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El Ártico se convirtió en un trumpómetro

La forma de actuar en Groenlandia es un test.

Finalmente no habrá ni compra ni invasión a Groenlandia. Donald Trump retrocedió en toda la línea. Ahora se conforma con la construcción de una cúpula de hierro como la de Israel para que los misiles rusos o chinos no puedan llegar a EEUU y, claro, que la OTAN invierta más dinero en “defensa”.

Es el método Trump. Primero lanza provocaciones maximalistas y luego retrocede logrando pequeñas cosas posibles que, sin embargo, son presentadas como grandes victorias. Si hay alguien que sabe manejar la propaganda es el señor trompeta. 

El primer ministro de Groenlandia, Jean Frederik Nielsen, que no come vidrio precisamente, ha respondido presurosamente que está dispuesto a recibir más soldados, pero dijo que deberán ser de la OTAN bajo el mando de la OTAN.

 Y en medio de ese bombo permanente, Trump trata de convencer al mundo de que la única moral es la suya, mostrando autoritarismo pero muy poco trabajo cerebral. El gran Sigmund Freud hubiera querido tener en su diván un caso como el del mandatario estadounidense, En Davos insultó a Europa por la mañana llamándolos parásitos, y en la noche anunciaba un acuerdo que ni siquiera se acercaba a sus demandas anteriores.

Casi un caso de doble personalidad, solo que en este caso es Mister Hyde, el monstruo, al cuadrado.

Trump debería leer

El presidente norteamericano acaba de volver a hacer gala de ignorancia, Primero, habló de que si Groenlandia no es ocupada por los norteamericanos lo harán los rusos o los chinos, y agregó que nadie los quiere tener de vecinos. Un poco tarde. EEUU ya es vecino de los rusos pues Alaska fue propiedad del país de Vladimir Putin y limita, precisamente, con el país euroasiático.

Luego Trump dijo que desembarcar en un territorio hace 500 años no te da derecho sobre la tierra. Las cenizas de los peregrinos del Mayflower deben estar revolcándose en sus tumbas.

En Estados Unidos una gran parte de pobladores desciende precisamente de quienes bajaron del barco.

Y ahora ha dicho que los somalíes tienen bajo coeficiente intelectual. A continuación señaló que se están haciendo millonarios.

La ciencia ya ha probado que no hay una nación más inteligente que otra, sino que se trata del desarrollo de diferentes capacidades.

Ahora bien, es verdad que se puede ser rico e ignorante. Se puede incluso dirigir un país.

El nada sutil acto de hacerse odiar

Aunque es el mandatario norteamericano que ha ejercido la primera magistratura con más edad, Trump actúa como un niño malcriado y provocador. Por supuesto, alentado por sus palaciegos que lo empujan cotidianamente al autoritarismo.

Pero aunque su apoyo a gobiernos como los de Javier Milei sirva a nivel electoral en el extanjero, no sirve en EEUU, donde todos los candidatos de Trump han perdido sistemáticamente las elecciones. El cherry de la torta fue Miami, que por décadas estuvo gobernado por los republicanos y que acaba de elegir a una demócrata que se opone a la deportación de inmigrantes.

Para peor, en Seattle y en Nueva York ganaron los socialistas de los demócratas.

Al paso que vamos Trump se quedará sin ninguna de las dos cámaras en noviembre. Es algo que parece no molestar al círculo más cercano al mandatario. Está convencido de que hay que ir a un régimen autoritario “tipo China”. Así se expresan sus integrantes, lo que demuestra que no sólo Donald debe leer un poco de historia. 

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