En contra de la salud y a favor de los alimentos ultraprocesados, el Gobierno busca derogar en el Congreso Nacional la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable. Los actuales octógonos con advertencias sobre la composición de los alimentos molestan la producción desregulada.
El Poder Ejecutivo ingresó en el Congreso de la Nación un proyecto para derogar la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, comúnmente conocida como de Etiquetado Frontal, que es defendida por organismos internacionales como UNICEF y asociaciones profesionales y de consumidores.
La ley actual no prohíbe fabricar ni vender productos ultraprocesados. Sí interviene en el mercado de alimentos en temas como:
*Imagen del producto: los octógonos negros interrumpen el mensaje de “rico”, “natural”, “liviano”, “para chicos” o “saludable” que puede construir el envase. La ley exige advertencias en el frente de los paquetes y visibles y prohíbe en productos con sellos recursos para promover el consumo infantil a través de la utilización de personajes infantiles, celebridades, mascotas, regalos o promociones en el envase.
*Publicidad y canales de venta: la ley prohíbe la publicidad, promoción y patrocinio dirigido a niñas, niños y adolescentes de productos con al menos un sello, y la venta y promoción de esos productos en colegios de nivel inicial, primario y secundario.
*Demanda y formulación: si una parte de los consumidores ve sellos y modifica su compra, las empresas están obligadas -debido a la caída del consumo- a reformular sus recetas para producir otros productos o los mismos con menos sellos. La dimensión de la importancia de los sellos octogonales puede dimensionarse en un informe difundido por la UBA en el que se indica que el 79% de los encuestados hizo algún cambio en sus decisiones de compra gracias al etiquetado frontal, y que más del 52% redujo o eliminó el consumo de productos con sellos u octógonos.
Asociaciones médicas coincidieron en afirmar, incluso cuando se peleaba por la aprobación de la ley hoy vigente, que el etiquetado frontal obliga a quienes fabrican, producen, importan, distribuyen o comercializan alimentos y bebidas a cumplir con ese rotulado cuando hay excesos de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales o calorías con el objetivo de garantizar el derecho a la salud, aportar información comprensible y prevenir malnutrición y enfermedades crónicas no transmisibles.
Y ese es, exactamente, el conflicto con la producción de ultraprocesados. Muchos de esos productos están industrializados con fórmulas que pueden generar hábito, bajo costo relativo y se presentan en packagings (envases) que resaltan la marca a través de fuertes promociones y campañas publicitarias.
Por eso, el intento del Gobierno de derogar la ley se conecta con la producción de alimentos ultraprocesados y la venta sin restricciones de alimentos con exceso de nutrientes críticos.
La excusa del proyecto del Poder Ejecutivo es reducir sobrecostos e ineficiencias vinculadas a producción, comercialización, publicidad y empaquetado, y compatibilizar la protección al consumidor con el “normal desarrollo” de actividades productivas y comerciales.
La preocupación de los pediatras
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) expresó su “preocupación” ante la posibilidad de derogación de la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como Ley de Etiquetado Frontal y recordó que “constituye una herramienta sanitaria fundamental para la protección de la salud de niños, niñas y adolescentes (NNyA) en un contexto epidemiológico caracterizado por la malnutrición, un aumento sostenido del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles, asociadas al alto consumo de productos ultraprocesados”.
Según la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, el exceso de peso afecta al 13,6% niñas, niños y adolescentes menores de 5 años y al 41% entre 5 y 17 años, y ya fue catalogada como una de las epidemias principales en materia de salud pública.
La evidencia científica ya demostró que el consumo de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas se asocia con mayor riesgo de obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, hígado graso no alcohólico, dislipidemias, enfermedad cardiovascular, modificaciones de la microbiota y cáncer, y es en este cuadro que esta ley “representa una estrategia sanitaria basada en evidencia, recomendada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF”.
