¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Barrera, de UPCN: “En el peronismo hay liderazgos, pero no hay una conducción”

Fernando Barrera, dirigente de UPCN y militante justicialista, plantea que el peronismo atraviesa una crisis de conducción y que las primarias pueden ser una herramienta para ordenar una alternativa nacional. También propone pensar una conducción colegiada del movimiento peronista, con participación de gobernadores, intendentes, sindicatos, legisladores y sectores sociales.

En esta entrevista con Y ahora qué, que también puede verse completa en video, el integrante del consejo directivo de la Unión Personal Civil de la Nación y dirigente peronista porteño Fernando Barrera discute el rol del Estado, la democracia social, la necesidad de escuchar demandas populares concretas, la defensa del modelo sindical argentino y el desafío de elaborar un programa para 2027. “No todos pensamos lo mismo”, advierte, y reclama debatir ideas, propuesta productiva, minería, energía, trabajo, representación y reforma estatal.

—Vos tenés varios sombreros, Fernando. Por lo pronto, el sindical y el de dirigente peronista. Te propongo arrancar por tu sombrero peronista. Hay elecciones en 2027. ¿Falta mucho o falta poco?

—No, falta muy poco. En menos de un año vamos a estar disputando las primarias, si es que las primarias se mantienen y no hay una reforma electoral en el medio. Está claro que los tiempos se acortan.

—¿Vos querés primarias?

—Sí. Es un mecanismo que sirve para resolver las dificultades que tiene hoy la política en nuestro país. Hay una gran crisis de representación en la política y una gran crisis de conducción en muchos espacios. En este caso, dentro del peronismo. Y la primaria puede servir para canalizar esa dificultad y encontrar una alternativa que sintetice la propuesta política del peronismo.

—¿Y estás de acuerdo con que la primaria sea obligatoria?

—Sí, porque eso permite que no se generen suspicacias electorales o intervenciones electorales que puedan complicar la identidad de las expresiones que surjan del proceso electoral. El régimen que se creó ya dio muestras de que es efectivo, que es posible, que sirve y que fue exitoso. De hecho, tuvimos alternancias políticas en el país con este sistema electoral, con lo cual no favorece a un sector político en particular. 

—Hubo fuerzas políticas que utilizaron muy bien el proceso electoral de las primarias. El PRO, en 2015, lo usó para establecer una alternativa electoral al peronismo. Incluso lo potenció políticamente.

—Totalmente. Y me parece que es una oportunidad para que el peronismo, que fue el creador de este sistema, pueda usarlo por primera vez en serio. 

—¿Existe hoy en el peronismo un liderazgo natural neto?

—Mirá, el peronismo tiene un gran problema de conducción. No hay un proyecto político del peronismo expresado a nivel nacional que contenga todas las diferencias. Perón hablaba de la conducción como una de las herramientas más importantes de la organización y escribió Conducción política. Algo de eso sabía. A partir de su historia militar y de sus investigaciones posteriores, comprendió cómo se articulaba este sistema de la conducción y cómo la conducción era una herramienta para desarrollar una organización política. Uno de los grandes problemas que tiene el peronismo en la actualidad es la falta de una conducción y de un proyecto nacional que sintetice y contenga la realidad y la expresión de las mayorías populares. Hay liderazgos, pero no hay una conducción. No es lo mismo. Hay liderazgos territoriales, como los gobernadores y los intendentes. Hay liderazgos sectoriales u organizacionales, como pueden ser Cristina o La Cámpora y su ámbito de injerencia. Dentro de los gobernadores, cada uno expresa un liderazgo particular, pero lo que no hay es una conducción política.

—Lo tenés a Kicillof entre los gobernadores.

—Es un ejemplo de un liderazgo emergente que puede transformarse en una conducción el día de mañana. Pero no hay una conducción política de todo el peronismo a nivel nacional que establezca las condiciones para construir una alternativa política.

—¿Y cómo imaginás la conducción en términos reales, no teóricos o abstractos? ¿Imaginás la posibilidad de una conducción personal o de una conducción colegiada?

