Frente al Estadio Azteca, en México, Víctor Hugo Morales vuelve sobre el Mundial, Messi, Maradona, el fútbol argentino y el periodismo. El escenario no es uno más: allí en 1986 ocurrió el gol más narrado de la historia y allí también se cruzan la memoria profesional, la emoción personal y la gratitud por una vida ligada a la palabra y a la pelota.
Desde México
Con el Estadio Azteca de fondo, Víctor Hugo Morales repasa con Y ahora qué, en una entrevista que puede verse también en video, los últimos 40 años desde aquel relato de un gol legendario de Diego Armando Maradona allí mismo frente a los ingleses.
—Víctor Hugo, ¿cómo ves y cómo estás viviendo este Mundial?
—Es un Mundial contradictorio, porque lo institucional ha sido muy criticado y yo participé de los reproches a la FIFA por la participación de Trump, por todo lo que sucedió últimamente con la famosa tarjeta roja. Eso desluce al Mundial. Pero el fútbol en sí mismo tuvo una etapa muy buena, superior a la que yo imaginaba. Se vieron muy buenos partidos, hay buenos equipos y para los sudamericanos también fue un torneo de grandes emociones. Las dio Colombia, las dio Paraguay, las dio Ecuador, que tuvieron actuaciones interesantes. Falló un poco la selección uruguaya. Y la Argentina está en lo más alto de la emoción posible dentro del fútbol. La última victoria conseguida frente a Egipto fue clamorosa por la forma en que se dio: un partido muy interesante, muy valioso en lo técnico, en lo emocional y en lo táctico. Eso le da un gran brillo al campeonato del mundo, por lo menos en lo que hace al fútbol. Que “la pelota no se mancha” se hace una realidad cuando los equipos salen a la cancha.
—Qué fuerte debe ser para vos verlo a Messi tan chiquito empezando, y ahora verlo así.
—Es la culminación de una carrera formidable. Un genio, un artista, un hombre generoso con sus compañeros, generoso con la Selección. Superó adversidades en su momento, cuando era muy atacado porque no salía campeón del mundo, como si eso fuera lo único que valía la pena meritar de un jugador cautivante, asombroso. Por suerte, en el último Mundial y en este, el destaque fue tan notable que nos tiene a todos un poco asombrados, aunque a esta altura decir que Messi nos asombra ya resulte insuficiente. También nos da un altísimo grado de orgullo por el fútbol en primera instancia, por lo que él le da al fútbol, pero también por lo que aporta a la Selección argentina y por el brillo que indudablemente tuvo en este Mundial.
—En las canciones principales de este Mundial y del Mundial pasado, como en muchas otras anteriores, se le dedica todo a Diego. La de este año dice “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Y las Malvinas y Diego nos llevan a este lugar donde ocurrió aquel momento de tu vida, en 1986.
—Para mí, estar ahora al lado del Azteca, tenerlo tan cerca, fue un reencuentro con los momentos gloriosos de Diego. Con aquel partido con los ingleses, que tuvo sabor de final. Con el cambio que significó para mi vida profesional, porque sin ese relato que se hizo célebre del gol de Diego, mi carrera no hubiera transcurrido por los carriles que tuvo, de lo cual me siento muy agradecido a la vida. Pensar en Diego, que fue el inspirador máximo que tuve en mi vida, no solamente en aquel gol sino en tantas ilustres actuaciones, y pensar también en lo que mi propia vida profesional es, con el Azteca tan cerca, acentúa la gratitud por Diego, por el fútbol y por mi profesión. Esta etapa del Mundial que viví aquí en México gracias a TeleSUR parece un premio, que no sé si merezco, pero es una contribución a lo que llamo felicidad. Puedo decir gracias a la vida: “Vida, no me debes nada”. Lo siento así. Enhorabuena lo esté diciendo, porque somos hojitas en el viento, pero el significado altísimo que tienen México, el Azteca y el recuerdo de Diego hacen a mi propia vida, y no solamente a la profesional.
