¿Y ahora qué?

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Cineasta Naishtat: “La banda del Presidente nos sumió en una gigantesca estupidez”

Para el director Benjamín Naishtat, el principal engaño a la población es la idea de que la República Argentina persigue como único fin la estabilidad fiscal porque sin cultura -por ejemplo- asegura que “seríamos un territorio poblado por autómatas, perderíamos los rastros de nuestra Historia, y nos veríamos condenados a repetirla”.

Dice Naishtat: “La gestión del cine bajo la extrema derecha, es que ni siquiera defienden, o producen, un cine contra el cual rebelarnos”. Sin embargo, el laureado director de ‘Historia del Miedo’, ‘El Movimiento’, ‘Rojo’ y ‘Puan’, (esta última codirigida con María Alché), aclara que “en una coyuntura cuasi distópica y apocalíptica”, filmar “parece un gesto de cordura”.

Una noche, Naishtat subió al escenario a recibir la Concha de Plata a la Mejor Dirección por ‘Rojo’. en el Festival de Donostia-San Sebastián. Causó impacto su original enfoque de una historia pueblerina durante la dictadura, un thriller de tinte psicológico, con violencia a veces larvada y otras no tanto. El realizador dijo que prefería estar “detrás de las cámaras que frente a ellas”. Pero no le tembló la voz al denunciar en aquel 2018, durante el Gobierno de Mauricio Macri, que el Gobierno había cerrado y “degradado” al Ministerio de Cultura y a “los improvisados que manejan la política pública en cine”. Sostuvo, en cambio, que “la cultura dignifica, es parte de la dignidad de un pueblo y no se negocia”. Y que sentía que “el mundo va un poco mal”.

¿Diría ahora que va mal del todo? Aquí lo explica en una entrevista con Y Ahora Qué?

–Empezó el BAFICI y figuran numerosas producciones argentinas en la programación ¿Son de las aprobadas antes del freno casi total que se puso al financiamiento y el aliento a través del INCAA?

–Naishtat: Si bien no analicé la programación del BAFICI en detalle, creo que la gran mayoría de las películas argentinas son producciones de muy pequeña escala, con escaso o nulo apoyo institucional. Y con pocas posibilidades de llegada a la audiencia por fuera de marcos muy restringidos.

–Algunos analistas de la industria local hablan de emprendimientos hechos ‘a pulmón’ en momentos de una parálisis casi total. ¿Es verdad?

–Naishtat: Es falaz preguntarse si hay nuevos emprendimientos a pulmón. Por tanto, reproducen la antinomia falaz de la actual administración de extrema derecha.

–¿Por qué reproducen una falacia?

–Naishtat: El cine argentino ha sido, es y será, a pulmón, incluyendo aquel que tuvo algún tipo de apoyo del INCAA. El mercado audiovisual argentino es pequeño, híper-concentrado, desregulado y hegemonizado por una potencia dominante (Estados Unidos) que ha tenido en promedio más del 90% del mercado durante los últimos 30 años y hoy tiene casi el 95%.

–Frente al contexto que menciona, ¿qué es hacer cine en Argentina? ¿A puro emprendimiento y audacia?

–Naishtat: En el actual contexto en particular, está claro que hacer cine es algo casi martirológico, más que expresión de emprendedurismo. Pero en una coyuntura cuasi distópica y apocalíptica, filmar incluso en estas condiciones -sin duda- parece un gesto de cordura. Lo que se hace casi imposible para la gran mayoría actualmente, es vivir de esta profesión.

¿El público en general, el que asiste a las salas de cine, sabe que los fondos del INCAA no generaban déficit fiscal?

–Naishtat: Eso es un tanto impreciso. Es preciso informarse antes de informar, y ser extremadamente claro, en términos técnicos pero también políticos, a la hora de hablar de cómo se ha financiado históricamente el cine en la Argentina.

–¿No había, por lo tanto, una buena parte de autofinanciamiento en producciones locales?

–Naishtat: Yo, en particular. no suscribo a la idea de que el cine argentino se autofinancia.Es una interpretación cuando menos optimista del marco legal que provee la Ley de Cine de 1994. Los fondos del ENACOM y de las entradas de cine, no dejan de ser tributos o fracciones de tributos nacionales como el IVA.

–Entonces ¿de qué se debe enterar la sociedad?

–Naishtat: Debe entender, y aceptar, que cualquier Nación que aspire a realizarse en el sentido más noble de la palabra, debe destinar una parte de sus riquezas al fomento, la producción y la difusión de su cultura y su imaginario. Sin esto, seríamos un territorio poblado por autómatas incapaces de dejar testimonio de sus experiencias, sentimientos y emociones. Perderíamos rastro de nuestra Historia, y nos veríamos, sin duda, a repetirla.

–¿Se está repitiendo la historia?

–Naishtat: Acaso algo de esto ya está sucediendo, y acaso esto se deba a que hay una mayoría que acepta existir en un territorio desprovisto de horizonte cultural.

–¿En qué reside el engaño?

–Naishtat: El principal engaño a la población, y de esto debemos hablar para proyectar nuevas posibilidades de futuro, es la idea de que la República Argentina persigue como único fin la estabilidad fiscal. Esta puede ser un componente de una armonía, pero por sí sola no es absolutamente nada, ni hay padre de la patria -de ninguna patria- que haya soñado con una tierra bendecida por el equilibrio fiscal.

