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Neiff: El problema no es El Niño o el Súper Niño, el problema es el hombre

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Algunas catástrofes podrían evitarse.

El especialista en ecología acuática Juan José Neiff, aseguró que el fenómeno de El Niño se conoce desde el año 300 a.C. aunque en 1891 se lo llamó así. Y dejó varias definiciones concretas: 1- el origen está en el Sol. 2- no es un problema para la naturaleza. 3- la responsabilidad de las catástrofes es de los gobiernos y la memoria corta de las personas.

Neiff diálogo con Y ahora qué? más allá de la coyuntura que parece agarrar desprevenidos al Gobierno nacional, a algunos provinciales (salvo excepciones), a las personas “con memoria corta o que necesitan asentarse en algún lado”, según dice, y ni hablar de los especuladores inmobiliarios.

El Súper Niño, la cara más poderosa del fenómeno de El Niño, ya provocó crecidas que aún no llegaron a sus niveles máximos históricos, pero provocó el desborde de los ríos Paraná y Uruguay y las consecuentes inundaciones o excesivas crecidas en las costas de sus ciudades ribereñas.

Para este investigador del CONICET y del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL) de la Universidad Nacional del Nordeste y especialista en ecología acuática, los caudales máximos aún no llegaron sino que sus proyecciones ubican ese pico máximo durante los próximos meses, efectos que podrían extenderse hasta el año 2027 con posibles precipitaciones y tormentas de gran intensidad.

Sea como fuere, en ciudades costeras como la entrerriana Colón, ya casi descartan la explotación de la próxima temporada turística veraniega, la igual que en varias otras localidades ante la desaparición de las playas, islas y algunos sectores de infraestructura costera.

Naiff atendió a Y ahora qué? desde su casa en Paso de la Patria (Corrientes). “Vivo en una zona alta de la ciudad, pero ya me pertreché de todo lo necesario esperando que sigan subiendo las aguas porque estamos a un metro y medio para que comiencen las primeras relocalizaciones provocadas por las inundaciones”, dijo antes de explicar en qué consiste este fenómeno de El Niño, ahora convertido en Súper Niño por su magnitud.

–Neiff: Los fenómenos climáticos están desde siempre. El gran culpable de esto es el Sol. Porque es el Sol el que entrega energía en forma diferente a lo largo del tiempo.

–¿Desde cuándo se conoce al fenómeno de El Niño?

–Neiff: Se sabe de él desde el año 300 a.C. gracias a un chino, Te Kan, y cuando el griego Teofrasto descubrió las manchas solares. En el año 1621, Galileo, con un telescopio, caracterizó las manchas solares y señaló las diferencias de energía que entrega el Sol según la posición de esas manchas solares. Ahora se sabe que hay mínimos solares y máximos solares. En función de los mínimos solares y los máximos solares, está lo que hoy se conoce como El Niño y La Niña. Así que no es algo de ayer ni tienen que ver con las emisiones de gases de efecto invernadero, o los aerosoles. A El Niño le puso ese nombre el médico peruano Luis Carranza Ayarzza que estudió el tema de la creciente en 1891. Y en 1920, Gilbert Walker empezó a estudiar el fenómeno de El Niño en forma sistemática. Desde 1991 hay colocados sensores en el Pacífico Ecuatorial para medir la temperatura del mar. Por eso digo que hay gente que se ocupó de esto hace mucho tiempo. Pero regionalmente nunca se le dio bola.

–¿Serviría empezar a retomar toda esa información para ver cómo repensar el tema y actuar de forma preventiva a futuro?

–Neiff: El problema es que la frecuencia en la naturaleza no es tan cronométrica como uno quisiera. La última Niña que tuvimos abarcó desde mediados de 2019 hasta marzo del 2023. Fue una seca extraordinaria que no ocurrió en 150 años. Hacia atrás hay que ir a lo que se llamó Pequeña Edad del Hielo, que fue una seca súper extraordinaria ocurrida por el año 1650 a 1700, cuando se secó la laguna de Mar Chiquita.

–¿Por qué la llamaron Pequeña Edad del Hielo?

–Neiff: Porque había menos temperatura, el Sol entregaba menos radiación y eso provocó menos evaporación en el mar y, a su vez, produjo menos lluvias en la Cuenca del Plata.

–¿Y como se sabe que en esa época se secó la laguna de Mar Chiquita?

–Neiff:  Porque en la bitácora de los curas en Córdoba dice que ellos pasaban de Córdoba a Santiago del Estero en carretas, que era la única forma de llegar de un lado a otro. Hoy tiene seis mil kilómetros cuadrados de agua esa laguna.

–Volvamos al tema de la prevención hacia el futuro.

–Neiff: El tema corresponderá a cada provincia porque la Nación no ha invertido en cosas mínimas e indispensables como, por ejemplo, el mantenimiento de las rutas nacionales, que es uno de los temas que más sufren con el fenómeno de El Niño. Las provincias trabajan, por ejemplo, en el mantenimiento de la canalización y limpieza de los arroyos. En Corrientes, por ejemplo, han implementado el plan hídrico con el que tratan de dar mayor circulación a las aguas de lluvia y cloacales.

