La CGT difundió un video en defensa de la industria nacional en el que la camiseta de la Selección argentina funciona como símbolo productivo. Detrás de la tela, el escudo y la mística mundialista hay talleres, costureras, operarios, transporte, comercio y empleo argentino. Si después de la campaña aparece la construcción de una red con la política y los empresarios, será un signo de articulación en un momento especialmente complejo no sólo de la Argentina sino de América latina. Por si hiciera falta después de un Milei, un Bukele y un Kast, para muestra basta una Cuba.
La novedad del video de la Confederación General del Trabajo con la camiseta de la Selección como protagonista no es sólo comunicacional, un campo en el que la mayoría de los gremios lleva décadas de atraso.
Aparece en un momento de fuerte tensión laboral y productiva. Jorge Sola llevó a la OIT una denuncia contra el Gobierno por el “desmantelamiento sistemático” de derechos laborales, mientras los últimos datos oficiales y sectoriales muestran nuevas caídas en la industria manufacturera y en la metalúrgica.
Es una protesta y a la vez un posicionamiento en la cadena productiva. No termina de ser un llamado a los empresarios y a la dirigencia política, pero podría acercarse a ese punto.
El video no se limita a invocar la emoción futbolera. Muestra el recorrido productivo de una prenda. Describe la fabricación del hilo, el teñido, el corte, la confección, la colocación del escudo, el transporte, el depósito y el comercio de barrio.
La voz en off sintetiza la idea central: “Lo que no está en todas es el trabajo argentino”.
El cierre del spot también va en esa dirección: “Cuidemos lo nuestro” y “Cuidemos el trabajo argentino”. Traducción: sin demanda para la producción local, se achican talleres, se reducen turnos, se pierden oficios y se debilita el entramado industrial.
Al presentar el video, el triunviro cegetista Jorge Sola explicó que la metáfora de la camiseta buscó ir más allá del fútbol. “Defendamos lo nuestro, todavía estamos a tiempo”, dijo. También sostuvo que el sentimiento patriótico asociado a la Selección debería servir para “revalorizar y defender el trabajo argentino”, al que definió como clave de la cuestión social.
La denuncia en la OIT
El mensaje de la CGT en redes tuvo su correlato internacional en Ginebra. En la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, el propio Sola habló en representación de la CGT y las dos CTA ante la Comisión de Aplicación de Normas. Allí denunció al Gobierno argentino por incumplir reglas internacionales del trabajo y por la degradación del sistema de protección laboral.
Sola sostuvo que lo que ocurre en la Argentina “no es una disputa sobre tecnicismos administrativos”, sino una denuncia por el desmantelamiento de un modelo democrático de gobernanza del trabajo construido durante décadas. También afirmó que el Gobierno parte de una premisa “inaceptable” porque considera que la protección del trabajador es un obstáculo para la economía.
La CGT también cuestionó la reducción de la planta de empleados del Estado central en un 29 por ciento desde que asumió Su Excelencia, la Ley Bases y la llamada Ley de Modernización Laboral. Sola condenó el perjuicio contra la negociación tripartita.
Derechos laborales y conflicto social
La intervención ante la OIT incluyó la criminalización de los conflictos laborales. Sola denunció multas contra sindicatos, cuestionó medidas aplicadas a organizaciones como La Fraternidad y la UTA, y rechazó la intervención de la UOM. En su formulación más dura, sostuvo que el Gobierno “ha priorizado el uso de balas de goma” por encima de la mediación institucional.
El planteo sindical busca mostrar una continuidad entre el ajuste, la reforma de derechos y la respuesta represiva ante el conflicto. La CGT sostiene que no se trata de hechos separados, sino de una política orientada a modificar de raíz las relaciones laborales.
En esa lectura, la campaña por la industria nacional no queda aislada. Si la producción cae, si se abren más importaciones, si se debilitan los organismos de control y si se flexibilizan las condiciones de contratación, el resultado no sería una modernización productiva sino una transferencia de poder desde el trabajo hacia las empresas con mayor capacidad de presión.
Los datos de la caída industrial
Los últimos números oficiales muestran que la recuperación industrial es frágil. El INDEC informó que en abril de 2026 el Índice de Producción Industrial manufacturero cayó 2,8 por ciento frente al mismo mes de 2025. En el acumulado de enero a abril, la baja fue de 2,4 por ciento. Además, la serie desestacionalizada retrocedió 2,1 por ciento respecto de marzo.
