¿Y ahora qué?

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“El capitalismo tiene un nuevo sheriff”

Las tensiones globales provocadas por la gestión de Donald Trump. Su estilo confrontativo y sus polémicas propuestas internacionales, como la compra de Groenlandia. La volatilidad de los mercados financieros frente a las amenazas arancelarias. La incertidumbre que genera su administración en el orden económico mundial. La desconexión entre el crecimiento macroeconómico de los  Estados Unidos. La percepción negativa de los votantes, que enfrentan dificultades en su calidad de vida y distribución del ingreso. El conflicto entre el proteccionismo nacionalista y el pensamiento globalista discutido en foros como Davos. 

Hay que reconocerle a Donald Trump su gran capacidad para armar despelotes globales. La geografía del escándalo va desde el trópico caribeño hasta el frío polar ártico. En rigor, hasta donde haga falta. La necesidad siempre porta esa desagradable cara de hereje. La única que tiene.

El Washington Post cita encuestas en las que se contabiliza que a la mayoría de los estadounidenses no les gusta lo que ha hecho Trump. Siempre ha sido un presidente excepcionalmente impopular, y sigue siéndolo, según esas compulsas. 

Menos de un tercio de los votantes piensa que el país está mejor que cuando el presidente Trump regresó a la Casa Blanca hace un año, y una amplia mayoría dice que se ha centrado en los temas equivocados, según una nueva encuesta de The New York Times y la Universidad de Siena publicada el jueves 22 de enero.

La mayoría de los votantes desaprueba la gestión del Trump de temas cruciales, como la economía, la inmigración, la guerra entre Rusia y Ucrania y sus acciones en Venezuela. Y, significativamente, la mayoría de los estadounidenses (el 51 por ciento) afirmó que las políticas de Trump les habían hecho la vida más difícil.

Por lo visto, la elección legislativa de mediano término (a realizarse en noviembre de este año) viene mal. Las celebradas hasta ahora para cargos ejecutivos y legislativos estaduales fueron adversas a los republicanos.

¿Mucho ruido y pocas o muchas nueces?

Las consecuencias reales del accionar del POTUS 47 (President Of The United States) sobre la marcha del orden mundial realmente existente, están en el centro de la conversación global. Se discute acerca de si hay mucho ruido y pocas nueces o se empardan la estridencia y la cantidad de fruta seca. El POTUS 47, es tan de apretar como de retractarse.

Los mercados nunca tomaron muy en serio las compadreadas. Durante la persistente incertidumbre internacional del último año, no dejaron de dar por el pito lo que el pito valía. Por si las moscas, el último año vinieron comprando oro y plata. Nunca todos los huevos en una sola canasta. Con la bravuconada de invadir Groenlandia, no fue así. Se la tomaron en serio.

El domingo 18 de enero, Trump anunció que impondría aranceles del 10 por ciento a Dinamarca y otros siete países europeos hasta que Estados Unidos llegara a un acuerdo para la compra de Groenlandia, enorme territorio autónomo isleño de 56 mil habitantes, bajo la férula de Dinamarca. Estos aranceles entrarían en vigor el 1 de febrero y aumentarían al 25 por ciento en junio. El lunes fue feriado en los Estados Unidos.

Como pasó con el “Día de la Liberación” del pasado abril, el martes 20 las nuevas amenazas arancelarias del presidente Trump contra Europa y la inminente amenaza de una toma de control de Groenlandia desencadenaron otra campaña global de “venta de Estados Unidos”. Los mercados estadounidenses se desplomaron, al igual que el índice de referencia europeo Stoxx 600. El bitcoin cayó a sus niveles más bajos en más de una semana. Los refugios seguros del oro y la plata tocaron brevemente máximos históricos. 

El índice VIX, mide la volatilidad del mercado. Se le conoce como el “indicador del miedo” porque refleja la ansiedad colectiva de los inversores. Fluctúa constantemente, pero sus niveles por encima de 20-25 indican nerviosismo en el mercado, mientras que los niveles por debajo de 15-20 sugieren calma. El martes se elevó alrededor del 28 por ciento, el mayor salto en un solo día desde octubre. Esto significó que anduvo ligeramente por encima de 20. El índice del dólar estadounidense cayó hasta un 0,8 por ciento. Eso es un gran movimiento en los mercados de divisas.

