Natalia y Romina. Episodio XXIX.
Vamos a asistir a una escena de la vida íntima en tiempo real de la pareja de amantes formada por el arquitecto demoledor Ricardo Junio Blanco y la jueza federal, Doctora María Eugenia Cangulari, muy bien vinculada al Gobierno de la Ciudad.
He aquí los personajes:
Arq.: Mi gordita, prendé el velador. No encuentro la perilla.
Jueza: Ay, ahora no.
Arq.: No puedo dormir, dale, gordita…
Jueza: ¡No me digas “gorda”!
Arq.: ¡Ay, bueno, mi amor, prendé la luz!
Jueza: ¿Qué te pasa?
Arq.: Estoy mal. No quiero hacer la obra de Anchorena.
Jueza: ¿Cómo? Recorrí el edificio de la Legislatura yo misma, no pude mandar a mi secretario, no podés echarte atrás ahora.
Arq.: Es que me pone mal. Tengo muchos recuerdos.
Jueza: ¡Ay, Ricardo! ¡¿Qué te pasa ahora?! Todos son recuerdos, las casitas, las esquinas que demolés, todo es recuerdo, no me vengas ahora con sentimentalismos, ya lo hablamos, me dijiste que para vos todo es mercadería, hasta la quinta de tu abuela en Tortuguitas loteaste, por favor, Ricardo, todo es mercadería para vos. Ahora no te eches atrás, con lo que me costó arrancarle la excepción al código al pelado, acordate cómo se hacía el interesante, acordate, cinco palos verdes salía la excepción al código y la pusimos en cash, y la sacamos barata, porque ahora seguro que aumentó… y ese edificio no vale nada, no es como las casitas Tudor.
Arq.: Las casitas Tudor me hacen agua la boca. Demolerlas es como ganar la cuarta copa. Son bien difíciles, son paredes de mampostería con estructura de perfiles de hierro, son superdensas, como diría Romina. Me encanta verlas caer…pero no podría ver caer este edificio bajo de Anchorena, no…
Jueza: Por favor, Ricardo, tuve que ir mil veces a negociar yo personalmente. Tuve que hacer firmar a mis secretarios y a las chicas de archivos. Si no hacés la obra, a mí me encarpetan. ¿Qué te pasa ahora?
Arq.: Sabés, mi gordita, todo lo que soy se lo debo a ese lugar, a ese edificio de la calle Anchorena.
Jueza: Ese edificio es un telo. ¡Y no me digas “gorda”!
Arq.: Por eso. Ahí me estudié las teóricas, preparé parciales.
Jueza: ¿En un telo?
Arq.: Sí, después de los polvos, leíamos con la Neli Casteletti a Robert Venturi, con Graciela Pertinotti a Kenneth Frampton y con Liliana, la madre de Romina, nos leímos todo Julio Carlo Argán, un teórico de la arquitectura que nos encantaba. Siempre estudié con mujeres. Nos revolcábamos primero y después nos concentrábamos, teníamos veinte años. Ahí, con Graciela y con Liliana, (nos dejaban entrar de a tres) estudiamos la última materia: “Legal y dirección de obras”, que era un choclazo inabarcable. Sacábamos el turno de la una y media y te podías quedar toda la noche. Los telos eran mejores que las bibliotecas de la Fadu, además intercambiábamos la actividad….
Jueza: No me des detalles, gordi. Yo nunca estudié en un telo.
Arq.: ¿Pero, fuiste a algún telo alguna vez?
Jueza: ¡Claro!
Arq.: ¡Y ahora los quieren demoler!
Jueza: Y, no sé qué pasa con el sexo ahora.
Arq.: Bueno, vamos a dormir.
Jueza: No, ahora me desvelé. Sabés, nunca te conté, yo quería estudiar sociología. No quería ser abogada. Nunca quise estudiar derecho ni hacer la carrera judicial, ni pertenecer a la familia judicial, ni hacer estos negocios raros que hacemos… Yo quería ser socióloga, estudiar las relaciones de trabajo de los mineros en Chile y en San Juan. Yo soñaba con viajar por Latinoamérica, conocer los pueblos originarios. Mis viejos me pidieron por favor que estudiara derecho. Además, a mí justo me tocó la facultad en el año ’75, ¿te acordás?
Arq.: Sí, me acuerdo. Yo me recibí en el ‘74.
Jueza: Y cerraron las facultades. El gobierno de Isabel puso a Ivanissevich
Arq.: Sí, me acuerdo, se llamaba “misión Ivanissevich” para limpiar las facultades de elementos subversivos, me acuerdo. Claro, tus viejos, después no quisieron que vos siguieras socio, te quisieron cuidar. Por suerte, eso ahora no pasa. El más facho fue un tal Ottalagano, ese fue el depurador…
Jueza: Ese era siniestro. Todos estos eran tan fachos que daban impresión.
Arq.: ¿Y te acordás en los noventa? Yo daba Diseño II y trabajaba en un estudio que me pagaba dos mangos. La querían arancelar, digamos, privatizar de a poco.
Jueza: Y no pudieron. Yo daba Derecho Procesal. Qué materia plomo, pobres pibes… Pero no pudieron. No pudieron privatizarla.
Arq.: Y en el ’66, mi viejo daba “Historia del arte y la Arquitectura”. La carrera se daba en “los galpones”, se los llamaba así, pero era un lugar bárbaro, ahí en Libertador, donde después fue el Italpark. A mi viejo le dejaron una lesión en las vértebras del cuello para toda la vida. Los hicieron caminar por un pasillo y les daban con palos por todo el cuerpo a los estudiantes, a los profesores, al personal no docente. Él siguió enseñando, pero la mayoría se exilió. Siempre me dijo que la facultad nunca tuvo el mismo nivel después de esa noche. Fue el 29 de Julio de 1066.
(Pausa. El arquitecto y la jueza se quedan callados unos minutos mirando el techo.)
Jueza: Mi amor, mañana vayamos a la marcha por la facultad.
Arq.: Sí, vamos. Tengo dos obras bien tempranito. El maestro mayor va a faltar, lo tengo que echar. Los muchachos, algunos, duermen en la obra misma, así que tengo que estar temprano. Almuerzo con ellos, me vengo a dormir una siestita y vamos. Las llevamos a Romina, a Nati y a Stella y a todos los que podamos.
Jueza: Sí, dale, vamos a la marcha. Pero ahora apago, durmamos.
Arq.: No, mejor, esperá que me tomo la pastilla y, dale, hagamos que estamos en el telo, ponete la cremita, dale…
Jueza: No, pará, otra vez, no, la pasti es para una vez al mes. No me gusta. Te va a hacer mal, no la tomes tan seguido.
Arq.: Pero te gusta…
Jueza: Sí, pero le tengo un poco de miedo. Mejor durmamos abrazaditos y mañana nos vamos abrazados a la marcha.
Arq.: Sí, mi gordita. Siempre lo hacemos cuando vos querés.
Jueza: ¡Ay, no me digas gorda!
Apagón.