El deterioro no fue generalizado en todos los rubros, pero sí mayoritario. Doce de las dieciséis divisiones industriales tuvieron caídas interanuales. Entre las bajas más fuertes aparecen maquinaria y equipo, con una contracción de 20,2 por ciento. Productos textiles, un 22,2 por ciento abajo. Vestimenta, cuero y calzado, caída de 15,9 por ciento. Industrias metálicas básicas, por ciento para abajo. Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes, con 10,7 menos.
La utilización de la capacidad instalada industrial tuvo en abril un promedio general de 59,9 por ciento. O sea que en promedio cuatro de cada diez máquinas están cubiertas por lonas, y los operarios o fueron despedidos o están con suspensión de turnos.
La metalúrgica, en rojo
El último informe de ADIMRA, publicado aquí mismo, profundiza la señal de alarma. En mayo, la actividad metalúrgica cayó 5,1 por ciento interanual y 1,4 por ciento respecto de abril. En los primeros cinco meses de 2026, el sector acumula una baja cercana al 6 por ciento.
La utilización de la capacidad instalada metalúrgica perforó el 40 por ciento y cayó hasta 39,8 por ciento, el nivel más bajo desde mayo de 2020, en plena pandemia. Traducido a una imagen sencilla: seis de cada diez máquinas del sector están paradas. El dato es especialmente relevante porque la metalúrgica no es un rubro marginal. Abastece a la construcción, la energía, el transporte, la maquinaria agrícola, la industria automotriz, la minería y el equipamiento productivo.
El presidente de ADIMRA, Elio Del Re, advirtió que la demanda continúa débil en distintos segmentos y que eso genera dificultades crecientes para las empresas. El problema, entonces, no es solo de costos. Es de mercado interno, inversión, financiamiento, importaciones y expectativas.
América latina asediada
La iniciativa de la CGT y las distintas movidas del peronismo, que no se rompe pero todavía no coordina, se produce en medio de una crisis dentro del propio Gobierno, donde la voracidad de Manuel Adorni exhibe cómo los nuevos ricos encabezados por Su Excelencia desarman las funciones sociales del Estado en beneficio de los ricos viejos, de aquí y del exterior, mientras inventan herramientas que son propicias para el lavado de activos, el carry trade o la evasión.
La derecha y la ultraderecha ya dirimen fuerzas con vistas a 2027, como es evidente en la movediza Patricia Bullrich. El mensaje de ella y del PRO de Mauricio Macri a los viejos ricos internos y externos es que no se preocupen por Su Excelencia porque hay recambio.
Una incógnita es qué efecto tendrá sobre América latina la tregua entre Irán y los Estados Unidos, si es que el memorándum de entendimiento se traduce en un acuerdo duradero.
Un Trump recuperado de su desgaste en las encuestas con miras a las elecciones medio término (serán en noviembre) puede ser otra vez un diligente jefe de campaña de Su Excelencia como en 2025, cuando dijo a los votantes argentinos que votasen por Milei si no querían morir. Salvo, claro, que Washington y Nueva York le bajen el pulgar a Milei y apuesten por otra figura.
Pero la incógnita es más profunda. Si efectivamente la tregua se convierte en paz, ¿qué sucederá con la política estadounidense hacia la región, que el Departamento de Estado llama “Hemisferio occidental”?
Los Estados Unidos ya participaron de las elecciones en la Argentina, en Honduras, en Chile, en Colombia, en El Salvador y ahora lo están haciendo en Brasil mediante el apoyo a Flavio “Tariflavio” Bolsonaro contra Lula.
Hay un antecedente inquietante. El 27 de enero los Estados Unidos firmaron la paz con los vietnamitas. La izquierda latinoamericana y los nacionalismos populares interpretaron que, luego de la derrota en Vietnam, vendría una ola de victorias contra los Estados Unidos en el continente. Sucedió lo contrario: en ese mismo año, el 11 de septiembre, la Casa Blanca consiguió coronar las operaciones encubiertas en Chile y derrocar al gobierno constitucional de Salvador Allende para entronizar a Augusto Pinochet. En el mismo año fue el golpe en Uruguay y tres años después vendría el turno de la Argentina.
