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Asechanzas de los rojos

El mundo está lleno de rojillos y los periodistas son sus voceros. Y el circo de Milei sigue andando todavía, con su troupe de Adornis o de Esperts, a la deriva. Milei hace lo que mejor le sale y logra disimular la debilidad creciente de su gestión. Encara performances que ya carecen de frescura, revolea los ojos, se atraganta con sonidos guturales, se tilda con palabras secretas y lanza puteadas a troche y moche.

Todas las encuestas digitales insisten: la imagen de Milei monopoliza los peores resultados en términos de conversación digital desde que arrancó la gestión libertaria. Paralelamente, también las consultoras coinciden en registrar el alto nivel de desaprobación colectiva, alrededor del 60 %, que lógicamente se complementa con un nivel de aprobación que apenas ronda el 32 %.

Así las cosas, Milei ensayó un contrataque. Dedicó varias horas de los últimos días a desplegar sus habituales performances, con distribución de insultos a troche y moche, tanto por las redes sociales como en reportajes televisivos y entrevistas en streaming. Apeló a una de sus ideas cardinales y vociferó una vez más que el comunismo y sus asechanzas están por todos lados. No lo sabe, pero anduvo de nuevo parafraseando a Borges: “El universo es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”, quien a su vez quiso inscribir una glosa a la serie de sentencias por el estilo.

Desde Parménides, que postuló al Ser como una esfera, se reconocen muchas frases similares. Alanus de Ínsulis, a fines del siglo XII, anotó: “Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”. También el pensamiento apareció en el Liber XXIV philosophorum, del siglo XIII. Y lo retomó Pascal, quien, como advirtió Borges, de acuerdo con la edición crítica de Tourneur donde se reprodujeron las tachaduras y vacilaciones del manuscrito, publicada en París en 1941, empezó a escribir effroyable: “Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”. Quizás en esos términos podría dilucidarse la concepción del comunismo de Milei.

Desenmascarar al enemigo

Algo por el estilo ha de ser el comunismo, entonces, que continúa ocupando en gran medida los desvelos presidenciales. Por eso Milei, viendo las estadísticas sobre la caída en picada de su imagen y las calles desbordantes de críticos a su gestión, como en ocasión de la Marcha Federal Universitaria del 12 de mayo de 2026, visitó una casa de altos estudios privada, la Universidad de San Andrés, y habló de economía. El alumnado, previsiblemente amigable, siguió sus palabras con embeleso y el “docente” puso entre paréntesis la grieta, verdadera, entre la teoría libertaria y los resultados, remisos a comparecer ante ella. Y trascendió que, para reforzar la solvencia de sus puntos de vista, Milei aseguró: “Soy uno de los tres tipos más conocidos del planeta”.

Claro que el comunismo implica mayor complejidad. Milei lo identifica en sus renovados ocultamientos institucionales y en la derivación en la cultura woke y sus variantes. Lo ha dicho y repetido hasta el cansancio, especialmente cuando surgen resistencias previsibles a su política de ajuste perpetuo. Pero tanto lo ha dicho y repetido que arrojó un manto de sospecha, aunque genere situaciones incómodas que bordean el ridículo, sobre críticas y resistencias inesperadas.

Un ejemplo. A las protestas semanales, debidamente reprimidas, de jubilados que marchan los miércoles al Congreso se agregaron, entre otras, las movilizaciones masivas a la Plaza de Mayo del 30 de abril de 2026 por el Día del Trabajador, la Marcha Federal Universitaria del 12 de mayo de 2026 y la Marcha Nacional de Salud del 20 de mayo de 2026. Pero las penurias presupuestarias habían motivado que el 17 de mayo de 2026, en ocasión de celebrarse el Día de la Armada, el jefe del Estado Mayor de la fuerza incluyera en su discurso algunos párrafos sugerentes.

