Un mercado ultra recesivo, la obra pública paralizada, importaciones chinas en su más alto nivel y la pérdida de 21.000 puestos de trabajo como consecuencia de la política libertaria, son algunas de las piezas que conforman la crítica coyuntura que atraviesa el sector de la metalurgia.
El desarrollo de la metalurgia argentina fue indispensable para el modelo de sustitución de importaciones, cuando los establecimientos industriales crecieron un 75% y el trabajador metalúrgico de la UOM se convirtió en la columna vertebral del movimiento obrero del siglo XX, durante el primer peronismo. Sin embargo, hoy, aquel entramado parece estar agonizando: desde 2024, la actividad acumula caída tras caída, se perdieron 21.000 puestos de trabajo, la capacidad instalada cayó al 41,8% y 6 de cada 10 máquinas están paradas.
«No encontramos nuestro piso», resumió Elio del Re, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), quien advirtió que «si la economía se recupera en este contexto, esa recuperación se la va a llevar el producto importado. No nosotros”.
–¿Cómo describiría la actual situación del sector metalúrgico?
–Del Re: Estamos midiendo caída sobre caída. La comparación interanual muestra una pérdida del 4,1%, pero contra un mes de 2025 que ya había caído respecto a 2024. Por eso digo que es pérdida sobre pérdida, y no encontramos nuestro piso. A eso se le suma el dato de capacidad instalada, que está en 41,8%. De 10 máquinas funcionan casi 6. Es muy poco. El nivel de actividad es bajísimo y los porcentajes de caída se están reduciendo porque estamos comparando contra meses que ya eran malísimos.
–¿A qué factores se debe esta caída?
–Del Re: Es multicausal. Primero, hay un mercado ultra recesivo. Las importaciones están en un nivel altísimo, pero incluso están cayendo respecto al año pasado. Durante 2025 se vendía bien lo que venía de afuera, pero este año ni eso. No se vende ni lo importado.
–Además, debe ser muy difícil competir con esos productos.
–Del Re: Claro. Muchos productos nacionales fueron reemplazados por importados, en su mayoría asiáticos, chinos. Es muy difícil ir mano a mano con ellos porque tienen un nivel de subsidios muy importante.
–¿Qué otros puntos se pueden agregar como parte de esos factores multicausales?
–Del Re: Dentro del sector, muchos dependen de que funcionen otras industrias porque producen bienes de capital, maquinaria y equipos; pero esas industrias no están funcionando. No hay demanda, e incluso están vendiendo sus bienes de capital. Otro tema clave es la obra pública, que impacta directamente en sectores que fabrican equipamiento médico o maquinaria vial. Todo eso está paralizado. La construcción, que tracciona muchísimo, también está a la baja. Es la tormenta perfecta para la industria metalúrgica.
–¿Hay algún sector que la esté sufriendo más que otro?
–Del Re: Los sectores de la primera transformación son los más castigados como forja, fundición y laminación, el primer eslabón productivo. Son aquellos sectores que cuando te das vuelta no queda nada. Tendrían que importar sus propios productos. La industria que fabrica bienes de capital está teniendo números horribles.
–Es decir que el sector está golpeado por la apertura importadora y por la recesión económica.
–Del Re: Sí, no escapamos al común de la ley, pero hay un problema adicional; si la economía se recupera en este contexto, esa recuperación se la va a llevar el producto importado. No nosotros.
–¿Algún sector se salva?
–Del Re: Los menos complejos son los que están alineados con la estrategia del Gobierno: agroindustria, maquinaria agrícola, acoplados o semirremolques. También petróleo y gas, aunque ya están siendo afectados por las importaciones.
–¿Esta caída se traduce en pérdida de empleo?
–Del Re: Sí. En los últimos 24 meses perdimos 21.000 puestos de trabajo. Es muy preocupante porque no somos un sector despedidor. Al contrario, capacitamos a los trabajadores, invertimos mucha plata en formación, y cuando se pierden ciertas especialidades, es muy difícil volver a recuperarlas. Se cuida mucho el trabajo y se intenta aguantar hasta último momento.
–¿Cómo está compuesta la industria metalúrgica?
–Del Re: El entramado es muy PyMe, el 98% son pequeñas y medianas empresas de capital nacional. Estamos en toda la Argentina productiva: Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, etc. Además, deberían empezar a desarrollarse nuevas provincias metalúrgicas vinculadas a la minería y al petróleo.
–¿Qué medidas necesitaría el sector?
–Del Re: El problema, por un lado, son los productos asiáticos y el nivel de subvenciones que poseen. Es fundamental volver a instrumentos como el dumping y los valores criterio porque cuando se desarmó ese sistema de equilibrio, se rompió todo. Esa es una medida clave a corto plazo para frenar la destrucción, urgente diría.
–¿Y a largo plazo?
–Del Re: Una política industrial coherente, como la de cualquier país que pretenda desarrollarse, que cuide los recursos y el trabajo. Porque en el fondo lo que se discute es dónde queda el trabajo en el mundo.
–¿Hubo momentos tan malos como este? Siempre aparece la comparación con la debacle del 2001.
–Del Re: Los contextos son distintos. Yo viví el 2001 y la pasé mal, pero el mundo era otro. El sistema de comunicaciones era diferente, para hacer una orden de compra tenías que mandar un fax. El transporte también. Y China también era otra. El mercado asiático no tenía el nivel de calidad, escala y eficiencia que tiene hoy. No jugaba este partido. Hoy sí. Tiene sobrecapacidad para abastecer a todos y el mundo se está cerrando porque no quiere que China sea la única fábrica global. Y mientras tanto, al contrario, Argentina se está abriendo.
–¿Y en comparación con el gobierno anterior? ¿La industria ya venía en caída?
–Del Re: No. Eran dinámicas distintas. El problema era conseguir insumos para abastecer la demanda. Hoy ocurre lo contrario, sobran insumos para una demanda mucho más reducida.
–El otro día hablaba con un empresario PyMe que decía que no hay plata ni para cerrar.
–Del Re: Tiene razón. Cerrar implica asumir todos los costos del cierre, y para hacerlo de forma ordenada hay que poner plata. Pero la última decisión que tomamos es despedir. Hay que entender que el empresario PyMe es un laburante que hace otro tipo de trabajo, pero es un trabajador. Y cuando tenemos que cerrar o despedir, lo vivimos como un fracaso personal.