El Súper RIGI, la adjudicación de la hidrovía, las explotaciones mineras, los ecosistemas naturales o la adquisición de tierras en nuestro país por otros estados nacionales, fueron algunos de los temas que acaban de surgir en un debate abierto sobre el futuro de la soberanía antártica organizado por el Grupo Juncal y la revista Y ahora qué?
La Antártida fue un disparador para muchos interrogantes y reflexiones.
Y ahora qué? presenta una síntesis de las exposiciones de algunos de los participantes que sirven de pistas para seguir pensando el futuro del país y algunos probables caminos que debería tomar una dirigencia política comprometida con el futuro y el desarrollo argentino.
Rafael Prieto explicó que estas mesas de debate impulsan “la necesidad de discutir problemas que hacen a las cuestiones de fondo de la Argentina. A diario estamos concentrados en discusiones superfluas mientras se toman decisiones que definen el presente y el futuro del país, como fue la aprobación en el Congreso de la media sanción del Súper RIGI, o la reciente adjudicación de la hidrovía”.
En este caso el eje de la convocatoria fue sobre la problemática de soberanía, central en la discusión de la Argentina actual y del futuro. Y dentro de la problemática de la soberanía, la cuestión de la Antártida.
El debate lo abrieron dos especialistas en la materia: Héctor Fernández Finos, médico cirujano, ex combatiente de Malvinas y autor del libro “La cuestión Malvinas: pasado, presente y futuro”. Y Mariano Memolli, también médico de profesión, pero dedicado a la cuestión antártica. Preside la Fundación PRO Antártida y es ex director de la Dirección Nacional del Antártico, cargo que ocupó entre los años 2003 y 2016. Además, Fernández Finos y Memolli son coautores del libro “Soberanía. De La Quiaca a la Antártida. Deuda histórica”.
Héctor Fernández Finos: “la soberanía que se pierde es muy difícil recuperarla”
Hay un tema que me preocupa, y me ocupo, que es la balcanización de nuestro país, un tema muy pero muy viejo que tiene ciclos. Es una característica del imperio inglés y norteamericano: dividirnos para poder manipularnos. Y la soberanía que se pierde es muy difícil recuperarla, sobre todo en el contexto actual de las relaciones internacionales basadas en el realismo, que hoy está a pleno. Es un tema que lo estamos viendo, lo estamos sufriendo y del que debemos ocuparnos.
Para balcanizar la Argentina hay una manipulación -sin dudas- desde el norte. En principio Inglaterra y ahora Estados Unidos. Y ese es un problema central de nuestro país: dividirnos en muchos sectores. Divide y reinarás, una estrategia antigua pero en plena vigencia.
Fíjense, por ejemplo, lo que ocurre en el paralelo 42.
El paralelo 42 divide Río Negro de Chubut, pero tiene cierta impronta que no es una cuestión menor y no es casual porque ahí está Joseph ‘Joe’ Lewis. Pero no está solamente Lewis, al oeste, en la Cordillera, sino también está el este. ¿Y qué hay en el este?: una pista de aterrizaje cuyo control es dudoso. No vamos a decir que no hay control, pero es dudoso. Y no es casual, está a dos o tres horas de las islas Malvinas. Este es un problema irresuelto, pasaron muchas gestiones que no han podido manejarlo.
Otro tema fundamental son las vías navegables y la necesidad del control de las mismas.
Fíjense cómo tiene que ver, también, con la balcanización: las vías navegables, mal llamadas hidrovía, tienen un problema fundamental, y para explicarlo no puedo escaparme de mi profesión de médico porque el río Paraná es como la arteria aorta por donde circula toda la sangre: por ese río circula el 80% del comercio de nuestro país. ¿Y qué le pasó? Tiene una obstrucción. Ya pasaron varias gestiones. Y es aquí donde tenemos un gran problema porque la solución no pasa por los estudios que se han hecho, pasa por la decisión política. La pregunta es ¿por qué no tomamos una decisión cuando fuimos gobierno? Con Macri nos olvidamos, lo mismo que ahora. Algo pasó en el medio que no sabemos. No es una crítica, pero sí una advertencia de algo que estamos viendo y que tenemos que resolver porque ya pasaron varias gestiones. Entonces, acá ya tenemos una desintegración con el sur.
