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Trump no se va a perder el rearme europeo

En la cumbre de la OTAN el norteamericano insultó y se quejó. Los europeos discretamente declararon la independencia. El regalito a Ucrania y el problema de una alianza con menos Washington.

Un problema de ser quejoso es que no se disfrutan los triunfos. En su primer gobierno, Donald Trump se dedicó a insultar a sus aliados de la OTAN por no gastar lo que debían, por esconderse atrás de las faldas militares de Estados Unidos. Los europeos no dieron mucha bola, pensando que el Naranja era un hipo en la historia política norteamericana, que todo iba a volver a la normalidad. Pero el que volvió fue Trump y la poderosa burocracia europea tuvo que cambiar. Sí, había que gastar más. No, no se podía confiar más en Washington.

La cumbre de la Alianza de esta semana en Turquía fue como dos shows paralelos. Uno fue el del quejoso Trump, al que el secretario general de la alianza Mark Rutte alababa. (Es una vergüenza: cuando están a solas, Rutte le dice “papi” al norteamericano). Trump le sacó la madre a España, a quien le prometió no comprarle ni tortillas, y no paró de quejarse porque nadie participó en la guerra de Irán. Rutte tuvo que mostrarle un gráfico, bien sencillo para que lo entienda, con la cantidad de misiones de combate que despegaron desde bases de la alianza, y ahí se quejó menos.

El otro show fue la discreta, muy discreta, declaración de independencia de los aliados respecto a Estados Unidos. Es lo que, medio en serio medio en joda, llaman la OTAN 3.0. La primera, la original, era una alianza defensiva contra la URSS, plena Guerra Fría. La segunda fue la de la confusión de no tener más un enemigo clarito y fácil de pintar como un monstruo. La tercera es esta, nuevamente contra Rusia, que no dependa de los caprichos o intereses de la Casa Blanca. 

Fue el francés Emmanuel Macron el que lo dijo más claramente: “Esto no tiene vuelta atrás”. Macron ordenó hace meses que los funcionarios de la República, de cualquier nivel, ya no usen productos informáticos norteamericanos. No más WhatsApp, ni Excel, ni Google, todo a ser reemplazados por sistemas europeos para que no los espíen o, un buen día, les corten la app. Por lo mismo, los europeos están lanzando satélites por todos lados, así no dependen de ese inimputable de Elon Musk.

Los socios están gastando más que antes y están gastando en armas y militares. Las tensiones presupuestarias en un país con buenos sistemas de contención social son enormes, ni hablar de ideas como el rearme alemán. Pero hace cuatro años se puso en marcha un mecanismo que el Naranja, con sus desplantes, confirmó y aceleró. Gran Bretaña, que anda más que mal económicamente, va a tener que agrandar su ejército, reducido a 70.000 efectivos. Son las fuerzas armadas más pequeñas desde la batalla de Waterloo, en 1815.

El fantasma ruso

Por eso hay reales dudas de que los aliados lleguen a gastar el 3,5 por ciento de sus PIB en los próximos años, con la excepción de Alemania y Polonia. Como la OTAN misma estima que Rusia, si logra terminar su guerra en Ucrania y sigue desarrollando su industria militar al ritmo actual, tendría la capacidad de invadir Europa para 2029, los plazos importan. Es por eso que los socios de la alianza no se divorcian abiertamente de Trump: lo necesitan para una transición que les permita prepararse. Más allá de lo que opine el Naranja, no se va a perder el negocio colosal del rearme europeo. La Unión Europea, en conjunto, es el segundo bloque económico del mundo, va a necesitar cientos de miles de millones de dólares en armas y no va a poder producir todos. Hay un sector económico multinacional que va a facturar a lo loco en los próximos años.

Otro elemento muy importante, el arsenal nuclear. Si no hay tropas norteamericanas en suelo europeo, ¿Washington usaría su arsenal atómico? 

Es probable que Trump ni siquiera esté pensando en esto, ya que su interminada guerra con Irán se recalentó.

Regalitos

El que se fue contento de la cumbre en Ankara fue el ucraniano Volodimir Zelensky. No sólo le confirmaron decenas de miles de millones en fondos para este año y el que viene, sino que además Trump le prometió que le iba a facilitar que los famosos misiles Patriot se fabriquen en su país. EEUU le había vendido varias baterías y le permitió a otros aliados pasarle unos cuantos misiles a Kiev, pero la guerra de Irán transformó a los Patriot en figurita rara, y ya nadie es tan generoso con los ucranianos.

La promesa tiene más valor político que militar, porque fabricar en un número significativo esta tecnología no es fácil. Ya hay dos países que tienen esas mismas licencias, Japón y Alemania, y su experiencia apaga todo optimismo. Japón pidió la transferencia hace 25 años, preocupados por el avance misilístico de su vecina Corea del Norte. El permiso llegó en 2005, cuando Washington autorizó a los fabricantes, Raytheon y Lockheed Martin, a pasar las licencias y data técnica de los modelos más avanzados, incluido en PAC-3. Les tomó tres años probar el primero y la capacidad actual es de apenas treinta cohetes por año. Buena parte del stock fue revendido este año a Estados Unidos, por la guerra con Irán.

Los alemanes obtuvieron las licencias hace tres años y en 2024 lograron un contrato para proveer mil misiles a España, Holanda, Rumania y la misma Alemania. Pero recién el año que viene saldría de la fábrica en Schrobenhausen la primera pieza. Berlín hasta cuenta con una ventaja importante, la de tener abundante personal que se sabe de memoria a los Patriot porque mantiene los arsenales norteamericanos en Alemania, bajo contrato con Washington.

Los ucranianos no tienen estas ventajas. La esperanza es que los alemanes arranquen con su fabricación y le vendan misiles en 2027.

China

La razón oficial para el alejamiento de Estados Unidos de la OTAN es la preocupación con China. En rigor, el problema es el rol ya tradicional de policía internacional, la pasión imperial de meter las narices por todas partes. Nada alcanza nunca, ni las tropas, ni la tecnología, no las flotas, porque todo el tiempo se encaran más guerra.

Pero el presidente Xi Jinping este lunes le mandó un lindo mensaje a su colega Trump cuando lanzó un misil de largo alcance desde un submarino nuclear sumergido cerca de la costa china. Como anunciaron los medios, China está avanzando en crear la “tríada nuclear” con misiles basados en aviones, silos y submarinos. No se saben los detalles, por supuesto, pero esto indica una mejora tecnológica importante en la construcción de esos buques. Es que un submarino es un arma silenciosa que, se supone, es difícil de encontrar. Pero los catorce submarinos nucleares chinos, lo que incluye seis que pueden llevar misiles atómicos, siempre fueron más vale ruidosos y nada difíciles de encontrar. Estados Unidos tiene setenta submarinos nucleares y, aunque ahora se queje amargamente por el ensayo chino, hace lo mismo diez veces por año en el Pacífico. 

Que Xi ordene este test justo ahora es otra muestra del enojo de Pekín por el tratado de cooperación militar entre Australia y Fiji. Según China, los australianos y los japoneses están creando un “anillo” de naciones-islas hostiles, con claro apoyo norteamericano.

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