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El secuestro de Vaca Muerta

La crisis en el estrecho de Ormuz vuelve a poner en discusión el precio de la energía en la Argentina y el impacto de la paridad internacional sobre consumidores, empresas y producción. En un país con autoabastecimiento y excedentes exportables, el debate sobre el barril criollo reaparece como una cuestión estratégica para definir si Vaca Muerta será un enclave exportador o una palanca de competitividad nacional.

Promediando mayo, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán continúa en una situación de absoluta incertidumbre. Hoy, el estrecho de Ormuz se convierte en un enigma infranqueable y condiciona el mercado mundial del petróleo.

Julián de Velasco y Raúl Massa, en “El cierre de Ormuz, el bloqueo que hace temblar la economía mundial”, señalan: “Si se hiciera un símil del mercado energético mundial con el sistema sanguíneo, Ormuz podría considerarse su arteria aorta; el petróleo, la sangre que la recorre; y los barcos petroleros, los glóbulos rojos que lo transportan. Sin buques entrando o saliendo de las aguas del golfo Pérsico, el torrente petrolero total se ve reducido: una suerte de anemia cuya gravedad aumenta a medida que se alarga el recorte en el suministro”.

El estrecho de Ormuz tiene aproximadamente 167 kilómetros, con un ancho que varía entre los 40 y los 97 kilómetros. Sin embargo, la anchura real para la navegación de los buques petroleros no supera los tres kilómetros en cada dirección. Esta pequeña “autopista marina” determina un tránsito complejo. En la actualidad, “sembrada” de minas de distintos tipos, y sumada a la estrechez del canal de navegación, dificulta la maniobrabilidad de las embarcaciones. Es lo que se conoce como “la tiranía de la inercia” en la navegación. Para ejemplificar: si se pretende “esquivar” un obstáculo, se necesita un kilómetro de radio para dar la vuelta. En un canal de tres kilómetros, las maniobras evasivas no son las más recomendables.

Mientras las negociaciones tienen altibajos entre Estados Unidos e Irán, el mercado petrolero mundial va agotando sus reservas. Irina Slay, especialista en temas petroleros de Oil Price —el sitio web de noticias sobre energía y precios del petróleo más popular y consultado del mundo—, en “El mercado petrolero agota su margen de seguridad a medida que empeora la crisis de suministro”, del 10 de mayo de 2026, afirma: “Los inventarios mundiales de petróleo están disminuyendo a un ritmo récord”.

Slay sostiene que, aun con una “normalización” entre mayo y junio, las reservas podrían reducirse a 70 días de demanda. El propio Estados Unidos ha reducido sus reservas gasoleras al nivel más bajo desde 2014.

La complejidad de la situación lleva a determinaciones imprecisas sobre el precio del petróleo en una proyección de mediano plazo. Trading Economics estima que el Brent oscilará entre 110 y 124 dólares en un horizonte de 12 meses. En general, las estimaciones predominantes hablan de un precio de equilibrio de 95 dólares.

El impacto local de la paridad internacional

Haciendo memoria, antes del inicio del conflicto el precio del Brent oscilaba alrededor de los 67 a 70 dólares. Si el precio de equilibrio alcanza los 95 dólares, el daño económico sobre la producción en general será devastador. En la Argentina, un Brent a 95 dólares —e incluso a 70— actúa como una “aspiradora” de pesos, paraliza aún más el consumo y empuja la economía hacia una deriva peligrosa: la estanflación.

Recordemos que YPF decidió aplicar un buffer de precios, una especie de amortiguador que se inició el 1 de abril y tenía vencimiento el 15 de este mes. Antes de tomar esa decisión, los combustibles habían aumentado más del 23%, siguiendo el sendero del precio internacional o de paridad.

Imponer el precio de “paridad de importación” significa que el consumidor local, ya sean personas físicas o jurídicas, debe pagar el precio de las naftas o el diésel como si fuéramos un país importador. Es como si, por arte de magia, nos robaran Vaca Muerta y la depositaran en otro territorio. Esta situación volvió a poner en debate la necesidad del concepto de barril criollo, es decir, un precio acorde con los costos locales.

