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¿Y ahora qué?

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Trump quiso (y por ahora no pudo) quedarse con el fútbol mundial

Gianni Infantino, presidente de la FIFA y afín al presidente de los Estados Unidos, primero pateó el tablero con una propuesta que priorizaba, aún más que hasta ahora, un festival de dólares por encima del deporte más lindo del mundo. Algunos vaticinaron de entrada que condicionaría las decisiones sobre el principal evento deportivo del planeta. Fue entonces que en medio de un escándalo de escala global Infantino volvió sobre sus pasos y dijo «Esta propuesta no avanzará». Aquí la historia completa, incluyendo las relaciones empresariales, el papel de Arabia Saudita y los proyectos de la familia Trump.

En la noche del 31 de julio, la figura del presidente de la FIFA Gianni Infantino volvió a aparecer en cuanta pantalla existiera tal como sucedió durante 40 días en los partidos del Mundial. Sin embargo, esta vez fue para emitir una declaración en la que afirmó que descartaría su proyecto llamado FIFA Forward Enterprise, FFE. «El proyecto tenía la intención de proporcionar una base para fortalecer aún más a nuestras asociaciones miembros de la FIFA y nuestro deporte a nivel mundial, especialmente en aquellos países donde el apoyo es más necesario», dijo Infantino en un comunicado. «Tras escuchar cuidadosamente todas las opiniones, se ha hecho evidente que el proyecto ha generado divisiones de una naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no están en el interés del objetivo establecido en primer lugar.» Y entonces fue que lanzó la frase concluyente: «Esta propuesta no avanzará».

La historia empezó cuando la FIFA propuso crear la FFE, una empresa comercial valuada inicialmente en 20.000 millones de dólares y vender hasta el 20% a inversores privados. La empresa recibiría, a cambio, la transferencia de los derechos comerciales y la operación de los torneos organizados por FIFA, y se vendería una participación minoritaria de esa compañía. Entre los inversores privados aparecían, entre otros, Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente Donald J. Trump- y dueño del fondo de inversión Trhive Capital.

La sospecha más fuerte es que el consorcio se completaría con fondos soberanos de capitales de Medio Oriente, especialmente de Arabia Saudita, Qatar o Emiratos Árabes Unidos. La novedosa propuesta recibió el rechazo de la UEFA, que reúne a los clubes europeos, y de la mayoría de las confederaciones, y abrió una crisis sin precedentes e impensada, a menos de un mes de concluida la última Copa del Mundo.

La propuesta de Infantino y la rebelión en la granja del fútbol

La promesa de Gianni Infantino de multiplicar los recursos para las 211 federaciones provocó una reacción directa: la UEFA anunció que sus selecciones no disputarán torneos FIFA mientras siga vigente el proyecto, la CONCACAF lo rechazó de plano y Asia denunció falta de consulta. La CONMEBOL, donde milita la AFA, exigió y subrayó en un comunicado oficial que: “El futbol siempre está primero”.

Algunas claves:

*No se vendería “formalmente” la Copa del Mundo, pero se transferirían a FIFA Forward Enterprise (FFE) los derechos comerciales y la operación de los torneos, y también se vendería una participación minoritaria de esa compañía.

*La FIFA pretendía recaudar hasta USD 4.200 millones: la nueva empresa tendría una valoración inicial de USD 20.000 millones y los inversores podrían adquirir hasta el 20%.

*Cada Federación podría acceder a USD 20 millones extraordinarios: además, los fondos ordinarios del programa Forward para 2027-2030 pasarían de USD 8 millones a USD 20 millones por asociación.

*UEFA y Concacaf rechazaron el proyecto de inmediato: Asia cuestionó duramente el procedimiento, mientras África y Oceanía todavía lo están evaluando. CONMEBOL exigió explicaciones a Infantino y llamó a “la unidad de toda la familia del futbol”.

*Los inversores estarían lideradospor el fondo Thrive Eternal de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Posiblemente esos fondos se completarían por otros gestores de activos.