Por eso las elecciones de octubre en Brasil tienen una importancia estratégica. No necesariamente donde vaya Brasil va el resto, como imaginaba Henry Kissinger cuando alentaba a la dictadura brasileña, pero si otro Bolsonaro es electo Sudamérica parecerá una enorme mancha negra ultraliberal y antilaboral.
Novedades cubanas
CSIS, la sigla en inglés del Centro de Estudios Estratégico e Internacionales de los Estados Unidos, publicó el 3 de junio un análisis sobre Cuba que no hablaba sólo de economía, sino de diplomacia, poder y futuro. El texto, firmado por Christopher Hernandez-Roy, Mark F. Cancian y Henry Ziemer, describía una política estadounidense que usa restricciones al petróleo como una presión para inducir cambios drásticos en La Habana. El informe ubicaba a Cuba bajo una campaña de presión que combinaba bloqueo energético de hecho, negociación intermitente y amenaza militar, con el objetivo declarado o implícito de forzar cambios de fondo. Pocos días después, entre el 17 y el 18 de junio, el gobierno cubano presentó y aprobó su mayor paquete de reformas económicas en décadas.
En mayo visitó La Habana nada menos que el jefe de la CIA, John Ratcliffe. La agencia Axios informó que Ratcliffe se reunió con funcionarios de inteligencia y con Raúl Guillermo “Raulito” Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Axios atribuyó a un funcionario de la CIA que el viaje buscó transmitir el mensaje de Trump. Los Estados Unidos estaban dispuestos a comprometerse seriamente en asuntos económicos y de seguridad, pero solo si Cuba hacía “cambios fundamentales”. La misma fuente agregó que en la reunión se discutieroncooperación de inteligencia, estabilidad económica y temas de seguridad.
El presidente Miguel Díaz-Canel presentó el paquetón en medio del peor bloqueo de la historia y tras el viaje de Ratcliffe. Como además lo hizo a poco más de cinco meses del secuestro del presidente venezolano en ejercicio Nicolás Maduro, las preguntas caen de ídem. ¿Las reformas son una decisión interna para corregir un modelo agotado, una respuesta a la crisis económica o una concesión bajo presión de Washington? La respuesta más precisa combina los tres elementos. La Asamblea Nacional aprobó por unanimidad más de 176 medidas respaldadas por el Partido Comunista y por Raúl Castro. Según Reuters muchas de esas medidas circulaban desde hacía años, pero la presión extrema de Estados Unidos volvió a ponerlas en primer plano. Díaz-Canel, en cambio, dijo que la apertura “no está relacionada con negociaciones” con Washington y sostuvo ante los diputados: “No estamos renunciando al socialismo”.
El paquete fue presentado como “hacer lo necesario para conservar lo esencial”. Es decir, aceptar mecanismos de mercado, capital privado y nuevas formas de propiedad sin declarar el abandono del socialismo. Manuel Marrero, primer ministro, afirmó que el mercado será “un instrumento de asignación eficiente de recursos”, una frase infrecuente en el lenguaje del comunismo cubano.
El paquetón
Los cambios propuestos se pueden agrupar así:
*La primera reforma es empresarial. Las empresas estatales podrán transformarse en sociedades comerciales por acciones o participaciones. El Estado dice que mantendrá mayoría en sectores estratégicos. También se introducen mecanismos de quiebra, reestructuración y liquidación para empresas con pérdidas persistentes. “Las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas”, dijo Marrero.
*La segunda reforma es financiera. El plan autoriza la participación de capital privado, cooperativo y extranjero en instituciones financieras bajo supervisión del Banco Central de Cuba. Se abre la posibilidad de bancos privados o entidades financieras no bancarias para microcréditos y servicios al sector productivo. Reuters lo presentó como la entrada de bancos privados.
*La tercera reforma es cambiaria. El gobierno propone un mercado digital de divisas en tiempo real, con subastas y agentes autorizados. El objetivo oficial es recuperar convertibilidad del peso cubano, reducir la informalidad y avanzar hacia convergencia cambiaria. Ya desde fines de 2025 el Banco Central venía preparando normas para un mercado cambiario oficial y transparente; el paquete de junio acelera esa dirección en medio de una devaluación progresiva del peso cubano, el CUP.