La SAP explicó que uno de los objetivos del etiquetado frontal es brindar información clara, visible y comprensible para la población, y que las disposiciones 11362/24 y 11378/24, publicadas en el Boletín Oficial el 26 de diciembre de 2025, “abrió una grieta en la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable y resultan antecedentes negativos para el cumplimiento de los objetivos de dicha ley”.
La SAP sostiene que ley de Promoción de la Alimentación Saludable debe seguir vigente: “se deben continuar trabajando aspectos que pueden mejorarse, teniendo en cuenta por ejemplo que el etiquetado no considera muchos alimentos que se consumen a diario en nuestro país, como productos panificables de confitería o en locales de alimentos rápidos (la llamada “comida chatarra”).
La médica especialista en nutrición, integrante de Pediatras contra el Hambre, Norma Piazza, explicó a Y ahora qué? que la ley que busca voltear el Gobierno tiene varios componentes, uno de salud y otro de derechos: “derechos del consumidor y de la salud integral de niños y niñas y adolescentes. Por eso en su articulado, además de regular a través de los sellos octogonales los alimentos envasados que tienen exceso de nutrientes críticos, tiene acciones sobre la publicidad y promoción y patrocinio de los productos envasados con sellos que son prohibitivos para dirigirlos a las niñeces y adolescentes menores de 18 años”.
Y agregó que “hay otro articulado en el que interfiere en las posibles actividades en escuelas y entornos escolares en referencia a que no puede ingresar a los colegios ningún artículo que tenga por lo menos un sello, ya sea a través de los quioscos, comedores escolares, refrigerios, meriendas o donaciones”.
Piazza agregó que “con estas dos disposiciones (propuestas) pueden hacer publicidad para menores de 18, llegar a las infancias a través de mascotas, de líderes, de los envases, y -además- habilita a modificar los criterios con los que se ponen los sellos. Y la otra cosa que buscan reintroducir es la inserción de leyendas, o claims, en las que se indique que ese producto tiene alguna propiedad beneficiosa para la salud, aunque tengan sello. Esto estaba prohibido, porque está demostrado que si ponés un sello de advertencia y, al mismo tiempo, una leyenda que tiene un beneficio, el consumidor se confunde”.
Estos cambios propuestos hicieron que algunas asociaciones civiles presentaran a la ANMAT las evidencias científicas que motivaban la necesidad del sostenimiento de los objetivos de la ley 27.642, pero nunca hubo respuesta por parte del Ministerio de Salud, así que realizaron una presentación judicial porque son disposiciones que buscan derogar toda la ley y sus beneficios.
–¿Por qué en algún momento la ley tuvo éxito y ahora buscan derogarla sabiendo, el Gobierno, que es perjudicial para la salud?
–Piazza: Hay dos trabajos de junio del 2026 que hablan, uno, sobre los cambios que se operaron en la reformulación de los alimentos en la industria argentina. Analizaron los sellos de 1.172 productos del 2018 y unos 1.200 de fines del 2024 y enero de 2025. Los analizaron por grupos de alimentos como bebidas, yogures, snacks, golosinas, galletitas y cereales de desayuno. Este trabajo científico, publicado en la revista Colectiva Nutrición y auspiciado por la Universidad Nacional de La Plata, demostró cómo se redujo la presencia de sellos a partir de los cambios en la nueva constitución de los productos. Y verificaron que se vio significativamente disminuida la presencia de azúcares en las bebidas y en menor grado en los productos sólidos de sodio y de calorías totales y grasas. Demostró que la industria, para tener menos presencia de sellos, tuvo la capacidad de adecuarse y mejorar la calidad de sus productos. Y el otro trabajo científico es chileno y lo publicó la revista The Lancet, en junio del 2026. En Chile, donde hacen encuestas nutricionales, observaron una reducción de la prevalencia de exceso de peso en los 4 y 6 años y en el primer grado escolar a partir de la ley de etiquetado frontal, con los sellos de advertencias octogonales. Sus sellos son iguales que los nuestros. Así que, retirar los sellos puede representar un impacto en el estado nutricional de los niños, y cuanto más pequeños sean el impacto será mayor en su salud. Y hay un tercer trabajo, publicado por un grupo de estudios de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, que trata sobre el impacto de la ley en la población y expone que se ha producido un cambio en la conducta por saber qué se está comiendo.
