasta fallas en el corazón. La bacteria puede destruir el tejido del cerebro y la médula espinal, causando demencia o parálisis. También debilita las arterias principales del corazón, y en mujeres embarazadas hay riesgo para el bebé, que puede nacer con malformaciones o morir antes de nacer.
Para Federico Tobar,asesor en materia de financiamiento de la salud del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNPFA), con sede actual en Nairobi, Kenia, “la sífilis no es un fracaso individual: es una omisión del Estado”, explicó a Y ahora qué?
En 2025, más de 46.600 personas se contagiaron de sífilis en Argentina. Un 26% más que el año anterior y 71% más que el promedio de los últimos cinco años. Frente a estos números, seguir hablando solo de conductas individuales es una forma elegante de no hacerse cargo.
Tobar aseguró que “es una enfermedad barata de prevenir. El preservativo cuesta tres centavos (si se adquiere a través de UNFPA y 15 en licitaciones nacionales). El tratamiento, en cambio, se paga con consultas, análisis, antibióticos, controles y, en los casos más graves, con bebés que nacen infectados y requieren internación. El impacto es de unos 50 dólares por tratamiento de infección de adultos y más de 1.500 dólares por cada caso de transmisión vertical”.
Durante su estadía en Buenos Aires, Tobar dialogó con Y ahora qué?
–Tobar: Las enfermedades re-emergentes, que estaban bastante controladas, pero volvieron a crecer, no son un fenómeno exclusivo de Argentina, pero es muy llamativo el salto atrás porque es enorme. Que la tuberculosis vuelva a crecer, que el sarampión baje la cobertura de vacunas y empiecen a verse brotes -era la primera vacuna que nos daban de chicos-… el caso del aumento de la sífilis es peor porque reapareció la sífilis congénita. Es una enfermedad muy fácil de prevenir y muy barato de hacerlo. Pero la sífilis congénita es casi un acto de lesa humanidad porque se transmite por el embarazo. Es dar a luz un hijo sifilítico, algo que se previene con muy poco dinero y que con un diagnóstico temprano de la madre se podría evitar.
Para Tobar, existen dos quiebres. Uno, que aumentan los casos de sífilis. Y el otro que suben los casos de sífilis congénita. Y puede haber un tercer quiebre: que la sífilis vuelva a ser causa de muerte.
–¿Qué antecedentes hay en el país con la sífilis?
–Tobar: Esta infección dejó de ser causa de muerte en el país con Ramón Carrillo, en 1948, cuando hizo algo muy interesante: dejó de usar un discurso de sanción o castigo -que señalaba al sifilítico como poco menos que un monstruo- y acompañaron a los pacientes desde el Estado. Y lo más jugado, que hoy parece increíble: reclutó a trabajadoras sexuales como agentes de salud.
–¿Cómo las incorporó?
–Tobar: Les hizo una cartilla de vacunación, controles periódicos de su salud, y las instruyó sobre cómo detectar precozmente y derivar a los pacientes que atendían que tenían un chancro. Todo esto hace como 70 años, y desde entonces hemos avanzado muy poco.
–¿En qué se está fallando?
–Tobar: Veo varias cosas que fracasan. Es como si tuviéramos una pelota de fútbol arriba de una mesa desbalanceada y que se puede caer para cualquier lado. La primera tiene que ver con servicios de salud (públicos y privados) expulsivos que buscan sacarse al paciente de encima. Por eso es que la gente tiende a no ir a atenderse. Lo segundo es que se está individualizando la atención: – sobre mi cuerpo decido yo, no me interesa lo que me digan y hago lo que quiero. Y entonces consultan más al Chat GPT que a los médicos. Lo tercero es que a los que hemos estudiado salud pública se nos rompió el manual porque la explicación de todo era a través de un enfoque determinante, pero se nos quemaron los libros. Por ejemplo, habría que a empezar a trabajar con la educación sexual en los geriátricos porque hasta ahí estamos teniendo casos de sífilis.
—¿Y por qué?
–Tobar: Porque con la medicalización de la vida cotidiana, los viejos que toman Viagra, y pagan una prostituta, se contagian y después infectan a las compañeras del geriátrico si consiguen tener una noche de alegría. El problema ya no es de una clase social, ni de una edad, ni de una localidad. Es de todo el mundo y atraviesa a la sociedad en su conjunto. Por eso digo que hay que tirar todos los libros con los que estudiamos salud pública y reinventar las respuestas.
–Si atraviesa a todas las capas sociales, es evidente que hay falta de información que debería aportar el Estado.