—Hay expresiones en la historia que dieron lugar a la posibilidad de una construcción personal, como Perón o Yrigoyen. Pero también hay otros procesos a los que quizás tengamos que empezar a acostumbrarnos, o por lo menos a transitar, como el de conducciones colectivas o colegiadas, donde no haya una persona que sea la conductora, sino una institucionalidad que conduzca al conjunto, con las diferencias, contradicciones y pensamientos diversos que pueda tener esa conducción. Una institucionalidad que encuentre la posibilidad de generar una conducción colectiva. La CGT es un ejemplo que puede enseñarnos cómo, desde la diversidad y la pluralidad de pensamientos y realidades, se puede construir una institución y conducirla con objetivos específicos y estratégicos. El peronismo quizás hoy tenga que pensar en una conducción colegiada.

—¿Hablás del movimiento o del partido? ¿O de las dos cosas?

—De las dos cosas. El partido es la herramienta electoral del peronismo. El movimiento exige un espacio de institucionalidad que construya o reconstruya un proceso de conducción en el que participen los sectores sociales, el movimiento obrero, los gobernadores, los intendentes, los sectores políticos, las referencias institucionales, diputados y senadores. Juntos podrían establecer un ámbito de conducción del movimiento nacional. El movimiento excede claramente al partido.

—Cuando hablás de conducción, entonces, hablás más del movimiento que del partido. ¿Cómo imaginás que se puede llegar a eso?

—Primero, con mucho debate, mucho encuentro y mucha discusión. Hay que romper con ese corset que a veces pone la política, con ese determinismo que plantea que todos tenemos que pensar igual. Hay que hacer un esfuerzo para generar ámbitos donde nos podamos encontrar, debatir, discutir, ponernos de acuerdo acerca de hacia dónde vamos y, a partir de ahí, desarrollar un programa. También hay que discutir mucho de ideas. El otro día recordaba una frase de Perón: hay momentos en los que hay que discutir mucho de ideas, poco de las cosas y nada de las personas. Es momento de discutir ideas, de encontrar estos ámbitos de debate y de discusión, y ahí tenemos que participar todos. En nuestro caso, como movimiento obrero, deberíamos tener un espacio, una silla, para dar esa discusión con otros sectores: empresarios, sectores de la política y sectores sociales, acerca de hacia dónde podemos ir como país.

—Si uno escarba en las ideas, ¿hay enormes diferencias dentro del peronismo y del movimiento nacional con sus aliados?

—No hay grandes diferencias, pero hay debates que dar. Por ejemplo, hay que discutir un modelo de país. Seguramente nos vamos a poner de acuerdo en algunos conceptos comunes: la independencia económica, la justicia social, la soberanía política, que son banderas vinculadas con nuestra identidad. Cuando hablamos de cómo construimos justicia social, ahí no todos tenemos la misma idea ni los mismos mecanismos. Nosotros entendemos la justicia social como la capacidad de construir un ámbito donde empresarios y trabajadores puedan ponerse de acuerdo acerca de cómo generamos empleo y producción. Hay otros que entienden que eso lo hace solamente el Estado y que desde el Estado se puede generar un proceso de transformación social y económica del país. Nosotros sostenemos que el Estado es una herramienta.

—Cuando decís eso hablás de quienes piensan casi exclusivamente en el Estado.