Los bonos de la deuda pública son de renta fija: cuando sube su rendimiento baja su valor y viceversa. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 y 30 años alcanzaron el 4,29 por ciento y el 4,92 por ciento, respectivamente, sus niveles más altos desde septiembre. En Japón, el temor a que unas elecciones anticipadas pudieran agravar la precaria situación financiera del país elevó el rendimiento de los bonos japoneses a un máximo histórico. 

I Shot the Sheriff

En su edición del martes, el Financial Times publicó una columna del secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, para explicar para qué y a qué Trump y los suyos concurrían a Davos. Se pregunta retórico Lutnick: “¿Por qué asistir y participar cuando hemos sido tan claros en que el viejo pensamiento globalista ha sido un desastre para Estados Unidos? La respuesta es sencilla: no vamos a Davos a defender el statu quo. Vamos a confrontarlo cara a acara”. De puro guapo Lutnick afirmó que “Estamos aquí en Davos para dejar una cosa muy clara: con el presidente Trump, el capitalismo tiene un nuevo sheriff en la ciudad”. ¡Otra que Wyatt Earp!

El mismo matutino informa que el martes Lutnick, recibió un abucheo generalizado en una cena del Foro Económico Mundial en Davos organizada por Larry Fink de BlackRock y copresidente interino del WEF (World Economic Forum, ente organizador de Davos). 

Arrugue de barrera

El miércoles Trump anunció en el Foro Económico Mundial (FEM) que había alcanzado un “marco para un futuro acuerdo” con el jefe de la OTAN, Mark Rutte, sobre el territorio ártico de Dinamarca. 

Fiel a su tradición y estilo, no se privó de confundir Groenlandia con Islandia. La Casa Blanca negó que el presidente estadounidense, Donald Trump, confundiera Islandia con Groenlandia en su discurso en el foro de Davos. “Se refirió a Groenlandia como un ‘pedazo de hielo’, porque eso es exactamente lo que es”, respondió la portavoz Karoline Leavitt a un periodista que pidió una aclaración. En inglés, Islandia se llama Iceland, que literalmente significa ‘tierra de hielo’. Es probable que la Casa Blanca estuviera jugando con esto.

Trump también anunció que retiraba los aranceles prometidos contra los aliados europeos. Tras el arrugue el barrera, las acciones subieron bruscamente. Aumentaron aún más tras cancelar la amenaza de aranceles. Eso situó al S&P 500 en positivo para el año. El VIX bajó a 16. Ninguna bala inédita en el tambor de la ambigua Colt 45 del “nuevo sheriff” glosado por Lutnick.

Distribución del ingreso

Las acciones tecnológicas como Nvidia lideraron el camino de la redención de Groenladia. Una curiosa excepción. El 29 de octubre se reunió la directiva de la Reserva Federal. Ese día el banco central estadounidense bajó a tasa de interés de referencia. Era lo esperado. La Fed comunicó que era improbable otro recorte a corto plazo. Las acciones tecnológicas muy sensibles al nivel de la tasa de interés, vieron apaciguar su estratosférica cotización. El entusiasmo de los inversores por invertir fuertemente en IA alcanzó su punto máximo a fines de octubre y comenzó a decaer. Su lugar lo tomaron materiales, energía y bienes de consumo básico.

Larry Fink en su discurso inaugural de Davos señaló que “desde la caída del Muro de Berlín, se ha creado más riqueza que en toda la historia de la humanidad en conjunto”, pero eso está muy mal repartido. La prosperidad no se reduce al crecimiento agregado. No se mide únicamente por el PIB ni por la capitalización bursátil de las empresas más grandes del mundo. Debe juzgarse por cuántas personas pueden verla, tocarla y construir un futuro a partir de ella, conceptualizó Fink. “Ahora la IA amenaza con repetir el mismo patrón”, advertirá Fink. “Si la IA le hace a los trabajadores administrativos lo que la globalización les hizo a los obreros, debemos afrontarlo directamente.”

El hecho de que Fink abogue por rotar la sede de Davos a “los lugares donde realmente se construye el mundo moderno”, abriendo así la puerta a trasladar reuniones a lugares “como Detroit y Dublín, y ciudades como Yakarta y Buenos Aires”, sugiere cierto malambo mental. Una recorrida por el tercer cordón del Gran Buenos Aires en confrontación con Puerto Madero, no deja dudas, al igual que el disímil paisaje urbano de Jakarta, de que en esos lugares se le da duro a la Edad Media, no al “mundo moderno”.

