¿Cómo se vinculan juventud y política? ¿Desinterés o compromiso con izquierdas y derechas? ¿Cuánto valoran los jóvenes vivir en democracia? Son algunas de las preguntas en las que indagó el Observatorio Pulsar.UBA, que realizó un sondeo nacional para saber qué piensan los jóvenes entre 16 y 19 años sobre la política y el país.
Para las elecciones del 2027 el padrón electoral tendrá un fuerte componente joven entre sus votantes, y las nuevas juventudes miran a la política, y a los políticos, diferente que las generaciones sesenta y setentistas. Las reivindicadiones son otras, pero también las demandas y la forma de mirar el mundo de la Generación Z, la nacida entre 1997 y 2012.
Estos jóvenes de hoy ven su presente y su futuro con sentimientos mezclados. Son los primeros nativos digitales que no saben del mundo sin internet. Suelen caracterizarse por ser pragmáticos, preocupados por el cambio climático y por su dependencia de dispositivos móviles. Son más críticos con el país que con su propia vida. No sienten que “no haya futuro”, pero están preocupados. Hay cierta inquietud, hasta hedonismo, pero no resignación.
En este escenario, no sienten que la política es un tema central en su vida y tienen poco interés y escasa conversación sobre el tema. Por eso, la brecha entre expectativas individuales y expectativas nacionales es clave para tratar de entender la conducta política de las juventudes.
La identidad juvenil se construye entre un horizonte personal que todavía se percibe como posible y un país que genera dudas y, en este contexto, el vínculo que pueden construir con la política formal parece ser de baja intensidad. No la rechazan, pero la viven a su manera: con menos rituales tradicionales de las décadas pasadas, una mayor selección informativa y un vínculo emocional más débil.
El relevamiento del Observatorio Pulsar.UBA se realizó entre septiembre y octubre de 2025 a través de una encuesta nacional a 2.494 estudiantes de entre 16 y 19 años, diseñada para representar la estructura de ese universo adolescente en la Argentina.
Entre los datos más destacados se observan:
-Interés acotado: el 69% de la juventud manifiesta estar poco o nada interesada en la política.
-No es un filtro moral: a diferencia de los adultos, los jóvenes no ven la política como una frontera identitaria o un motivo de conflicto personal. El 64% tiene amigos con ideas opuestas y el 61% afirma que podría estar en pareja con alguien que piense distinto.
-Simbiosis familiar: existe una alta coincidencia política en el hogar; el 80% comparte opiniones con sus padres, especialmente en sectores con mayor capital cultural.
-Vida en democracia: le otorgan un promedio de 8,25 sobre 10 a la importancia del sistema.
-Qué tan democrática es la Argentina: baja el puntaje a 6,83 sobre una puntuación máxima de 10.
-Qué tan preferible sería un gobierno autoritario en ciertas circunstancias: un 15% admitió que podría estar a favor, y un 10% se manifestó indiferente ante el tipo de régimen de gobierno.
-Participación y compromiso: solo un 9% asistió a una marcha o manifestación en el último año. En el plano digital, el 28% sigue a algún candidato o partido, y solo el 11% comparte posteos políticos.
-Obligatoriedad: el 63% cree que el voto debe seguir siendo obligatorio, porcentaje que aumentá en hogares con mayores ingresos.
-Eficacia percibida: el 72% sostiene que el voto es importante pero insuficiente para decidir lo que realmente ocurre en el país.
-Socialización del ritual: el 75% acompañó a sus padres o a algún familiar a votar, una experiencia que refuerza la predisposición a involucrarse en el futuro.
-Cómo se informan: un 79% lo hacen por redes, un 58% por televisión, un 53% por conversaciones, un 32% por Internet, un 27% en el ámbito de la escuela y un 9% por medios radiales.
-Valoración personal por opiniones políticas: el 59% de los encuestados cree que no se puede saber si una persona “es buena o mala” por sus opiniones políticas, solo un 8% cree que sí y un 21% está bastante de acuerdo.
-Sobre parejas y amigos: directamente relacionado con la respuesta anterior, es por eso que un 61% de los jóvenes podría formar pareja con una persona con ideas política opuestas a las suyas, o que un 64% haya dicho que puede tener amigos con ideas políticas contrarias.
