¿Y ahora qué?

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La final y después

Episodio XXXIV.

Con el diario del lunes, todos opinamos. Acá transcribo los comentarios de cada uno de los personajes: Ricardo, María Eugenia, Romina, Stella, Natalia y Giselle. Queda claro que todas las voces son una sola voz.

Ser subcampeones es levantarse el lunes con una llovizna fría que perfora la cabeza. Bueno, no es para tanto. Después de todo, le ganamos a Inglaterra y lo mejor fue el cartel de Malvinas. Con eso me doy por hecha y satisfecha. No, no, para nada. Esta era nuestra consagración y la de Messi. Y, bueno, no se puede tener todo. Sí se puede, con un genio y un plantel así.

No, hubo algo que no estuvo bien. Paredes le dio una piña a Gavi y eso no da. No seas vigilante, no es para tanto. Acordate del cabezazo de Zidane en 2006. Yo me pregunto para qué ganaron estos giles si después no festejan. Ganaron porque jugaron bien.

Ay, mirá, yo estoy contenta porque tuvimos cuatro semanas de buen fútbol. Yo también, y eso que casi nunca miro fútbol. Yo creí que íbamos a los penales y que nos salvaba el Dibu. Yo también la vi en los penales.

Hoy no me podía levantar y faltó el maestro mayor de obra. Los muchachos lloraban. A mí no me salían las palabras. Tuve que suspender y pagar el día.

Tuve que suspender por la lluvia. Los muchachos también vinieron al pedo, con lo que les cuesta viajar.

Bueno, pero tan al pedo no, papá, porque les pagaste. Además, es mejor laburar para olvidar.

¿Qué decís, nena? Si nunca trabajaste. No sabés lo que es ir todos los días al mismo lugar, meterse en un pozo y ver tierra. Los muchachos deben soñar con la tierra y con las inmundicias que hay debajo. Hacer eso y no llegar a fin de mes.

Qué sensibilidad, Ricardo. Me conmueve. Qué sensibilidad social tenés hoy. Parecés Messi.

Sí, Eugenia, eso que dijo Messi nos hizo bien. A mí me reconcilió con él. Yo antes no me lo bancaba porque en el Mundial anterior se sacó la foto con Macri. Él y el Dibu con Macri. Qué par de ortivas.

Yo también. Ahora me reconcilié gracias al cartel y a la declaración. Por fin tuvo un toque de conciencia social. Por fin, aunque fuera en el ocaso de su carrera.

Pero ¿qué decís? ¿Qué ocaso ni ocaso? La Pulga puede hacer mil cosas. Puede enseñarles fútbol a niños y adolescentes de bajos recursos.

Qué hipócrita es decir “bajos recursos”. Digamos “a los pobres”.

Sí, eso quise decir.

Chicas, ustedes no tienen pasión futbolera. Por eso hablan así. Ustedes no saben. Si hubiera dirigido Bilardo, esta la ganábamos. El fútbol es para ganar.

¿Cómo íbamos a ganar si teníamos al esloveno en contra, los pibes nuestros con un día menos de descanso y el equipo jugando el adicional con diez?

Para mí, todo estaba predeterminado, todo preparado. Hubo una campaña antiargentina.

No, Euge, no es por eso. El rival era mucho mejor. Tenía mejor preparación física y mejor táctica. Jugaban tranquilos y tenían la pelota todo el tiempo.

Para mí, lo mejor fue cuando el Cuti Romero no le dio la mano al esperpento ario. Ja, ja, ja. Me lo imagino retorciendo su engrasado narcisismo al ver la imagen viralizada.

Y yo me imagino al esperpento local mirando el partido, con las banderas de Estados Unidos y de Israel bien enrolladitas y metidas dentro de los pantalones. Ah, aullando de placer. Aunque no debe interesarle el Mundial.

Yo pienso que disfrutó de esos espectáculos pedorros, con Madonna en un auto, Ronaldo y los otros yanquis llenos de brillitos.

Yo me fui a la mierda cuando vi todo eso.

Yo le habría dado un beso a Claudia Sheinbaum.

Tenemos las patas y la voz hechas mierda de tanta fiesta.

Por suerte, nos fuimos a las dos, con la lluvia y el frío.

Con la onda de la gente no sentí el frío.

Lo malo es que ya sabemos que tenemos que irnos porque Macri manda a sus bestias. Se nos hizo normal que vengan a reprimir. Empiezan por los puestos de choripán o por algún pibe subido a un kiosco o a un semáforo.

¿Será que la gente, los porteños, lo piden?

Yo espero que esta llovizna pase y que el próximo Mundial nos encuentre sin esperpentos, sin espectáculos, sin hydration breaks, sin apuestas ni publicidades tóxicas llenas de IA, y con el deseo renovado. A ver si la Argentina se rescata y ganamos.

II

—Parece que el Mundial no terminó.

—¿Qué decís, Ricardo? Sí que terminó y perdimos, pero ganamos otra cosa. Ganamos la reivindicación de Malvinas y que lo sepa el mundo.

—Sí, Nati, tenés razón. Pero también es como dice Ricardo. El Mundial no terminó.

—¿Por qué decís eso, mamá?

—Porque continúa. Claro que continúa. En lugar de jugarse al fútbol, continuó con estos pelotazos de odio. Es la nueva pandemia pospandemia. Los españoles se contagiaron.

—Tenés razón, Stella. Se intoxicaron con el aire infectado de odio que lanzan las ultraderechas por las redes sociales.

—Totalmente, Gise. Esa es la estrategia del fascismo. Intoxicar y calentar los ánimos para después bajar su línea y corromper los pensamientos afiebrados. Están haciendo eso en España para voltear a Pedro Sánchez.

—Sí, Stella. Eso se llama “polarización afectiva”. Me lo dijo una amiga filóloga. Mandan frases calenturientas que son virus letales para la sociedad.

—Ay, chicas, ustedes siempre tan politizadas. Muy politizadas —concluyó Romina.

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