–¿Qué interpretación le da cuando el Ministerio de Salud está manejado por profesionales médicos y que entienden que los sellos son beneficiosos?
–Piazza: Está en coherencia con lo que el Ministerio de Salud hace en otras áreas. Por ejemplo, hay un 32% menos de presupuesto para vacunas, y el año pasado fallecieron niños por enfermedades evitables con vacunas, y este año vuelven a fallecer niños con enfermedades evitables por la vacuna. La tuberculosis es evitable por la vacuna y se redujo la cantidad de la BCG que evita la meningitis por tuberculosis; la mortalidad materna aumentó un 37% en el 2024, y la mortalidad infantil (en el 2024) aumentó cinco veces más quebrando una tendencia de décadas. Se eliminó la distribución gratuita de preservativos; el Programa Remediar, que mostraba gran efectividad en su alcance en 7.000 centros de salud para tratar enfermedades prevalentes, dejó de existir; no hay más entrega de hierro y vitaminas para el programa materno infantil. El Ministerio no está cuidando la salud. No sé cuáles son sus objetivos. Si uno analiza los diferentes programas, no hay protección de la salud desde el Ministerio de Salud. Le queda grande al Ministerio llamarse Ministerio de Salud.
–¿Usted cree que la industria alimenticia volvería a la forma de producción anterior a la ley o mantendría la actual?
–Piazza: No lo sé, no soy especialista en eso, pero hay algo importante que podría responder a su pregunta: todos los alimentos industriales tienen alto contenido de sodio y grasas, y crean una demanda que no puedo decir que sea una adicción, pero sí son productos y sabores que terminás consumiendo más allá de la saciedad. Y eso significa que llevan a consumir más.
Operativo clamor
“Hay un clamor de toda la academia en contra de la derogación de la ley, incluso la Sociedad Argentina de Nutrición”, dijo a Y ahora qué? Enrique Abeyá, médico de Pediatras contra el Hambre que -este próximo lunes- representará a su organización en una reunión convocada por UNICEF para tratar el tema de la derogación de la ley.
–¿Le sorprende la actitud el Gobierno?
–Abeyá: Hubiera sido sorprendente que no lo hicieran, porque ya cometieron muchas barbaridades, por ejemplo, con la ley de glaciares o el presupuesto universitario. Hasta ahora simplemente han presentado un proyecto que no pasó a Comisión y espero que no lo manden al recinto sin una discusión previa en Comisión. Sería un escándalo, un bochorno, una flagrancia muy evidente.
–Cuando plantean la marcha atrás con la ley de etiquetado, ¿eso significaría que también darían marcha atrás con los cambios en la constitución de los alimentos ultraprocesados?
–Abeyá: No sé si se modificarán los alimentos, pero sí cambiarán los envases y retirarán los sellos. Anular esa ley implica que no existan más.
–Pero también puede implicar volver a producir con las recetas anteriores que, tal vez, hacen más económica la producción.
–Abeyá: Eso lo decidirá cada industria, pero de hecho el mayor beneficio no es volver atrás con los alimentos en sí, sino volver atrás con el etiquetado. Eso es lo grave. Van a quitar todos los sellos de los envases, empezarán a agregar muñequitos amigables para los chicos y la publicidad será distinta. La población va a estar menos informada acerca de la alimentación saludable. También dicen que las góndolas están llenas de sellos negros, y el propósito de quienes protestan por eso es -justamente- hacer negocios sin proveer alimentos saludables a la población. El paradigma es que esto es perjudicial para la población.