Desde mediados del año pasado, los salarios se mantienen atrasados con respecto a los aumentos de precios, la actividad económica se desaceleró y este año comenzó en caída. Paulatinamente, la desocupación da señales de ascenso. Parece entreverse que se consolida un conjunto de preocupaciones en torno a las cuales es posible empezar a hablar de una propuesta genuina de cambio.
El Financial Times publicó una nota dedicada a la situación del Gobierno de Javier Milei que da cuenta de que, entre el escándalo de enriquecimiento ilícito protagonizado por Manuel Adorni, más la caída de la actividad y el deterioro de los salarios, la popularidad del oficialismo está erosionada.
Datos de la consultora Trespuntozero constatan que la aprobación del Gobierno cayó de aproximadamente 45 puntos en febrero a unos 35 en abril. Y una cita de su directora, Shila Vilker, remarca que el 61,2% de los encuestados espera que la economía empeore el año que viene, frente a 43,4 que espera que mejore.

El gráfico de Trespuntozero publicado por el Financial Times. Los puntos de color rosa indican el grado de aprobación, y los azules el de desaprobación.
En el artículo también se remarca que el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), elaborado por la Universidad Torcuato DiTella, dio una baja del 12,1% en abril de 2026. El informe del ICG señala que, en promedio, a esta altura del Gobierno la gestión de Mauricio Macri estaba mejor evaluada: “En lo que va de 2026, el ICG acumula cuatro caídas consecutivas, enero (-2,8%), febrero (-0,6%), marzo (-3,5%) y abril (-12,1%), siendo esta última la más pronunciada. La contracción acumulada desde el fin del año pasado es del 17,9%. En este contexto, el promedio de la gestión Milei desciende a 2,42 puntos, su registro más bajo. Como referencia, los promedios de Macri y Fernández en el mismo tramo de sus gestiones fueron de 2,53 y 1,97, respectivamente”, se describe.

Los datos son congruentes con los resultados extraídos del QMonitor, elaborado por la consultora QSocial para abril, y revisado por Y Ahora Qué? en el momento de su difusión.
En ese informe, el 53% de los consultados consideró que la situación del país empeoró con este Gobierno. Es un guarismo que se acerca a los existentes con anterioridad a las elecciones de medio término.

Respuestas en el QMonitor a la pregunta ¿Usted aprueba o desaprueba la tarea que está realizando Javier Milei como Presidente del país? La aprobación del Gobierno empeora.
Hay otro dato interesante, que también fue resaltado en la reseña: el principal problema señalado por los encuestados fue el trabajo, con el 31% de las respuestas. Le sigue inflación, con el 17%. También son valores que muestran un ascenso y se acercan a los resultados que se encontraron entre julio y septiembre del año anterior.
El tercer problema más importante suele ser el de pobreza, otra cuestión económica. Solamente son desplazados de manera circunstancial por la corrupción o la inseguridad.

Las cinco principales problemáticas según el QMonitor de abril. Encabezan trabajo e inflación. Ambos vuelven a ascender a valores semejantes a los del momento previo a las elecciones.
Pareciera ser que el Gobierno libertario está expuesto al costo del empeoramiento en las condiciones de vida. Ya no se trata de un enrarecimiento circunstancial, cómo tuvo lugar el año pasado ante la escalada del tipo de cambio que repercutió en una aceleración de los precios, si no que parece haber una tendencia que -en ese sentido- es más duradera.
En torno a eso surgen dos incógnitas. La primera, si es factible que los hechos que condujeron a este desgaste se reviertan. Y la segundo: cuáles son las consecuencias, desde el punto de vista político.
Vista en retrospectiva, la pérdida de popularidad del Gobierno no es una sorpresa. Desde mediados del año pasado, los salarios se mantuvieron atrasados con respecto a los aumentos de precios, la actividad económica se desaceleró y este año comenzó en caída.
La producción industrial se mantiene por encima de ocho puntos por debajo de sus niveles de 2023. Y, paulatinamente, la desocupación da señales de ascenso. Así que parece previsible que esto tenga repercusiones políticas.
Para colmo, esta desaceleración de la actividad económica se sostiene sobre un equilibrio precario.
El supuesto mérito del Gobierno, que es la baja de la inflación, remite a una apreciación superficial. Los aumentos de precios son inferiores a los que se observaron con la administración del Frente de Todos, pero su sostén es el atraso de los salarios, por lo que el esquema actual conduce al perjuicio económico.
El otro puntal es la quietud del tipo de cambio, pero tampoco el Gobierno se encontraría con muchos recursos para mantenerla si la actividad crece, por los pagos de deuda, la continuidad de la bicicleta financiera y la falta de acumulación de reservas que duró hasta fines del año pasado.
La merma de la actividad lo favorece, porque la caída de las importaciones a la que conduce maximiza el superávit comercial.
De ser otro el escenario, bien podría suceder que las autoridades se encontraran frente a la necesidad de contener el tipo de cambio, con una actividad que crece a una tasa modesta y cada vez con más tensiones. Algo similar a lo que le ocurrió a Sergio Massa al final del período del Frente de Todos, y provocó la estampida inflacionaria.
Es decir que un cambio en la dirección de la política económica parece poco probable. Así que lo razonable es esperar que sus resultados perduren y se agraven. No obstante, eso no quiere decir que conduzcan automáticamente al desmoronamiento del oficialismo ni que la situación, por sí misma, allane el camino a una alternativa opositora.
Lo que sí parece entreverse es que se consolida un conjunto de preocupaciones en torno a las cuales es posible hablarle a la población argentina con una propuesta genuina de cambio.
Al fin y al cabo, se trata de expresar un viraje con respecto a los problemas que generan malestar.