Rodrigo Paz ganó con el voto indígena y de izquierda. A los meses negocia con el FMI y choca contra los mismos candados que dejó el masismo. Bloqueos, desabastecimiento y “gasolina basura” que arruina 200 mil autos tienen al gobierno entre la calle y el Fondo Monetario Internacional.
Soraya Quispe vende fruta en villa Ballivíán, un barrio de clase media indígena de El Alto. Pero ahora no llega nada de comida de tal manera que hasta los bonancibles supermercados se encuentran desabastecidos: no hay pollo, ni carne ni huevos. Ni qué decir de verduras y frutas.
El bloqueo campesino es total. Y cuando se le pregunta a Quispe sobre él sostiene: “nos perjudica pues joven, pero sabe, vale la pena, porque este gobierno nos ha jodido. Mire en mi chaco en los Yungas tenemos naranjas y plátanos que traemos a vender, claro antes teníamos que cargar en nuestras espaldas la producción hasta el camino y ahí cargar al camión contratado. Ya en tiempo de Evo pudimos comprarnos un Toyotita Caldina y ahí cargábamos. Claro, tuvimos también que comprarle placas falsas. Pero no sabe usted como nos facilitaba la vida”.
La aymara de unos 40 años agrega: “ahora nuestro autito está destrozado, no enciende y habría que contratar grua y llevarlo al mecánico que nos va a sacar un ojo de la cara y todo por la gasolina basura que ha comprado este gobierno. Y claro, como es chuto, no nos van a devolver nada. El presidente tiene no más que irse. Y ¿sabe?, nosotros votamos por él”.
Y es verdad el mundo indígena, masista, de izquierda, votó por Rodrigo Paz y Edmand Lara. Lo dice el propio Evo Morales: “En el Chapare votaron por Paz Pereira porque con Tuto hubiera sido un muerto cada día. Cuando él gobernó tuvimos hasta tres muertos a bala en un solo día”.
Muy pronto, una vez que Paz estuvo en la silla presidencial, hizo todo lo contrario a lo que había proclamado, por ejemplo no pedir préstamos de organismos internacionales, y comenzó a negociar con el FMI y apoyar a Donald Trump. Es decir, intentó desmantelar el modelo estatista de los últimos 20 años. Pero, en pocos días descubrió que los anteriores gobiernos no comen vidrio y que habían puesto candados difíciles, sino imposibles, de romper.
Una nueva Constitución
La actual ley de leyes del país recibió el apoyo del 68 % de la población que votó por su aprobación. Pero, claro, pone al Estado en el centro del desarrollo nacional y el reparto. Los empresarios privados no quieren eso, desean acumular más propiedades (sobre todo tierra) y libre exportación aunque eso signifique desabastecer el merado interno, por supuesto, el uso de transgénicos.
Paz propuso un pacto nacional para cambiar la Constitución y hacer más deseable Bolivia al capital internacional. Pero para reformarla, aun que sea parcialmente, como se señala desde el ejecutivo, se debe aprobar, por dos tercios, primero en el parlamento la medida. Esto no sería muy difícil pero de ahí debe ir al visto bueno de las preguntas por parte del Tribunal Constitucional Plurinacional y ahí comienzan los grandes problemas: el TCP no está completo y se necesita aprobación en sala plena. Para llenar las vacancias deben producirse elecciones con voto de la población. Pero ellas no se pueden producir el 2026 pues la ley dice que solo puede producirse una elección por año y éste ya hubo las subnacionales. O sea hasta el 2027 no hay posibilidades. Y luego, se debe ir a referéndum, en el mejor de los casos el 2028, y ahí la cosa puede ser aún más difícil. Hoy es muy improbable que la mayoría nacional vote por algún proyecto de Paz, hasta el 2028, si sigue gobernando, el desgaste será mayor, mucho mayor.
De la gasolina basura a la ley de tierras
La derecha, empujada en gran medida por la agroindustria cruceña, hizo aprobar la ley 1720 que por un lado permitía al pequeño propietario hipotecar su parcela pero también daba una pausa de 10 años para que los grandes terratenientes trabajaran la tierra dando posibilidad al “engorde” de la misma.
La Constitución Política del Estado señala claramente que todo terreno debe cumplir una labor económico social y fija en 5 mil hectáreas el máximo de tierra que un empresario puede tener.
Si la tierra no se trabaja se revierte al Estado. Y claro, los agroindustriales pensaron que al tener mayoría en el congreso y un gobierno aliado, podría fácilmente sacar una ley que aunque reñida con la Constitución se impusiera a su favor.
