El deterioro del gobierno de Javier Milei empieza a explicarse cada vez más por los resultados. El 31 por ciento de quienes lo votaron en la primera vuelta de 2023 hoy desaprueba su gestión y, entre esos “arrepentidos libertarios”, el 89 por ciento considera que el ajuste no valió la pena. Al mismo tiempo, el endeudamiento y la morosidad dejaron de aparecer sólo como problemas privados de las familias: llegaron a la calle, al Congreso y a las redes sociales, donde en agosto la conversación sobre deuda produjo 1,7 millones de acciones y casi 27 millones de visualizaciones. El nuevo QMonitor de septiembre permite seguir todo el cuadro de situación.
Es imposible asegurar hoy, 13 meses antes, qué resultado tendrán las elecciones de 2027. Pero Su Excelencia Javier Milei ya tiene una herramienta a mano: ¿ofrecerá, como Donald Trump, cinco mil dólares a cada votante si el resultado final es su reelección? Así acaba de hacerlo Trump por encima del hecho de que, como mínimo, sería ilegal dar dinero sin pasar por el Congreso. Para que se entienda el número total del premio, serían, en dólares, 1.200.000.000.000. Para que se entienda cuál es la prioridad de Trump, esa cifra es mayor que un año de Medicare, la ayuda en salud que reciben sobre todo los mayores de 65 años.
Scott Bessent, el secretario del Tesoro, o sea el ministro de Economía de Trump, acaba de reconocer lo presumible: en las legislativas de 2025 el gobierno de los Estados Unidos usó dinero para intervenir en las elecciones argentinas porque era prioritario ayudar a un presidente alineado con Washington. Razón de Estado.
Para las elecciones de medio término de los Estados Unidos falta muy poco. Las mayorías en el Senado y en la cámara baja se pondrán en juego el 3 de noviembre. Antes, el 4 de octubre, ahorita nomás, será la primera vuelta en Brasil, tras una campaña sucia por parte de la ultraderecha que aquí analizan Sergio Kiernan y Jefferson Miola.
¿Cómo está, mientras tanto, el clima político y social en la Argentina?
QMonitor es un sistema de monitoreo mensual elaborado por la consultora QSocial que utiliza dos herramientas complementarias. La primera es una encuesta destinada a medir opiniones, percepciones y comportamientos. La segunda es una etnografía digital que analiza conversaciones espontáneas, narrativas y conflictos en redes sociales. La encuesta correspondiente al informe de septiembre se realizó entre el 7 y el 26 de agosto sobre 1.645 casos, con una muestra probabilística y estratificada y un margen de error informado de más o menos 2,4 puntos para un nivel de confianza del 95 por ciento. Puede leerse completa haciendo click aquí.
El ajuste no valió la pena
Una de las conclusiones más fuertes está resumida por el propio informe: “Se arrepintieron por lo hecho, no por las formas”. El 31 por ciento de los votantes de Milei en la primera vuelta de 2023 desaprueba hoy su gestión. QMonitor calcula que esos “arrepentidos libertarios” equivalen al 12 por ciento del electorado argentino. Entre ellos, el 91 por ciento considera que Milei perjudica a los sectores vulnerables, el 89 por ciento dice que el ajuste no valió la pena y el 62 por ciento cree que sería peor para el país otro triunfo de Milei que una victoria del peronismo.
La interpretación del estudio es importante. Quienes se alejaron ya conocían el estilo agresivo y confrontativo del Presidente cuando lo votaron. “Lo que quebró el pacto no fue el tono”, señala QMonitor, sino “la percepción de daño social y la desilusión con las expectativas depositadas”.
La gestión presidencial tiene actualmente 35 por ciento de aprobación y 59 por ciento de desaprobación. La situación general del país muestra un deterioro similar. El 55 por ciento la evalúa negativamente, el 31 por ciento como regular y sólo el 13 por ciento positivamente. En agosto de 2025 la evaluación negativa estaba en el 38 por ciento. El crecimiento de la negatividad es significativo, aunque un 35 por ciento de aprobación en medio del ajuste y la morosidad convertida en bola de nieve no es un número políticamente desdeñable.
También se deterioró la percepción sobre la capacidad del Gobierno de resolver problemas. El 58 por ciento considera que no puede resolver los principales problemas del país y sólo el 38 por ciento piensa que sí puede hacerlo. El 68 por ciento cree además que gobierna para algunos sectores y no para la mayoría.
