Sobre la base de los impuestos que Estados Unidos aplicó en la guerra de Corea, la ICRICT, sigla inglesa de la Comisión Independiente para la Reforma del Sistema Internacional de Tributación de Corporaciones, hace una propuesta orientada al sector energético y petrolero. Aquí se transcribe completa.
La guerra en curso de Estados Unidos e Israel contra Irán y la desestabilización más amplia de los mercados energéticos mundiales ha desencadenado un aumento extraordinario en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, aumento que perjudica desproporcionadamente a los trabajadores, los agricultores y las naciones importadoras de combustibles fósiles, mientras un pequeño grupo de grandes corporaciones y Estados productores acumulan ganancias extraordinarias a su costa.
ICRICT hace un llamado a que los gobiernos establezcan de inmediato un impuesto a las ganancias extraordinarias en los sectores del petróleo, el gas y los fertilizantes, por tratarse de una medida económicamente sensata y un imperativo moral. Existe un importante precedente para este gravamen en el Impuesto sobre el Exceso de Ganancias, aplicado en Estados Unidos durante la Guerra de Corea.
I. La Crisis: Guerra, Precios y Ganancias
La guerra en Irán ha producido una aceleración drástica y rápida del precio de los combustibles fósiles. El costo del crudo ha aumentado más del 50% desde comienzos de 2026. Analistas de mercado advirtieron que los precios podrían alcanzar US$150 por barril. Esto ya está afectando los precios minoristas para los consumidores en muchas partes del mundo, y provoca escasez absoluta en países que no pueden pagar el petróleo y el gas importados a precios tan elevados.
Más allá del aumento inmediato de los precios de la energía, la inflación causada por el shock se está propagando por toda la cadena de suministro industrial y llega a insumos críticos —como fertilizantes, aluminio, azufre y helio—, amenazando con una espiral de costos y precios en los próximos meses. Habrá, por supuesto, grandes consecuencias reales . Se anticipan aumentos de tasas de interés en todo el mundo. La combinación de tasas de interés más altas y precios elevados desacelerará el crecimiento. La OMC proyecta una fuerte desaceleración del comercio mundial en 2026 —que había crecido un 4% en volumen en 2025— con disrupciones logísticas y costos de insumos industriales que agravan el perjuicio.
El daño a los mercados energéticos y a la economía mundial perdurará más allá de la guerra misma.
Incluso si el Estrecho de Ormuz reabriera de inmediato, los mercados mundiales de petróleo y gas seguirían teniendo una oferta insuficiente durante al menos cuatro meses. Por lo tanto, las ganancias extraordinarias no son sólo un pico temporal; representan una transferencia sostenida de ingresos debido a restricciones de oferta que persistirán mucho después de que se alcance cualquier resolución (esperemos que diplomática antes que militar).
Las restricciones de oferta inducidas por la guerra, la transmisión a precios a nivel mundial y la masiva redistribución de consumidores a productores se están desarrollando tal como ocurrió después de que Rusia desencadenara el shock energético anterior con su invasión de Ucrania en febrero de 2022. La guerra en Ucrania, combinada con la recuperación de la demanda posterior a la pandemia, amplificó entonces las presiones existentes sobre los precios de la energía, creando las condiciones óptimas para las ganancias extraordinarias: los precios del carbón, el petróleo, el gas natural y los cereales se dispararon cuando la demanda de recuperación de la pandemia chocó con las restricciones de oferta, y se vieron agravados por un aumento significativo de las tasas de interés mundiales.
II. El Argumento Económico: Ganancias Extraordinarias, No Rendimientos Normales
Las actuales ganancias extraordinarias resultan de la escasez de oferta impulsada por el conflicto geopolítico, pero no por ello son menos injustas ni más merecidas por ser producto de la guerra en lugar de conductas anticompetitivas. Estas ganancias, por encima de los niveles sectoriales normales, no son producto de la innovación, el espíritu empresarial o decisiones de inversión productivas. Están impulsadas por eventos geopolíticos completamente externos a la empresa y no generarán nueva oferta de combustibles fósiles, ciertamente en el corto plazo, ya que los productores no interpretarán el shock como suficientemente duradero para aumentar la oferta, y probablemente tampoco en el largo plazo, pues una de las lecciones de la guerra es el peligro de depender de los combustibles fósiles.
