La actividad económica tuvo en abril una caída mensual del 1,5 por ciento y solamente acumula un crecimiento en el año del 2,1. Los salarios siguen por detrás de los precios. El dólar se calienta y, a pesar del superávit comercial, la acumulación de reservas parece haberse estancado. El enfriamiento ya se traduce en despidos. La industria y el comercio restan dinamismo, el mercado interno no reacciona y la política económica se queda sin margen para sostener el crecimiento que el Gobierno anuncia.
Cuando Luis Caputo afirmó en los comienzos de junio que “vamos a entrar a 2027 creciendo fuertemente y con inflación a la baja, sin ese revuelo político que tradicionalmente hay en años electorales”, el Índice de Producción Industrial (IPI) no tardó en desmentirlo. Dio una baja intermensual desestacionalizada del 2,1 por ciento en abril, y una variación contra el mismo mes de 2025 del 2,8 por ciento. La variación acumulada en el año es, hasta ahora, de 2,4 puntos menos.
El Estimador Mensual de Actividad Económica, que engloba al conjunto de la economía, porque el IPI solamente se limita a las ramas de la industria manufacturera, dio para abril una caída mensual desestacionalizada del 1,5 por ciento y una suba interanual del 1,6 por ciento.
Aunque parezca lo contrario, el segundo dato indica que la actividad sigue enfriándose. En marzo, la variación interanual fue del 6,2 por ciento, contrastando con los dos meses anteriores. Enero solamente tuvo una suba del 2 por ciento, y febrero una baja del 1,5. Para entonces, la variación acumulada de la actividad había alcanzado el 0,3 por ciento, casi nula. En marzo llegó al 2,3. Pero con el número de abril quedó en 2,1.
El mercado interno no arranca
Vale la pena remarcar que, en abril, la mayor incidencia en el crecimiento la tuvieron el agro, que aportó 1,19 puntos, y minería, con una suba de 0,63. El resto de las ramas sobrecompensaron la caída del comercio y la industria, que restaron, respectivamente, 0,38 y 0,41 puntos. Así se encuentra el mercado interno.
Nada del crecimiento fuerte previsto por Caputo. Y ya se trata del primer tercio del año. Por otro lado, los indicadores de negocios, si bien tuvieron una mejora relativa con respecto al pesimismo de los primeros dos meses del año, siguieron mostrando resultados que darían cuenta de una expectativa de reducción de la producción por parte de las empresas.
Salarios por detrás de los precios
Por si faltaran evidencias, el índice de salarios dio hasta abril un crecimiento acumulado en 2026 del 10,1 por ciento para el sector privado, y del 12,1 para el sector público. El índice de precios al consumidor había crecido 12,3 puntos. Con salarios rezagados es difícil que se produzca el repunte que anuncia Toto.
Sería necesario un fuerte estímulo a la actividad, que por ahora luce tan ajeno a las convicciones de este Gobierno como difícil de llevar adelante en las condiciones actuales. Para lograrlo, debe llevarse adelante una política activa de recomposición del mercado interno, y que se pueda sostener.
Lo primero es un producto solamente de la voluntad política. Para lo segundo, entre otras cosas, es necesario que no se produzcan tensiones con el mercado cambiario, de forma tal que un salto del dólar no entorpezca la recuperación.
El dólar vuelve a mirar de cerca
Sin embargo, al Gobierno le está costando conservar la calma cambiaria. El tipo de cambio mayorista se acercó a los 1.490 pesos por dólar esta semana, lo que motivó una intervención por parte del Banco Central en el mercado de futuros para no utilizar reservas en forma directa.
Al mismo tiempo, las reservas, si bien crecieron con respecto al inicio del año, no se incrementan en los últimos meses. Eso se explica en parte por los pagos a organismos internacionales, que impiden capitalizar el significativo superávit comercial y su reflejo en la cuenta corriente cambiaria del Banco Central. Si la economía crece, ese superávit se achica, aumentando la presión sobre un stock de reservas ya exigido.
Despidos y poco margen
Mientras tanto, siguen conociéndose noticias de despidos. Además de la expulsión de trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que podría llegar a 170, se dio a conocer que la fábrica de Unionbat, productora de baterías Willard, cesanteó a más de 100 trabajadores en su planta de Entre Ríos, como respuesta a la baja de la actividad del sector autopartista. También que Techint despedirá a 150 trabajadores de su planta en Valentín Alsina, luego de perder dos licitaciones de caños sin costura para proyectos asociados a Vaca Muerta.
La tasa de desocupación aún no acusó el golpe, pero será cuestión de tiempo para que lo haga. Mientras tanto, la política económica se queda sin margen para el crecimiento, y el dólar, que desde que comenzó el año no era un problema, puede empezar a serlo. Difícil que la tasa de crecimiento supere largamente el 2 por ciento durante 2026. Requeriría de un esfuerzo significativo, y el Gobierno se empeña en orientarse hacia la dirección contraria.