—Claro. Nosotros sostenemos que el gobierno es una herramienta. Ahora, la transformación es colectiva y necesitamos hacerla en el marco de una comunidad organizada. Eso significa que los procesos transformadores de nuestro país, y mucho tuvo que ver en esto la Revolución Justicialista en nuestra historia, se producen a partir de la confluencia de los sectores sociales y económicos de la Nación pensando un proyecto de país. Ahí hay que sentar a trabajadores y empresarios. Otro punto: es necesario rediscutir la forma de la democracia argentina. La democracia, a partir de 1983, conquistó la forma republicana de gobierno. La expresión de que con la democracia se come, se cura y se educa, que marcó un escenario político en la campaña de Alfonsín, hoy está en deuda con el pueblo argentino. No basta con la democracia para educar, comer y curar. Hace falta rediscutir esta democracia liberal y darle otro tipo de contenido. Por ejemplo, ir hacia una construcción de democracia social en la que pueda haber participación de los sectores sociales en la toma de decisiones públicas. Te pongo un ejemplo: ANSES o PAMI son organismos públicos que, por su naturaleza, deberían estar conformados por un directorio integrado sin lugar a dudas por las autoridades políticas, pero también por los sectores de representación social. Esto significa trabajadores y beneficiarios. Bueno, esto en democracia no pasó nunca. Llevamos 40 años de democracia y estas instituciones viven intervenidas por el poder político.

—¿Y por qué no pasó nunca? ¿Por miedo?

—Porque no hay decisión política. Es un debate. Yo me pregunto cuánta gente conoce que esto debería ser así, que la naturaleza de estos espacios debería ser esa.

—Pocos, por eso te lo pregunto. ¿Creés que es miedo a la participación?

—Más que miedo, es decisión de no perder el poder político. Todo ámbito de participación genera una discusión, un debate, la necesidad de sentarte, de reconocer al otro y de discutir hacia dónde vamos.

—No quiero pecar de ingenuo. Hablemos de poder. ¿No termina dándote más poder la mayor participación? Está la idea de que, si abrís, perdés poder. Y en realidad lo que termina pasando en la Argentina es que, si cerrás, perdés poder.

—Coincido plenamente con eso. Lo que pasa es que no todos piensan lo mismo. Para mí, conducís incorporando a los demás en la conducción y comprometiéndolos con la decisión. A eso me refiero. Pero no sucede. ¿Por qué? Porque hay otra visión acerca del poder. Esa es una discusión que también tenemos que dar. Por eso digo que no todos pensamos lo mismo. Me parece que hay mucho disciplinamiento en la política y eso tampoco es peronista.

—¿Vos hablás de disciplinamiento, no de disciplina?

—Sí, hablo de disciplinamiento. Casi coercitivo. Esto de que si no pensás igual que yo y sos crítico, sos un traidor. En realidad, eso, además de intentar disciplinar, genera reacción. Nadie quiere entrar al paraíso a patadas en el traste. La reacción es retraerse o correrse. Otros tomarán una posición más dura. Quizás al peronismo le pasó eso en estos últimos tiempos: muchos decidieron irse. Después nos preguntamos por qué no construimos mayorías, por qué no nos entienden, por qué no nos votan. Quizás, aun con buenas intenciones, no hicimos las cosas bien. Y el infierno está plagado de buenas intenciones.

—Te mezclo tu sombrero peronista con tu sombrero de dirigente sindical.

—Como verás, lo mezclo yo sin que me lo pidas.

—Supongo que una parte de los empleados públicos votó a Milei. Si no, no llegás al 56 por ciento. Por qué?

—Porque hicimos las cosas mal cuando nos tocó gobernar.

—¿Qué cosas estuvieron mal y cuáles estuvieron bien? ¿O qué estuvo mal como para determinar el voto a Milei?