Estamos partidos. En un punto, la hidrovía. En otro, la balcanización a través del paralelo 42 como parte de las bases del imperio de ultramar británico, hoy de la OTAN. Si las vemos en una imagen, esas bases pueden configurarse como un gran collar de perlas que llega hasta la Antártida.
¿Y por qué hasta la Antártida? Porque la Antártida tiene bases que hoy funcionan dentro de las normas del Tratado Antártico, y de Inglaterra se puede esperar cualquier cosa.
¿Por qué el paralelo 42? Porque les permite acceder, en caso hipotético de un conflicto, aterrizar cualquier tipo de avión militar, porque la pista está preparada.
Tampoco es casual lo que ocurre en Malvinas porque desde allí pueden hacer lo que no puede hacer ni Chile, ni Argentina, ni Uruguay, ni Brasil al monitorear una gran parte de América Latina. Con ocho aviones Eurofihter Typhoon (N. de la R.: el avión eurocaza tifón) monitorean toda la región. Cada avión es capaz de controlar 32 blancos a la vez. Por eso digo que tiene importancia, y no es casual, que Lewis esté donde está plantado. No es una casualidad, es un plan.
La gente común es la que tiene que empezar a entender estos problemas, con ellos es con quienes tenemos que empezar a trabajar y transmitir estos conceptos porque estamos ante un verdadero problema.
Si vemos las bases militares de la OTAN y nos preguntamos cómo quedamos: estamos aislados. Y, en cierta manera, también estamos aislados -hay que decirlo- porque hay una sociedad entre Chile y el Reino Unido. Siempre la hubo. Hay que hacer buenas migas, pero también hay que empezar a entender y pensar si realmente son nuestros aliados. O, por lo menos, si son aliados para algunas cosas, o aliados incondicionales, porque lo que necesitamos son aliados genuinos, verdaderos porque necesitamos construir, y la construcción pasa por la integración de la parte grande.
Si a nuestro país, balcanizado por los motivos que expliqué, le sumamos lo que ocurrió con la Constitución 94, cuando nos fragmentaron en 24 jurisdicciones, estamos al horno. Y por eso debemos encontrar los mecanismos para que la gente empiece a entender dónde estamos parados como Nación, como patria, como Estado.
Por suerte hay un interés marcado en la juventud sobre el tema soberanía. Lo vemos cada vez que vamos a dar una charla. Los chicos están ávidos de saber qué pasa. Hay un deseo, hay futuro, y no es una cuestión menor porque la soberanía es prácticamente similar a la independencia.
Mariano Memolli: “tenemos que preguntarnos qué ciencia queremos para la Antártida”
Voy a focalizar en lo que está pasando hoy en la Antártida y lo que pasó en la reunión de Hiroshima, en la reunión del Tratado Antártico.
El Tratado Antártico es la experiencia más sólida del smart power, del poder inteligente, en donde las decisiones que se van a tomar están basadas en el consenso científico y no en el consenso militar.
Lógicamente que dicen que tienen el consenso científico, pero atrás tienen los chicos con las armas. Entonces, de todo, hay una lógica.
Argentina estaba muy bien posicionada antes de la firma del Tratado Antártico, incluso con la fundación de un pueblo que se iba a hacer en la Base Esperanza, cuyo intendente iba a ser el teniente coronel Mottet, en 1956, pero viene la revolución, cambian las cosas, Pujato vuelve semi arrestado a Buenos Aires y se pasa a una administración internacional de un continente basado en la lógica científica, lo cual cambia el paradigma de las cosas. Entonces se habla del Tratado Antártico.
En esta ocasión me interesa hablar de lo que es la paz antártica por la ciencia.
¿Cómo se logra gerenciar esto que si realmente existe esta paz hoy en la Antártida?
Esta definición me gustó: la paz no es la ausencia de conflictos, sino que es un mecanismo más robusto, activo, donde el objetivo común es la ciencia y la cooperación internacional, que es lo que marca el Tratado Antártico.
Ahora, esto va a dar a varios disparadores porque, si bien es una definición, no es inmune a la naturaleza humana en donde hubo una carrera por la presencia, hay una política científica, no existe una ciencia inocua, sino que existe una ciencia con un propósito. Y esto lo podemos ver en las reuniones del Scientific Committee on Antarctic Research (SCAR), donde se debate la cuestión que van a asesorar al foro diplomático, que es la reunión consultiva del Tratado Antártico, de donde se nutre para tomar decisiones supranacionales que llevarán a una serie de prospecciones estratégicas.
