Luis Caputo sostuvo que la industria cayó antes del Gobierno a pesar de los subsidios y los precios altos. En realidad, cayó al final del Gobierno de Cambiemos, y luego de recuperarse hacia 2022, se encuentra casi 10 puntos abajo. El problema son las políticas que atentan contra el mercado interno. Tampoco toma nota Milei, que se desentiende del problema del endeudamiento personal.
En su exposición del miércoles 5 de agosto ante la Cámara de Agentes de Bolsa, el Ministro de Economía Luis Caputo pronunció dos pasajes muy particulares:
*“Que crezcan cuatro sectores es fundamental porque son los generadores de dólares que hacen a la estabilidad macroeconómica. Que a estos sectores les vaya bien ayuda al resto; no los perjudica. Solo mirando el agro y la minería, con las inversiones que fueron aprobadas, el flujo de dólares va a ser cada vez mayor. Esto es imprescindible en este país, porque recuerden que venimos de un esquema que le hizo creer a la gente que en la Argentina no había dólares. Y no es que no haya, es que no generaste los incentivos para los que lo generaban”.
*“La caída fue a pesar de estar subsidiados en tarifas y subsidiados por todos los argentinos. Porque todos los boludos como nosotros pagamos las cosas dos, tres, cuatro, cinco, 10 veces lo que valía. Una prenda valía 10 veces más, un celular valía tres veces más, si pinchabas una goma, cuatro; si comprabas un auto, eran dos veces. A pesar de la gente que pagaba el doble, un cuádruple de lo que valía, a pesar de que se les subsidiaba la energía y todo, la industria cayó 10%. Para todos los tarados que hablan de la industria. El comercio también cayó, la construcción también cayó en estos 12 años y eso que se gastaron 15 puntos de producto en obra pública que ya sabemos a dónde fue”.
Los sectores a los que se refería Caputo son el agro, la minería y el petróleo, las actividades que se mantienen en alza durante este año. Las que se relacionan al mercado interno caen. Especialmente la industria manufacturera, seguida del comercio minorista y la construcción.
Una observación que se suele hacer es que si se restan las ramas exportadoras y la actividad financiera –cuyo crecimiento se explica sobre todo por razones metodológicas- del cálculo del crecimiento, la variación anual del PIB durante 2026 pasa a ser negativa. Y la evolución del conjunto de la economía en lo que va de este Gobierno contra los años 2022 y 2023 no arroja un resultado alentador.
Para ilustrar el punto, tomemos el ejemplo de la industria, de cuya caída se quejó Caputo. Entre 2004 y 2015, el PIB de la Industria Manufacturera creció 36,4 puntos. Nunca volvió a su nivel de 2015. En 2017, que fue un año en el que la economía alcanzó un máximo de actividad, quedó 3,2 puntos por debajo. Entre 2017 y 2019, cuando se produjo el derrumbe de la economía macrista –en la que participó Caputo-, la actividad industrial cayó 10,7 puntos. La diferencia es la que se recuperó para 2022. En 2025, la actividad industrial quedó 9,9 puntos por debajo de su nivel de 2022, y la diferencia con 2015 llega a 12,8 puntos.
El problema no es la competitividad, un concepto tan apologético con respecto a la iniciativa empresarial como mitológico. Tampoco el crecimiento de las ramas exportadoras, que rara vez es objeto de quejas. Son las políticas que dañan al mercado interno, muy presentes con este Gobierno. Viene al caso señalar que los subsidios de las tarifas, independientemente de las críticas que pueda recibir su diseño, no eran solamente hechos por todos los argentinos, si no que le servían a la mayoría, que además cobraba mejor que ahora.
Los dólares de la exportación no se utilizan para promover el crecimiento, porque esa posibilidad es contradictoria con las consecuencias de la política económica. Si la caída del consumo repercute sobre la industria, ¿Qué posibilidad hay de que se realicen inversiones en las ramas que se vinculan al incremento en la calidad de vida de la población argentina?
Tampoco tiene valor la estabilidad por sí misma, porque se trata de la estabilidad de un esquema que reproduce la pobreza. Y que, además, depende exclusivamente de que el tipo de cambio peso-dólar no se vea sujeto a fluctuaciones, porque eso coronaría las consecuencias sociales de la caída del poder de compra de los ingresos.
Los vaivenes de la política económica condujeron a que, por ahora, el Tesoro enmascare las intervenciones oficiales que no hace de manera directa el Banco Central para frenar el dólar, mientras dependen de licitaciones permanentes de títulos públicos para evitar una huida de capitales. Es decir que la estabilidad, además de ser un fin en sí misma, es frágil, porque si el carry trade entra en crisis, se rompe el último eslabón de la cadena en la crisis de los ingresos.
Con estas simplificaciones, Caputo manifiesta una incomprensión sobre las consecuencias de la política que lleva adelante. También lo hace el Presidente Javier Milei. Al decir que “nadie les puso una pistola en la cabeza para que se endeuden” frente a Luis Majul, quien le había preguntado si el Gobierno tenía la intención de lanzar algún programa de auxilio a las personas con dificultades para pagar créditos, se olvida de que entre enero de 2025 y febrero de 2026 la ratio de morosidad de las familias se elevó de 2,7 a 12,1 puntos.
Semejante aumento no responde a malas decisiones de los individuos. Es una consecuencia de la contracción tan pronunciada del poder de compra, que a la vez que dificulta el pago de deudas, fuerza el uso del crédito para la financiación de las tarjetas. También lo es la caída de la actividad industrial. Y nadie se benefició del crecimiento de las ramas exportadoras.