—Gracias al set que montó aquí TeleSUR y a su equipo podemos conversar ahora con el Estadio Azteca tan cerca. Y justamente, ¿qué recordás de De Zurda y de lo que luego fue trabajar con Diego Maradona ya en otro rol?
—Fue una gran experiencia en lo humano. Cuando te acercás a personas muy famosas, pensás que son divos, difíciles. Todos mis compañeros de TeleSUR que estuvieron en esos programas, y toda la audiencia, seguramente recuerdan a un Diego humano, muy humano. Muy jugado por América Latina, por las necesidades de los pueblos de América Latina. Muy consustanciado con lo que había sido su propia vida, ahora que él la podía mostrar y compartir con quienes atravesaron en América Latina las mismas etapas de pobreza, crecimiento y sueños que él tuvo. Fue un hallazgo mutuo de Maradona y TeleSUR. Para TeleSUR fue un impacto, porque nada promovió tanto el nombre de TeleSUR en el mundo como tenerlo a Diego. Recuerdo que todos los días aparecían noticias y réplicas de lo que Diego había dicho en China, en la India, en Bangladesh, en Inglaterra, en Italia, en Francia, en todo el mundo. Pero también para Diego fue muy importante TeleSUR, porque le permitió mostrar esa faceta. Para mí, en lo humano, significó la gran experiencia de aprender que aun los grandes nombres pueden ser tan buenas personas, tan humanos. Lo de Diego fue muy asombroso en el sentido de no tener un “sí” ni un “no” durante 35 días en Brasil y otros 35 días en Rusia. Tuvo un comportamiento ejemplar, abierto, profesional, deseoso de hacer las cosas bien. Era Maradona y se persignaba antes de cada programa, se encomendaba a Doña Tota, porque lo quería hacer bien. Y vaya si lo hizo bien. Pasaron doce años y la gente me habla con tanto cariño del programa De Zurda que a mí también me conmueve, porque soy parte de ese recuerdo y eso es parte de mi vida. Pero todo se lo debemos a Diego: el Diego crítico de la FIFA, el Diego enamorado de América Latina, de sus líderes. Estábamos en la época formidable de la Patria Grande, cuando habían resurgido una serie de valores que hacen al deseo que tenemos como ciudadanos, a un bienestar que se estaba consiguiendo en toda América por esos gobiernos de izquierda. Su amistad con Chávez, con Correa, con Lula, con Cristina Fernández, con Evo Morales. Mirá todos los nombres que te puedo decir. La relación de abrazos que él tenía con ellos, con los cinco grandes de Cuba, con aquella gente tan significativa que, cuando trataba a Diego, también tenía la emoción simple del hombre común. Hasta Fidel Castro podría decirte, en el trato que tenía con Diego. Todos esos líderes, junto con lo que Diego manifestaba, compusieron una etapa de gran periodismo hecho por Diego. Una manera de adentrarse en las problemáticas de América Latina de corazón, con un espíritu de observación propio de Diego, que tenía una condición, una intuición, una sensibilidad que le permitían abrirse a todos esos temas y hacerlo con verdadera capacidad. A veces hablo de Diego en presente. El recuerdo de De Zurda es más amplio todavía que tener a Diego: es tener lo que Diego decía y opinaba, lo que se jugaba a sí mismo. Particularmente en De Zurda, cuando fue tan crítico de la FIFA, cuando les enrostraba que le querían cobrar los derechos a Haití, cuando sabía la corrupción que había en la FIFA de Blatter y la denunciaba a riesgo de no poder disfrutar del campeonato del mundo, porque eso fue lo que pasó en 2014. Todo conlleva una impronta de amor de Diego por la gente, devuelto a través de los años. Porque a Diego también le pasaba que a veces le hablaban de sus goles y de las maravillas que hacía en la cancha, pero en muchas ocasiones me comentaba, cuando estábamos en Rusia: “Me hablan de De Zurda de una manera que no lo puedo creer”. Le decía: “Créalo, Diego, porque usted se lo ganó, porque usted se lo merece, porque fue jugado lo que hizo y lo que dijo, y fue amoroso su comportamiento con TeleSUR y con toda América Latina”.
