¿Y ahora qué?

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Cucarachas y memorias

Romina y Natalia, episodio XV. Romina estaba sola en el bello dúplex de la calle Juncal. En Barrio Norte las cosas funcionan. El fumigador viene mensualmente y el eficaz, aunque, esta vez, por no sé qué causa, el fumigador faltó. Y Romina, de pronto, a media mañana, vio una cucarachita atravesando el ancho de la cocina con sus cuatro patitas. El pisotón fue inmediato. Después vio otra y hubo otro pisotón. Después otra, y así hasta que sintió que bailaba la tarantela. Al rato llegó Stella con la comida del mediodía y ella, que es tan buena, hizo lo mismo: pisotón, escoba y a la basura. Y si había que bailar la tarantela, se bailaba.

A Stella ya la conocemos. A ella todo le trae recuerdos. Recordó que en el año ’75, una vez escuchó que había cacería de subversivos. En realidad, lo había oído varias veces, pero esa vez algo la perturbó y decidió comprar pasajes a San Pablo para ella y Juan Carlos, su compañero, saliendo por Ezeiza. Una semana después sintió que las cosas se pusieron peores, bueno, no lo sintió, era real, un compañero le dijo que tenían orden de captura, así que quemó los pasajes, quemó también los pasaportes, la libreta cívica, la libreta de enrolamiento – que eran falsos -; los quemó por su cuenta, sin ninguna orden, y decidió y obligó a Juan Carlos a salir por la frontera de Clorinda, Formosa, (en aquella época ese paso era bastante solitario), los dos caminando con un bebé falso en brazos, un bolso casi vacío, una bolsa de compras llena de naranjas, ella teñida de morocha, castaño oscuro, él con el pelo negro engominado y bigotito de cana. Un matrimonio humilde que contrabandeaba cítricos. Ningún problema. Le ofrecieron agua al policía aduanero super transpirado, camisa y corbata, y les sonrió. Stella y Juan Carlos siguieron sin rumbo a donde los llevara el camino de tierra roja que el Paraguay les ofrecía como bienvenida. No había señalización, sólo mucha vegetación y humedad. El pecho se les abrió. Respiraron el aire denso como si fuera el mejor de los alivios. Ya estaban lejos de los pisotones…. Aquellos pisotones hubieran sido más largos, más sangrientos, mejor no pensar….

(Aquel fue el primer exilio. Luego de unos meses en Paraguay, Stella Maris y Juan Carlos volvieron a Buenos Aires, retomaron sus identidades falsas y al poco tiempo tuvieron que volver a escapar desde Brasil a Estocolmo. Ese fue el exilio más largo)

Otro recuerdo de Stella fue un viaje en taxi y la conversación con el taxista. Esto pasó después de asumido Macri, detalle importante.

El tachero era locuaz, canoso, tenía una virgen colgada y unos muñequitos chinos muy dorados. Hablaron de asados, de cómo hacer buenos asados, de fogatas, de fuegos para parrilla hechos con arte. De pronto, el hombre empezó a alabar la zona. Estaban entrando por la calle Cabello yendo en dirección a Coronel Díaz. Stella iba a visitar a una amiga que vivía por ahí.

-Ve, señora, acá, en este barrio está todo prolijo. La gente es educada, bien vestida, mire que limpia está la calle.

-Ah, no se crea, no se crea. A esta calle la están demoliendo toda. Mire, donde había una casa bella, ahora hay un agujero, y pronto habrá una torre gris horrible.

-Pero, no se puede quejar. Acá vive gente bien, educada, bien vestida. Si usted supiera cómo está mi barrio

-Ehm, yo no vivo acá. Es mi amiga. Pero, dígame, ¿en qué barrio vive usted?

-Y, yo estoy cerca de Amancio Alcorta, pero del lado de Barracas.

-Uy, debe ser cerca de la cancha del globito.

-Sí, del Tomás A. Ducó, pero está del otro lado. Pero no va a comparar, acá es lindo vivir. Usted no sabe cómo se puso mi barrio. Tenemos por ahí a la Zabaleta, que antes no existía. Digo antes, cuando estaban los militares, eso no existía.

– Sí, sí, la villa Zabaleta… Existía desde hace muchos años. Se agrandó después de Alfonsín.-Stella la conocía muy bien, pero lo ocultó,- ahí hay centros culturales ahora y comedores sociales. Habría que urbanizarla

-No sé, Señora, yo, cuando vengo por esta zona, por acá, por Palermo, por Libertador, pienso en mi barrio, en mi querido barrio, y me encantaría que viniera el yeti y pisara todo eso, o que venga un aplanadora y los aplaste, usted me entiende, toda esa villa roñosa, que venga una aplanadora y la aplaste, y después que haga una buena fogata con lo que quede, un buen fuego que llegue hasta el cielo…-dijo el tachero locuaz y se puso a hacer pantomimas de explosiones soltando el volante.

-Déjeme acá.

-Faltan dos cuadras para Coronel Díaz.

-No importa, bajo acá.

¿Por qué recordó todo eso Stella en ese momento? Sería largo de analizar, justo en ese mediodía de un día común mientras servía la comida en el living, Romina al lado, Nati no estaba, la tele estaba prendida mostrando las barbaridades de Minnesota. Cuando se sentaron las dos a comer, una cucaracha mediana se metió en el living. Las dos juntas dieron el pisotón.

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