La última entrega del QMonitor, de la consultora QSocial, contiene una exhaustiva colección de encuestas. Muestran que para la gestión libertaria comenzó la cuenta regresiva. El Movimiento Nacional habrá de abandonar cierta demora en la melancolía, tomar nota de todo lo perdido, y actuar para la recuperación del poder.
El QMonitor de abril brinda la virtual totalidad de los puntos de vista que permiten inferir cierta subjetividad comunitaria en un momento determinado. Sirve de ejemplo una de las encuestas: ahora el 58% considera que el gobierno tiene poca o ninguna capacidad para resolver los problemas, mientras que solamente el 35% considera que tendría mucha o bastante capacidad para hacerlo.
Además, el 67% de los encuestados cree que el Gobierno trabaja solo para algunos sectores, no para las grandes mayorías nacionales.
En este marco, sin embargo, el Gobierno profundiza el ajuste, y trasciende que a partir del affaire que anima el matrimonio Adorni se agudizan las internas, y que un Milei fuera de quicio habría salido en su defensa durante la última reunión de gabinete, vociferando que su tarea (la de Milei) es dar órdenes y la de los otros obedecerlas.
Trascendió, además, que dicho esto el Presidente, como siempre sujeto con firmeza por su carpetita y el estuche de los anteojos, habría abandonado raudamente la reunión para que sus ministros trataran los temas que quisieran.
Crisis y descontento
Tal como surge de las encuestas realizadas por QMonitor, la crisis de representación sigue su curso, y se verifica un gran escepticismo respecto de la política y los políticos. De ahí que resulte coherente que el 43% de los encuestados evalúe que la situación no está bien, y que sólo el 14% la vea positiva. O que la percepción de que el problema más importante sea tener trabajo (28%), seguido por la pobreza (19%) y la corrupción (14%).
Sin embargo, el Gobierno, pese al creciente descontento social y el clima político enrarecido, a través de la Decisión Administrativa 20/2026 firmada por Manuel Adorni y el Toto Caputo incrementó los recortes presupuestarios (por 2,5 billones de pesos) poniendo especial énfasis en las áreas vinculadas a educación, universidades, salud, rutas, obra pública, ciencia y tecnología, seguridad, cultura y deporte.
Una vez más, entonces la nueva Marcha Federal Universitaria del martes 12 de mayo colmó el centro porteño y todas las grandes plazas a lo largo y a lo ancho del país. Fue una movilización plebiscitaria que agregó un elemento adicional a lo expuesto por QMonitor al final de su última entrega, el referido al capítulo editorial.
En efecto, luego de trazar con detalladas pinceladas un escenario de creciente tensión social, el capítulo editorial cierra el panorama de abril exhibiendo una asimetría reveladora entre la mirada nacional y la internacional. Los medios argentinos ya están mayoritariamente capturados por la perspectiva de las elecciones de 2027, y abordan una agenda que va desde la gestión libertaria hasta las internas del peronismo, el armado de candidaturas y las causas judiciales, todo matizado con la batalla cultural como algo transversal.
Por su parte los medios internacionales leen al país en clave macroeconómica e inversora (Reuters, Bloomberg), pero también de costo social (BBC, El País), de corrupción (The Guardian con $LIBRA, El País con Adorni), de geopolítica (alineamiento con EE.UU. e Israel) y de impacto ambiental (Ley de Glaciares).
El análisis FODA
En cuanto a las dos matrices FODA, se advierten fortalezas diversas porque hacia adentro el oficialismo todavía conserva cierta centralidad de agenda y desorganización opositora, al tiempo que hacia afuera conserva crédito macro e interés inversor.
Pero las debilidades coinciden notablemente: erosión del discurso anticasta (gracias a las travesuras de los Adorni), escándalos por corrupción y fractura de la legitimidad moral.
Las amenazas internas (reordenamiento de Kicillof, críticas desde el campo de la cultura e incluso desde el entretenimiento) también se cruzan con amenazas externas (vulnerabilidad ante shocks globales, como la crisis energética derivada del conflicto bélico en el estrecho de Ormuz), cuestionamiento ambiental y retroceso de la libertad de prensa (según la lectura internacional).
