¿Y ahora qué?

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Plata quemada en el Altiplano


La historia del avión con dinero que no pudo frenar en El Alto, siguió de largo en la pista y terminó en una avenida. Más de 20 muertos. Más de cien heridos. La gente recogiendo billetes. La versión de que esos billetes no sirven, por incompletos. Y el final: la policía quemando la plata para poder controlar la situación.

Tarde de viernes. El Alto, a 4 mil metros de altura. Ha granizado. El deshielo ha convertido las vías en lodazales, pero además hizo que la pista del aeropuerto sea resbalosa como el jaboncillo. Es la hora pico, las avenidas alrededor de la pista aérea están abarrotadas de vehículos llenos. La gente regresa a casa.

El avión de las Fuerza Aérea Boliviana era un Hércules C 130 matrícula FAB 81, que tenía casi 50 años de servicio. Fue fabricado en 1977. Intentó aterrizar pero algo falló y no pudo frenar, de manera que recorrió la pista a gran velocidad, rompió la malla y se precipitó un kilómetro sobre la concurrida avenida Bolivia.

El resultado preliminar, más de 20 muertos y un centenar de heridos, entre ellos un pequeño niño de 10 años que tiene ambas piernas cercenadas.

Una hoguera especial

El avión transportaba billetes que el Banco Central de Bolivia traía desde Santa Cruz. Las autoridades dicen que eran billetes nuevos incompletos pues aún faltaba sellar los números correspondiente a cada unidad. Cosa que se demostró que era mentira, o para ser amables “información incorrecta”. Como lo demostraron imágenes logradas por transeúntes, había también billetes seminuevos agrupados en montones que si iban con número. En la sociedad de la imagen los lugareños mostraron billetes del avión con los que ellos tenían y no había diferencia. Aunque los nuevos fueran de la serie B.

Al decir que los billetes del cargamento no eran legales, comenzó a desatarse el pánico, de manera que en muchos puestos de los mercados no se reciben billetes de la serie B que circulan desde hace meses. Y eso que el Banco Central aclaró que sólo se trataba de billetes de 10, 20 y 50 bolivianos. Me temo que el remedio fue peor que la enfermedad porque el pánico general impuso que ningún billete B sea aceptado.

Ahora, como el problema se corta por el hilo más delgado y este son los pobres ciudadanos, si uno tiene billetes B, entregados por el propio sistema bancario, debe ir hasta los bancos para cambiarlos. ¿Quién le devuelve al ciudadano las horas perdidas intentando que los billetes que le dieron tengan validez?

Lo que el viento nos trajo

Pero volvamos al accidente, pues los papeles moneda comenzaron a volar conforme el avión derrapaba.

Macabra ironía del destino si tu hora había llegado. El paso del avión por la vía te hacía danzar con la muerte o los hombres y mujeres de bata blanca, pero si estabas unos metros más allá podías recoger billetes que fácilmente superaban lo que ganabas en un año.

Y entonces comenzó a correrse la voz, hasta que alrededor de las 10 de la noche eran 15 mil personas, en cálculo de la Policía, que rodeaban el lugar del siniestro buscando algo de dinero.

Tan efectiva era esa marea humana que el camión hidrante de los bomberos que había salido por más agua ya no pudo volver. Los uniformados agotaron sus gases intentando despejar la vía. Pero esta volvía y volvía, claro era dinero lo que estaba en juego.

Hasta que finalmente la Policía recibió la orden: hay que quemar el dinero para evitar ser rebasados. Espectáculo no visto: pilas de billetes quemándose y una multitud ardiendo de ambición y furia.

Mientras tanto la pista continuaba cerrada hasta casi la madrugada, donde comenzaron a llegar los vuelos retrasados.

El triste adiós

El dinero estaba asegurado y será repuesto. Dos decenas de personas perdieron la vida y muchas más están con heridas que les quedarán de por vida.

El avión está 100 por ciento siniestrado.

Hay unos cuantos detenidos.

Mucho del dinero robado ya ha sido puesto en circulación.

Y todo esto en pocas horas, mientras el hielo del granizo se convirtió en el fuego de una fortuna quemada.

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