¿Y ahora qué?

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La cumbre del ni

Entre halagos y paseos, banquetes y ceremonias, Trump y Xi hablaron pero tuvieron poco y nada que anunciar. La Trampa de Tucídides y la guerra comercial que se viene. Qué pasa con Cuba.

Xi y Trump se halagaron, pasearon y comieron por tres días, dijeron que todo estaba bien, sonrieron, casi que se abrazan. Pero… no pudieron anunciar ningún acuerdo concreto. Es notable que una cumbre tan anunciada, tan publicitada y vendida como definitoria –“la más importante en la Historia”, exageró el Donald- termine tan en la nada. La Casa Blanca apenas pudo decir que los chinos iban a comprar diez aviones de la Boeing, empresa requemada por tanto accidente, y que hubo acuerdo en que el Estrecho de Ormuz no puede seguir cerrado, frase polisémica si las hay. La pregunta es para qué fueron tantos ejecutivos en el Fuerza Aérea Uno.

Tal vez el momento más recordable de la cumbre será cuando el presidente chino Xi Jingpin habló de la Trampa de Tucídides. El postulado viene del libro del estratega ateniense Tucídides, autor de “La guerra del Peloponeso”. Cuenta el enfrentamiento entre la potencia dominante de la época, Esparta, y la potencia ascendente, Atenas. El libro en este siglo 21 se usa como metáfora de qué le pasa a una potencia cuando no se banca que otra le haga sombra y va a la guerra. En círculos chinos, la Trampa es una advertencia para no repetir la historia, un llamado a negociar y no hacer macanas. Los politólogos norteamericanos la usan más como una profecía, porque el catastrofismo vende más libros.

Donald Trump pescó la indirecta y contestó en redes, como suele hacerlo. “Cuando el presidente Xi muy elegantemente se refirió a los Estados Unidos como tal vez una nación declinante, se refería al tremendo daño que sufrimos en los cuatro años del Dormilón Joe Biden, y en ese sentido tiene 100% de razón”.

Estas indirectas y la falta de resultados concretos en las negociaciones no extrañan a quienes siguen de cerca las políticas de China, que claramente se está preparando para una guerra comercial. Pekín bloqueó la compra de una startup de Inteligencia Artificial que quería Meta y legisló castigos para las empresas occidentales que quieran irse de China o le hagan caso a sanciones extranjeras. Es obvio que Xi se cansó de reaccionar a agresiones norteamericanas y pasó al ataque.

En abril, China anunció una nueva ley que le permite a los entes reguladores revisar sin orden judicial los balances de empresas e interrogar a empleados. Si se comprueba que la firma está construyendo una red de proveedores fuera de China o preparando una mudanza, hasta pueden prohibirle la salida del país a los ejecutivos. Esto está dirigido a las empresas que producen para el mercado norteamericano, que sufren las tarifas trumpianas y comenzaron a mudar sus fábricas a Vietnam o México para esquivarlas.

Ya en 2024 hubo un caso piloto, cuando la empresa PVH, dueña de marcas como Calvin Klein y Tommy Hilfiger, dejó de comprar algodón de Xinjiang porque EEUU prohibió su importación por sospechas de trabajo esclavo. El ente regulador de inversiones investigó la empresa, la acusó de discriminación y la colocó en una lista de “entidades que no inspiran confianza”, lo que puede significar que sus directivos no puedan salir del país. La nueva ley amplía la intervención oficial.

Hace unas semanas, Washington sancionó económicamente a cinco refinerías en territorio chino por importar petróleo iraní. Pekín les ordenó ignorar las sanciones y seguir usando crudo iraní.

La pregunta, de hierro, a las multinacionales es ¿vas a obedecer la ley norteamericana o la china?

Esta guerra se las trae, porque a medida que se expanda va a obligar a sectores enteros y a países a optar por un bando u otro.

Drones y Plan B

A Trump no le gusta que le falten el respeto, pero tiene el problema de que su ego es inmenso, con lo que siente que le faltan el respeto todo el tiempo… y se enoja. Por eso usó mayúsculas en su mensaje de redes, las mayúsculas que se usan para indicar que se grita, cuando calificó la contra propuesta de paz de los iraníes como TOTALMENTE INACEPTABLE.

Al día siguiente, lunes, la agencia oficial de Irán difundió la contrapropuesta, total ya la habían rechazado. Los ayatolás quieren reparaciones por los daños producidos por Estados Unidos e Israel con sus bombardeos, el fin de las sanciones y la liberación de cientos de miles de millones retenidos hasta ahora, y que se reconozca su soberanía sobre el Estrecho de Ormuz. Con razón se enojó el Presidente Naranja: es un pito catalán a su discurso triunfalista.