A eso se suma un indicador especialmente sensible. El 62 por ciento cree que la mayoría de los funcionarios del Gobierno son corruptos. El Índice de Apoyo Ciudadano elaborado por QMonitor, que combina aprobación presidencial, capacidad para resolver problemas, honestidad de los funcionarios y percepción acerca de para quién gobierna, se ubica en 3,6 puntos sobre 10.
La morosidad se convirtió en política
El informe encuentra en el endeudamiento personal y familiar, cosa que para Su Excelencia y para Luis Caputo es “un problema entre privados”, uno de los principales cambios cualitativos de agosto. Ya no se trata solamente de establecer cuántas familias deben dinero. La cuestión empezó a tener actores, movilizaciones, disputa política y consecuencias institucionales.
El 67 por ciento de los consultados afirma que en el último año aumentó su nivel de endeudamiento personal o familiar. Sólo el 16 por ciento dice que se redujo.
El cuadro aparece asociado a otras dificultades. El 61 por ciento conoce a un padre, hijo o hermano que perdió el trabajo durante los últimos tres meses. El 67 por ciento tuvo que buscar ingresos adicionales durante el último año para cubrir gastos habituales o mantener su nivel de vida.
Además, el 63 por ciento siente que con el actual rumbo económico “la gente como usted” pierde o sale perjudicada. Sólo el 7 por ciento cree que está ganando. Otro 23 por ciento considera que permanece más o menos igual. El 36 por ciento evalúa como muy o bastante probable que él o quien sea el o la principal sostén de su hogar pierdan su empleo o fuente de ingresos durante los próximos seis meses.
Los ingresos, un rubro que asombrosamente en los análisis habituales suele desdeñarse cuando se describe la morosidad, ofrecen otra fotografía. El 44 por ciento declara que no le alcanzan para cubrir las necesidades básicas del hogar y otro 26 por ciento dice que sólo le alcanzan parcialmente. El 75 por ciento tuvo que recortar gastos para llegar a fin de mes y el 60 por ciento carece de capacidad de ahorro.
Sobre ese terreno aparece la morosidad.
La marcha y las redes
QMonitor ubica una fecha precisa para el salto político del problema: 19 de agosto de 2026. Durante cuatro meses la conversación digital sobre endeudamiento se había mantenido en alrededor de cincuenta publicaciones diarias. Ese día trepó a 356 y no volvió a sus niveles anteriores durante el resto del mes. El disparador fue una marcha de endeudados a Plaza de Mayo. El 26 de agosto el conflicto llegó al Congreso, con el bloqueo al debate legislativo sobre sobreendeudamiento.
El propio informe describe la transformación: un problema que hasta entonces se procesaba de manera individual adquirió “forma de reclamo colectivo, calle y agenda legislativa”. Los que absoluticen un escenario de disputa (la calle, el palacio, las redes) errarán el enfoque. Es todo junto.
En agosto, la conversación digital sobre endeudamiento produjo 1,7 millones de acciones y casi 27 millones de visualizaciones de video. A su vez, las publicaciones que empezaron a relacionar deuda y apuestas generaron casi 300 mil acciones y cuatro millones de visualizaciones.
También apareció un fenómeno que el informe considera nuevo. Hasta julio, las conversaciones digitales sobre suicidio y endeudamiento marchaban separadas. Durante agosto comenzaron a aproximarse y, desde la segunda semana, sus volúmenes comunicacionales llegaron a moverse de manera semejante. QMonitor registra además un cambio en la manera de hablar del suicidio: de la narración de casos individuales hacia su consideración como problema público. María Fernanda Ruiz lo analiza en esta misma edición, y Guillermo Lipis profundiza en el fenómeno de un suicidio de cifras explosivas.
La disputa política es sobre quién tiene la responsabilidad. Milei sostuvo que la morosidad deriva de la administración individual de los ingresos. La respuesta opositora consiste en devolver el problema al terreno de las políticas económicas. El gobernador bonaerense Axel Kicillof aparece, según QMonitor, como el único dirigente que intervino sobre ese frente con una herramienta concreta de gestión, a través de medidas dirigidas a las billeteras virtuales.