—Fracasamos en dar respuestas a muchas demandas que tenía la sociedad, que tenía nuestro pueblo, y que nosotros no supimos satisfacer. Como peronista, no puedo decir que sea correcto o exitoso un gobierno que tiene 20, 15 u 8 por ciento de desocupación, o 40 o 35 por ciento de pobreza, poné el número que quieras. Como peronista no puedo entender que un gobierno sea exitoso con gente que no puede llegar a fin de mes. No resolvimos demandas de primera categoría de la sociedad, como el trabajo, la salud y la educación. Y manejábamos una agenda de derechos de tercera y cuarta generación sin tener resuelta la primera: el trabajo y el ingreso. Habría que haber puesto prioridades. No es que esté mal avanzar en una agenda de derechos de tercera y cuarta generación. Al contrario. Lo que digo es que primero hay que resolver o atender la demanda social de conseguir trabajo, generar empleo y lograr que el empleo sea suficiente para sostener un nivel de vida que permita el movimiento social ascendente. Me acuerdo de 2015, cuando creíamos que íbamos a ganar la elección de Scioli contra Macri. Recorriendo la provincia de Buenos Aires uno decía: la economía está mejor, generamos crecimiento, la gente tenía otras preocupaciones quizás no tan urgentes como preservar el trabajo, como hoy. Pero caminabas la provincia y a pocos kilómetros del Obelisco encontrabas gente sin agua corriente, con calles sin asfaltar. Una mujer me decía: “está bien, pero cuando mi mamá necesita asistencia médica porque tiene un problema de salud y de cuidado en su casa, si llueve la ambulancia no puede llegar para trasladarla”. Esas son las problemáticas de nuestra gente. Quizás la política y el peronismo tomaron agendas legítimas y genuinas, pero perdieron de vista que había demandas sociales que debían satisfacerse primero. Trabajo, educación y salud son fundamentales.

—¿Estás hablando especialmente del último gobierno?

—Es un proceso largo, por eso hablo de la democracia. La democracia en los últimos 40 años no supo resolver estos problemas. Hubo procesos en los que estuvimos mejor y otros en los que no, pero por eso la gente está tan crítica con el “que se vayan todos”. Entonces, si me preguntás por qué el empleado público votó a Milei, fue porque estaba cansado.

—¿Y ahora qué pensás que ocurre? No te pido que hables por todo el colectivo de trabajadores, sino por lo que ves.

—Lo que percibo es que cambió el humor social. La gente ve que esa esperanza que pudo haber generado Milei de que había algo distinto, en realidad, es más de lo mismo.

—Está la cuestión del sacrificio y de aguantar un poco más. ¿Cuánto prende eso?

—Todos estamos cansados ya de aguantar. Hoy estamos cansados de aguantar. La sociedad argentina y el pueblo argentino están cansados de poner siempre el hombro para hacer el ajuste y que después las cosas no cambien. Hay sectores que deberían aportar, que tienen mayor responsabilidad para aportar en el ajuste o en el crecimiento, y siempre recae sobre los mismos. Eso la gente lo está sufriendo. Lo estamos sufriendo. Estamos cansados de poner el hombro para que después les saquen impuestos a las ganancias a los grandes capitales, para que les bajen impuestos o les garanticen la renta a los capitales internacionales que vienen a invertir para llevarse los recursos naturales argentinos.

—RIGI y súper RIGI.

—RIGI y súper RIGI. De eso estoy hablando. El esfuerzo lo ponemos nosotros. Lo ponen los trabajadores, los laburantes que todos los días se levantan a las seis de la mañana para ir a su laburo, pagan el transporte y ya no les alcanza para pagar el colectivo. La gente ve ese esquema de valores. El pueblo argentino eligió a Milei como una esperanza de salir de lo viejo y buscar algo nuevo. Bueno, en realidad nos estamos dando cuenta de que no sólo es viejo, sino anticuado. Quiere llevar a nuestro país cien años atrás en la historia.

—Algunos dicen que al siglo XVI, directamente al comienzo de la colonia.

—Preconstitucionalismo social y directamente a la esclavitud.

—Entonces el desafío político es todavía mayor. 

—El desafío político es construir lo nuevo. Y construir lo nuevo no significa romper con nuestra identidad histórica, sino encontrar nuevas respuestas a las necesidades que tiene el pueblo argentino.

—¿Vos ves que la identidad peronista es una identidad válida y ganadora, para ponerlo en términos de resultadismo?

