El vicepresidente boliviano Edmand Lara comenzó a divulgar audios que comprometen a funcionarios del gobierno y revelan una relación entre el presidente Rodrigo Paz y el consultor argentino Fernando Cerimedo más estrecha de lo que se había admitido públicamente. Pero la trama tiene más protagonistas. Nadia Beller asegura haber grabado a Cerimedo para reunir pruebas de los maltratos que denuncia haber sufrido y, según el autor, el propio consultor también habría conservado conversaciones.
El vicepresidente boliviano Edmand Lara ha dado a conocer varios audios que comprometen a autoridades bolivianas e involucran incluso al presidente Rodrigo Paz y a Fernando Cerimedo. Los temas son políticos, pero también tienen que ver con la represión y con la estructuración de la “novela” destinada a venderle una versión de los hechos a la gente.
Hace 50 años, a la salida de los colegios, las vendedoras de golosinas ofrecían las muy baratas “chamuñas”, pedacitos de dulce artesanal que se cortaban con un pequeño martillo de un bloque de melaza con un saborizante muy barato.
Era la golosina de los chicos a los que las monedas no les sobraban. De ahí proviene el dicho “la venganza es chamuña: dulce y muy barata”, aunque más de una vez se pegue a los dientes.
Fernando Cerimedo tenía un ego superlativo, o quizá todavía lo tiene aunque lo que le está pasando debería llamarlo a la humildad. Siempre despreció al resto, especialmente a los más pobres, y ahora una mujer que lo acusa de haberla golpeado, humillado e intentado asesinar y un vicepresidente ninguneado están contraatacando con pruebas que involucran al poder.
La hora de las grabaciones
Nadia Beller dice que comenzó a grabar a su pareja para tener pruebas contra su abusador porque, según su denuncia, existían maltratos y golpizas y ella quiso reunir evidencia para incriminarlo.
De por medio estaba que, como buen ególatra, al consultor argentino le encantaba hacer gala de sus logros, algunos de ellos inventados, como la historia de que gracias a él se sacó a Evo Morales y al masismo del poder.
Con paciencia de hormiga, la mujer logró reunir tal evidencia que la derecha continental aún está temblando.
Porque hoy en día haber estado con Fernando Cerimedo, aunque sea en una fotografía, ya despierta señales de alarma.
Pero lo curioso es que ella grababa a quien también lo hacía, porque evidentemente Cerimedo producía copias de sus conversaciones. ¿Por qué? ¿Le servían como un seguro por si Paz y los demás no lo miraban con buenos ojos? ¿Servían las grabaciones como material para futuros chantajes? ¿O realmente trabajaba para organismos de seguridad de Estados Unidos y de Israel que necesitaban tener sus intereses bien afincados con material para domesticar a sus aliados? El caso Epstein en los Estados Unidos ya nos da una pauta de eso.
Y entonces aparece la gran duda. ¿Edmand Lara obtuvo las grabaciones, de las que dice que hay muchas más, de policías que filtraron parte del contenido del móvil incautado al principal asesor de Rodrigo Paz? ¿O Cerimedo entregó en custodia las grabaciones que ahora circulan?
También es posible que el propio consultor haya ordenado dar pequeñas muestras de lo que tiene para que desde el poder lo protejan y, eventualmente, busquen sacarlo del lío judicial en el que se encuentra.
Imposible saberlo ahora, difícil en el futuro y tal vez nunca se descubra.
Toda una novela, mezcla de thriller y espionaje.
Retaliación
El personaje más contento de esta obra parece ser el vicepresidente Lara. Primero porque es el directo heredero de la silla presidencial si Rodrigo Paz renuncia, y hay muchas posibilidades de que esto ocurra. Segundo, porque ha recuperado por completo la iniciativa.
Los que lo ninguneaban y los que lo aislaron del gobierno, pese a que la Constitución le otorgaba funciones que no pudo ejercer plenamente porque apenas le permitieron participar en el gabinete un par de veces, ahora son los acollarados.
Fiel a su formación policial, Lara va administrando las gotas del veneno de a poco.
Primero fue la grabación que mostraba que la relación entre el presidente Paz y el argentino era mucho más cercana y duradera de lo que había proyectado públicamente el mandatario.
Luego apareció la charla entre Cerimedo y el ministro del Interior, Marco Antonio “Tuco” Oviedo, donde el argentino dice: “cortaremos la luz e internet de todo el pueblo de San Julián”.
Eran los días de bloqueos en varias zonas del país y el gobierno había escogido esta región para dar un escarmiento a los bloqueadores después de que fracasaran otros dos intentos de abrir las rutas en el occidente del país.
San Julián es un pueblo estratégicamente ubicado sobre la carretera que une Santa Cruz con Beni. Está poblado por cruceños cuyos abuelos fueron collas llevados durante la dictadura de Banzer y son productores de oleaginosas.
Oviedo dice más en la conversación: “El ministro Óscar Mario Justiniano va a llevar a 300 o 400 changos”, es decir, muchachos.
Se trata, según el relato, del grupo de choque denominado Unión Juvenil Cruceñista, cuyos integrantes intervinieron en el desbloqueo y fueron filmados por pobladores y periodistas locales. El autor sostiene que hubo denuncias de robos y ataques sexuales contra mujeres de la población.
Finalmente, la gente del pueblo salió en defensa de los suyos y los expulsó, a ellos y a los 900 uniformados que no pudieron liberar la vía.
Los canales paraestatales difundieron imágenes en las que los “changos” distribuían, a cinco metros de los policías, bazucas caseras. Las imágenes luego desaparecieron de los archivos de los canales, pero ya circulaban por el universo digital, viralizadas por mucha gente.
“Tenemos que tener detenidos, sirven para todo”, dice muy suelto de cuerpo el ministro Oviedo en la charla que ahora le va a costar una interpelación parlamentaria.
Lo que el tiempo se llevó
Y mientras tanto los días pasan y octubre está cada vez más cerca.
En la calle, en las universidades y en las oficinas es vox populi que habrá movilizaciones al comienzo de la primavera. Contribuye a ello que termina la siembra y queda mucha mano de obra campesina desocupada.
Y en pocos días más se termina el estado de excepción. El gobierno piensa ampliarlo, pero necesita dos tercios de los votos y no está seguro de conseguirlos. Aun si obtiene el consentimiento parlamentario, está por verse si logrará frenar el malestar de los ciudadanos, que demandan terminar con las filas para conseguir diésel y tener la certeza de que los productos dejarán de subir.
Todavía hay vueltas de tuerca que pueden darse, pero la población ya compra alimentos duraderos como arroz y enlatados “por si acaso”.
También “por si acaso” sería bueno que algunos comenzaran a preparar las maletas, no vaya a ser que entre los comestibles almacenados haya una importante cantidad de dulces chamuña.