Klaus Schwab es uno de los ideólogos de la política británica moderna para la Antártida, con una marcada intención nos dedicó un esquema de buena ciencia y mala ciencia cuando lanzamos el proyecto Pampa Azul. A partir de ahí, Argentina hacía mala ciencia porque tenía una impronta nacional.
Esto es también el doble uso científico, y en 1975 se debatió la prospección petrolera entre Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, se invita a Brasil que ingresa justamente por la capacidad de prospección petrolera que en ese momento tenía Petrobras.
Después, Francia y Australia frenan o bloquean esta posibilidad de la prospección petrolera, pero en el 2048 no vence el Tratado Antártico, sino que se vuelve a discutir la explotación de los minerales, inclusive las tierras raras, el litio y todas esas cosas que sabemos que hay en la Antártida.
El otro campo de batalla es el de la pesca, en donde la Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCRVMA) es en donde se discute la pesca. Allí hay actores de bloqueo, Rusia y China, que bloquean las áreas marinas protegidas.
Rusia, porque dice que son muy grandes y que es una soberanía indirecta, porque el proponente de un área marina protegida es a quien hay que decirle a qué se va, cuándo se va, cuánta gente ingresa, qué se va a buscar, y qué resultados hubo de ese ingreso a esa área marina protegida.
¿Es soberanía indirecta? Sí. Esto está basado en que todos los países que tienen pretensiones sectoriales, tienen sus áreas protegidas en tierra, áreas especialmente protegidas en el sector que proponen, que reclaman.
Argentina la tiene todo dentro del sector antártico argentino. Chile hace lo mismo, y todos los países hacen lo mismo. Son muy pocos los que proponen por fuera de su sector.
Entonces, ¿es soberanía indirecta? Sí. Hay un estatus quo que permite cierta liviandad. A nosotros nos permitió llegar, prácticamente, hasta las costas de las Islas Georgias en varias expediciones que se hicieron con el gallardete de la CCRVMA, con investigación con el INIDEP, con el Instituto Nacional de Investigaciones Pesqueras.
Hasta ahí llegamos y, obviamente, en la que a mí me tocó participar sobrevolaron aviones y hubo un buque de la Marina británica que interceptó al nuestro, está permitido que haya inspecciones.
En una logística segura, en esta última reunión consultiva y en el Consejo de Administradores del Programa Nacionales Antárticos, se toman las bases antárticas como un ejemplo de cuidado ambiental, e incluso los chinos los toman como si fuera una embajada. Para los chinos es una embajada.
Y realmente estuvo en las bases chinas y es impresionante el despliegue que tienen y lo que están avanzando respecto a la Antártida. Lo mismo que Corea del Sur, Turquía, Colombia -que está empezando a desarrollar cada vez más-, Chile, que tiene 35 programas antárticos que utilizan Punta Arenas como plataforma para acceder a la Península Antártica y a las Islas Antárticas.
Si hablamos de divulgación, el Reino Unido ha invertido más o menos 40 millones de libras esterlinas el año pasado para la divulgación en redes de la política antártica británica y el fortalecimiento de las áreas marinas protegidas. Y esto se debe a que manejan el SCAR (Comité Científico para la Investigación Antártica, un comité del Consejo Internacional para la Ciencia), que si bien es un comité internacional, es una ONG radicada en Londres.
Lo que quiero plantear es la sincronía de los tiempos entre la velocidad científica, donde a nivel científico el consenso es inmediato, porque hay evidencia científica, mientras que a nivel diplomático el consenso frena como poder de veto implícito y tiene inercia jurídica.
¿Qué significa esto?: que no existiría el consenso, y si no existiera -muchas veces- las posiciones de Argentina quedarían pedaleando en el aire porque son pocos los países que apoyan nuestra posición en el conflicto de Malvinas, Georgias y Sandwich y el sector antártico argentino.
O sea, el ecosistema antártico avanza a un ritmo exponencial y acumulativo, mientras que las decisiones a un ritmo no lineal porque los más fuertes, económicamente hablando, quieren manejar los organismos multilaterales.
¿Hay una contradicción entre la ciencia y la geopolítica? Mucha, sobre todo porque la ciencia no es inocua, no existe la ciencia apolítica.
¿Qué vamos a hacer frente a estos cambios? En lo personal, creo que hay que volver a pensar en 1938, en donde se constituyó la Comisión Nacional del Antártico, como ente estratégico, donde estaba centralizada la conducción.
