¿Y ahora qué?

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Tras la ruta de la narcomadera

El decomiso de más de cien toneladas de droga impregnada en madera boliviana abrió una investigación que combina química, física, inteligencia artificial, rutas comerciales, empresas de fachada y sospechas sobre el poder económico del narcotráfico. La historia expone el salto industrial del negocio narco en Bolivia, sus conexiones con empresarios, funcionarios, bancos, criptomonedas y exportadoras, y el desafío de un Estado que debe investigar hasta dónde llegó la red de complicidades.

Fue un tema de científicos. La química permitió internar las drogas dentro de las venas de la madera tajibo que iba a ser exportada a tres continentes, pero la física posibilitó que los estupefacientes se descubrieran. Esta historia es digna del mejor thriller latinoamericano. Y con ribetes de tragedia, porque menos de 72 horas después del operativo chileno y de que la noticia viera la luz, una de las empresas cuestionadas intentó enviar otra tonelada de madera a Miami por avión. Esta vez los perros detectaron la droga, pero los policías antinarcóticos del aeropuerto de Viru Viru intentaron despachar la carga a como de lugar.

Entre 3.000 y 5.000 árboles de tajibo fueron cortados para el envío de 1.080 toneladas de madera impregnadas de droga. Los tajibos son una variedad de madera muy dura y muy requerida en la industria carpintera. Cerca de 200 millones de dólares de inversión y la escalofriante cifra de 8.334 millones de dólares —por lo bajo— si es que los embarques hubieran llegado a los mercados de Europa, Estados Unidos y Oceanía. Estamos hablando de 1.080 toneladas de madera que tenían dentro 108 toneladas de drogas.

Las siderales cifras que mueve el narcotráfico muestran que el problema no es solo millones de adictos con la vida destruida, sino un poder económico de consideración en manos de la mafia.

Pero más allá de los números está la certeza de que la producción y exportación de droga en Bolivia ha dejado de ser artesanal y se está convirtiendo en industrial, y que el negocio ha permeado a empresarios y hasta a parte del sistema financiero. Como diría Corleone en El Padrino III: “Mientras más alto subo, más corrupto es todo”.

Los químicos que trabajan para el narcotráfico innovaron la manera de exportar cocaína mezclada con droga sintética allende los mares. El proceso industrial comienza con el secado de la madera. Grandes hornos deshidratan los tablones aserrados y, de manera inmediata, por las “venas” de esta se inyecta el líquido que mezcla cocaína con ketamina y, en varios casos, también con metanfetamina, produciendo nuevas drogas con gran mercado en Europa y EE.UU.

Así, la droga se camufla totalmente y es indetectable por los escáneres de la aduana y de la policía antinarcóticos, así como de los perros entrenados en detectar estupefacientes.

Y todo iba bien, hasta que intervino la física.

Sí, porque lo que los químicos no calcularon es que la droga líquida es más pesada que la savia drenada de los tablones. Y, de esta manera, el sistema computarizado de inteligencia artificial detectó la anomalía y fue el turno de microscopios y otro instrumental hasta que alguien pudo gritar: ¡Bingo!

Así, lo que comenzó con la revisión de cuatro contenedores se generalizó a casi 50 de ellos. Y se descubrieron 108 toneladas de droga repartidas entre cocaína, ketamina, lidocaína, cafeína y, posiblemente, metanfetamina. Eso sí, la cifra es conservadora porque se calcula que la droga inyectada es el 10% del peso de la madera, pero, según el fiscal chileno Mario Carrera, este porcentaje podría subir hasta el 20%.

Es el decomiso más grande en la historia chilena y bien podría llegar a serlo de toda Latinoamérica si se confirma presencia de estupefacientes en el 40% de los embarques que restan revisar.

Cuando la mafia se pone saco y corbata

Ha desaparecido la visión del pisador de coca que en huecos de diez metros por dos debía zapatear sobre coca a la que se le echaba ácido sulfúrico y otros precursores para obtener el “agua rica”, una mezcla líquida que luego era batida en un turril hasta obtener una pasta morada que era secada con papel higiénico, obteniéndose el sulfato de cocaína que por procesos químicos se convertía en clorhidrato de cocaína lista para ser aspirada.

Atrás también han quedado las maletas de doble fondo y las mulas que tenían que tragarse la droga envuelta en condones.

Ahora, la droga se produce industrialmente. Los pisacocas han sido reemplazados por lavadoras industriales —de esas que se utilizan para lavar ropa, pero en tamaño gigante— y grandes microondas para el secado.

Y el tráfico es cada vez más sofisticado, como acabamos de comprobarlo.

Claramente, ahora se mueven muchos millones de dólares y para hacer esto se requieren muchos cuellos blancos.

