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Guillermo Carmona: “Milei aísla a Argentina del mundo con su alineamiento con EE.UU. e Israel”

La política exterior del Presidente Javier Milei de “alineamiento automático” con Donald Trump y Benjamín Netanyahu dejará al país “al borde” y “confrontando con todo el mundo”, sostiene Guillermo Carmona, exdiputado, dirigente peronista y exsecretario de Malvinas en la Cancillería.

“¡Yo quiero mi ley, mi ley!”, proclama Calígula. Lo que pretendía el emperador romano era imponer normas y decretos a la medida de su megalomanía. El hombre que gobernó la Antigua Roma desde el año 37 DC fue un símbolo histórico de la crueldad, la desmesura y la arbitrariedad en el poder. Murió asesinado por su propia guardia pretoriana. La historia está narrada en la obra teatral “Calígula, el juguete de un loco”. Es una creación de la dramaturga argentina Marina Wainer y pudo verse en salas independientes de Buenos Aires y de la capital italiana. En declaraciones a Y Ahora Qué?, Carmona afirma que no se podrán evitar “graves consecuencias” por los hechos y dichos de Milei, tales como alejarse de Brasil y de los BRICS, favorecer intereses de Gran Bretaña, retirarse de organismos multilaterales e irritar a naciones africanas e islámicas, entre otros, a fin de servir y halagar a Estados Unidos e Israel. Esta es la entrevista:

–El Presidente dijo que “con determinadas culturas no podemos convivir” ¿Qué consecuencias y alcances tiene la frase? ¿Qué hay países enemigos? ¿Qué se romperán relaciones con tal o cual?

–Carmona: Hay que leer la interacción entre lo que implica para la política doméstica y para la política internacional. Milei compromete a la Argentina. En términos de política doméstica, implica romper con los criterios de integración cultural que la Argentina, como país receptor de migración, ha tenido como paradigma. Es la idea de que no solamente podíamos convivir quienes provenimos de distintas tradiciones culturales sino que, además, nos podíamos integrar en un proyecto común de país. La de Milei es una expresión sumamente grave.

–¿Es decir que, al margen de los efectos de la frase ante el mundo, hay una consecuencia local?

–Carmona: Leída en clave doméstica, implica un paso más allá de lo que ya Milei venía haciendo al plantear, en este marco, lo que llama ‘los zurdos’ o ‘la izquierda’. Todo desde la batalla cultural, de la descalificación al otro ideológico. Aquí amplía el foco y lo lleva al otro, ya no solo ideológico, sino al que pertenece a otra cultura. Sin lugar a dudas, apunta a las expresiones provenientes de la cultura y civilización islámicas. Tiene connotaciones negativas en términos de política doméstica.

–¿Es otro capítulo, ampliado, de lo que el oficialismo denomina ‘batalla cultural’?

–Carmona: Recuerdo, particularmente, cuando Milei retuiteó expresiones de (ndr: el ideólogo) Agustín Laje, quien había publicado que no se podía convivir con los ‘zurdos’. Que eran el enemigo. Hay un paso más de ampliación de enemigos. Ya no solamente los zurdos sino también son los islámicos o aquellos que son considerados el otro de un supuesto ‘nosotros’ occidental. Pienso en las connotaciones que esto tiene para la amplísima población musulmana o de origen árabe que hay en la Argentina.

–¿Apuntó Milei con preferencia a los musulmanes?

–Carmona: Lo hizo, incluso, contra otras expresiones culturales y civilizaciones, como el caso de las culturas precolombinas. Así que tiene connotaciones muy, muy graves para la política doméstica.

–¿Y en el orden mundial, que implica ‘no poder convivir’ con otras naciones y culturas? ¿Apoyar su eliminación?