Los efectos distributivos de estas ganancias extraordinarias son amplios, regresivos e inmediatos. Recaen desproporcionadamente sobre los hogares de bajos ingresos, que destinan una mayor proporción de sus ingresos al transporte, la alimentación y la calefacción.
Investigaciones sobre el shock energético de 2022 desencadenado por la invasión rusa de Ucrania encontraron que en 2022 el ingreso neto de las empresas de petróleo y gas que cotizan en bolsa alcanzó US$916 mil millones a nivel mundial, con US$301 mil millones correspondiendo solo a empresas estadounidenses —más que la inversión total de EE.UU. en la economía baja en carbono ese año. En EE.UU., el 50% de esas ganancias fue al 1% más rico de los individuos, principalmente a través de tenencias directas de acciones y propiedad de empresas privadas; mientras que el 50% inferior recibió solo el 1%. El mismo fenómeno está en juego hoy.
Es probable que también se produzcan ganancias extraordinarias en el sector de fertilizantes. Estas no son una mera consecuencia derivada de los mayores costos energéticos; las empresas de fertilizantes se benefician directamente de las mismas dinámicas de precios que las empresas de petróleo y gas, cuyos subproductos son insumos clave en la producción de fertilizantes. Un tercio de los fertilizantes del mundo podría estar bloqueado en el Estrecho de Ormuz, mientras que algunos países como China están restringiendo las exportaciones de fertilizantes para proteger a sus agricultores domésticos. Estas respuestas de racionamiento racionales agravan la escasez mundial y es probable que aumenten los costos de cultivo, reduzcan sus rendimientos y eleven los precios de los alimentos para las naciones importadoras netas en todo el Sur Global.
Según el Programa Mundial de Alimentos, «el aumento de los precios de los alimentos y los combustibles impulsado por la escalada del conflicto en Oriente Medio podría tener efectos en cadena que empeorarán el hambre de las poblaciones vulnerables de la región y más allá».
III. Una Propuesta Concreta: Cómo Debería Funcionar un Impuesto a las Ganancias Extraordinarias
Como una respuesta a la emergencia actual, ICRICT respalda e insta a los gobiernos a adoptar impuestos sobre las ganancias extraordinarias específicamente dirigidos a las empresas de petróleo, gas y fertilizantes. Se trata de un impuesto directo sobre el exceso de ganancias que son producto de la guerra y la escasez resultante de gas, petróleo y fertilizantes, y no de inversiones productivas ni de la asunción de riesgos. Gravar estas ganancias extraordinarias no tendrá impacto inflacionario; por el contrario, recuperará ganancias no merecidas de las corporaciones y propietarios de recursos, que luego pueden utilizarse para proteger a las poblaciones vulnerables. El impuesto sobre las ganancias extraordinarias no es un impuesto al consumo de energía, lo que sí podría empeorar la inflación. Más aún, los ingresos generados pueden aplicarse de tal manera que incluso la reduzcan.
Los gobiernos han introducido impuestos sobre las ganancias extraordinarias en varias ocasiones durante períodos de crisis. En 1918, todas las ganancias obtenidas por las corporaciones en EE.UU. por encima de una tasa de retorno del 8% sobre su capital fueron consideradas anormales, y las ganancias anormales fueron gravadas con tasas progresivas de hasta el 80%. Impuestos similares sobre las ganancias excesivas fueron aplicados durante la Segunda Guerra Mundial por Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Francia, Italia y el Reino Unido. La Guerra de Corea llevó al Congreso de EE.UU. a implantar un impuesto sobre el exceso de ganancias, vigente desde el 1 de julio de 1950 hasta el 31 de diciembre de 1953. La tasa del impuesto era del 30% sobre las ganancias excesivas, con la tasa máxima del impuesto corporativo subiendo del 45% al 47%, con un techo del 70% para la combinación del impuesto corporativo y el impuesto sobre el exceso de ganancias.
Más recientemente ha habido impuestos sobre las ganancias extraordinarias en los sectores energético y agroindustrial, introducidos o propuestos en muchos países (en Europa así como en Argentina y Colombia) tras la invasión rusa de Ucrania.