Es falso el argumento según el cual la Argentina, para sostener la potencia de Vaca Muerta, debe someterse al precio internacional. El propio Horacio Marín, presidente de YPF, se refirió a 45 dólares por barril como un precio que permite ganancias razonables.

Esta temática es clave para determinar el futuro económico de la Argentina. El precio de la energía a costo local podría ser un poderoso impulso para la industria manufacturera local, por reducción de costos. Algunos dirán que se trata de sectores poco competitivos a nivel mundial. Al respecto, y en honor a la brevedad, apenas diremos que se los somete a una competencia injusta, ya que deben competir con manufacturas cuyos países de origen subsidian, planifican y poseen vigorosas políticas industriales.

Es más: aun en los sectores agroexportadores, dotados de condiciones naturales excepcionales de suelo y clima, que permiten rentas extraordinarias, el precio del petróleo “internacionalizado” trae graves consecuencias. El diésel representa entre el 30% y el 40% de los gastos operativos de la logística del transporte en la Argentina. A eso se suma que en la zona de conflicto se produce la mitad de la urea que se comercializa a nivel global, insumo clave para la producción granaria.

Al respecto, Sarah Shamin, en “No solo energía: cómo la guerra de Irán podría desencadenar una crisis alimentaria mundial”, del 18 de marzo de 2026, señala: “Según la empresa de servicios marítimos Signal Group, el 20% de los fertilizantes del mundo provienen del Golfo Pérsico, mientras que el 46% del suministro mundial de urea procede de la misma región. Qatar Fertiliser Company, QAFCO, considerada el mayor proveedor mundial de urea, suministra por sí sola el 14% de la urea mundial”.

Shamin explica que, por ejemplo, Estados Unidos tiene un déficit de urea de casi el 25% en el suministro para esta época del año. Además, los precios de la urea registran un incremento de casi el 60% en comparación con el mismo período de 2025.

En la Argentina, según informa Bichos de Campo, el 63% de la urea que se importa para la producción de granos finos proviene de la zona de conflicto. La Argentina importa entre el 45% y el 50% de la urea que requiere para la producción. Por lo tanto, la escasez y/o el aumento de precios afectan de forma sustancial a la producción granaria.

YPF, el buffer y los surtidores como altar de sacrificio

Este miércoles 13 de mayo se anunció una renovación del buffer de precios por otros 45 días, con un aumento adicional en los combustibles del 1%. Sin embargo, para que no existan dudas, tiempo atrás Marín, presidente de YPF, fue muy explícito respecto del traslado a precios: “Al final, vamos a trasladar…”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

En síntesis, pese a las turbulencias del mercado global, con un Brent por arriba de los 100 dólares, el precio de los combustibles seguirá el precio internacional, más temprano que tarde. Con una disciplina marcial, se informa que el “sacrificio” que hace YPF al no trasladar, solo por ahora, el precio internacional deberá ser retribuido en el futuro con precios de compensación.

Los surtidores serán altares de sacrificio donde consumidores particulares y empresas deberán pagar, con precios internacionales, el precio de paridad de importación. Es como si Vaca Muerta estuviera secuestrada por una potencia extranjera y el rescate se pagara en los surtidores.

Barril criollo o enclave exportador

Frente a esta situación, resultan una bocanada de soberanía las palabras del gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof, expresadas en un tuit del 6 de mayo de 2026. Kicillof afirmó que, siendo la Argentina un país productor, los consumidores locales no deberían tener que pagar el precio internacional cuando existen “autoabastecimiento y excedentes exportables”. También definió la concepción de Milei como la de un “Estado desertor”.

Kicillof le da volumen, con su posición, a una discusión estratégica que resulta imprescindible instalar en el debate público de nuestro país. En estas circunstancias, la definición que ningún dirigente que pretenda conducir la Argentina puede obviar es si el país se consolida como un enclave exportador de energía o si, con costos locales, considera a la energía como un vector de competitividad, reinstalando nuevamente la concepción del barril criollo.

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