–Carmona: En el plano internacional, de algún modo, lo de Milei podría enmarcarse en la idea del choque de civilizaciones que plantea Samuel Huntington. Esta idea de un mundo dividido por civilizaciones predominantes por regiones y ya no solamente de choques, sino que va más allá. Hacia una guerra civilizacional. Una guerra contra la civilización islámica en política exterior.

–¿Es un viraje en la tradición de convivencia consagrada por Argentina?

–Carmona: Implica romper con la idea de que el Estado argentino, como todos los Estados, se relacionan a partir de intereses y no desde los prejuicios culturales o religiosos o civilizacionales. Lo cual hace que sea extremadamente grave lo que está planteando Milei. Es la concepción de un mundo en guerra de civilizaciones. Sobre todo si se considera que el lugar desde el cual se para Milei, es de un occidentalismo que hoy está fuertemente determinado. No solo por las posiciones de la derecha y la ultraderecha estadounidense, sino sobre todo por un raro occidentalismo, donde el que parece que pone las condiciones y manda es una teocracia occidental, que es Israel. La Israel de Netanyahu, para ser más preciso.

–¿Netanyahu le marca el paso a la política exterior argentina tanto como Donald Trump?

–Carmona: Resulta paradójico que hoy el occidentalismo que Milei pretende para la Argentina esté liderado y condensado en las posiciones de un Gobierno de ultraderecha como el de Israel. Que tiene una enorme capacidad de condicionamiento de las decisiones de la que hasta ahora ha sido, y sigue siendo, por lo menos en términos nominales, la principal potencia mundial.

–Milei ha formulado frases de tenor militarista contra Irán, sin aval del Congreso como marca la Constitución ¿Qué consecuencias diplomáticas e incluso bélicas puede traerle al país?

–Carmona: No solamente resulta preocupante la posición de Milei en relación con la República islámica de Irán. Es una posición que, por su carácter de alineamiento automático e incondicional con Estados Unidos e Israel, implica el aislamiento Internacional de la Argentina. Y empezando por aquellos países que son parte de la periferia. Los que son parte del Sur global, muchos de los cuales tienen fuertes componentes culturales y religiosos vinculados al islamismo. Menciono a países africanos e incluso asiáticos, como el caso de Indonesia, el más significativo. Y de otras culturas y civilizaciones como la de India o de China.

–Por lo tanto ¿no se circunscribe el efecto al caso de la contienda armada en el Golfo Pérsico?

–Carmona: La preocupación no tiene que estar orientada solamente a lo que representan las declaraciones de Milei en la situación de guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Tiene consecuencias más generales y globales. Se lo puede mirar desde la perspectiva de la posición de la Argentina frente al multilateralismo en Naciones Unidas. Lo que está expresando Milei es la conformación de una minoría automática con EE.UU. e Israel en la ONU que se ha expresado de manera muy reveladora en el voto en contra de la iniciativa africana para que se reconozca la esclavitud y el comercio transatlántico de esclavos africanos como el mayor genocidio de la historia de la humanidad.

–¿La decisión de no condenar el genocidio con los esclavos tiene, entonces, un alto valor simbólico para sus relaciones diplomáticas internacionales?

–Carmona: Se expresó cabalmente con la participación de la Argentina en una minoría automática que no tiene otro efecto que el de aislarla gravemente del resto del mundo. Esa votación fue muy representativa. Ni siquiera los países europeos se animaron de votar como lo hizo Argentina. Los que fueron grandes protagonistas del esclavismo y que son, de algún modo, objeto del cuestionamiento africano en la búsqueda de reparaciones históricas, optaron por una abstención. No solamente hay que mirar estas expresiones de Milei sobre Irán.

–¿Las consecuencias de la política libertarista son, por lo tanto, globales y a gran escala?

–Carmona: Hay que contextualizarlas en un marco más general. Argentina está quedando en una situación de abierto y clarísimo aislamiento internacional. La expresión de Milei de declarar a Irán nuestro enemigo resulta no solamente cuestionable por los riesgos que entraña. La historia argentina ha tenido experiencias de ese tipo tras la participación en la guerra del Golfo, durante la presidencia de Carlos Menem, y las secuelas que produjo en relación con los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA.