-Interés en la política: el poco atractivo que despierta la política es un rasgo extendido entre los jóvenes. Sin embargo, este vínculo no es homogéneo: el interés aumenta entre quienes provienen de hogares con mayor capital educativo, lo que sugiere que el entorno familiar influye en la forma en que los jóvenes se relacionan con la política. Un 29% está interesado o muy interesado, un 51% poco interesado y un 18% nada interesado.
Los valores sobre el interés político de los jóvenes muestran una mayoría que no resulta necesariamente homogénea. La preferencia democrática aumenta con el capital cultural del hogar, lo cual muestra el peso que tiene el entorno familiar entre los jóvenes.
Si bien la democracia es la opción preferida en todos los niveles socioeconómicos, la adhesión es mayor en los sectores altos y disminuye gradualmente en los medios y bajos.
Más que un aumento del apoyo a formas no democráticas en los sectores bajos lo que parece crecer es el desinterés frente al tipo de régimen preferido. Pero este síntoma, al mismo tiempo, no es un corrimiento hacia el autoritarismo sino hacia la distancia y la indiferencia, probablemente provocada por la falta de resultados concretos que les permitan, a ellos y sus familias, mejorar sus vidas y disponer de una perspectiva de futuro más alentadora.
Otra forma de militancia
Algunos especialistas cuestionan la idea de que los y las adolescentes no se comprometen con la actividad política en comparación con otras generaciones.
“Es muy difícil tener datos sobre participación partidaria porque no hay datos de afiliación de partidos políticos ni datos duros. Pero hubo una tendencia constante, sobre todo en estos últimos años, a un gran compromiso de las juventudes en distintos espacios públicos. Es un mito que hay escasa participación”, señaló para un trabajo de Chequeado y Unicef Ana Miranda, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
“No es que los y las jóvenes sean apáticos y que no les interesan las causas políticas, sino que muchas veces se manifiestan de una forma distinta o por fuera de las estructuras más tradicionales. Innovan en la forma de participar, ya no es una militancia tan tradicional, por grupos o por partidos, sino por causas: militan en distintas causas y de forma más espontánea y autoconvocada”, agregó Natalia Calisti, especialista en Comunicación de Unicef Argentina.
Muchos tienen otra forma de militar sus preocupaciones. Un buen ejemplo es el tema del cambio climático, que borra las fronteras o límites de los países como ocurre, por ejemplo, con la Amazonía, que incluye varios países latinoamericanos; o cuando aseguran que pueden enamorarse de un alma y no de un género sexual.
Definitivamente hay otro modo de mirar el mundo, las cosas y a los seres. Y los partidos políticos están lejos, en muchos casos, de incorporar esas miradas, en sus cosmovisiones y en sus plataformas, cuando las hay.
Las viejas estructuras partidarias no han incorporado, aún, estas nuevas maneras de ver el mundo, de asirlo, pero están obligados a ir por los jóvenes si alguno tiene aspiraciones de gobernar el país desde diciembre del 2027.
Ya en una encuesta del Pew Research Center publicada en 2018 -realizada en 14 países- evidenciaba que, a pesar de que los grupos más jóvenes de la sociedad participan en menor medida de las elecciones que el resto del electorado, tienden a participar de temas políticos y sociales a través de canales online, como haciendo comentarios en portales de internet o redes sociales.
En la Argentina, el 29% de los y las jóvenes de entre 18 y 29 años dijo, en ese entonces, que publicaba comentarios sobre temas políticos o sociales en redes sociales frente al 13% de la población mayor de 50 años.
Esto demuestra que, si bien el voto y los partidos políticos siguen siendo mecanismos esenciales para los sistemas democráticos, los y las jóvenes recurrieron a formas alternativas de acción política y son protagonistas en protestas y movilizaciones alrededor de ciertos temas, como el cambio climático o la educación pública universitaria.
En definitiva, ellos están, el problema parece ser cómo la política incorpora a la Generación Z y su aparente falta de empatía a la discusión pública formal transformada en un voto comprometido con las necesidades de una sociedad resquebrajada.