Perón la retoma en 1946, la fortalece y pasa a ser un área estratégica de la Cancillería, una especie de Secretaría de Asuntos Estratégicos del Estado, en donde estaban todos adentro: diplomáticos, militares, científicos, economistas, educadores, a lo cual hoy agregaría la provincia de Tierra del Fuego que, si bien tiene sus problemas, es la provincia antártica por excelencia. Y la reconversión de qué ciencia queremos para la Antártida.
Esta pregunta, qué ciencia queremos para la Antártida, tiene que tener una respuesta política, pero la clase dirigente de los partidos no sabe muy bien qué ciencia queremos para la Antártida porque no estamos preparando científicos, los estamos desaprovechando.
En el Instituto Antártico, por ejemplo, está totalmente desaprovechada Irene Schloss, que es de las 50 mejores científicas del mundo, es argentina, está trabajando ahí y no tiene voz ni voto en la política antártica.
Tenemos que lograr definir qué áreas estratégicas queremos para reformular la política nacional del Antártico. Una que habíamos propuesto nosotros es el Proyecto Pampa Azul, que se inició en el Instituto Antártico Argentino con la necesidad de volver a tomar al mar con otros países y ejercer una ocupación científica y pacífica del Atlántico Sur.
Eso hizo que los británicos fundaran el Instituto de Investigaciones Ambientales para el Atlántico Sur, que instalaron en Malvinas.
Hoy no tenemos recursos militares, pero tenemos recursos científicos, educativos, culturales y a nivel de divulgación; y si los amalgamamos podríamos reformular la política nacional antártica porque de ser de los países con mayor presencia científica de Iberoamérica, hoy nos pasó Colombia.
Y esto no es un partido de fútbol. Colombia recién empieza a trabajar en la Antártida y tiene mayor injerencia que la que tenemos nosotros. No lo digo con un espíritu chauvinista, pero Argentina es un país grande en la Antártida y no hay una conducción, no hay coordinación, no hay una centralización de esfuerzos. Argentina es el país que más bases tiene en el mundo, pero no hay una misión para cada una de las bases.
Y que tampoco pudimos trasladar la actividad científica y política a la ciudad de Tierra del Fuego o a la ciudad de Río Grande.
Héctor Fernández Finos: “hay elites complacientes en Argentina que entregan nuestra soberanía”
Me parece que tenemos una falla crónica. Hace 200 años tenemos problemas con la soberanía. No es algo nuevo. Y tenemos dos factores, un externo y un interno. El externo es lo que desean otros países. Y el interno es la complacencia que tienen las élites de nuestro país, cíclicamente, de entregar la soberanía.
También se suma un agravante que es el político, porque sin la anuencia de las élites no ocurriría lo que está ocurriendo ahora. La política está siendo artífice de la entrega de la soberanía. Pongamos como ejemplo lo que está ocurriendo con el súper RIGI o con las vías navegables. Hay un condicionante que
tiene que ver con una definición política, no solamente por presiones, también nosotros somos responsables de lo que nos vienen haciendo hace muchos años.
Si uno revisa los ciclos políticos, desde 1800 a la fecha, tenemos distintos capítulos. Uno que defiende la soberanía, otro que entrega. Defiende, entrega. Siempre veo cipayos que la entregaron.
Cuando viene un gobierno nacional y popular -que trata de reconstruir lo anterior- nos desbarrancamos en poco tiempo porque vuelve otro con más fuerza y entrega la soberanía. El factor político es fundamental y muy responsable porque sin política interior, difícilmente tengamos coherencia en nuestra política exterior.
Walter Formento, docente de la Universidad Nacional de La Plata, y director del Centro de Investigaciones en Política y Economía (CIEPE/CLACSO): “si la atención se traslada a la zona Indo-Pacífico, Argentina tendrá una ventana de tiempo para repensar su soberanía”
Hay un tema importante a poner en común y que es que hay una transición del centro de gravedad de la política y el poder internacional de lo que fue el Atlántico Norte al Océano Índico, al Indo-Pacífico, como le llaman. Este cambio está generando una concentración de las miradas de las grandes potencias en ese problema y en resolver esa ecuación en términos de relaciones de poder internacional. Esto llevará tiempo y consumirá energía, pero -al mismo tiempo- genera un espacio de oportunidad estratégica para que Argentina pueda adoptar una política. Y me parece que esta transición podrá llevar entre 30 y 50 años para resolverse, y ese es nuestro espacio tiempo para poder disponer de una política propia. Ahí, en esa zona, el Indo-Pacífico, se va a concentrar la gran acumulación de fuerzas de un lado y del otro. Y me parece que esto va a generar una oportunidad que le da asidero al planteo por el que se ha armado esta reunión de cómo repensar nuestra soberanía.