—Sí. El peronismo es una construcción popular. Es una construcción que surge interpretando la identidad del pueblo argentino. Y el pueblo argentino tiene su identidad. Lo ves en cada ámbito, en cada momento de nuestra historia. En cada circunstancia en la que se pone en juego el momento histórico, el pueblo argentino expresa una identidad: es solidario, cree en la comunidad, en la organización de la comunidad y en la justicia social. Hay una discusión sobre si los valores cambiaron o no. La identidad del pueblo argentino no cambió. Ahora, eso hay que transformarlo en un proyecto político acerca de cómo alcanzamos esos objetivos. Eso es lo nuevo. Además lo ves en la pandemia: vecinos y vecinas que salían a comprar para llevarle cosas al abuelo que no podía salir. Lo ves en los triunfos de la selección argentina, ahora que estamos en el Mundial: ese espíritu nacional de defensa de la bandera y de la identidad nacional. Esto es cultural. El pueblo argentino es pacífico, tiene una profunda raigambre cultural nacional y defiende su interés. Eso hay que transformarlo en política. Nuestro desafío como peronistas es construir, a partir de esa identidad popular y de las necesidades de la gran mayoría de nuestro pueblo, una alternativa política y una expresión.

—En términos metodológicos, ¿es un tema de propuesta o de escucha? ¿Qué tipo de propuesta y qué tipo de escucha?

—Ambas cosas. Hay que construir la propuesta a partir de la capacidad de escuchar cuáles son las necesidades. Si tengo que discutir cómo generar crecimiento o empleo en una comunidad determinada, tengo que ir a esa comunidad y ver qué necesita. Si quiero fortalecer una política energética o minera, tengo que sentarme con las organizaciones representativas, con los empresarios y con los trabajadores que hacen esa realidad, y preguntar qué necesitan para que eso florezca. Ahora, eso es una decisión política.

—Y discutir el reparto.

—Eso también es peronista. Ahí está la discusión del peronismo. Nosotros sostenemos que el reparto es parte de la justicia social. Por eso creemos en la justicia social.

—Planteás el tema energético y minero, que es interesante. Todo el mundo coincide en que el volumen de exportaciones está garantizado por muchos años más. La discusión después es si todo eso se va al exterior, si las divisas fluyen libremente o no, o si te sirve para industrializar y cómo. El modelo de que todo eso se va es el RIGI.

—Claro, eso es clave. No podemos decir ideológicamente que no hay que discutir la minería porque es contaminante. Debemos decir: ¿es una fuente de recursos y una capacidad de generar crecimiento y trabajo en nuestro país? Bien, entonces adoptemos una discusión acerca de cómo desarrollamos una política minera, energética, de la industria del conocimiento o de lo que sea. Si contamina, pongámosle límites. Veamos de qué manera podemos desarrollar una política para que eso no suceda, proteger el medio ambiente y proteger a la comunidad. ¿Cómo hacemos para que los resultados de una política de crecimiento minero se vuelquen al conjunto de la comunidad argentina, generando desarrollo de infraestructura logística, trabajo y servicios? ¿Cómo hacemos para que eso vuelva a la comunidad para generar trabajo y crecimiento?

—Los regímenes de los que hablamos, RIGI y súper RIGI, no tienen en cuenta la obligatoriedad de proveedores argentinos. Al contrario, permiten traer trabajadores y bienes de afuera.

—Lo que permite hoy el régimen es traer trabajadores de afuera, traer máquinas de afuera, traer desarrollo exterior, extraer y que los dividendos también se vayan afuera sin dejar nada en el país.

—Entonces, ¿estás a favor o en contra del RIGI?

—Estoy en contra del RIGI en estas condiciones. Eso no significa que esté en contra de atraer inversiones, de generar desarrollo en la industria minera, energética, del conocimiento o de la que sea, y discutir cómo hacemos para que ese desarrollo y ese crecimiento vuelvan a generar crecimiento argentino. Demos esos debates y esas discusiones. Ahí está la identidad del peronismo: ver de qué manera estas potencialidades que tiene nuestro país en el contexto de las naciones pueden ser útiles para generar crecimiento nacional. Estamos en las postrimerías de poner en marcha el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Bueno, ¿esto qué significa? Tenemos que analizar cuáles son las industrias competitivas.

—Sabrás que no hay ningún estudio al respecto.