A modo de conclusión, entonces, se deduce que el Gobierno conserva la iniciativa política y un respaldo macro, perdiendo sistemáticamente “capacidad de producir relato”. Y concluye esta entrega de QMonitor: “La estabilización existe en los datos que difunde el gobierno. La legitimidad, no se sostiene sola.”
La pérdida sistemática para producir relato es una cuestión clave no siempre tenida en cuenta, motivo por el cual hasta para llegar a una cita literaria que ilustre debidamente el momento político, económico, social y cultural que padece la población argentina se requiere hacer algo de historia. Es preciso recordar, por ejemplo, que Martínez de Hoz fue ministro de Economía de la dictadura desde que arrancó en 1976 hasta marzo de 1981, cuando fue desplazado Videla por Viola.
“Cerrado por melancolía”
También fue corrido el ministro Martínez de Hoz, que había llevado a cabo la primera (y desastrosa para las grandes mayorías) experiencia neoliberal a ultranza. Lo reemplazó Lorenzo Sigaut, quien duró hasta fin de año, cuando también a Viola le ordenaron dar un paso al costado. Pero Sigaut tuvo tiempo de pregonar, poco antes de disponer su gran devaluación, una de las frases más célebres de los ministros de Economía vernáculos: “El que apuesta al dólar pierde.”
La persistente inflación y la fragilidad externa, entre otras calamidades, fueron lo que heredó Sigaut, pero 1981 importa -además- porque señala el comienzo de la agonía de la dictadura genocida.
Como ahora, la apertura indiscriminada y la recesión económica venían estragando el entramado productivo, y provocaron la clausura definitiva de la librería que funcionaba en el subsuelo de una galería en San Juan y Boedo. El dueño posteriormente adquirió notoriedad por otros motivos, pero al momento de bajar la cortina para siempre le puso un sencillo cartelito: “Cerrado por melancolía”.
El local quedó así, con el cartelito que duró un par de semanas mientras Isidoro Blaisten, que fuera el propietario, asumía uno de sus fracasos profesionales y comerciales, y decidía intensificar las ganas de brindarse por entero a la literatura. Ya había incursionado en la poesía (Sucedió en la lluvia, 1965) y escrito y publicado muchos cuentos y relatos que lo habían convertido en un autor conocido. Y al dar a la imprenta, el año de su frustración comercial, uno de sus libros de relatos más celebrados, a nadie llamó la atención que lo titulara precisamente Cerrado por melancolía (1981).
Por supuesto que un escritor como Blaisten, siempre atento a los caprichos del habla popular, algo adicional quiso decir apelando a un cartelito (y un título) con el anuncio “Cerrado por melancolía”, y no “Cerrado por duelo”, a guisa de ejemplo. Pero como buen lector de Freud, además, aunque asumiera públicamente su condición de sujeto que reaccionaba con ese gesto a la pérdida real de su librería, al mismo tiempo lo volvía un sujeto lanzando un gesto evanescente merced a la palabra “melancolía”, padeciendo una pérdida en cierta manera imposible de precisar, o medir y expresar acabadamente.
Lo convertía en alguien más ambiguo, atravesando “un cuadro de delirio de insignificancia moral”, como escribió Freud, y desbordante de confusión, autorreproches y expectativas de castigo.
Ahora también hay quiebras, despidos y suspensiones en grandes y medianas empresas, y desde que asumió este gobierno los cierres, incluyendo a las PyMEs, suman la friolera de 26.000 establecimientos. Las pérdidas de puestos de trabajo registrado andarían entre 250.000 y 300.000, configurando ambos indicadores lo que se nota en las calles, donde abundan quienes buscan algo que hacer durante el día y bajo qué cobijo pasar la noche con sus familias.
Son figuras fantasmales que discurren contrastando con fachadas de fábricas, talleres y locales comerciales que exhiben ventanas con vidrios rotos y puertas y portones con gruesas cadenas y candados.
Pero continúan así, de paso y padeciendo malos tratos de un Gobierno que disfruta con sus penurias y con su obstinación en no completar esa conciencia de cuánto y de qué han perdido.
Continúan desoyendo que hay una redención posible y al alcance de la mano, y radica en organizarse para inventar algo distinto que suene más allá de la melancolía.