La guerra está en un raro estado semicomatoso, en el que se supone que sigue rigiendo una tregua pero siguen cayendo bombas aquí y allí. Los prósperos vecinos árabes acusan a Teherán de bombardearlos, lo que es siempre negado. Los americanos avisan que capturaron o ametrallaron buques que trataban de evadir su bloqueo, y los iraníes dicen que le hicieron lo mismo a los que trataban de evadir el suyo. EEUU niega haber sufrido el menor daño, pero alejó el portaaviones nuclear Gerald Ford de la zona. Es el mayor del planeta, pero ofrece un enorme blanco y ya fue atacado varias veces por drones.

Es una guerra asimétrica de libro, con los drones iraníes de 35.000 dólares siendo interceptados por misiles de cuatro millones, y una fortuna inimaginable en petróleo paralizada por lanchitas armadas con ametralladoras y lanzacohetes.

¿Qué esperan realmente los iraníes? Es difícil decir en qué anda pensando una dictadura teológica y supersecretona, pero es difícil creer que esperan reparaciones y un reconocimiento de soberanía en el estrecho, considerado desde siempre aguas internacionales. Lo de levantar las sanciones podría suceder, pero el precio es renunciar en serio a los sueños nucleares.

Lo que sí queda en claro es que, como se anticipó en este espacio, Irán sigue teniendo la capacidad militar de seguir la guerra. En estos días se filtró -y que haya filtraciones es un síntoma de malestar interno- un informe de inteligencia que indica que de las 33 bases misilísticas que tenía antes del ataque occidental, treinta siguen en funciones o fueron emparchadas para que funcionen. El cálculo es que todavía existe el setenta por ciento de los misiles del arsenal y el mismo porcentaje de lanzaderas móviles, básicamente camiones con rampas especiales. Estas lanzaderas permitieron dispersar los blancos, porque pueden disparar literalmente desde cualquier lado.

Y además están los drones, que se usan con una táctica de una simplicidad deliciosa. Los iraníes los hacen moverse en una formación que aparece en los radares como si fuera un ala de gansos volando por ahí. El Estrecho está lleno de pájaros, y el truco funciona.

Estados Unidos no parece tener respuesta de fondo a este impasse. No había una estrategia definida desde antes, un Plan B, para el caso de los ayatolas no se rindieran enseguida.

En Cuba

El Presidente Naranja sí tiene un clarísimo plan para Cuba: apretar hasta que griten y se rindan. La tradicional estrategia negociadora, la del palo y la zanahoria, se limita ahora al palo. Desde enero, con el secuestro de Nicolás Maduro, la isla no recibe petróleo. Ni México pudo continuar con su digna estrategia de mandar algo, aunque sea para quebrar el bloqueo. Excepto por un buque tanque ruso con 730.000 toneladas de crudo que Trump dejó pasar, van cinco meses sin importaciones de energía. El miércoles, el ministro de Energía Vicente de la O Levy anunció que Cuba ya no tenía reservas y que los apagones iban de 20 a 22 horas por día. Toda la infraestructura está paralizada y la gente cocina con leña.

Y al día siguiente llegó una pequeña delegación norteamericana encabezada, insólitamente o no, por el director de la CIA John Ratcliffe. La CIA es la vieja enemiga simbólica de la revolución, la que organizó Bahía de Cochinos, la que tantas veces trató de matar a Fidel Castro. Sólo una vez, en tiempos de Barack Obama, había ido un director de la agencia a Cuba, pero fue en secreto y para negociar la reapertura de relaciones diplomáticas.

Ratcliffe se reunió con Raúl G. Rodríguez Castro, el Raulito o el Cangrejo, el influyente nieto de Raúl Castro, con el ministro del Interior Lázaro Alvarez Casas y con el director de inteligencia cubano.

Los norteamericanos alegan que en Cuba hay bases de escucha de Rusia y China.

Lo que es mucho más ambiguo es a qué le llaman los trumpistas “cambios fundamentales”, para usar la frase oficial del comunicado de la CIA. Esto puede con un muñón de gobierno obedeciendo a EEUU, una apertura económica a definir, una caída completa del sistema. Marco Rubio, el canciller de Trump, mostró esta ambigüedad diciendo primero que se podía hablar con el gobierno cubano actual, para afirmar después que dudaba de que se pudiera negociar “con esta gente”.

Un indicio preocupante: la fiscalía de Miami lleva meses preparando una acusación contra el ex presidente Raúl Castro. Los cargos incluyen facilitar el tráfico de drogas. Igualito que con Maduro.

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