Al proponer la creación de la empresa FFE, la FIFA abrió la mayor crisis institucional de los últimos años. La subsidiaria concentraría los derechos de televisión, patrocinios, entradas, hospitalidad, licencias y la organización operativa del Mundial y de las restantes competencias masculinas, femeninas y juveniles. Demasiado.

El organismo mantendría la mayoría accionaria y las decisiones deportivas, pero vendería hasta un 20% de la nueva compañía a inversores externos. No sería, por lo tanto, una privatización total del Mundial, aunque sí la cesión de una parte permanente del negocio que genera la Copa del Mundo.

Europa y Asia contra la “democratización” de Infantino

Infantino presentó el proyecto como una forma de “democratizar el fútbol mundial”. La FIFA sostenía que la incorporación de capital permitiría recaudar hasta USD 4.200 millones, entregar a cada una de sus 211 federaciones hasta USD 20 millones extraordinarios para infraestructura y proyectos especiales, y elevar de USD 8 millones a USD 20 millones los fondos ordinarios del ciclo 2027-2030.

Según el organismo, los inversores serían “minoritarios”, no tendrían funciones “operativas” y la FIFA “conservaría la autoridad exclusiva sobre reglamentos, formatos y calendario”.

La respuesta más contundente llegó desde Europa. Las 55 asociaciones de UEFA rechazaron de manera unánime la transferencia de participaciones sobre las competencias FIFA y anunciaron que sus selecciones no disputarán ningún torneo del organismo mientras el proyecto permanezca vigente.

“La Copa del Mundo no está en venta”, afirmó UEFA, que denunció que el plan fue elaborado en secreto y advirtió que la presencia de accionistas convertiría la rentabilidad comercial en una obligación capaz de condicionar el calendario, los formatos y la cantidad de partidos. El boicot podría afectar inmediatamente a los mundiales juveniles y, si el conflicto se prolonga, al Mundial femenino de Brasil 2027 y al masculino de 2030.

La rebelión cruzó las fronteras de Europa. La Concacaf y sus 41 federaciones rechazaron formalmente la iniciativa, cuestionaron el plazo acelerado, la falta de aprobación de los organismos de gobierno de FIFA y la necesidad de recurrir a fondos privados después del Mundial más rentable de la historia.

La Confederación Asiática, por su parte, denunció que no fue consultada: su presidente, Salman bin Ebrahim Al Khalifa, sostuvo que las “acciones unilaterales de FIFA” ponen en riesgo los principios de solidaridad, cooperación y transparencia, y afirmó que el proyecto “no podrá avanzar sin el respaldo de las seis confederaciones”.

Por su parte la CONMEBOL donde está anotada la Asociación del Futbol Argentino, optó por exigir explicaciones a Infantino sobre el polémico proyecto en cuestión y tomó un poco de distancia, por ahora, de la férrea posición de la poderosa UEFA que rechazó de movida la iniciativa de FIFA .

Desde la sede en Luque (Paraguay) la entidad que preside Alejandro Domínguez le solicitó formalmente a la FIFA que aclare sobre el alcance de “la gobernanza, la estructura y los posibles efectos de la FIFA Forward Enterprise (FFE)” y también advirtieron los dirigentes del futbol sudamericanos que continuarán “actuando con prudencia y responsabilidad” a través de los canales correspondientes y haciendo un llamado a la unidad institucional“.

“La CONMEBOL-dice el comunicado oficial- hace un llamado a la unidad de toda la familia del futbol y a anteponer siempre el futbol por encima de cualquier otro interés”. La postura del futbol sudamericano se conocerá una vez que reciba las “aclaraciones” pedidas a la FIFA o más directamente a su jefe Infantino.

La decisión de Sudamérica resulta relevante porque el Mundial 2030 tendrá como sedes principales a España, Portugal y Marruecos, pero además contará con los partidos conmemorativos previstos en Argentina, Uruguay y Paraguay.