–La postura de Milei es cuestionable también por otros motivos políticos o institucionales?

–Carmona: Es mucho más grave, por el hecho de que esté arrogándose facultades propias del Congreso. Esas facultades no solo tienen que ver con la declaración de guerra que corresponde  la haga el Congreso. Tiene que ver con que Milei ha decidido un alineamiento automático con Estados Unidos y con Israel sin que se haya aprobado en el Congreso un solo instrumento que lo avale. Implica una renuncia a la política exterior propia y autónoma. Ese aspecto muchas veces se soslaya. Me parece que es el más grave de todos. Que Argentina esté alineada de manera incondicional y automática con Israel y con Estados Unidos sin que se hayan respetado los mecanismos institucionales constitucionales.

–¿Cuáles normas constitucionales, concretamente, trasgrede o ignora el Presidente?

–Carmona: Las facultades del Presidente en política exterior no son discrecionales ni son ilimitadas. El Presidente conduce la política exterior, pero lo hace en el marco de las competencias que tiene el Congreso en cuanto a la aprobación de los acuerdos internacionales. Aquí eso se está soslayando. El Gobierno está generando un nivel inusitado de alineamiento con Estados Unidos y con Israel. Y se sustrae del control del Congreso.

–¿Cuánto daño se podría estar causando al prestigio de Argentina en materia de respeto y prudencia en las relaciones internacionales?

–Carmona: Argentina queda al margen, queda en los bordes del multilateralismo, confrontando con todo el mundo. Esto tiene consecuencias en términos de reputación internacional. Tiene consecuencias en materia de derecho internacional y consecuencias, también, económicas y comerciales, con un deterioro en el relacionamiento con el resto del mundo. Tarde o temprano, se producen graves consecuencias en el plano económico y comercial.

–Al respecto ¿qué sucede con las relaciones diplomáticas? ¿Qué pasará con los aliados históricos de Argentina?

–Carmona: Es muy importante tener en cuenta que ya estamos teniendo consecuencias negativas por las posiciones que sostiene el Gobierno. El alineamiento de Milei, incondicional y automático con Estados Unidos e Israel, tiene además consecuencias de ruptura y alejamiento de los países de la región, especialmente de aquellos que están gobernados por Gobiernos que representan opciones populares o de izquierda o progresistas, o como se los quisiera llamar.

–¿Cómo su alejamiento de Brasil, cuyo vínculo con Argentina ha sido esencial en las últimas décadas?

–Carmona: Es el ejemplo más claro de las consecuencias que esto tiene. Lo marca la decisión de Brasil de avanzar en un acuerdo de asociación estratégica con Gran Bretaña. Involucra cuestiones de distinta naturaleza, incluso algunas muy preocupantes para nosotros como son los temas de Defensa y cooperación en materia de Seguridad internacional. Ese acuerdo se ha dado en el marco de un clarísimo distanciamiento de Brasil marcado por el Gobierno de Milei. Una ruptura de acuerdos que habían sido realizados con anterioridad.

–¿Acuerdos desestimados con Brasil como cuáles?

–Carmona: Por ejemplo, el de la compra de vehículos blindados para el Ejército. Vehículos anfibios, entre otros. Y esto ha provocado esa situación de tensiones entre los gobiernos de ambos países. Ha representado un enorme espacio para que Gran Bretaña avance en un acuerdo que hubiera sido inimaginable años atrás. Por sus alcances y por lo que representan en relación con nuestra disputa de soberanía por Malvinas.

–¿Apartarse de Brasil provoca, entonces, un avance británico en la región?