Víctor Repetto, productor agropecuario y vicepresidente de la Confederación General de la Producción (CGP): “hay que pensar una nueva perspectiva para defender las Malvinas y la Antártida”
Debemos plantearnos la Argentina desde una nueva perspectiva. La Antártida y las islas Malvinas las vamos a defender en el marco de que hagamos un convenio con todos los países latinoamericanos y las compartamos con ellos porque como país, lamentablemente, no vamos a tener fuerza necesaria porque no nos van a dejar nada.
Alejandra Portatadino, ingeniera, directora de la Base Integrada Logística Antártica en Ushuaia y asesora de la Base Petrel: “sin ingeniería no hay desarrollo de país”
Como ingeniera estoy cansada, los ingenieros estamos cansados de charlas, de leguleyos, de administradores. Si observamos la logística antártica argentina, podemos decir que es psiquiátrica porque pasamos de no tener buques, a tener buques como los Costa Sur, Cabo de Hornos, San Blas o el Bahía Paraíso construidos en Argentina. Estamos cansados de propios y ajenos. Cuando se iba a hacer el proyecto del buque polar, con la UTN ganamos el primer premio de ingeniería naval en un concurso. ¿Qué hizo Argentina en el gobierno de Alberto Fernández? Contrataron a una empresa finlandesa, que cuando revisamos los planos tenían diez millones de errores.
Respecto a la provincia de Tierra de Fuego, el problema que tiene es la logística. No tenemos un puerto en Río Grande, un puerto excavado como se hizo en Caleta Paula. Río Grande tiene el 75% de la industria, y tener un puerto nos permitiría tener vía directa para exportar a puertos extranjeros e importar directo porque cuando viene la mercadería a Río Grande para las industrias, llega de China, pasa por Buenos Aires, la meten en un camión y se despacha a Tierra del Fuego. ¿Qué sistema logístico puede aguantar eso?
Argentina es el único país en el que ningunean a los ingenieros. Hacemos análisis de costos, construimos, y la ingeniería es completamente ignorada a pesar de haber desarrollado el misil Cóndor, el TR 1700 o el TAM. Diseñamos, además, el combustible del misil Cóndor y su sistema aeroguiado. Ese era el nivel del país cuando las universidades discutían ingeniería. Pero sin ingeniería, todo lo que podamos hablar sobre la Antártida no va a servir porque a la Antártida se llega en avión y en buque.
¿Qué vamos a patrullar si no tenemos buques? A partir de los años ochenta nos dedicamos, sistemáticamente, a destruir toda la industria naval argentina. Exportábamos buques a Alemania; tenemos la Fragata Libertad, un ícono que todavía funciona; ELMA, Río Santiago, con todo el potencial que tiene; pero mientras no nos pongamos a ordenar esto, todo lo que hablemos quedará en la nada.
Ahora está parada la Base Logística Integrada Antártica y la Base Petrel. Por eso digo que llega un momento en el que los ingenieros estamos cansados y a los pibes les decimos que no se queden, que se vayan para no sufrir. Es triste, y lo digo con mucho dolor.
Alberto Morales, artista plástico que trabaja el tema Antártida en sus obras:
La DNA y el Instituto Antártico tenían que procurar una cultura antártica, y fui invitado a ir a la Antártida para ver si el encuentro con ese continente me generaba la posibilidad de realizar alguna obra artística que contara qué es la Antártida.
Así fue que la DNA reunió a una fotógrafa, a mí y un grupo de documentalistas, nos cuentan que era una misión para cumplir con el punto del Tratado Antártico de gestionar la cultura antártica, hecho que asumí y sigo haciendo arte antártico desde el año 2005. Cuando el proyecto empezó a tener resonancia, Inglaterra dijo que ellos tenían un proyecto de geopoesía. Después de los primeros viajes organizados desde la DNA, salieron Nueva Zelanda, Inglaterra, Estados Unidos y Sudáfrica a hacer arte.
En nuestro caso, se invitaba a artistas argentinos y extranjeros con la condición que todo lo que hicieran se produjera en la Antártida Argentina, un hecho culturalmente muy poderoso.