–Hay otras ilusiones más nobles.

–Naishtat: Hay mucho, muchísimo más para soñar. Y de esos sueños posibles, los mejores tienen forma de música, de teatro, de libros, de películas, de imaginación. Estamos hablando de un derecho. Estamos hablando del sentido. De la pregunta fundamental: ¿para qué la Argentina? Hay que empezar por ahí, cuando salgamos de la gigantesca estupidez en que nos ha sumido la banda marginal del actual Presidente.

Hubo una retracción fuerte de presentaciones de filmes argentinos en el último Festival de Mar del Plata y muchos se derivaron al BAFICI.

–Naishtat: Hay gente que prefiere no ir al Festival de Mar del Plata, que sin duda se ve muy desangelado sin sus antiguos equipos y programadores, que eran gente talentosa, capaz y apasionada. Con todo, no estoy seguro de que haya que vaciar ese espacio, que es nuestro, de quienes hacemos y vemos el cine. Uno de los problemas de la gestión del cine bajo la extrema derecha, es que ni siquiera defienden, o producen un cine contra el cual rebelarnos. Desconocen nuestro lenguaje. La indiferencia es total. Es como aquella confesión del mandatario alucinado, que decía que sería el topo dentro del Estado para destruir el Estado.  Estuve personalmente en una reunión en la que el actual presidente del INCAA dijo que no veía películas.

¿Cuán profunda es la crisis de empleo y perspectivas que tienen hoy artistas, directores, técnicos, productores, etc.? ¿Sobreviven de qué manera? ¿Qué salida hay? ¿Irse a otros países a buscar trabajo que tantos podrían conseguir por la calidad de su formación y experiencia?

–Naishtat: La triste realidad es que cada uno sobrevive como puede, y eso genera mucha atomización. Los tejidos y lazos se resquebrajan, algunos logran trabajar, otros no, terminan viviendo de tareas que no deseaban hacer. Eso genera tensión y es un desafío para un sector que no puede aspirar a nada si no es en unidad. En lo personal, si bien valoro cuando hay oportunidades puntuales de ir a trabajar en otros lados, no considero vivir en otro país en general, ni mucho menos en este momento. Vengo de una familia que tuvo que salir huyendo de este país para salvar su vida y que volvieron a participar de la reconstrucción. Siento que esa tarea continúa e intento humildemente hacer mi parte, por quienes me precedieron y más aún por mis dos pequeños hijos.

–¿Está de acuerdo en que el ataque y el vaciamiento a la producción nacional terminan favoreciendo a las plataformas y a otras cinematografías?

–Naishtat: Las plataformas son un fenómeno global, un cambio de paradigma que lleva varios años. Desde ya que prefieren gobiernos propensos a la desregulación, y que no tengan una visión soberanista o regionalista, como sí la tiene el presidente brasileño Lula da Silva. Pero las plataformas ya ganaron, están fundiendo a las salas de cine, y están modificando en un sentido involutivo la capacidad de decodificar lenguaje simbólico de la comunidad.

–¿Se tiende a hacer uniforme el lenguaje cinematográfico?

–Naishtat: Todo tiende a una monoforma, como profetizó Peter Watkins (N de la R: cineasta inglés), un gran visionario. Como prácticamente son las únicas que dan trabajo, a veces también trabajo para las plataformas, e intento hacer lo que puedo para proponer alguna disonancia, pero no es un ámbito fácil.

–¿Pueden las producciones de otros países en Argentina, en particular las estadounidenses, reemplazar a un cine que es parte de la identidad, la memoria, la pertenencia, a nuestras historias contadas por nosotros mismos?

–Naishtat: No.

–Y mientras esto ocurre ¿el destino laboral de tantos marginados del cine nacional será alguna plataforma, aunque generen productos de cierta calidad?

–Naishtat: El destino laboral es una especie de oxímoron en esta coyuntura. Hay colegas que tienen fincas o empresas familiares y pueden prescindir de filmar teleseries. No es mi caso. Dicho esto, trabajando para las plataformas pude juntar un dinero para filmar un documental que hicimos en México con María Alché y se llama Pedro en el país. Se estrenará este año. Con lo cual, puede haber cierta justicia poética.

–¿Nota que el desánimo y el pesimismo han desmovilizado al mundo del cine nacional?

–Naishtat: El desánimo del cine es el desánimo del país. Tal vez la desmovilización que mencionás se refiere a la cuestión del INCAA, donde prácticamente no hay resortes que permitan hacer cumplir la Ley de Cine. No se consuma el co-gobierno del Consejo Asesor, ni hay diálogos productivos con las autoridades que, poco más poco menos, avanzan a una suerte de vaciamiento. Pero existimos. Logramos una columna importante y hermosa en la última marcha del 24 de marzo. Cantidad de amigos siguen escribiendo, imaginando proyectos, haciéndolos con lo que pueden. Cualquiera que haya decidido dedicarse a esto ya era más o menos un soñador/a, y seguimos soñando.

–¿Si el Estado volviera un día a ser impulsor y fomento del cine, el modelo anterior habría que modificarlo?

–Naishtat: Si el día de mañana el Estado se pone al servicio del desarrollo nacional, y de la ciudadanía, sencillamente la cultura no puede volver a ocupar el lugar ornamental, funcional, anecdótico y folclórico al que transversalmente ha sido destinada en este país.

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