–Carmona: El rupturismo del Gobierno de Milei con la región genera espacios para que los británicos avancen. Es un claro ejemplo de lo que sucede con esta política de aislamiento respecto de los países que no están estrechamente vinculados con Estados Unidos e Israel. En relación con los BRICS, sin lugar a dudas, ha sido una decisión que nos aleja de la posibilidad de articular con países emergentes que, de manera más dinámica, marcan el ritmo de la economía mundial en este momento. Es un hecho gravísimo.

–¿Ya se notan efectos de esta orientación anti-BRICS o anti-Brasil?

–Carmona: En el corto plazo, por ahí, no se van a percibir tanto los efectos. Pero sí en el mediano y largo plazo en la medida que esto no se revierta.

–En cuanto a China ¿no es una rara contradicción decir que no se harán “pactos” ni “negocios” con comunistas y luego abrir las importaciones a un alud de productos e incluso tiendas de ese origen?

–Carmona: Creo que el caso de la relación de Argentina con China con  Milei es el que más claramente expresa las limitaciones de esta política dogmática e ideologizada. De este dogmatismo occidentalista que no responde a la realidad del mundo actual.  Efectivamente el Gobierno, en su lineamiento con EE.UU. ha sostenido posiciones de abierta confrontación y, en algunos casos, agresión hacia China. De ello, ha tenido que retroceder. Ha tenido que regular en función de la realidad económico-financiera del país y del mundo.

–¿De pronto el pragmatismo acomoda las palabras a la realidad?

–Carmona: El ejemplo más claro de esto fue la decisión anunciada de romper relaciones comerciales y económicas con un país comunista. Y luego asumir que si no revertía esas posiciones, Argentina iba a tener graves problemas financieros por la no renovación del swap de 5.000 millones de dólares que fue restablecido. Las contradicciones y limitaciones de esta política también se ven marcadas en materia comercial, en la apertura como Gobierno ultraliberal. Quienes logran mayor espacio en ese comercio son las potencias que tienen mayores condiciones competitivas como China, que se maneja con condiciones de competitividad internacional inigualables, incluso para otras potencias como EE.UU. 

–¿No hay tomarlo tan en serio en ese sentido al Presidente?

–Carmona: Lo veo como una expresión palmaria, categórica, de las tremendas limitaciones que tiene este esquema ideologizado de MIlei. Un esquema en donde está sobredimensionada la perspectiva ideológica, que luego se choca con la realidad económica.

–Pero ¿en el plano geopolítico, el enfrentamiento con los adversarios de EE.UU. sigue en pie?

–Carmona: En este sentido, es oportuno recordar que el embajador de EE.UU., Peter lamelas, cumple el papel de ser quien mantiene en caliente la exigencia de Estados Unidos de confrontar con China. La respuesta categórica de China, además muy bien fundamentada, es que su posición en América Latina se basa en la consideración de que son los propios países latinoamericanos los que tienen que definir sus posiciones internacionales. Creo que ha sido muy reveladora de la solvencia de la diplomacia china en afrontar estas situaciones críticas. En afrontar estos desafíos que, cuál interventor de la Argentina, lanza el embajador Lamelas.

–¿Qué repercusiones tiene para Argentina abandonar organismos multilaterales, en línea con cada medida que toma Trump?


–Carmona: La política de Milei es contraria al multilateralismo. Concibe a la política internacional como marcada por un bilateralismo excluyente, de relaciones especiales con unos pocos Estados, principalmente con Estados Unidos e Israel. Y agrego, también, con Gran Bretaña. Y más allá de las tensiones que se exhiben entre el Gobierno de Trump y el primer ministro Keir Starmer. Ahí hay una alianza de largo alcance, con profundidad histórica. El alineamiento con Estados Unidos implica también condicionamientos en el modo de relacionamiento argentino con Gran Bretaña.

–¿Incluso en el reclamo de soberanía de Malvinas?