Yo sigo meditando y trabajando arte sobre la Antártida. Doy charlas, hice un libro y sigo militando una visión poética de lo que es la Antártida desde la visión de un artista argentino con sentido de pertenencia. No hablo de política, ni de geopolítica, pero estoy perfectamente claro que lo que hago lo hago desde la cultura. Yo me enamoré de ese lugar, y la idea es que, a través de mi enamoramiento de ese territorio, la gente también pueda enamorarse.
Gustavo Reija, economista, CEO de la consultora de negocios y finanzas internacionales NETIA Group: “hay que desarrollar una política que nos permita ejercer nuestros derechos”
Quisiera tomar el concepto de frustración del que habló la ingeniera Portatadino, porque nos abarca a gran parte de nosotros. Frustración en el sentido de que vivimos en un país que reclama derechos, nuestros derechos sobre las Malvinas o sobre la Antártida, pero que -sin embargo- no logramos desarrollar una política estratégica de desarrollo que nos ubique en la posición ejercer esos derechos.
Creo que es un problema que la Argentina tiene desde muchos años. En el mundo, los derechos no son por una cuestión divina, no bajan del cielo, tienen que ver con la fuerza que la Nación tenga para imponer eso que creen que es un derecho.
La ingeniera habló de la falta de construcción de buques. ¿Cómo es posible, teniendo la costa que tiene la República Argentina, que no tengamos astilleros? Argentina tendría que ser un país exportador de buques, no lo somos.
La palabra desarrollo, que también es el motivo convocante, es central porque sin una política de desarrollo no tenemos derechos sobre las Malvinas ni la Antártida. Y no es un problema de los ingleses ni de los norteamericanos, es un problema nuestro. Si seguimos poniendo el foco en que los otros son malos, estamos en problemas. Hay que cambiar el foco, somos nosotros el problema, no son ni los ingleses ni los norteamericanos. Ellos hacen sus políticas, está perfecto y así es el mundo. Hasta que no entendamos eso, hasta que nuestra sociedad no lo asuma como propio, y hasta que no pongamos en los espacios de poder a gente que tenga esta concepción, vamos a seguir discutiendo y lamentándonos entre nosotros de que el mundo no nos comprende.
Julio Sotelo, abogado, ex parlamentario del Mercosur por la provincia del Chaco: “para hablar de soberanía tenemos que empezar por mirarnos el ombligo y hacer autocrítica”
Me gusta hablar de la integración territorial latinoamericana. Hoy pareciera de modé hablar de integración, de hermandad territorial, de hermandad americana. Desde el momento que lo tenemos a Milei de presidente, y a Trump del otro lado, parece vergonzante en términos de lo que está pasando en la Argentina hoy.
La cuestión antártica y la cuestión soberanía que se planteó van de la mano. Hoy estamos viendo que como consecuencia de haberse establecido la soberanía absoluta de los recursos naturales de las provincias y un gobierno como este, que las extrangula, nos encontramos con que cada provincia entrega sus recursos naturales por chaucha y palito, y no hay una posición univoca en la Argentina que diga, por ejemplo, que utilizamos el litio, las tierras raras, el cobre, o lo que sea, en forma univoca y directa. Cada provincia hace lo que quiere y lo que puede.
En estado de necesidad, como tienen las provincias, es muy fácil criticar diciendo que entregaron la soberanía de sus recursos naturales, cuando, en realidad, muchos de los gobernadores lo hacen convencidos que consiguen algún dinero para su pueblo de lo que los está expoliando la Nación. Entonces, esa idea de la integración latinoamericana, que es la patria grande, que todos soñamos después de la independencia española, me parece que hoy, lamentablemente, está absoluta y totalmente destrozada.
Coincido con que hay que dejar de echarle la culpa a los ingleses y a los norteamericanos, para mirarnos a nosotros mismos. Somos nosotros los responsables, porque en Argentina, así como existió San Martín, existió Rivadavia; así como existió Moreno, existió Saavedra; así como existió Perón, existió Aramburu; así como existió Evita, existió Milei. Y nosotros somos un país, y cuando digo nosotros, como si fuera un espejo de lo que sucede en el orden en América Latina, Petro perdió las elecciones en Colombia; Lula la viene peleando… y cuando nos damos cuenta, nos quedamos sin países que piensan en una patria grande.