La Federación Internacional de Futbolistas Profesionales Europa (FIFPRO), en tanto,admitió que si bien los futbolistas no tienen voto dentro de FIFA, serían los que deberían soportar las consecuencias, mientras que la FIFPRO mundial reclamó transparencia, diálogo y participación real.

Todos ponen, como en la Perinola

Al 30 de julio de 2026, la respuesta más rigurosa era que el capital identificado para sumar a la propuesta de FIFA era principalmente estadounidense, pero la sospecha más fuerte apuntaba a que el consorcio se completaría con fondos soberanos de Medio Oriente, especialmente de Arabia Saudita, Qatar o Emiratos Árabes Unidos.

El grupo inversor sería encabezado por Thrive Eternal, una compañía de capital permanente creada por Joshua Kushner -hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump- y vinculada a Thrive Capital, con sede en Nueva York.

La aparición del apellido de Trump en esta historia vuelve a vincularlo en su relación con Infantino, quien, durante el último Mundial, recibió un llamado del propio presidente de Estados Unidos que le cuestionó pública e increíblemente la expulsión de Folarin Balogun, jugador del equipo estadounidense.

Pero volviendo al “business”, se supo que la FIFA también contrató al banco estadounidense JPMorgan para estructurar la operación que busca inversores externos. Además, se conoció que el exdirector de Liberty Media (la empresa que gestiona el gran espectáculo de la F1) Greg Maffei, participa como asesor comercial. La revista Fortune informó que Thrive encabezaría un grupo dispuesto a invertir hasta 4.200 millones de dólares.

También señaló que Apollo Sports Capital, plataforma de inversión estadounidense –dueña, entre otros negocios, del 55% del Atlético de Madrid- y brazo deportivo del gigante estadounidense Apollo Global Management, había “mantenido conversaciones” para incorporarse.

De esta manera hay que concluir que, el primer núcleo que estaría definido en el impulso a la propuesta de FIFA sería de origen estadounidense con Thrive Eternal-Thrive Capital, de Nueva York.

Una “ayudita” desde el Golfo

Sin embargo, Thrive Eternal de Kushner, no podría aportar por sí sola los 4.200 millones de dólares. Su función sería liderar y organizar un consorcio internacional de inversores.

Según informaciones periodísticas, el propio Kushner buscaría sumar fondos soberanos para construir una base inversora “geográficamente diversificada”. Esos fondos no fueron identificados públicamente, pero la referencia colocó rápidamente bajo la lupa a los grandes fondos de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.

La hipótesis de Arabia Saudita es la más fuerte por una combinación de antecedentes financieros, deportivos y políticos. Además, vale señalar que Arabia Saudita fue elegida sede del Mundial 2034. Esa sucesión de acuerdos demuestra que el fondo saudita no es un “actor ajeno” al sistema comercial de FIFA.

Toda esta combinación de inversores, confirmados o por confirmar, quedaría definida cuando FIFA, JPMorgan o Thrive Eternal publicara la identidad de los aportantes y beneficiarios finales.

Lo concreto es que en la discusión aparecían una operación financiera y otra política. La FIFA buscaba transformar hoy una parte de los ingresos futuros de sus competencias en miles de millones de dólares disponibles de inmediato; al mismo tiempo, proclamaba ofrecer una suma extraordinaria a las 211 asociaciones antes de la elección presidencial de FIFA de 2027.

Esto no demuestraba una compra de votos, pero sí despertó la sospecha de un incentivo evidente para numerosas federaciones pequeñas que dependen de los fondos de Zúrich, donde está el cuartel general de FIFA.

El problema central es que un inversor privado no ingresaría por filantropía: necesitaría dividendos y valorización, aumentando la presión para sumar torneos, participantes, partidos, publicidad y productos pagos.

Es por eso que lo que estaba (o está) en juego no es solo quién recibe el dinero, sino quién puede condicionar -a futuro- las decisiones sobre el principal acontecimiento deportivo del planeta que ofrece el juego más lindo y atrapante inventado hace más de un siglo: el fútbol.

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