–Tobar: El Estado es otra de las patas que fracasan porque es como un adolescente con mucho cuerpo, mentalidad de niño y con un juego histérico entre centralizar y descentralizar. Los estados provinciales se hacen los burros esperando que Nación haga las cosas, y Nación se hace la burra y dice que lo tienen que hacer las provincias. Y en ese juego, las balas les pasan a todos cerca y siempre es el otro quien tiene que ocuparse.
–¿Quién tiene que recoger el guante, en realidad?
–Tobar: El fenómeno es integral y no se resuelve haciendo lo que se estaba haciendo. Por ejemplo, el tema no es distribuir preservativos en los centros de salud o en colegios secundarios. Falta una campaña pensada diferente porque hay que salir de los manuales convencionales. Alguien que piense como Carrillo hace 70 años cuando dijo que había que enseñarles a las prostitutas. Falta campaña, falta innovación, pensar lo que le pasa a la gente por la cabeza. Falta un Estado que diga: – yo me hago cargo, porque nadie lo está haciendo.Las políticas surgen cuando los periodistas toman el tema, si no, no pasa nada.
–Información provista por el portal oficial argentina.gov.ar especifica que, en el año 2025, el número de casos de sífilis fue más alto en los últimos 5 años y que representó un incremento del 71% respecto al período 2020-2024. O sea, que explotó el año pasado.
–Tobar: Epidemiológicamente está mal planteado porque no puede compararse un año contra un periodo. Cuando se busca controlar enfermedades hay que monitorear mes a mes y observar qué es lo que está cambiando.
–¿Qué propone para combatir la sífilis y buscar cambiar el manual?
–Tobar: Hay que innovar, salir con una campaña, pero antes hay que definir quién la va a hacer, quién va a ser el responsable, quién se sube al caballo desbocado. ¿Se sube Nación, las provincias, el Consejo Federal de Salud (COFESA)? Primero, que alguien se haga el cargo. Segundo, que quien se haga responsable piense afuera de la caja porque ya no es distribuyendo condones en las salas de barrio o en los consultorios. Hay que empezar a ponerlos en las peluquerías o, por ejemplo, en los colegios secundarios. En Colombia, el responsable de que los chicos reciban condones son los centros de estudiantes. Necesitamos campañas nuevas con nuevas teorías. Pero lo primero es que alguien se haga cargo. Si yo fuera del Gobierno actual, entre otras cosas, propondría sancionar a las prepagas que tienen asociados con sífilis. Los desafíos en salud se volvieron más complejos. Cada peso que no se invierte en prevención se termina pagando multiplicado. Y aun así, el costo real no entra en ninguna planilla: el dolor evitable, las reinfecciones, la angustia de un diagnóstico tardío, el impacto sobre la salud materno-infantil. Argentina supo distribuir preservativos, instalar el tema, reducir riesgos. Hoy, mientras los contagios suben, esa política está desdibujada y el resultado final lo paga el sistema de salud y los más vulnerables.
El disparador de La Rioja
El pasado 3 de febrero, la Mesa de Trabajo en VIH de la Provincia de La Rioja, integrada por organizaciones sociales, territoriales y universitarias, personas que viven con VIH y personas comprometidas con la salud pública, presentó un pedido formal de declaración de la emergencia sanitaria y social en Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) ante el Poder Ejecutivo y la Cámara de Diputados provincial.
El reclamo -el primero formal en el país- según el documento al que accedió Y ahora qué?, se sostiene “en el aumento sostenido de casos de sífilis, VIH y otras ITS, el crecimiento de la sífilis congénita en más de un 10%, los diagnósticos tardíos y la existencia de muertes evitables, en un contexto de debilitamiento de las políticas públicas de prevención, acompañamiento y cuidado”.
“El Estado sigue abordando estas problemáticas desde una mirada estrictamente biomédica, contando casos, pero sin garantizar la calidad de vida, la adherencia integral, el acceso al transporte, la alimentación o el acompañamiento psicosocial. Así, la salud se transforma en un privilegio y no en un derecho”, expresaron desde la Mesa.
Y ahora qué? también preguntó a los voceros del Ministerio de Salud de la Nación, sobre sus acciones o las del COFESA al respecto, pero no obtuvimos respuesta.
En todo caso Tobar, dejó sus recomendaciones: “invertir en preservativos no es ideología ni gasto superfluo. Es una de las intervenciones más costo-efectivas que existen en salud pública. En el Consenso de Copenhague, más de 100 economistas especialistas en desarrollo evaluaron que la inversión en expandir el acceso a los anticonceptivos puede llegar a rendir más de 120 dólares en desarrollo por cada dólar invertido”.
“La sífilis no está aumentando por falta de antibióticos. Está aumentando porque faltan preservativos donde y cuando se necesitan. Y eso no es una elección individual: es una decisión política”, concluyó este especialista argentino.