—Y con un amor muy grande por la Argentina siempre. Y por su pueblo. No sólo por el deporte argentino.
—Sí, él es fundador de la mística de la Argentina de los abrazos, de la Argentina victoriosa, de la Argentina asombrosa y admirada en el resto del mundo, como sucede ahora. Pero él es el fundador de todo eso. Lo grande de la Selección argentina, con todo respeto por el pasado que construyó esa etapa de Maradona y esta de Messi, pasaba esencialmente por lo que Diego construía en su relación con la Argentina y por lo que él le daba al país como un hombre al que recurríamos periodísticamente de todas las maneras. Todavía hoy, en cada conversación que tenemos los periodistas, nos decimos: “Ah, si estuviera Diego”, “lo que diría Diego en este momento”. Aprendimos que él siempre estaba jugándose por convicciones que estaban a favor del bienestar de la gente a la que tanto le brindaba y que, por supuesto, le devolvía mucho amor.
—¿Qué le dirías a esa juventud que está pensando en dedicarse a la comunicación?
—Tomando el ejemplo de Diego, que crezcan. Porque Diego pudo ser sólo un jugador de fútbol. Diego pudo haber sido una persona cuyas ideas no importaran, cuya actitud como ciudadano no fuera relevante, y él quiso crecer siempre. Diego hizo gala de una capacidad de observación, de ir más adelante, de hacer mejor su vida. Todo joven que está en esta profesión tiene la obligación de preguntarse: “¿Cómo puedo crecer?”. Y son las buenas lecturas, el aprovechamiento del contacto que tenemos el privilegio de tener con grandes personalidades, la búsqueda de un lenguaje que se enriquezca, porque nosotros somos destinatarios de mucho afecto de la gente y tenemos que devolverlo ayudando a crecer también. Eso lo conseguimos si somos, o intentamos al menos ser, buenos profesionales, profesionales serios, que se correspondan con la gratitud que debemos a una profesión que es de las más libres que se pueden ejercer. Hay que buscar esa libertad, defenderla, defender la independencia de criterio frente a todo lo que acecha desde los medios de comunicación mismos y desde sus conducciones. Hay que poder sostener un discurso a través del tiempo, ser cuidadoso con lo que hacemos en los años más jóvenes para que luego no haya demasiados reproches, porque sí los hay, sobre lo que fue nuestro paso, nuestra andanza en el periodismo. A mí me parece que la profesión nace en el mismo momento en que un día descubrimos que tenemos ganas de ir a un diario o a una radio para pedir trabajo. Y cuando avanzamos hacia eso, no avanzamos hacia una labor cualquiera: avanzamos hacia una labor bendecida por la vida, a la que le podemos aportar y que nos va a dar permanentemente esa chance de crecer, una chance que no debemos desaprovechar.
—“Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”. Muchas gracias, Víctor Hugo.
—A vos. Un placer. Y Ahora Qué es una muy buena idea. Se fue Maradona, ¿y ahora qué? Ahora Messi. Se va Messi, ¿y ahora qué? Vendrá Nico Paz o vendrá alguno de ellos a seguir recorriendo el histórico ADN del fútbol argentino, que no de casualidad genera un Maradona o un Messi. Todos los que jugaron al fútbol en la Argentina, todos los que lo amaron, y también la afición deportiva, son los gestores, son el ADN de esa historia formidable de estos dos jugadores que vienen a resumir todo lo que habita en el argentino relacionado con el fútbol. No son casualidades. Cuando decimos “¿Y ahora qué?”, vamos a tener respuestas. Como también en la política: ¿y ahora qué? Ahora luchar, ahora dar la cara, ahora pelear por las convicciones de siempre, que si son humanistas no pueden estar en ningún otro sitio que no sea lo que llamamos el progresismo, la izquierda, que es lo que le cambia la vida a la inmensa mayoría de las personas, no a las pequeñas élites que dominan en cada uno de nuestros países y en el mundo en general. Así que aprovechemos la profesión también para eso: preguntémonos “¿y ahora qué?”, pero también tratemos de ofrecer respuestas.