El fiscal Carrera señala que, por lo menos puestos en destino, los embarques de droga iban a dejar en los bolsillos de los narcotraficantes 8.334 millones de dólares —el 70% de lo que suman las exportaciones bolivianas y un poco menos de la sexta parte del Producto Interno Bruto—. Para ello, la mafia invirtió aproximadamente 200 millones de dólares. Detallemos esto:

En la compra de madera de tajibo aserrada —1.028 m³ en origen—, en los trámites legales, además del pago de tasas de exportación y certificados forestales, se invirtieron alrededor de 720.000 dólares.

A ellos hay que sumar fletes de transporte terrestre internacional —44 camiones hacia Chile—, aproximadamente 110.000 dólares más 50.000 en transporte. Además, en gastos de frontera, peajes y operaciones portuarias de estiba se invirtieron 15.400 dólares.

En total, solo en la parte física de la fachada se suma 895.400 dólares.

Pero además hay que pagar el transporte marítimo, que hace aproximadamente 215.000 dólares.

Hasta ahí la parte legal del asunto.

Pero claro, hay que pagar por la droga. Las 110 toneladas puestas en Bolivia suman entre 180 y 200 millones de dólares.

Y a ello el jornal de los operarios y de los químicos que intervinieron en el negocio. Acá los cálculos son más difíciles, pero expertos dicen que debió rondar los 200.000 dólares. Súmele además 350.000 dólares en precursores y químicos para disimular la droga.

Todo esto suma un poco más de 181 millones de dólares que, con cartas y espadas, es decir coimas, se redondean fácilmente en 200 millones de divisa verde.

Una fortuna que, claro, palidece ante el nivel de ganancia de más de 8 mil millones, pero que de todas maneras es mucho dinero para mover en Bolivia.

De manera que la operación solo fue posible con la intervención financiera de la banca y de las criptomonedas, que dejan algo de huella.

El célebre Garganta Profunda en el caso Watergate decía Follow the money, y ese es exactamente uno de los flancos por los que atacará el equipo internacional a cargo de la investigación. Seguir el dinero debe dar claridad sobre el negocio mafioso y responder de dónde llegaron los 200 millones de dólares a Bolivia y por qué vía lo hicieron.

También se investiga en qué horno se realizó la deshidratación de la madera, pues este debe tener una gran capacidad y ser de última generación. Mil toneladas de madera no se tratan en un par de horas.

Por eso, aunque la mayor parte de los árboles cortados proviene de la región amazónica de Pando y Beni, se cree que el tratamiento y la inyección de la droga fue en Santa Cruz y en El Alto.

De igual manera se busca a los químicos que trataron la droga y la madera y a los trabajadores que hicieron el trabajo. En el primer caso, se sospecha de extranjeros.

Los tentáculos de la mafia

El gobierno de Estados Unidos usa políticamente la lucha contra las drogas y ahora carga contra los carteles brasileños, a los que califica de terroristas, pero el negocio es internacional y la fabricación de estupefacientes también.

La mezcla de cocaína y ketamina produce una nueva droga llamada Calvin Klein, y la mezcla de ketamina y éxtasis produce el tusi o cocaína rosa, aunque no tiene nada que ver con el clorhidrato proveniente de la hoja de coca. Pero para que veamos lo internacional del negocio, si bien la cocaína proviene de Colombia, Perú y Bolivia, en ese orden, la ketamina se produce sobre todo en India y China, mientras que el éxtasis se fabrica en Europa Occidental, sobre todo en los Países Bajos.

Así entendemos por qué parte del cargamento decomisado es cocaína pura, otra está mezclada con ketamina y finalmente también hay un porcentaje importante de solo ketamina.

Además, se emplearon cafeína y lidocaína como agentes adulterantes.

Y aunque el consumo ocurre en todo el planeta, quienes mejor pagan son los habitantes de Estados Unidos y Europa, pero los países emergentes también tienen su tajada a la hora de comprar drogas.

La ruta de la cocaína también funciona para traer, por ejemplo, ketamina del Asia y, una vez perfilada esta, es más fácil internar los productos vía América Latina, porque los controles de la mercadería asiática son más fuertes.

El negocio del narcotráfico en Bolivia ha cambiado. Hace cuarenta años, uno de los más importantes narcotraficantes que manejaba el comercio en Santa Cruz y la vecina Montero, Carmelo “Meco” Domínguez, era panadero, y los narcoarrepentidos, ganaderos. Lo propio el llamado rey de la cocaína, Roberto Suárez Gómez. Pero eran provincianos o de clase media.

En cambio ahora, se sospecha de grandes empresarios —sobre todo madereros— que manejan importantes volúmenes de dinero, finanzas internacionales y tecnología.

En círculos políticos se teme que esta gente de “alta sociedad” esté profundamente vinculada con partidos, incluso de gobierno, y de organizaciones empresariales y financieras.

“Es difícil que se llegue hasta la cúpula del negocio, pero el presidente Paz Pereira, también en esto, está entre la espada y la pared. Si quiere la ayuda de Donald Trump tiene que llegar hasta el núcleo de este escandaloso caso. Lo cierto es que decir que el narcoterrorismo está en los caminos bloqueándolos y no combatir este gigantesco caso sería una espantosa contradicción”, señala el analista Andrés Portillo.