—Obviamente. No hay ningún estudio. El gobierno argentino no hizo ningún estudio sobre eso. Y lo que es peor: no veo a la dirigencia política dando esta discusión. Entonces hay que discutir qué industria protegemos, en qué sectores somos competitivos, en cuáles podemos generar crecimiento para volcar nuestra producción al mundo y que eso genere ingresos para sostener a los sectores que no son tan competitivos. Esa es una discusión acerca de qué modelo de país queremos. Cómo proyectamos una Nación que genere crecimiento y que ese crecimiento llegue a todos, que genere movimiento social ascendente. En definitiva, eso es la justicia social.

—Te hago una pregunta que jamás te hicieron: ¿de qué depende el llamado a una huelga general? 

—La solución es la realidad. La huelga general, por supuesto, es una herramienta que tiene el movimiento obrero argentino, y además la ha hecho efectiva. En este gobierno hicimos cuatro medidas de fuerza de distintas características. También hicimos presentaciones judiciales, reclamos en la OIT y acciones gremiales en cada actividad y área donde tenemos dificultades. Yo, en particular, no estoy en contra de la huelga. Lo que no comparto es el romanticismo de la revolución permanente. Este tipo de acciones no son románticas. Son efectivas. O deben serlo. Hay que pensar planes de acción que marquen posicionamiento, generen una lucha y provoquen una reacción del gobierno, pero con inteligencia, sabiduría y capacidad de obtener respuesta. Nadie entra a un conflicto sin tener una puerta de salida. Eso también forma parte de una filosofía de nuestro movimiento obrero. Y es otra de las cosas que deberíamos defender como peronistas, aunque no todos estemos de acuerdo. Vos me decías al principio que quizás todos creemos o pensamos lo mismo y preguntabas por qué hay diferencias. Hay diferencias. No todos creen en el modelo sindical argentino, que es un modelo creado con características diferenciadas de los modelos sindicales del mundo y con identidad propia. Este gobierno sí lo interpreta, y por eso plantea la modernización laboral como un proyecto real que tiende a destruir el modelo sindical argentino: destruir la capacidad de concepción de los sindicatos, la ultraactividad de los convenios, flexibilizar o limitar el derecho de huelga y establecer como esenciales prácticamente todas las actividades. Ellos tienen claro cuál es el enemigo. Tienen claro que destruir el modelo sindical argentino es un requisito necesario para construir el modelo de país que quieren. Nosotros, desde el campo nacional y popular, deberíamos entender que la defensa del modelo sindical argentino tiene que ser una coincidencia de todos.

—¿Y cuál es la diferencia ahí?

—Escuché a dirigentes del campo nacional que sostienen que hay que modificar el sistema sindical argentino y hablan de la necesidad de “democratizarlo”. Estoy cansado de escuchar a dirigentes del peronismo decir que hay que “democratizar” el modelo sindical argentino. ¿Qué es más democrático que ir a elecciones cada dos o cuatro años, donde los trabajadores ponen parte de su salario para sostener las estructuras y las elecciones sindicales?

—¿Cuál es la diferencia ahí?

—Detrás de ese concepto de “democratizar” el modelo sindical argentino, en realidad, se discuten las bases de nuestra organización. Estoy cansado de escuchar a dirigentes políticos preguntar qué hacen los sindicatos. Hacemos todo lo que podemos. Todo lo que podemos para representar a nuestros trabajadores es discutir paritarias, pero además garantizarles salud, educación, formación, desarrollo y esparcimiento. Todo eso gira alrededor del movimiento obrero y de la organización sindical, en condiciones políticas adversas como las que tenemos hoy.

—Muy adversas.

—Entonces no puedo entender que haya sectores del periodismo que digan: ¿qué hacen los sindicatos?, ¿qué hacen los sindicalistas?, o que digan “los gordos no salen a la calle”. ¿Qué más pretenden del movimiento obrero que lo que está haciendo? Es un canal de contención de las dificultades que está viviendo nuestro pueblo en este proyecto y en este modelo económico de ajuste y extranjerización.

—¿Qué querés decir con la palabra “contención” en ese caso?