–Carmona: Con restricciones respecto del hacer valer los derechos argentinos en la cuestión Malvinas. Y también en otros temas como el Antártico y el del Atlántico Sur. Volviendo al multilateralismo, el Gobierno lo rechaza. Concibe a los multilaterales como ámbitos en los cuales la Argentina puede estar dedicada a plantear disrupciones contra todo el mundo. Argentina queda en reiteradas ocasiones conformando en esa minoría automática tras Estados Unidos e Israel que se ha expresado en muchos votos. El retiro de los organismos multilaterales, siguiendo a Estados Unidos, es no solo alineamiento automático, sino también minusvaloración y absoluto desprecio por el valor de los organismos multilaterales, donde se intenta construir y consolidar comunidad.

–¿Qué consecuencias tiene abandonar, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud, la OMS?

–Carmona: Son impredecibles en cuanto a la envergadura. Pero desde ya aparecen como sumamente graves en los ámbitos vinculados con la Salud. O incluso en el campo de los Derechos Humanos. Se afecta, primero, la reputación internacional, que es un activo muy importante de los países. Muchas veces tiene que ver con el soft power, con el poder blando de los países. Eso trae consecuencias muy negativas. En Derechos Humanos, Argentina tenía una posición de referencia internacional a partir de lo actuado por la democracia frente a las aberraciones de la dictadura cívico-militar. Hay consecuencias de otra naturaleza, quizás las más sensibles y duras, que son las económicas y comerciales.

–Volviendo a Malvinas ¿en cuanto se debilita la postura argentina en Naciones Unidas tras haber lesionado sus vínculos con países africanos, islámicos o vecinos regionales?

–Carmona: El impacto negativo es no solamente en relación con Malvinas. Impactan fuertemente en el trípode estratégico que integran Malvinas-Antártida-Atlántico Sur. El trípode está fuertemente interrelacionado y condicionado. Destaco la Cumbre de Río de Janeiro, con la Reunión de Ministros de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, un ámbito estratégico a 40 años de su creación. Participan 21 países africanos y los tres sudamericanos, Argentina, Brasil y Uruguay, con costas en el Atlántico Sur. Es un mecanismo poco conocido pero que ha permitido evitar que se transforme en un ámbito del planeta en donde repercutan directamente las tensiones que se dan en otros lugares del mundo.

–¿Qué planteó Argentina?

–Carmona: No participó el Canciller, Pablo Quirno, lo cual marcó un gesto negativo hacia estos países que, además, nos apoyan por la cuestión Malvinas. Con ellos coincidimos y con muchos tenemos una fuerte cooperación antártica. Argentina no tuvo un gesto de adecuado reconocimiento del apoyo por Malvinas que se expresó en un comunicado muy tardío y que pasó bastante desapercibido.

–¿Se debilita la posición geopolítica y de soberanía argentina?

–Carmona: La Reunión de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur planteó la importancia de poner límites al avance de potencias extra regionales. La respuesta del desgobierno de Milei fue una habilitación por Decreto de Necesidad y Urgencia de ejercicios militares con tropas extranjeras. Lo hizo violando la Constitución y la ley de ingreso y egreso de tropas extranjeras. Ha habilitado el ejercicio Daga Atlántica. Lo que genera es un involucramiento del Comando Sur de EE.UU. en el Atlántico Sur. Es realmente muy grave.

–¿Argentina ya no protesta por los ejercicios militares británicos en el área en disputa de Malvinas?
–Carmona: El Gobierno de Milei ha dejado de protestar. No hay una sola protesta por la pesca ilegal que los británicos autorizan en Malvinas. Hicieron una declaración de compromiso por las operaciones de la empresa israelí Navitas Petroleum. Y no ha sido acompañada por ninguna gestión ante el Gobierno israelí. Navitas es una empresa privada, pero tiene fuertes vínculos con el Gobierno de Netanyahu. El tema ha estado absolutamente ausente en la agenda del Presidente. Es una política de retroceso en materia soberana que impacta sobre la cuestión Malvinas y la presencia antártica argentina y las políticas oceánicas en el Atlántico Sur.

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