Me parece que para hablar de la soberanía tenemos que empezar a mirarnos un poquito el ombligo, no solamente para adentro, sino para afuera. Yo fui miembro del Parlasur por dos periodos, ocho años, y era vergonzoso participar cuando no había un concepto unívoco de integración. Estamos viviendo un momento de desintegración absoluta en la que la lucha por la reivindicación de nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida se hace cada vez más difícil.
Pero no hay que bajar los brazos, yo no quiero entregarles a mis nietos una ley que ahora va a permitir que venga un Estado a comprar tierra en mi patria. ¿Qué hablamos de integración territorial si no defendemos nuestra patria?
Ya no vienen solamente los extranjeros, sino que cualquier país, puede comprar tierras. Mañana un país quiere comprar una provincia entera porque la considera estratégica, viene y la compra. Y eso no puede ser.
Entonces, cuando hablo de integración territorial latinoamericana me doy cuenta de que no hay, no tenemos. Hay que seguir ladrándole a la luna, pero por lo menos para que haya alguien que nos escuche.
Tenemos que terminar con el tema de cipayos y nacionalistas, donde los cipayos siempre ganan por paliza. Los que tenemos algunos años más tenemos que ser los faros para alumbrar esta barbaridad que está ocurriendo. Ojalá que podamos hacer algo para que, en algún momento, empiece a torcerse la cuestión, y no de forma violenta. Pero lo que hemos perdido en discutir nuestra soberanía en las Malvinas o en la Antártida, es algo que lo entregamos nosotros, nadie nos puso una pistola en el pecho. Sí, quizás en Malvinas, pero en Antártida no. Son errores nuestros.
Jorge Altamirano, integrante del Observatorio de la Soberanía Argentina Gral. Jorge Edgar Leal: “La primera soberanía es la soberanía del pueblo”
Creo que hay una ventana, pero si no tenemos definido un proyecto nacional, esa ventana otra vez va a ser desperdiciada, como desperdiciamos un montón de ventanas. Coincido con que los países que son potencia son los industriales, no los países extractivistas. China podría hacer extractivismo, pero no eligió el extractivismo. Chile, sin ser un país industrial, es un país volcado directa y decididamente al mar, sobre todo en su proyección austral. Armó astilleros y hace mantenimiento de buques en astilleros.
La primera de todas las soberanías es la soberanía popular, la soberanía del pueblo. Y Perón decía que había dos historias. La contada por los ingleses y la otra, la hispanista. El era hispanista, nosotros ni siquiera decimos que somos hispanistas. Y cuando decíamos que somos hispanistas es porque las revoluciones burguesas, francesas, son todas liberales; y la tradición hispanista es la del caudillo.
Nosotros somos un país que nos manejamos por los caudillos. Perón era un caudillo, Güemes era un caudillo, Artigas era un caudillo, San Martín -aunque no lo quieran decir- porque lo borraron políticamente, era un caudillo. Y nosotros tenemos que recuperar nuestra identidad nacional.
Lo otro, que es fundamental, es qué vamos a hacer con las Fuerzas Armadas, porque las hemos vaciado, y si no les damos un proyecto y no las conducimos, ¿quién la va a conducir?: el enemigo. Si dejamos las Fuerzas Armadas libradas las va a conducir el enemigo. En el ‘70 las conducía Perón. Siempre hubo un sector chiquito golpista, siempre existió.
¿Por qué fuimos a la guerra con el Paraguay? Porque a Inglaterra le convenía esa guerra contra el Paraguay.
¿Por qué los gobiernos golpistas son pro británicos?
¿Y la guerra de las Malvinas?, un accidente provocado. Se quedaron con todo el mar, con toda la posición antártica. Ellos saben a lo que están jugando y nunca dejaron de jugar el juego. Nosotros no sabemos a qué jugamos porque abandonamos la conducción que aún hoy está en el modelo argentino que es el de Perón.
Si vemos lo que está en el modelo argentino, es mucho de lo que tenemos que hacer. Hoy se están yendo los ingenieros y los científicos, lo mismo pasó con la última dictadura, con el menemismo, con Macri. Indudablemente hay gente de nuestro sector que deja que eso pase porque desde las responsabilidades que tienen no desempeñan ni su rol ni cumplen con sus responsabilidades.
Perón dijo que la verdadera revolución era la económica, no la política. Y esa es de la que no hablamos.