De todas maneras, el escándalo ya toca al mismo gobierno. El vicepresidente Edmand Lara denunció por redes sociales que otro alto funcionario del Ejecutivo estaría casado con una mujer vinculada al clan Lima Lobo, una de las mayores familias de narcotraficantes que contrataron a familiares de la expresidenta Jeanine Áñez para la internación de droga en Brasil.

Por otra parte, en redes sociales circula la noticia de que la encargada de la Administración de Servicios Portuarios – Bolivia, Tania Olmos, sería compañera sentimental del actual ministro de Gobierno, Marco Antonio “Tuco” Oviedo. La ASP es la encargada de la exportación de productos bolivianos vía Chile. La autoridad boliviana no ha realizado ninguna declaración al respecto.

También se habla de ministros que estuvieran ligados a la exportación de madera.

Por otra parte, desde el oficialismo se han dado declaraciones de que la narcomadera habría sido enviada a Chile durante el anterior gobierno, pero la fiscalía chilena ha demostrado que todos los embarques que hacen al caso fueron introducidos en el vecino país de enero a abril de 2026.

En resumen, el gobierno debe actuar pronto para limpiar su imagen.

Carpintería Don Fernando viaja en avión

No habían transcurrido ni 72 horas desde la denuncia de la fiscalía chilena cuando una de las empresas cuestionadas, Liguria SRL, intentó enviar una tonelada de madera de roble a Miami por avión. Dado el precio de los fletes aéreos, resultó sospechoso que se buscara esa vía. Pero las dudas aumentaron toda vez que el embarque llegó conducido por los uniformados de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico cuando la nave iba ya prácticamente a despegar.

Funcionarios de civil del aeropuerto exigieron que los perros hicieran el reconocimiento y estos se sentaron en la carga, señal inconfundible de que habían detectado estupefacientes. Saltó también el dato de que Importadora y Exportadora Liguria SRL estuviera en la lista observada por la fiscalía chilena cuando intentó enviar un contenedor con narcomadera desde Valparaíso.

Antes de constituirse en Sociedad de Responsabilidad Limitada, Liguria era una modesta carpintería de nombre “Don Fernando”, que se encontraba en el Distrito 5 de la ciudad, es decir al norte de ella.

Pero de ahí se mudó a la carretera al norte, avenida Cristo Redentor, kilómetro 8, sin número —S/N—, es decir cerca del Aeropuerto Internacional de Viru Viru. Un equipo de prensa de Detrás de las Noticias fue hasta el lugar y no encontró rastro alguno de la barraca que debía ocupar una importante extensión de terreno.

Tampoco aparecen en los registros de identificación los responsables técnicos de la empresa, Robert Brown como director de Logística y Emily Davis en Supply Chain, seguramente creados para la fachada.

Registros aduaneros dicen que Liguria durante estos años exportó un poco más de un millón y medio de dólares en madera e importó 800 mil dólares en maquinaria y químicos. La policía investiga si detrás de esas importaciones no se encontraría la ketamina, fácil de camuflar entre los envases de productos sintéticos.

Pero Liguria no tiene la capacidad económica para hacer todo el proceso de secado e inyección de droga que requiere de una industrialización muy por encima de la empresa en cuestión. Lo que se sospecha es que esta era simplemente una tapadera de quienes sí procesaban los tablones de manera industrial.

Hora de limpiar la casa

El descubrimiento de por lo menos 108 toneladas de droga procedente de Bolivia es un terremoto que se llevará al más pintado.

Pero también provocará serias consecuencias económicas en Santa Cruz, una región que ya enfrenta la escasez de gas —toda la producción disponible se destina al mercado interno— y la caída de los precios de la soya, después de que 2025 estuviera marcado por una mala cosecha. A ello se sumaría la reducción del flujo de dólares provenientes del narcotráfico. Bueno, esto último por un tiempito, puesto que mientras haya consumo habrá siempre nuevas formas de llevar el dulce escape a los consumidores.

Pero además el gobierno debe limpiar toda la casa, incluso el garaje y los cuartos de depósito. Porque este escándalo, para usar el término de Andrés Portillo, está demostrando que todas las instituciones fallaron. Desde una parte de los exportadores hasta aduanas, la policía y otras instituciones que debían haber dado la voz de alarma.

“Hubo que tapar muchas boquitas”, dice Portillo, y esta es una muestra de un tipo de sociedad que se derrumba en medio de una creciente corrupción.

Por delante hay varios desafíos más allá de las investigaciones de los involucrados. Por un lado, se trata de modernizar los métodos de control, pero además ver cómo se reemplaza la economía de la droga. Mientras una hectárea de hoja tenga un rendimiento económico diez veces mayor a una de soya, siempre se producirá cocaína.

Cuando la China era el mayor productor de opio del mundo, Mao propuso un trato que acabó con el problema: le dijo a Occidente “compren la producción”.

La verdad, no es mala idea.

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