El FMI ha confirmado que los impuestos sobre el exceso de ganancias bien diseñados son eficientes, no inducen inflación y no distorsionan la escala ni la asignación de la inversión. Recomendamos los siguientes principios para el impuesto sobre las ganancias extraordinarias propuesto:
- Especificidad sectorial. El impuesto debería aplicarse a los productores y comerciantes de combustibles fósiles y sus subproductos, incluidas las empresas de fertilizantes, como los sectores que experimentan las ganancias extraordinarias más claras y directas derivadas de las disrupciones de precios impulsadas por la guerra.
- Diseñado para gravar las ganancias extraordinarias, lo que podría lograrse mediante:
- Impuestos basados en ganancias. El impuesto debería aplicarse sobre el exceso de ganancias —la diferencia entre las ganancias actuales y una línea de base construida en base a promedios históricos—, no sobre los ingresos ni sobre la producción. El impuesto sobre las ganancias extraordinarias propuesto no es, por lo tanto, un impuesto a la energía —es un impuesto sobre las ganancias que la escasez impulsada por la guerra ha entregado a quienes controlan los suministros actuales.
- Impuestos basados en márgenes para capturar las ganancias extraordinarias derivadas de los precios elevados, para situaciones en las que empresas que pueden haber reducido su producción total y sin embargo siguen obteniendo ganancias excesivas sobre su producción existente.
- Un impuesto de derechos de exportación, para las naciones exportadoras de materias primas, que es la forma más sencilla de capturar las ganancias extraordinarias y reducir simultáneamente los precios internos. El arbitraje entre el precio internacional neto del impuesto y el precio interno hará bajar los precios domésticos, mientras el gobierno recauda de la manera más rápida y administrativamente más simple.
- Los ingresos del impuesto sobre las ganancias extraordinarias deben retornar a los ciudadanos y volcarse al interés público. Los ingresos del impuesto sobre las ganancias extraordinarias deben utilizarse para proteger a la gente común de la inflación y para financiar la diversificación de fuentes de energía. En términos más amplios, los ingresos deben destinarse a mitigar el daño causado por los altos precios inducidos por el conflicto.
- Un mecanismo permanente y automático. La naturaleza recurrente de estas crisis —dos grandes shocks de precios energéticos en tres años— subraya la necesidad de un marco legal y regulatorio que se active automáticamente cuando los precios superen un umbral histórico definido, en lugar de requerir medidas ad hoc en cada crisis. La reforma tributaria de Colombia de 2022 ofrece un modelo pertinente. El país introdujo sobretasas progresivas a las empresas de petróleo y carbón —que van del 5% al 15% para el petróleo y del 5% al 10% para el carbón—, aplicadas sobre la tasa estándar del impuesto sobre la renta corporativa. Estas sobretasas se activan mediante un mecanismo basado en precios: cuando los precios internacionales superan un promedio histórico ajustado por inflación, se aplican tasas impositivas más altas. Este enfoque garantiza que la tributación sólo se aplique a las ganancias excesivas generadas durante los auges de precios,evita demoras políticas y brinda previsibilidad tanto a los gobiernos como a los mercados.
Otra propuesta reciente del Observatorio Fiscal Internacional (ITO) consiste en gravar las ganancias asociadas al aumento de la capitalización bursátil de las empresas que se benefician de circunstancias extraordinarias, como las empresas energéticas tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022. Apuntar al alza en la capitalización bursátil (que es fácilmente observable) hace que el impuesto sea mucho más difícil de eludir que los impuestos estándar sobre el exceso de ganancias, y permite capturar rentas independientemente de dónde contabilicen sus beneficios las empresas multinacionales. Se estima que, si se hubiera aplicado una tasa del 33% sobre las ganancias extraordinarias obtenidas entre enero y septiembre de 2022 por las empresas energéticas con sede o ventas en la Unión Europea, se hubieran generado alrededor de 80.000 millones de euros en ingresos (0,4% del PIB).
IV. Llamado a la Acción de ICRICT
ICRICT llama a todos los gobiernos a:
- Introducir sin demora impuestos sobre las ganancias extraordinarias a las empresas de petróleo, gas y fertilizantes. Estos impuestos deben diseñarse para capturar el exceso de ganancias generado por los shocks de precios inducidos por la guerra, al tiempo que se protegen las señales de inversión necesarias para la transición energética.
- Establecer mecanismos permanentes de impuesto sobre el exceso de ganancias basados en disparadores automáticos en los códigos tributarios corporativos nacionales, de modo que los futuros shocks de precios activen automáticamente una respuesta fiscal sin necesidad de negociación política en condiciones de crisis.