El sacrificio pierde su promesa
El gobierno de Milei construyó buena parte de su legitimidad sobre una idea sencilla: el presente sería doloroso, pero el esfuerzo terminaría valiendo la pena. La luz al final del túnel. Estamos mal pero vamos bien. El sacrificio vale la pena. El estudio muestra que esa promesa empieza a perder efectividad.
Ante la afirmación “las políticas del gobierno de Milei son necesarias, aunque duelan a corto plazo”, sólo el 35 por ciento está de acuerdo y el 61 por ciento en desacuerdo. En enero el respaldo había alcanzado el 43 por ciento.
La pregunta sobre la recompensa futura arroja prácticamente el mismo resultado. Sólo alrededor de un tercio de los encuestados cree que el sacrificio económico que está haciendo la sociedad valdrá la pena. Seis de cada diez no lo creen.
Eso significa que el problema político ya no consiste únicamente en que el ajuste produzca dolor. Una mayoría comienza a poner en duda el vínculo entre ese dolor y una mejora futura.
La experiencia económica cotidiana ayuda a explicarlo. Sólo una minoría evalúa positivamente la economía del país. También cayó fuertemente la valoración positiva de la economía personal respecto de comienzos de año.
El fenómeno aparece también cuando se pregunta qué debería suceder después de 2027. Sólo una minoría quiere que el próximo gobierno continúe la mayoría de las políticas de Milei. Una porción mayor pretende cambiar la mayoría y otro sector importante propone mantener algunas y modificar otras. La continuidad integral del programa dejó de constituir una expectativa mayoritaria.
La cuestión resulta especialmente importante porque Milei ya confirmó que buscará la reelección. El 57 por ciento de los consultados dice que preferiría que no fuera reelegido y el 34 por ciento quiere su continuidad.
Falta mucho.
Falta mucho para todos.
El rechazo a Su Excelencia tampoco significa hoy el deseo de un retorno automático al escenario político anterior. El 47 por ciento quiere que el peronismo vuelva al gobierno, frente al 38 por ciento que no quiere que regrese. Y cuando QMonitor pregunta qué sería peor para la Argentina en 2027, un triunfo de Milei o uno del peronismo, aparece una sociedad partida en dos sectores parejos: 45 por ciento responde Milei y 43 por ciento el peronismo.
Milei publica más y consigue menos
Las redes sociales fueron decisivas para el ascenso de Milei. Allí aparece ahora otro indicador de desgaste.
Sin embargo, no conviene confundir caída con desaparición. Según el QMonitor, el ecosistema digital oficialista continúa teniendo una capacidad de difusión formidable. Los principales influenciadores afines al Gobierno reunieron durante agosto 34,4 millones de acciones, más del doble de los 16,2 millones obtenidos por los principales influenciadores opositores. Sólo las tres cuentas oficialistas de mayor rendimiento acumularon 23,2 millones de acciones, más que todo el universo opositor analizado.
El rendimiento personal de Milei se deterioró.
En Instagram publicó un 15 por ciento más que el mes anterior y obtuvo un 17 por ciento menos de acciones. En Facebook aumentó sus publicaciones un 32 por ciento y perdió un 32 por ciento de acciones. En X publicó un 19 por ciento más y las acciones cayeron un 73 por ciento.
La “vitalidad comunicativa” del Presidente, que QMonitor mide sumando reacciones, comentarios, compartidos y guardados, pasó de 5,3 millones de interacciones en julio a 3,7 millones en agosto. Sigue primero, pero perdió alrededor de 1,6 millones en un mes. Un problema para él mismo y para su hacedor digital, Santiago Caputo.
Hay además una señal dentro de su propia audiencia. El análisis de los comentarios en las últimas cinco publicaciones presidenciales medidas por QSocial registró 57,6 por ciento de posiciones negativas y 42,4 por ciento positivas. En cuatro de los cinco posteos predominaron las críticas.
El oficialismo digital mantiene, por lo tanto, su potencia estructural, pero encuentra dificultades para defender el centro de la agenda. En agosto los contenidos antikirchneristas produjeron 8,3 millones de acciones y los materiales virales sin carga política explícita otros 6,4 millones. En cambio, el conjunto de publicaciones económicas alcanzó sólo 883.652 acciones y las relacionadas con la Ley de Tierras, una estentórea derrota de Su Excelencia, 857.657.