El mar, algo de historia y los reclamos

Dijo el almirante Juan Carlos Romay, en efecto, que el triunfo en el Combate de Montevideo de la escuadra al mando del almirante Guillermo Brown sobre las fuerzas realistas que aún dominaban el Río de la Plata, el 17 de mayo de 1814, implicó un paso decisivo en la emancipación del país. Y, como es usual en cada celebración del Día de la Armada, luego se refirió a su génesis e historia, “forjada al calor de vivencias heroicas y de jornadas de gloria, aunque no exenta de dificultades y desafíos”.

Y agregó: “Orgullosos de ese legado, hoy la Armada Argentina procura estar preparada para hacer frente a los desafíos del siglo XXI. La situación geográfica y conformación física de nuestro país nos obligan a mirar al mar. La Argentina es un país bicontinental y oceánico, por lo cual el Atlántico Sur constituye un escenario estratégico para la Nación, en virtud de los vastos espacios marítimos de nuestro mar territorial, zona económica exclusiva, zona contigua y extensa plataforma continental, ricos en recursos naturales, con acceso a los pasajes interoceánicos y una proyección privilegiada hacia la Antártida”.

Según el almirante Romay, la función principal de la Armada es proteger esos vastos espacios marítimos y fluviales de jurisdicción e interés nacional. “Por ello aspiramos a recuperar capacidades navales y submarinas —dijo—, que contribuyan a optimizar esa misión en la inmensidad de nuestros mares. Contamos para ello con el firme apoyo del Ministerio de Defensa y nuevos instrumentos recientemente promulgados por el Gobierno nacional para la adecuación y reequipamiento militar argentino, lo cual nos genera expectativas positivas en cuanto a la efectiva posibilidad de recuperación de las capacidades que nuestra institución necesita”.

O sea que, después de manifestar con cautela que su fuerza carece de capacidades navales y submarinas, de ahí que sea preciso recuperarlas para cumplir con su misión en los grandes mares argentinos, recordó lo que puede ser un compromiso: el firme apoyo del Ministerio de Defensa y nuevos instrumentos recientemente promulgados por el Gobierno nacional, lo cual, por el momento, no trasciende el plano de las expectativas. Y concluyó haciendo extensivo el punto de vista al Ejército y la Fuerza Aérea, armas con las cuales continúan “alistándose y adiestrándose continuamente a efectos de operar bajo la conducción del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas”.

Gran parte de la prensa hegemónica, curiosamente, leyó el discurso en clave fuertemente crítica. Pero poco después llegó el anuncio de que el contraalmirante Carlos Sardiello, de las Fuerzas Navales del Sur y Cuarta Flota de los Estados Unidos, y el almirante Romay suscribieron una Carta de Intención que iniciaba oficialmente un programa para “la defensa de los bienes comunes globales” (sic) y el aumento de la seguridad en el Atlántico Sur, una zona de creciente importancia estratégica.

Durante los próximos cinco años, en el marco de esta primera etapa del Protecting Global Commons Program, la Armada Argentina podrá recibir capacitación en cuestiones tecnológicas y de inteligencia, aumentando por ahora, merced a la entrega de una cámara especializada a bordo de una aeronave dedicada a patrullar la zona marítima argentina, su capacidad de respuesta. También en el marco del programa podrá recibir equipamiento relativamente avanzado, entrenamiento de élite y apoyo para interceptar y neutralizar amenazas marítimas.

El juego perpetuo

Por streaming, Milei estuvo en su salsa, aunque algo excesivo. A fin de restaurar la funcionalidad de la Adorni’s family para encubrir una situación socioeconómica hecha trizas y otros escándalos por corrupción, apeló al humor sombrío, acusó al sistema mediático y concluyó planteando una posibilidad que difícilmente alguien desee: “Mirá si el tipo no es fuerte emocionalmente y se suicida”.

Pero estuvo en su salsa, como quien dice, y lanzó varios juicios que llamaron la atención y encendieron luces de alarma, matizados con varias intervenciones en sus redes, donde el temario presidencial fue amplio. Como habló de casi todo, incluso participando activamente en la interna entre el asesor Caputo y los Menem, dijo que la “brutal” caída de la tasa de natalidad obedece a que “en temas de aborto, la sociedad argentina hizo un desastre”.