—Todo. Las organizaciones sindicales son hoy el canal por el cual el trabajador garantiza su salud. Hablo de contención en el sentido de cuidado, acompañamiento y representación. Me pregunto cómo podría un trabajador garantizar su salud si no existieran las obras sociales sindicales, que bastante problemas tienen en este contexto social y económico, pero que son centrales. ¿Cómo garantizaría la salud de él y de su familia en un mercado que le va a imponer condiciones para que quien tenga pueda tener salud y quien no pueda pagar quede librado a su destino? Si las organizaciones sindicales no sostuvieran el sistema solidario de salud, ¿cómo garantizamos la salud de muchos trabajadores en este país? ¿Cómo garantizamos la educación? Los programas de educación y formación que sostienen las organizaciones sindicales son, en muchos casos, el canal que permite que la educación sea un ámbito de desarrollo y que mejore las condiciones de los hijos y de la familia de trabajadores que no podrían acceder a ese nivel educativo si no fuera a través de estas expresiones. Eso es contención. Esa es una realidad. Sin embargo, cuando hay que discutir las condiciones políticas y económicas del país, muchos de nuestros gobiernos no convocaron al movimiento obrero para analizar cuáles eran las condiciones para generar desarrollo. Ese también es un debate que hay que dar en el peronismo.

—¿El movimiento obrero está trabajando en propuestas, análisis y profundización de programas?

—Sí. Presentó públicamente un proyecto de 17 puntos para una agenda argentina para el desarrollo nacional. Además, está trabajando en reunirse con entidades empresarias y con las distintas actividades para elaborar un programa de gobierno, para llevarles a nuestros candidatos en 2027 cuál es nuestra posición sobre el desarrollo de la Argentina en cada uno de esos puntos. Nosotros lo estamos haciendo como Unión del Personal Civil de la Nación. Recorrimos las 55 delegaciones y dependencias que tenemos y en cada una elaboramos un informe detallado sobre las necesidades de cada área del Estado y sobre qué deberíamos hacer para fortalecer las políticas públicas de ese sector, no para generar mayor empleo o mayor salario solamente para los trabajadores, sino para generar mejores condiciones para nuestra gente y nuestro pueblo, para que el Estado ocupe la función que debe ocupar y genere crecimiento y desarrollo. Eso también se lo vamos a volcar a nuestros candidatos y dirigentes para que sepan cómo debemos pensar el Estado que viene. Esto también es una discusión acerca de cómo construimos el futuro, qué significa un Estado eficiente y qué significa el Estado del futuro.

—Ahí te enfrentás con el estereotipo de que el Estado está lleno de ñoquis.

—Claro. Muchos de los nuestros dijeron eso. Te doy un ejemplo: cuando, en el marco de la Ley Bases, fuimos a discutir al Congreso los términos de la ley, obviamente planteando las discrepancias que teníamos con el proyecto del Poder Ejecutivo, también fuimos a hablar del capítulo sobre reforma del Estado. Muchos de nuestros diputados, y no hace falta dar nombres, nos decían: “De ese tema no hablemos, porque la gente sabe que al Estado hay que reformarlo”. De hecho, el único capítulo de la Ley Bases que salió aprobado sin una mínima reforma fue el capítulo de reforma del Estado, porque muchos de los nuestros no se querían meter en esto con el argumento de que “algo hay que hacer”.

—Lo que decís, supongo, no va contra reformar lo que haya que reformar, sino contra ese “algo hay que hacer”, que en realidad significa “echemos”.

—Es lo que pasó después. El límite no se lo puso la política, cuando debería haberlo hecho. Efectivamente hay que discutir qué hacemos con el Estado, pero desde una visión real de las necesidades populares y de las necesidades de los trabajadores. Nosotros sabemos qué hay que hacer porque estamos adentro del Estado, y lo que queremos es que el Estado ocupe un rol que genere desarrollo, crecimiento y equilibrio frente a las desigualdades sociales. Ahora, siéntense con nosotros para discutir cómo lo hacemos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *