El brasileño fue a la Casa Blanca y comió en paz con el norteamericano. Lo que se habló en las tres horas de reunión y, más importante, lo que no se habló. Todo en el contexto de elecciones complicadas.
Sobre la alfombra roja, Luiz Inácio Lula da Silva fue recibido con una amplia sonrisa. “Siempre es mejor ver a Donald Trump contento que con cara fea”, dijo contento y cauto, cuando todo había terminado. La visita presidencial a la Casa Blanca, arreglada medio de apuro, fue un triunfo para el brasileño, que pudo señalar que el norteamericano hasta había aceptado que no hubiera conferencia de prensa, no sea cosa que le hiciera la Gran Zelensky.
Verse en Washington era algo pendiente desde diciembre, cuando el Presidente Naranja terminó suspendiendo los mega aranceles a los productos brasileños. Lula había prendido los faros, como quien dice, y Trump se había quedado encantado con su colega después de una charla telefónica. Pero después vino el fallo de la Corte Suprema, que encontró ilegal eso de tronar el escarmiento contra otros países, como si uno fuera un rey. Trump se tuvo que tragar el límite y anunció otro mecanismo para sancionar con impuestos de importación, la ya famosa Sección 301 del código de comercio internacional. Es complicado, porque toma tiempo imponerlos, pero son más sólidos y duran: no dependen del capricho presidencial que te levanten los impuestos.
Lo que logró Lula es demorar el tema por más de un mes, nada mal considerando que ya terminaron los estudios técnicos y las audiencias de las partes, y sólo faltaba la orden presidencial. Y en el otro tema fuerte, el del terrorismo, también logró un “ni”. Es que Estados Unidos anda hablando de declarar dos grandes bandas delictivas brasileñas, el Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho, como terroristas. Es algo de la post Guerra Fría: si ya no te pueden declarar comunista, como antes, te declaran terrorista o narcoterrorista. Lo que abre la puerta a intervenciones en tu territorio, con militares y todo. Lula, previsor, ya había hablado del tema por teléfono y ayer lo llevó de nuevo a la agenda. Como un útil caramelo, le pidió a Trump que coopere en la ruta del dinero, que muchas veces termina en compañías fantasmas en el Estado de Delaware, y en el tráfico de armas, un comercio ilegal que parte del norte y va hacia el sur.
Fue notable lo que ninguno mencionó como punto de discusión, como la idea de que Brasil recibiera inmigrantes ilegales deportados, como El Salvador, y que compartiese los datos biométricos de extranjeros sospechables de ir de paso a EEUU. Tampoco se mencionó la agenda dura, de fondo, en los temas económicos que podrían llevar a más sanciones. Por ejemplo, que Brasil se reserva el derecho a regular el mercado de tierras raras, y la eterna queja de las empresas multinacionales de tarjetas de crédito contra Pix, la app que ya se hizo más que normal para pagar y comprar. Madrugados por un local, las americanas dicen que el Banco Central le da tratamiento privilegiado.
Otro lobby fuerte que no se incluyó ni en la breve conferencia de prensa de Lula ni en el llamativamente breve y cordial texto de Trump en las redes, es el de la responsabilidad civil de lo que publican las redes y de lo que dejan publicar. Si el tema salió en privado, el brasileño le transmitió a su colega que los fallos de la Corte Suprema y la legislación naciente no son discriminatorios contra las empresas norteamericanas. Se aplican igualmente a todas. Punto difícil, porque el sector es particularmente cercano a Trump, puso fuerte en su campaña y le sigue haciendo ganar dinerales con su moneda cripto.
Lula ya había enviado esta agenda a Washington para las audiencias sobre aranceles y, la semana pasada, cuando el protocolo avisó que lo recibía este jueves, la volvió a mandar. Que todo terminara a los abrazos y sin conferencia de prensa conjunta es un excelente indicio: el viejo estadista mostró otra vez su muñeca. Y su rival electoral, Flavio Bolsonaro, que también fue a Estados Unidos, pasó desapercibido.
El Congreso
Lula tuvo dos fuertes derrotas en el frente legislativo la semana pasada, cuando diputados y senadores revirtieron su veto a la ley que ablanda las penas para los golpistas de enero de 2023, que vandalizaron la Corte y la Cámara de Diputados en Brasilia, y de yapa le rechazaron su candidato a Supremo, la primera vez que pasaba desde 1894. El presidente, que es perro viejo en cosas de la política, está viendo cómo sigue la relación con el Legislativo, y sobre todo con el presidente del Senado Daví Alcolumbre, que solía ser el interlocutor confiable entre el PT y el arco conservador que por allá llaman “el Centrón”. Son esa veintena de partiditos que no están en la ultra, como los bolsonaristas, pero nadie puede ni remotamente confundir con progresistas.
Mientras sectores del gobierno piden venganza, otros recuerdan que hay cosas importantes que pasan por el Congreso en un año electoral, como el cambio del régimen laboral y la enmienda constitucional para la Seguridad Pública. A Alcolumbre ya hay quien le dice “el verdugo”. Él niega haber articulado la oposición al nombramiento y el voto contra el veto. Pero es sabido que el senador quiere seguir al frente de su cámara el año que viene, y andaría quedando bien con una oposición -una derecha dura- que podría ganar. También es una advertencia al gobierno sobre las investigaciones de la Policía Federal acerca del rol de legisladores en casos sonados de blanqueo, desvío de fondos y depósitos de dineros públicos en bancos de dudosa solidez.