*La cuarta reforma tiene que ver con las propiedades. Las medidas habilitan la venta de inmuebles estatales a personas jurídicas y naturales, nacionales y extranjeras, incluidos cubanos residentes en el exterior.
*El quinto grupo de reformas cambia el sector privado. Las pymes y otros jugadores no estatales podrán ampliar su escala, contratar más de 100 trabajadores y desarrollar más de una empresa o participación accionaria. También se reduce la lista de actividades prohibidas. En marzo, el diario Granma ya había informado que los cubanos residentes en el exterior podrían invertir en empresas privadas cubanas y asociarse con actores privados bajo la Ley de Inversión Extranjera.
*Sexta: posibilidad de asociación entre empresas estatales y actores no estatales.
*La séptima reforma abarca subsidios, precios y protección social. El gobierno cierra la etapa del subsidio universal como regla y pasa a un esquema focalizado. Combustible, electricidad, transporte, agua y otros servicios tenderán a reflejar costos reales. Habrá un programa social para personas vulnerables.
*En lo laboral, el paquete permite negociar remuneraciones según capacidad financiera de cada entidad, flexibiliza el pluriempleo de profesionales de salud, educación e investigación, y habilita despidos por razones económicas o estructurales con indemnización de tres a seis meses de salario básico.
*Noveno campo de reformas: agricultura y alimentos. El gobierno autoriza usufructo por tiempo indeterminado de tierra para productores privados, abre más espacio a empresas particulares en el sector agropecuario y busca atraer inversión y comercio exterior hacia cooperativas y actores no estatales.
*La décima reforma es territorial y administrativa. Más autonomía municipal y más agilidad del Estado central.
La historia de los cambios
El gobierno cubano presenta el paquete como continuidad del ciclo iniciado por Raúl Castro. La historia arranca en Camagüey, el 26 de julio de 2007, cuando Raúl, todavía presidente interino, dijo que para “tener más” había que “producir más” y que haría falta introducir “cambios estructurales y de conceptos”. El discurso estaba centrado en alimentos, tierra, pagos a campesinos, ahorro de combustible y reducción de importaciones. No era todavía un programa acabado, pero sí el punto de partida de la palabra reforma dentro del socialismo cubano.
En 2008, ya como presidente, Raúl empezó a flexibilizar la vida cotidiana. El Estado autorizó a los cubanos a contratar teléfonos celulares, por ejemplo. A la vez, los agricultores fueron autorizados a ejercer el usufructo de tierras estatales ociosas.
Cuba siempre pone nombres especiales. Aquel proceso se llamó “actualización del modelo económico y social”, y lo aprobó un congreso del Partido Comunista en 2011. Así arrancó la chance de trabajo por cuenta propia, cooperativas no agropecuarias, compraventa de viviendas y autos, mayor autonomía empresarial, inversión extranjera y reordenamiento de subsidios. Sin embargo en 2016, cinco años después, el balance oficial recogido por EFE señalaba que sólo el 21 por ciento de las 313 medidas había sido implementado, mientras el 77 por ciento seguía “en proceso”.
Raúl aceptaba mercado, pero con enorme regulación. Y lo mismo con la inversión extranjera.
En 2020 llegó el Ordenamiento, que buscó unificar la moneda y el tipo de cambio. Pero justo apareció la pandemia y cayeron el turismo y el ingreso de divisas.
Las reformas de 2026 pueden leerse como la última etapa de ese ciclo. A diferencia de 2008 y 2011, ya no se trata sólo de autorizar cuentapropismo o corregir rigideces. Ahora se discuten acciones que modifican propiedad, finanzas, subsidios, mercado cambiario, empleo, deuda y gestión de activos estatales.
La diferencia, claro, está en el contexto externo, muy adverso, en el bloque agudizado, en la falta de combustible y la vida sin electricidad y en la desesperación de la gente de a pie.
Por eso la novedad no reside en que se hable de reformas sino en la escala y la naturaleza del paquete.
Y la duda es si Díaz-Canel y Marrero están a tiempo de conducir a ese largo lagarto verde, como llamaba el poeta Nicolás Guillén a Cuba, sin que la isla implosione después del mayor cambio propuesto, o impuesto, desde el comienzo de la Revolución Cubana el 1° de enero de 1959, hace 66 años.