–¿Dónde desembocan esas aguas?

–Neiff: En el río Paraná o el Uruguay. La mayor parte de la Cuenca del Plata, excepto Misiones, son paisajes de llanura, y por eso el escurrimiento es muy lento. Además, cuando se producen grandes lluvias en provincias como Formosa, Chaco, Corrientes o Buenos Aires, los ríos colectores como el Paraná o el Uruguay, están crecidos y taponan la salida de los arroyos, así que cualquier obra hídrica tiene un efecto muy relativo.

–¿Eso significa que las inundaciones serían inevitables de todos modos?

–Neiff: Siempre dependerá del nivel que alcance El Niño. Cuando es muy fuerte, como el que ya estamos viviendo, las obras van a colapsar. Localidades como Paso de los Libres, La Cruz o Yapeyú (en Corrientes) ya están en niveles de emergencia.

–Más allá de las obras, ¿está faltando previsión del Gobierno nacional?

–Neiff: Previsión e inversión. El caso de los sistemas de escurrimiento es una previsión de las provincias que tienen que realizar, pero las rutas, por ejemplo, empiezan a colapsar cuando El Niño es demasiado largo. En el de 1982-83, el más terrible que tuvimos hasta hoy, el tiempo en el que el agua estuvo por encima del nivel de evacuación, 7 metros, fue de ocho meses contínuos. Eso significa que en el Paraná no drenaban los arroyos porque el nivel del río era muy alto, y los arroyos hicieron fuerza sobre las rutas que los cruzan. Así fue que se cayeron varios puentes y hasta quedó bajo el agua el acceso del puente Zárate-Brazo Largo, un problema de planificación que después corrigieron. No es fácil la prevención de estos fenómenos porque son de muy baja frecuencia, y como suceden muy de vez en cuando, la gente no está preparada. La memoria de la gente es muy corta y así es como vuelven las catástrofes. Hay una sociedad que funciona mal porque el que tiene que prohibir las construcciones en sitios inundables, no lo hace. Y no lo hace porque puede costarle el puesto al intendente, gobernador o funcionarios. Y, por otro lado, están los bandidos de las inmobiliarias, que han vendido tierras en lugares inundables. Hoy hay barrios enteros construidos en zonas inundables.

–¿Cómo por ejemplo dónde?

–Neiff: En San Luis del Palmar, en Corrientes, o en Santa Ana, donde los niños bien de la sociedad compraron tierras para hacer countries, pero no se dieron cuenta de que estaban comprando tierras en lugares inundables. Ahora están peleando para hacer canalizaciones, pero en realidad trasladarán el problema hacia otras partes de la geografía.

–Porque llevarán el agua a otro lado.

–Neiff: Claro. En una sociedad del sálvese quien pueda no hay programas a largo plazo para gestionar este tipo de situaciones críticas. Fíjate lo que ocurrió en Bahía Blanca, donde hay un arroyo entubado que atraviesa la ciudad con caños de mucho menor diámetro que el cauce original que provoca cuando hay grandes lluvias, que la obra desborde y vuelva a inundarse la ciudad.

–¿De cuándo vienen estos problemas?

–Neiff: De muy lejos. Muchas rutas fueron construidas sin pensar en el nivel máximo de agua que tienen que soportar. Hay barrios construidos en zonas anegables o inundables. Inmobiliarias, que hacen lo que se les da la gana y funcionarios que miran para otro lado… es un sistema perverso que termina pagando la gilada, es decir nosotros, que pagamos impuestos para después prestar asistencia a la gente que está mal asentada. Y todo eso tiene que ver con una sociedad que funciona mal.

–Independientemente de los fenómenos climáticos, hay dos problemas previos al fenómeno climático. Uno es la imprevisión del fenómeno climático y otro es el asentamiento en zonas que podían preverse como inundables. ¿Es correcto?

–Neiff: Sí, y a ninguna nadie le dio bola. Te cuento una anécdota. Para El Niño de 1982-83 en Barranqueras, Chaco, se hicieron defensas, pero para la inundación de 1997-98 ya se habían robado parte de la tierra de las defensas construídas. La gente la había sacado para rellenar las zonas anegables próximas a sus viviendas. ¿Y los funcionarios dónde estaban? Por eso digo que hay que mirar a la sociedad en su conjunto.

–¿Qué consecuencia global cree que va a tener en Argentina este Super Niño?