Con lo que ya no hay un interlocutor fiable en el Legislativo, y cualquier cosa que el gobierno quiera negociar será más complicada en estos seis meses que quedan antes de las presidenciables. Ni hablar de que Alcolumbre, u otros que ya no acatan la disciplina de la Casa, pueden impulsar leyes explosivas para Lula. Un ejemplo es el proyecto de jubilación especial para agentes comunitarios de salud, que aumentaría y mucho el déficit público. En año electoral, bloquearla te pone en un feo lugar decir que no a una reivindicación social.
Mientras esto se dirime, el Abogado General de la Unión Jorge Messias, rechazado como candidato a la Corte, le ofreció la renuncia a Lula, que le pidió que se quede. Messias tiene, entre otros deberes, el de lidiar con el Senado, lo que significa hablar con los mismos senadores que lo rechazaron. Y también con miembros de la Corte que operaron para que no fuera uno de ellos. Messias no prometió quedarse hasta diciembre, fin del tercer período Lula, pero lo está considerando.
Lo que sí pudo hacer Lula sin legisladores es lanzar el segundo Plan Desenrolla, una línea de crédito especial de bajo interés para ayudar a una mayoría de brasileños que vive pagando intereses. Como en Argentina, en Brasil aumentó y mucho el endeudamiento familiar e individual, aunque no es para poder comer, como entre nosotros. La idea es tomar la deuda de familias, estudiantes, pequeños emprendedores y agricultores familiares, y cambiarla por créditos mucho más baratos. En febrero, el tema hizo crisis cuando se descubrió que el endeudamiento de estos grupos llegó a casi exactamente la mitad de lo que ganan por año.
La idea es que se puedan repagar deudas de tarjetas de crédito, cheques personales -que por allá se usan mucho- y créditos personales con tasas de apenas 1,99 por ciento por mes. Y también se va a permitir retirar de los fondos jubilatorios hasta un veinte por ciento de lo acumulado.
Con Europa
El primer día de este mes de mayo entró en vigor en Brasil el tratado comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. El comercio entre ambas partes, Brasil y Europa, es exactamente equilibrado en 50.000 millones de cada lado, entre expos e impos. El balance no es completo en los rubros, ya que los vecinos venden café soluble, jugos, frutas, maderas procesadas, commodities diversas y un notable bloque de 2300 millones de dólares en aviones, el único rubro sofisticado. Lo que viene de Europa es una mezcla de productos terminados, tecnología, ropa y suntuarios.
Es por eso que algunos se relamen pensando en los mercados que se abren, mientras otros temen por sus negocios. Con un equilibrio entre el dólar y su moneda mucho más sano y realista que el nuestro, Brasil no necesariamente va a ser inundado con productos europeos, además de que sigue habiendo barreras graduales para muchos productos.
La apuesta es a quebrar la lentitud con que viene creciendo el PIB brasileño desde hace 45 años. Entre 1980 y 2025, el producto nacional creció de 4.427,94 dólares per cápita a 23.380,98, un 428 por ciento. Nada mal, pero el equivalente global saltó de 3.380,47 dólares a 26.188,94, un aumento del 675 por ciento. Todos estos cálculos se hacen en términos de Paridad de Poder de Compra, que factorea situaciones locales como la inflación o las tasas de intercambio para lograr una medida más ajustada. Se calcula que si Brasil hubiera crecido como Corea del Sur, Romania o Botsuana, el PIB sería un 42 por ciento mayor. No es arbitraria la comparación, ya que la tasa de crecimiento de esos países era comparable a la brasileña en la década del ochenta.
Un elemento notable de este panorama de crecimiento relativo es que Brasil está menos pobre que antes, pero más desigual. Entre 2022 y 2024, 17 millones de personas dejaron de ser pobres, el ingreso medio aumentó y el país salió del Mapa del Hambre que compila la ONU, un logro histórico del tercer gobierno Lula. En los últimos treinta años, el ingreso per cápita aumentó un setenta por ciento, el índice Gini de desigualdad cayó un 18 por ciento y la pobreza extrema bajó del 25 al 5 por ciento. Claro que esto no fue linear, hubo picos y bajones, pero este gobierno del PT fue ejemplar.
Pero resulta que a la vez parece que la desigualdad, en términos de apropiación de la renta, aumentó. Si se mide preguntando a la gente, como hacen las Encuestas Permanentes de Hogares, la cosa se ve mejor. Pero si se calcula leyendo las declaraciones del impuesto a las ganancias, en general más exactas, resulta que Brasil es un campeón de desigualdad a nivel internacional. Simplemente, los ricos se hicieron más ricos más ricos que el resto del país.
Chinos
China invirtió fuerte en nuestro socio del Mercosur. En 2025 hubo 52 emprendimientos de empresas de ese origen, por un total de 6100 millones de dólares, un aumento del 45 por ciento respecto a 2024. Los sectores favoritos fueron generación de electricidad y automotores, y el dineral significa la mayor inversión china en el mundo entero.