De todas formas, mercado, mercaderes y políticos están preocupados por la distribución del ingreso. Ahora, encima con las tecnológicas al tope, dependiendo la valorización de sus inversiones de cartera del mercado de consumo. 

Ni la menor idea

El problema, el gran problema, es que el anti keynesianismo de la elite global -de hecho o de derecho- los dejó sin ideas e instrumentos de cómo repartir mejor los naipes. Lo único a lo que atinan es a bajar la tasa de interés norteamericana. 

Para 2026, se espera que el PIB real de los Estados Unidos se sitúe en torno al 2,5 por ciento. Buen crecimiento. El desempleo es bajo: 4,4 por ciento. Los salarios reales norteamericanos superaron los precios en aproximadamente un 1 por ciento. La inversión en empresas estadounidenses es bastante sólida, especialmente en tecnología (donde persiste la preocupación por la burbuja) y el S&P 500 ha subido un 17 por ciento interanual en 2025.

Con estos números la sabiduría convencional se extasía que se ronda el pleno empleo y piensa que cualquier incentivo al gasto trae consecuencias inflacionarias. Olvidarse, entonces de que bajen las tasas de interés.

Ante este panorama, Trump debería seguir intentando políticas de prestigio (en realidad: de desprestigio) en el ámbito internacional. Trump si daño, dañó poco a los norteamericanos. Pero no hay la mejoras palpables en la distribución del ingreso, que es lo que el electorado está buscando.

Sus grescas con los banqueros centrales deberían seguir. Si no saben otra cosa que las letanías de la tasa de interés, ¿por qué cambiarían? 

A los sacudones con Jay Powell, el mandamás de la Fed, le sigue que a Corte Suprema parece estar dispuesta a permitir que Lisa Cook permanezca en la Reserva Federal. Trump intento destituir a Cook como miembro de la mesa directiva (gobernadora) de la Reserva Federal. La acusaron de fraude hipotecario. No lo probaron.

Durante los argumentos orales del miércoles 21 ante los jueces de la Corte Suprema, sobre la legalidad del intento del presidente, jueces de todo el espectro político expresaron su preocupación de que permitir el despido de Cook debilitaría la independencia del banco central. Esto hace probable que la corte permita que Cook conserve su puesto, al menos mientras se resuelve su recurso legal, frustrando las esperanzas de Trump de instalar rápidamente a alguien con mayor probabilidad de lograr los recortes de tasas de interés que desea. 

Otro que fuera banquero central, de Canadá y de Inglaterra, hoy primer ministro canadiense, Mark Carney, pronunció el martes 20 un resonante discurso en Davos. Carney advirtió sobre una “ruptura en el orden mundial, el fin de una ficción agradable y el comienzo de una dura realidad, donde la geopolítica, donde la gran, principal potencia, la geopolítica, no está sometida a ningún límite, a ninguna restricción”.

Enfático, manifestó que “seré directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”. El ex banquero central y actual Primer Ministro propugna que los países de tamaño mediano generen un sistema flexible y de múltiples capas para reemplazar un orden internacional deteriorado y anclado en Estados Unidos. Una agradable ilusión, que al primer amague de sensatez norteamericana se cae como un castillo de naipes.

El canadiense fue ovacionada por el auditorio. Davos comulga con la idea de que la globalización fue. Carney lo simboliza. 

Los arrugue del nuevo Wyatt Earp no parecen confirmar esa retirada. Al contrario. Ni siquiera en una transición. Si al POTUS 47 le va mal en noviembre, las cosas que se creía que se estaban yendo, estarán ahí. 

Y si no le va mal, no es cierto que no hay límites. La negociación miasmática con el chavismo y el acuerdo de Groenlandia, si no son límites ¿qué significan?

El problema en la dinámica de la acumulación a escala mundial tal y cómo existe es hasta donde el sistema político norteamericano no punirá hacer despelotes externos para subsanar imposibilidades y costos políticos internos. ¿Transición versus ruptura? De fondo, no parece ni una ni otra, en vista de que el desarrollo del subdesarrollo para la periferia y el desarrollo para el centro siguen muy firmes y sin atenuantes.

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