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Lula se despega de Tariflavio Bolsonaro

Los escándalos de corrupción y los lobbies con Trump le costaron diez puntos al derechista, mientras el presidente mantuvo intacta su intención de voto. Los intentos de censura judicial y la estrategia digital del PT.

La encuestadora Genial/Quaest publicó, al fin, el resultado de las muchas macanas que hizo Flavio Bolsonaro, hijo presidencial, senador y candidato de la derecha dura. Proclamado a dedo en diciembre, para marzo estaba en empate técnico con el presidente Lula da Silva y sin hacer campaña. En estos dos meses hizo campaña, y se derrumbó: Lula mantiene su 39 por ciento, pero el ultraliberal se cayó a 29. Diez puntos de oro, que no repecharía en una segunda vuelta donde el presidente obtendría 44 puntos y el senador 38.

Un desastre.

Una razón es el cipayismo de los hermanos Bolsonaro, el candidato Flavio y su hermanito Eduardo, diputado efectivamente exiliado en Estados Unidos. Donald Trump operó fuerte para beneficiarlos, aplicando sanciones contra Brasil e inventando peleas con Lula. Esto cayó mal entre brasileños y fue bien aprovechado por el gobierno. 

Peor todavía cayó la difusión de las íntimas conversaciones de Flavio con el encarcelado banquero Daniel Vorcaro, un estafador a gran escala y comprador de políticos de derecha. Resulta que Flavio lo llamaba “hermano” y le pedía millones para una película sobre su papá, a producir en EEUU. El 65 por ciento de los encuestados sabía del tema y lo criticó, y casi el mismo porcentaje, un 62, no le cree a Bolsonaro cuando dice que “no sabía” que Vorcaro era corrupto. Un gran argumento de la campaña derechosa, que el PT es “genéticamente corrupto”, se cayó a pedazos.

Los votos perdidos se derramaron a los demás partidos de la derecha moderada, que igual no acierta a encontrar una alternativa electoral que no pase por la familia Bolsonaro. Ningún candidato del sector, el famoso Centrón, pasa de un dígito de intención de voto.

Cipayos

El gobierno aprovechó el sapo de los Bolsonaro y de Trump con habilidad e ingenio. Los nuevos aranceles (tarifas) de importación que Washington amenaza imponer son “el tariflavio”, y ya se está imponiendo la idea de que el bolsonarismo es el único grupo de oposición en la historia que le aumentó los impuestos al pueblo. Como dijo un comediante, son “una quinta columna” que le sirve a Trump para apretar a Lula: “si no me entregás el país, yo lo apoyo al chupamedias”.

Lo del tariflavio es un pico de la buena campaña en redes que está haciendo Lula. El PT formó una red de 40.000 activistas online desparramados en todo el país con el encargo de generar contenidos locales y ampliar los nacionales. Un eje es “deconstruir” la campaña de Bolsonaro rebatiendo fake news y comparando los cuatro años de Lula con los cuatro de Jair. Con el Mundial en marcha, se está subiendo lentamente la temperatura, pero la orden es guardarse las denuncias más fuertes para septiembre, justo antes de la elección del primer domingo de octubre. Corren rumores de que la campaña oficialista tiene un video de Flavio con el banquero Vorcaro, muy amiguitos.

Mientras, claro, hay que lidiar con Trump. Y la amenaza de tarifas, con o sin Flavio, es real. Como ya se dijo en esta columna, el bodrio lo está cocinando la Oficina del Representante Comercial de EEUU, la nueva palanca del Nariz Naranja para poner impuestos de importación. El documento que preparan tiene momentos absurdos, como afirmar que hay que sancionar a Brasil porque quema el Amazonas, pero usando números de la era Bolsonaro y admitiendo que con Lula la cosa mejoró… pero hay que sancionarlo igual porque quién sabe qué hará un futuro gobierno. 

El otro frente de sanciones es la omnipresente app Pix, que ya es el instrumento favorito de pago en Brasil. La app fue una idea de Roberto Campos, el legendario economista liberal que Jair puso al frente del Banco Central. La idea era crear una suerte de dinero digital fácil de usar en cualquier teléfono y desde cualquier banco, que por algo era del Central. Cosas de la vida, el invento prendió como fuego, de las pocas cosas de la era Bolsonaro que siguen ahí, y en su momento fue un éxito a mostrar.

Pero a Trump no le gusta y ahora Flavio se despega del Pix, a su riesgo. El hermanito Eduardo, exiliado en EEUU y ya un agente nada secreto de ese país, hasta grabó un video recomendando que Brasil adopte la app Zelle, más lenta, más complicada y con un escollo insuperable, que hay que tener cuenta en un banco de por allá. La app es gratuita, como Pix, pero los bancos yankees no.

Washington, a todo esto, no ahorra gestos insultantes. Por ejemplo, se tomaron más de un año para nombrar un embajador en Brasilia y al final anunciaron un cuatro de copas, el legislador provincial de Florida Daniel Pérez, de 38 años y super leal al Jefe. Esto alcanza para sentirse ninguneado, pero Pérez es hijo de cubanos, como su superior Marco Rubio, y lo mandan a Brasil ¿por latino? En fin, el insulto vino en que la Casa Blanca anunció a Pérez antes de avisarle al gobierno brasileño, como es de uso y costumbre en diplomacia. Es para que el gobierno que recibe al enviado tenga tiempo de enterarse quién es y, potencialmente, objetar.