Ricardo Auer, analista de riesgo geopolítico, miembro del Grupo Juncal: “Argentina tiene geopolítica cero porque no resuelve nada”
Si uno no tiene identidad, no tiene soberanía, ese es el problema de toda la vida de la Argentina porque tenemos un carácter bifronte: algunos miramos para afuera y otros miramos para adentro. En la jerga de los geopolíticos se dice que Argentina tiene geopolítica cero porque se va compensando, se termina enredando y no resuelve nunca nada. Y, por lo tanto, no hay posibilidad de tener una política de desarrollo. Por momentos hubo gente que tenía claridad en cuanto al problema estratégico y, en general, ha sido la de origen militar como Perón o como Roca.
Entonces, bien se dijo acá, que sin fuerzas armadas no hay soberanía. Y eso, para el progresismo -debo criticarlo en ese sentido- ha sido muy crítica de los problemas que hubo durante la dictadura militar, pero los militares que siguieron después no tenían nada que ver con eso, los siguen criticando y siguen desarmando la variante militar. Yo, que he sido profesor en la Escuela de Guerra, creo que es muy importante seguir hablando de esos temas y clarificar las cosas.
José Anitua, médico traumatólogo: “sin integración latinoamericana estaremos dominados”
Recuerdo haber escuchado, cuando hacíamos política en los años 80, qué cosas nos hace más Nación.
Segunda cosa, que la he experimentado en instituciones en las que participo, juntar la gente y decir: – hagamos el proyecto 2020, en la década del 90. Y nos juntamos todos y decíamos cómo nos gustaría que fuera esa propuesta. Nos pusimos de acuerdo porque todos queríamos estar contentos, mantener la amistad, que no hubiera violencia, desarrollo cultural y económico, integrarnos. Tenemos que integrarnos y desarrollar con un puerto, los marinos dicen que los vientos siempre soplan mal cuando no sabes a qué puerto vas.
Pregunta: ¿la Argentina puede desarrollarse como Nación fuera de Sudamérica? Si no hay una integración latinoamericana, como decía Perón, vamos a estar dominados.
Tenemos mucho para desarrollar en Latinoamérica, pero primero tenemos que integrarnos hacia adentro para integrarnos con los demás. Hay que ponerse de acuerdo en un proyecto a 20, 30 años y después reconstruir pensando qué tenemos que hacer para llegar a ese proyecto. Porque el viento sigue soplando y las velas las tenemos que poner nosotros.
Rafael Prieto, codirector de Y ahora qué?: “el desafío es ayudar a construir una vida política que se vuelva a conectar con los grandes objetivos de la Argentina”
En última instancia, lo que tenemos enfrente es un gran problema político. ¿En qué sentido? En esta reunión se verifica la riqueza de conocimiento y de claridad de conceptos de lo que, por ejemplo, deberíamos plantear en términos de la soberanía argentina de la Antártida. Y son conceptos que pueden extenderse a una cantidad de problemas presentes en el país pero que no ocupan a la política ni a la dirigencia en general.
Hay en muchos actores sociales una sensación de impotencia que conduce muchas veces al escepticismo. ¿Por qué? Porque, como queda expresado en esta mesa de debate, quienes son conscientes de los problemas que enfrentamos, y pueden aportar ideas bien concretas de cómo solucionarlos, no encuentran reflejada esta preocupación en la actuación de la dirigencia. Es decir, hay un divorcio, una verdadera crisis, en la representación, que funciona cada vez más limitada a lo formal pero alejada o desconectada de la realidad que vive y experimenta la sociedad.
La preocupación de la ingeniera, y su experiencia, lo que pone de manifiesto es la ausencia del Estado, que debería ser el encargado de preocuparse por lo que a ella la moviliza. Esa disociación entre el sistema de representación y lo que pasa con distintos sectores de la ciudad, engendra un gran problema de frustración colectiva. En el ámbito de Y ahora qué? y el Grupo Juncal estamos tratando de profundizar este análisis.
El propio campo nacional y popular no está exento de esa crisis de representación. Como reflexión final, me parece que el desafío es cómo ayudamos a construir una vida política que se vuelva a conectar con los grandes objetivos de la Argentina. Porque, si no, seguiremos inmersos en un círculo vicioso mientras se profundiza el modelo neoliberal.
Para lograrlo, nos podemos inspirar en las experiencias positivas que tuvo la Argentina, porque hay distintas etapas de la historia que generan puntos de referencia interesantes para retomarlos como hilos conductores que nos lleven a pensar en un proyecto de país.