–Neiff: Va a traer dos tipos de situaciones. Primero, a la naturaleza le viene excepcionalmente bien porque los árboles, los animales y las plantas se han desarrollado a lo largo de millones de años y están adaptados a eso. Hoy, con una inundación como la de 1997/1998, la superficie ocupada por el agua es once veces más que la que tuvo durante La Niña del 2019/2020. Esto también significa que el hábitat para los peces es mucho más grande. La naturaleza está adaptada a estos cambios de crecientes y de sequías. Los seres humanos somos los que fallamos en eso, y la consecuencias (la segunda) será que el grueso de la sociedad tendrá que subsidiar a las personas que viven en condiciones infrahumanas porque no tienen vivienda o se han tenido que reasentar en otros barrios. A esa gente hay que atenderla y subsidiarla.

–El grado de las consecuencias imagino que también depende de la duración del fenómeno climático.

–Neiff: Sí. Una cosa es que El Niño dure dos meses y otra dos años, como fueron los Niños extraordinarios que ya hemos tenido y hay que mantener (durante ese tiempo) los centros de evacuación, darle de comer a la gente y otorgarle condiciones dignas de vida. En Brasil, por ejemplo, ahora ya hay colegios en Río Grande do Sul que no están dando clase porque buena parte de la gente está anegada. Hay un reordenamiento de la sociedad, pero un reordenamiento hacia abajo. Se arma un sistema tensionado.

–Ahora, también la economía va a sufrir, esa sería una tercera consecuencia.

–Neiff: Totalmente. Calculá, por ejemplo, en Corrientes, que es una provincia ganadera, habrá que vender la hacienda a mucho menor precio porque no tiene pastaje. Las pasturas pueden aguantar inundadas algunos meses, pero no soportan dos años. Así que, las consecuencias son imprevisibles.

–¿Por qué el tema de El Niño se detectó en el Pacífico Ecuatorial?

–Neiff: Porque es la masa de agua más grande del planeta. Tiene más superficie que todos los continentes juntos, de este a oeste tiene 19.000 kilómetros y el sol calienta más donde hay agua.

–¿Y cómo afecta del lado del Atlántico?

–Neiff: Para que lleguen los efectos del calentamiento del mar, tiene que haber evaporación, y los vientos llevan el vapor hacia el continente. Eso es lo que hacen los vientos Alicios en la zona norte de Sudamérica, en Perú y Ecuador, donde la cordillera es muy baja y permite el pasaje de esos vientos a las zonas próximas al Amazonas, donde nace el río Paraná. En esa zona, la mayor parte de las lluvias se producen por choque entre frentes cálidos y frentes fríos. Además, hay un área ciclónica en el Atlántico que entra por el norte de Sudamérica que choca con los vientos frescos del anticiclón del Atlántico, que ingresa por la zona de Buenos Aires, desde el área subtropical a la altura del Delta. Ahí chocan con una masa cálida y es donde se producen las lluvias. También hay otros fenómenos climáticos como el de Porto Alegre, que son ciclones que se originan en el Atlántico, en la zona ecuatorial y descienden por la costa de Sudamérica. Hay fenómenos de escala continental muy difíciles de prever cuando los querés llevar a escala de país, región o ciudades porque dependen de la circulación de los vientos, de la presión atmosférica y de muchas otras cosas.

–Tener esa información en tiempo y forma puede dar algo de tiempo para ultimar cierta preparación.

–Neiff: El clima es un vector formado por distintas variables, y eso es lo que hace que sea difícil determinar las famosas alertas que da el Servicio Meteorológico Nacional o la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, que los dan con un margen de probabilidad que va entre el 50% y el 90%. Los efectos de El Niño ocurren siempre bastante después del origen del problema, que es el calentamiento del mar. Nosotros lo estamos teniendo ahora, hace por lo menos tres meses que tenemos días nublados. Y eso es El Niño, empieza así, después sigue con lluvias, después empieza a generalizar lluvias de gran torrencialidad en una zona mucho mayor, y ahí se pudre todo porque estamos en el cogote del embudo de la cuenca del Plata.

–De nuevo, ¿esto era imprevisible para cualquier gobierno o podrían haberse tomado algunas medidas?

–Neiff: Es previsible, nosotros recibimos los boletines de la Universidad de Columbia todas las semanas, pero el problema es que no se van a resolver problemas de la noche a la mañana porque son estructurales, de infraestructura, y del comportamiento de los humanos en la Tierra.

–El fenómeno de El Niño es imprevisible, es lo que la naturaleza genera, pero sus efectos sobre las condiciones en las que el hombre actúa y planifica sí son previsibles. ¿Hay alguien que esté pensando en esto?

–Neiff: No, se piensa sobre la hora. Corrientes desarrolló el proyecto hídrico hace pocos meses. Bahía Blanca hizo un remiendo que no funciona y que cuando haya mayor cantidad de agua van a tener el mismo problema de siempre. Los funcionarios o los gobiernos son los que tienen que pensar antes que nadie, pero no piensan porque el que sube al gobierno sabe que tiene cuatro años, dos para concretar su proyecto, y los otros dos para pensar que tiene que lograr la reelección. Los gobiernos no solucionan los problemas, en parte porque son crónicos, pero también por falta de visión.

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