Censura

Quien siga la campaña electoral de cerca habrá notado que últimamente no había muchas encuestas de voto. No es fiaca ni distracción mundialista, es una maniobra de censura de Flavio, que no quería que se instalara que está bajando. El flamante presidente del Supremo Tribunal Electoral, Kassio Nunes Marques, le hizo lugar a una denuncia del partido bolsonarista, el Liberal, contra la encuestadora Atlas Intel. Los derechistas argumentaron que la encuesta distorsionaba la realidad y guiaba las respuestas, en particular en cuanto a la relación del senador con el banquero Vorcaro. En el muy flojo y muy criticado fallo que hizo lugar a la demanda, Nunes Marques citó como “prueba” que el titular de Atlas Intel había dicho en una entrevista que los resultados no eran buenos para Flavio…

La movida era para intimidar a las demás encuestadoras, que obviamente obtenían resultados similares en sus estudios, como se terminó publicando unos días después de este sapo. Lo que quedó en claro es que los Bolsonaro siguen hablando de libertad de expresión pero buscan censuras. Jair mandaba la Federal a espiar periodistas y columnistas críticos, y más de una vez hubo seguimientos abiertos, alevosos, de los que asustan. Lo notable es que Nuno Marques acaba de asumir en el Electoral con la promesa de no intervenir en el juego democrático.

La otra corte suprema, la Federal, está ocupada con otra interferencia en las elecciones, también de los bolsonaristas y de una corrupción explícita. En Brasil existe la ley de Ficha Limpia, que impide que alguien se presente como candidato a cualquier cargo electivo por ocho años después de cumplida una condena penal. La idea es evitar que cierto tipo de turro pase del puesto a la cárcel, y de la celda a la boleta electoral. En septiembre pasado, por iniciativa de los liberales de Flavio y con apoyo de esos partidos artificiales que los brasileños llaman “fisiologistas”, la derecha cambió sutilmente la ley: no son ocho años después del penal, son ocho años después de la condena.

Las consecuencias ya se ven, con cinco estados y el Distrito Federal con candidatos a gobernador y senadores que no deberían estar en las listas. La corte tiene el caso por pedido del partido ecologista Red de Sustentabilidad y ya se veía venir que iba a bloquear el cambio. Pero entonces intervino un Supremo amigo de la derecha, Gilmar Mendes, que pidió ver también el caso. Ahí sigue, desde hace tres semanas, en un conveniente limbo judicial.

La economía

El mayor problema económico de Brasil, o al menos el que más preocupa, es el creciente déficit fiscal. Para entender esto, sobre todo teniendo en cuenta que la inflación está envidiablemente bajo control, hay que recordar que los brasileños ni saben cuánto cuesta un dólar. Su obsesión es el costo del crédito, las tasas de interés, que vigilan y usan como referente de cómo van las cosas, igualito a cómo nosotros vemos las pizarras de los cambistas. La deuda pública interna del país se está arrimando a los nueve trillones de reales, trillones con T, que hasta dividido por seis (para redondear) da una bella cifra en dólares.

Por eso se entiende que el Tesoro subiera las tasas de sus dos bonos de deuda más populares, el IPCA 2032 y el IPCA 2040. El primero, que vence en seis años, saltó de 7,63 por ciento a 8,3, mientras que el más largo subió de 7,15 a 7,65 por ciento de rendimiento anual. Claro que todo esto suena prolijo frente a la imbécil timba financiera argentina, pero en una economía sin magia negra registra mal.

Otra noticia que preocupa es que se formalizó la prohibición de la Unión Europea a las exportaciones de carne brasileña al mercado común, un negocio de casi dos mil millones de dólares anuales. Este miércoles 10 de junio, la presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen le puso la firma a la medida, basada en que Brasil no cumpliría con las leyes europeas sobre antibióticos. La Unión prohíbe el uso de esas drogas de tratamiento humano en ganado, y tiene una larga lista de antibióticos veterinarios también prohibidos. La medida se había anunciado el 12 de mayo, cosa de que Brasilia pudiera presentar garantías o hacer promesas, pero para la Comisión no alcanzó.

Este tema desató un verdadero debate, sobre todo en el sector agropecuario, porque se da en el contexto del flamante tratado comercial entre la Unión y el Mercosur, y Brasil es el único sancionado. Quien recuerde la larga historia, larga de décadas, de la negociación de ese tratado, sabrá que la principal resistencia europea vino del agro, sobre todo del francés. El debate en Brasil es entre los que critican a los “paleoagrarios” locales, que queman bosques y le dan cualquier cosa a su ganado para que crezca rapidito, y los que ven política en una sanción disfrazada de caso médico. Al final, todavía no pasó nada -no hubo emergencia alguna- y Brasil venía exportando carne antes del tratado.

Como para compensar, el ministro de Defensa José Múcio Monteiro Filho volvió de su visita a Argentina con un lindo contrato. Resulta que nuestro Javier Milei sí tiene dinero para comprar tres submarinos franceses de la clase Scorpene. La firma francesa Naval Group, se entera uno ahora, tiene un contrato de los buenos con la Base Industrial de Defensa del Brasil y los tres submarinos argentinos serían construidos en el astillero de Itaguaí, en Río de Janeiro. Múcio está en una verdadera gira comercial y anunció que piensa visitar Chile, Paraguay, Venezuela, Colombia y Perú a ofrecer armamentos brasileños. Con nuestro ministro Carlos Presti logró hasta una yapa, con la consulta sobre el avión militar de cargas KC-390, fabricado por Embraer.

Otra buena noticia también viene del lado industrial, tan calumniado entre nosotros. El ministerio de Minas y Energía anunció para diciembre la primera licitación de baterías de alta capacidad. La noticia movilizó al sector, naciente y creciente en Brasil, ya se habla de inversiones de unos mil doscientos millones de dólares para hacer crecer esta industria de alta tecnología.

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