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Machirulos y cipayos en Brasil

La campaña de Flavio Bolsonaro sigue saboteándose con ofertas a Trump y discursos contra las mujeres. La contraofensiva de Lula y el problema de San Pablo.

Las elecciones, sabemos, se ganan el día que se vota, y hasta entonces puede pasar de todo. Es por eso que los casi tres meses hasta el cuatro de octubre son definibles como una eternidad. Flavio Bolsonaro, candidato de la derecha dura, senador e hijo del encarcelado ex presidente Jair, debe estar rezando ese mantra cada noche, antes de dormir. Es que su campaña, que arrancó bien en el verano, sigue tropezando sobre piedras que él y sus aliados no paran de ponerse en el camino. Solito, Flavio se escrachó como un cipayo y un machirulo de libro.

El presidente Lula da Silva pasó el verano preocupado. Flavio se había proclamado precandidato en diciembre y enseguida lo estaba empatando. Sin campaña, sin actos, sin plataforma, había alcanzado la intención de voto de un político de estatura de estadista. Lula hasta llegó a quejarse en público de lo que veía como una injusticia, error que pagó con muchas críticas.

Pero ahí Flavio empezó a hablar y hacer, y se derrumbó. Hubo dos factores que resultaron tiros en ambos pies. Uno fue cuando la Policía Federal reveló que era amiguísimo de Daniel Vorcaro, el dueño del Banco Master, un pícaro estafador ahora en la cárcel al que el senador llamaba “hermano” mientras le sacaba millones. Los Bolsonaro se habían envuelto en un “honestismo” onde Lilita Carrió, con lo que las grabaciones del candidato pidiendo dinero le hicieron perder diez puntos en las encuestas que no supo recuperar.

El otro bodrio fue cuando Donald Trump volvió a hablar de ponerle tarifas especiales a las importaciones brasileñas y todo el mundo se acordó que fueron Flavio y su hermano Eduardo -ex diputado y prófugo de la justicia- los que le pidieron al Naranja que castigue a su país. Flavio la empeoró proponiendo a Trump que no ponga sanciones ahora a cambio de una comisión bilateral de transición cuando él gane. Hasta los diarios conservadores le dijeron cipayo.

El martes 7 de julio, el pre candidato se terminó de enterrar cuando se presentó junto al hermanito prófugo ante la Oficina de Comercio de EEUU, ignoto ente estatal que es el nuevo instrumento MAGA para pasar impuestos de importación. Cuando la Corte Suprema le prohibió imponer tarifas, poder legislativo y no ejecutivo, Trump descubrió que esa Oficina tiene el poder de sancionar a “malos actores” y les pasó el encargo. El primero de junio, el ente acusó a Brasil de cerrar el mercado de pagos electrónicos con el monopolio de la app Pix, de quemar el Amazonas, de tener mucha corrupción, de regular las compañías norteamericanas digitales y de no eliminar el trabajo esclavo. 

Traición a la patria

El proceso indica que, antes de recomendar sanciones, la Oficina tiene que escuchar al acusado. Las empresas brasileñas mandaron escritos y el gobierno cuestionó la misma idea de las tarifas. Flavio y su hermanito fueron, muy sueltos de cuerpo, a decir en persona que no era el momento conveniente, que una sanción norteamericana favorecía a Lula, que esperaran a las elecciones y después lo negociaban con ellos. Lo único que defendieron, un poquito, fue la app Pix, que al final fue creada en el gobierno de papi.

Hasta el conservadorísimo diario O Estado de Sao Paulo los acusó de traición a la patria. Lula fue feroz, destacando que Flavio ni discutió la validez de las sanciones, simplemente las aceptó para negociarlas políticamente.

A todo esto, ya se cumplió un año desde que Trump le puso las célebres tarifas del 50 por ciento a Brasil. Aunque las terminaron levantando, las consecuencias se sienten y el comercio con EEUU está en su nivel más bajo en treinta años. Es de libro: el comercio con el Norte cayó casi un tres por ciento, del 12,1 de todas las ventas brasileñas al 9,4; el comercio con China subió exactamente en el mismo porcentaje. La Cámara Americana de Comercio de Brasil advirtió, ceñuda, sobre el giro chino.

Machirulos

Claro que este tipo de errores no necesariamente terminan de registrar en el votante de a pie, ocupado en ganarse la vida. Pero Flavio se encargó de crearse problemas que sí entienden en el llano, sobre todo el 52 por ciento del electorado brasileño, que es femenino. Todo empezó con la pelea con la mujer de su papá, Michelle Bolsonaro, jefa y referente de la rama femenina del Partido Liberal. Hace dos semanas, Michelle publicó un largo video sacándole la madre a Flavio, al que acusó de ignorarla, humillarla y ningunearla. La razón era que Michelle había armado candidaturas de mujeres aliadas en diversas circunscripciones, y Flavio hizo sus arreglos propios.