A todo ello, se suma que las tierras comunitarias de origen, las de reservas indígenas, etc podían ser reclamadas por inversionistas privados.
Y claro, con los bancos dueños de las tierras de los campesinos que no puedan pagar los prestamos (solo recuerde las Viñas de la ira de John Steinbeck) vendiendo al mejor postor, que siempre será el que más plata tiene, en pocos años se regresará al latifundio.
La respuesta fue una marcha de los indígenas amazónicos que partió de Pando en el extremo norte del país hasta La Paz. Veintiun días caminaron los marchistas y se le fueron sumando movimientos sociales, particularmente los campesinos del altiplano hasta logra la derogatoria de la Ley. La derecha dice que hará un nuevo documento en 60 días, pero será difícil imponerla. Los caminantes aún siguen en la sede de gobierno.
Pero la molestia en las ciudades y en el campo tiene que ver, también, con la “gasolina basura”, una que no sólo no tiene el octanaje requerido para no destrozar los autos sino que además posee goma, manganeso y plomo que también afectan al motor y a otras autopartes. La presión de los industriales de la caña de Santa Cruz hizo que le sumaran además una proporción desmedida de alcohol, lo que aumentó aún más la cantidad de goma en el carburante.
El resultado: cerca a 200 mil vehículos paralizados. La cantidad es tan grande que los talleres mecánicos no dan abasto. Con suerte te atienden después de un mes de espera y te cobran entre 200 y mil dólares el repuesto y la reparación. El gobierno sólo te devuelve máximo 200 dólares.
Y hay que tomar en cuenta que el precio de la gasolina subió casi en un 100% en diciembre. Hoy con la guerra en Medio Oriente, el Estado boliviano ha vuelto a la subvención. De hecho está llega casi al 50 %.
El Ministro de Economía y Finanzas Públicas, Juan Gabriel Espinoza anunció una nueva medida en el precio del carburante en junio, pero los analistas ven muy difícil la posibilidad de nuevas medidas antipopulares.
En resumen: los bolivianos compran gasolina más cara que además arruina sus autos y no hay un solo responsable de esto en la cárcel.
Entre la espada y la pared
Las opciones al gobierno de Paz se le van cerrando. Si gira hacia la izquierda y transa con los movimientos sociales incumple con la política del Fondo Monetario Internacional de apuntar a la inversión extranjera y liberalizar la economía. Si cumple con el FMI se le vendrá una tormenta social.
Siempre le queda la posibilidad de sacar a los uniformados a las calles. Pero eso en Bolivia no siempre resulta. De hecho, cuando Carlos Mesa, por entonces vicepresidente del país, rompió con Gonzalo Sánchez de Lozada después de que este le anunciara que habría represión y muertos, fue ´profética: “esos muertos te van a enterrar”. Y eso precisamente pasó, y también con Jeanine Añez.
De momento, los estrategas de Paz Pereira han decidido echarle la culpa de las movilizaciones a Evo Morales lo cual polariza uniendo a la derecha pero también logra agrupar a la izquierda alrededor de la figura del dirigente cocalero y expresidente.
De hecho varios de los movilizados están esperando la llegada de la marcha de los grupos evistas para ponerle más gasolina a la hoguera.
El gobierno negocia con cada grupo pero le es difícil por ejemplo con los campesinos que claramente han dicho que lo que quieren en la renuncia del presidente.
Con los mineros cooperativistas se ha llegado a un acuerdo pero los otros problemas siguen.
Estado de sitio
El Comité Cívico ProSanta Cruz, el llamado gobierno moral de los orientales, ha pedido Estado de sitio y ha comunicado que si es necesario debe procederse a la represión violenta de los bloqueadores aún a riesgo de que haya muertos.
Por supuesto que el tema ha sido tratado en gabinete y se ha decretado un bono, llamado Bicentenario, para los policías, ante el riesgo de que estos se amotinen.
El fin de semana traerá mayor claridad a este panorama. Pero no la solución. La realidad económica es un nudo corredizo que se va apretando milímetro a milímetro cuando YPFB anuncia que sólo puede comprar gasolina para 3 días puesto que los dólares no alcanzan. Tampoco la paciencia popular.
Se ha pensado también en mover al presidente y sus ministros fuera de La Paz.
Lo cierto es que en tierra de inmensas selvas y volcanes nevadas se siente calor, y no es sólo el cambio climático.