También aseguró que la crisis económica es responsabilidad de la oposición y los medios, y aprovechó la oportunidad para putear y maldecir de nuevo al periodismo. Sin embargo, desde la perspectiva de su Gobierno, la inflación de abril de 2026, del 2,6 %, fue un triunfo. Y un logro que marcaría una tendencia, a pesar del alza de precios y la recesión de la economía de los últimos meses, todos hechos provocados por la oposición, las protestas sociales y los supuestos “intentos de golpe de Estado”.

Pero al conservadurismo vernáculo nada le sale acabadamente bien. Además de las tensiones entre “el asesor”, “El Jefe” y sus acólitos, y varios núcleos de poder interno del Gobierno nacional, con las oleadas sucesivas de acusaciones por corrupción se agrega al panorama la competencia por lograr el podio de la ultraderecha que podría, en el momento menos pensado, quedar vacante.

Mauricio Macri volvió al ruedo, y Jorge Macri no tuvo mejor idea que realizar un megaoperativo policial en barrios vulnerables al que denominó “Tormenta Negra”. Bajo las consignas de pacificación y ordenamiento urbano participaron 1.500 efectivos, con drones y hasta un helicóptero. Intervinieron en 16 asentamientos y barrios populares de la CABA, desplegando lo que la oposición consideró un mero “espectáculo mediático”, cuando no una “operación de prensa en horario central” y un gasto millonario y desproporcionado, con un saldo de apenas 27 detenidos.

También el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, criticó la decisión durante un oficio religioso en la Villa 31 de Retiro, barrio Padre Carlos Mugica, redefiniendo la denominación de la “tormenta negra”. En efecto, dijo que la verdadera “tormenta negra” es el narcotráfico, la falta de empleo, la ausencia del Estado y la falta de oportunidades para los jóvenes. Y pidió por un “nuevo amanecer” guiado por la solidaridad y los ideales del padre Carlos Mugica.

El cuarto círculo

Milei ahora se considera “uno de los tres tipos más conocidos del planeta” y ha demostrado plenamente su especialidad en cuestiones de crecimiento económico con o sin dinero. Para los argentinos de a pie, la mayoría de los cuales no llega a fin de mes, la autovaloración presidencial resulta incomprensible. Como también cae fuera de su comprensión el ministro de Economía y su equipo cuando se refieren a la mayor o menor demanda de pesos, estrategias de endeudamiento y ronda de privatizaciones, por ejemplo, en los umbrales de una Argentina que ya da señales anticipadas de un futuro de grandeza.

Queda claro que hay un problema que involucra al dinero y la comprensión. Y habrá que recordar que Dante Alighieri, en La Divina Comedia, la obra máxima de la épica católica dividida en tres partes —Infierno, Purgatorio y Paraíso—, puso, custodiando el acceso al cuarto círculo del Infierno, a Plutón, el dios de la riqueza.

Allí irían a parar los avaros y los dispendiosos, o sea, los coleccionistas de dinero porque sí, como los usureros, y los que lo malgastan o derrochan, los consumistas impenitentes. Son dos comportamientos absurdos, incomprensibles, y Dante quiso tal vez subrayar la idea. Entonces, en la entrada del cuarto círculo, Plutón dice, con voz ronca y en un idioma ignoto, intraducible y zigzagueante, aunque parecido al francés: Papè Satàn, papè Satàn aleppe!

En tiempos de financiarización de la existencia, como los actuales, los discursos públicos incomprensibles deberían funcionar como alertas necesarias, máxime si los financiarizadores se hallan encaramados al Gobierno. Y, sin ir más lejos, así lo expresó con claridad un gran intelectual del campo nacional, Raúl Scalabrini Ortiz, hombre familiarizado con las mejores obras del pensamiento occidental. Aconsejó Scalabrini: “Si usted no entiende lo que dice un economista, pídale que le explique. Si vuelve a no entender, que le explique otra vez. Si a la tercera vez no entiende, entonces lo están engañando”.

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