El problema para el senador y candidato es que Michelle es número puesto en Brasilia, con capacidad de arrastrarle votos en la presidencial. Flavio se disculpó tibiamente, trató de instalar que no era para tanto y mandó mediadores a limitar el daño. Lo único que logró fue que Michelle no se bajara de la candidatura, pero igual renunció a su rol partidario y se negó a presentarse en público con el hijastro. Ni el presidente del partido, Valdemar Costa Neto, logró convencerla, tal vez por lo machista de su planteo: le pidió que dijese que cuando hizo el video estaba “en un mal estado emocional”.

Michelle le contestó que no se arrepentía de nada. Su única concesión fue prometer que no le iba a hacer campaña en contra al partido.

El mismo día en que Michelle publicó su video recibió la respuesta del vloguero favorito de los hermanitos Bolsonaro, el ahora famoso Paulo Figueiredo. El grosero explicó que “las mujeres votan estadísticamente mal” y si son feministas, peor, porque tienen más vello púbico… Fue un escándalo por lo grosero del lenguaje, aquí en versión Disney, y Flavio trató de despegarse. El problema es la foto de los dos hermanos con Figueiredo y con Trump, lo que muestra el grado de intimidad. 

Esta semana quedó en claro que el bloguero no es un caso aislado, porque su video contra Michelle detonó una explosión de mensajes por el estilo en la machósfera de las redes bolsonaristas. El diario O Globo le encargó un mapeo del tema a la fundación Democracia en Jaque, que se dedica a estudiar discursos de odio y campañas de desinformación online. El resultado es un panorama inquietante de odio a las mujeres y propuestas de que pierdan el derecho al voto. La estrella de este universo es Pietra Bertolazzi, que tiene un millón de seguidores en Instagram. Los contenidos eran también explícitamente trumpistas y hasta felicitaban al norteamericano por su intento de pedir documentos para votar: resulta que 69.000.000 de norteamericanas usan el apellido de los maridos en los padrones, pero no en su documento, con lo que simplemente no podrían votar.

La campaña de Lula aprovechó estas heridas auto inflingidas de la oposición y levantó el perfil de la agenda de género. En cada aparición pública, el presidente mencionó su compromiso con combatir la violencia contra las mujeres y este jueves propuso aumentar las penas por femicidio, lograr la paridad salarial y dar mejores servicios de salud a las mujeres. Lula cambió el discurso en parte porque el primer trimestre de este año registró el mayor número de femicidios desde 2015, con 399 muertes o una víctima cada cinco horas y 25 minutos. 

La encuestadora Quaest estudió el voto femenino y publicó que el 35 por ciento de las electoras se declaran antibolsonaristas y el 25 antipetistas. La aprobación del gobierno subió del 45 al 49 por ciento en este sector. Si sólo votaran las mujeres, Lula ganaría la primera vuelta por 44 a 37, y la segunda por 52 a 41.

Estos buenos resultados son en parte por la mejor percepción del discurso de gobierno hacia las mujeres, pero también por medidas concretas. Entre junio de 2025 y mayo de este año, el gobierno invirtió 215.000 millones de reales, más de cuarenta mil millones de dólares, en programas sociales como Gas para el Pueblo y Luz para el Pueblo, y en eximir del impuesto a las ganancias al que gane menos de mil dólares por mes. 

Campaña

El estado de San Pablo, el más poblado y rico del país, se puso en el centro de la campaña electoral por la enorme ventaja de su gobernador, Tarcisio de Freitas, frente a su rival Fernando Haddad, ex ministro de Economía de Lula. Todo el mundo sabe que el PT no tiene chances de ganar el estado, pero el cálculo era que, como hace cuatro años, Haddad podía perder bien y arrastrar votos para Lula en la segunda vuelta. Pero según las encuestas, esta vez va a perder mal: la prestigiosa encuestadora Datafolha le da 52 por ciento a Freitas y apenas 37 al petista. Es un triunfo en primera vuelta.

El bolsonarismo festejó las encuestas -la de Datafolha y otras coincidentes- porque esto liberaría a Freitas para hacer campaña en la presidencial. Ya se habla de trasladar el cuartel general de campaña a San Pablo, crear una agenda común con el gobernador y mandarlo a buscar votos a otros estados. Haría falta, porque ya van dos precandidatos a senadores bolsonaristas que van presos por estafas diversas. A uno lo paró la policía en la ruta y le encontró un fusil automático de asalto en el baúl.

El PT está considerando la idea de que el acto oficial que consagre las candidaturas también sea en tierra paulista y en movilizar al vice Geraldo Alckmin, un paisano, para que recorra el interior del estado, reacio al oficialismo.

En San Pablo, Lula y Flavio empatan en intención de voto para la primera y la segunda vuelta, pero el presidente tiene un índice mayor de rechazo. Levantar el voto final, perder por menos, es esencial en elecciones que se ganan por un punto o dos, como ocurrió en 2022.

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