QMonitor lo sintetiza de una manera particularmente sugerente: el aparato con mayor capacidad de circulación no dio la disputa en el tema que definió la agenda del mes. La Ley de Extranjerización de Tierras acumuló 2.604 publicaciones, 4,3 millones de acciones y 33,5 millones de visualizaciones. Buena parte de la movilización se organizó fuera de la política partidaria, con artistas, músicos, futbolistas, streamers y cuentas culturales.
Kicillof encabeza una oposición que todavía no convence
El debilitamiento del Gobierno tiene una contrapartida llamativa. La oposición todavía no consigue transformar todo ese malestar en respaldo propio.
Sólo el 14 por ciento aprueba el comportamiento general de la oposición. El 54 por ciento lo desaprueba y alrededor de un tercio no sabe cómo evaluarlo. Cuando la pregunta es más exigente, el problema resulta todavía más claro: sólo el 25 por ciento cree que la oposición está preparada para gobernar en 2027, contra un 57 por ciento que considera que no lo está.
Pero al preguntar por dirigentes individuales empieza a emerger un orden.
Axel Kicillof aparece como principal dirigente opositor con 29 por ciento, seguido por Cristina Kirchner con 22 por ciento. Sergio Massa obtiene 8 por ciento y Myriam Bregman 4 por ciento. Un significativo 21 por ciento todavía no sabe quién es el principal referente de la oposición.
El dato más interesante de Kicillof es su transversalidad. Lo identifica como principal opositor el 50 por ciento del espacio peronista y kirchnerista, pero también el 35 por ciento del electorado del PRO, el 41 por ciento de la izquierda, el 20 por ciento de los independientes y hasta el 24 por ciento de quienes siguen considerándose mileístas.
Eso no significa que haya dirigentes con una imagen positiva mayoritaria. No los hay. Milei conserva alrededor del 30 por ciento de imagen positiva y registra 54 por ciento negativa. Patricia Bullrich tiene 30 por ciento positiva y 47 negativa. Cristina Kirchner, 28 y 53. Kicillof, 28 y 49. Myriam Bregman, 27 y 39. Sergio Massa, 25 y 49. Mauricio Macri aparece más abajo, con 17 por ciento positivo y 52 negativo.
El escenario electoral medido hoy, con la salvedad de que se trata de un ensamble de conjeturas porque hay un solo candidato autoproclamado, Javier Milei, confirma que el problema central para que resuelve la oposición es la concentración del voto. En una de las simulaciones de primera vuelta Milei obtiene alrededor de 31 por ciento y Kicillof 28. En otra, la inclusión simultánea de Massa y Kicillof fragmenta el espacio opositor y permite a Milei encabezar con mayor comodidad.
En los balotajes, en cambio, la ventaja desaparece. QMonitor registra 42 por ciento para Kicillof contra 40 por ciento para Milei. En el otro escenario, Massa obtiene 44 por ciento frente al 38 por ciento del Presidente.
Falta demasiado para convertir esos números en pronósticos. Pero sirven para mostrar un fenómeno político actual. Milei mantiene un núcleo duro importante, conserva una maquinaria digital muy superior a la opositora y enfrenta adversarios que todavía generan elevados niveles de rechazo. Eso sí, ya no domina la discusión desde la expectativa.
El dato quizá más importante del QMonitor no sea entonces una intención de voto determinada. Es el cambio en la relación entre sacrificio y resultado.
Durante buena parte del gobierno existió un sector dispuesto a aceptar el deterioro de su situación presente porque confiaba en que el esfuerzo produciría una recompensa. Ahora crecen simultáneamente el endeudamiento, la necesidad de buscar ingresos adicionales, los recortes familiares y la morosidad. La deuda dejó de ser una experiencia silenciosa y empezó a convertirse en reclamo político. Y el discurso que justificaba todo eso en nombre del futuro pierde capacidad de convencer.
El problema para Milei ya no parece ser que la sociedad no soporte el ajuste. Es que una parte creciente empieza a pensar que lo soportó y no obtuvo a cambio los resultados prometidos. El Edén no llegó. ¿Piensan que llegará o que una alternativa sería aún peor? Intríngulis de una sociedad que, como subrayó la consultora Shila Vilker en el programa Y ahora qué, vive en medio de la incertidumbre.