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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 144
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Fernando Cerimedo: “Prefiero que haya muertos”

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Un peritaje demostró la veracidad del audio de Cerimedo.

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Fernando Cerimedo: “Prefiero que haya muertos”

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Un peritaje demostró la veracidad del audio de Cerimedo.

En una grabación, el operador argentino Fernando Cerimedo habla de su influencia sobre el gobierno boliviano, afirma haber intervenido ante Marco Rubio y el Departamento de Estado y menciona gestiones con Ecuador, Israel y Argentina. Pero el pasaje más brutal aparece cuando analiza cómo terminar con los 53 días de bloqueo: “Yo le dije al presidente: o nos caemos por inútiles o nos caemos porque hay muertos. Si usted me pregunta, yo prefiero que haya muertos”. Desde la cárcel de Chonchocoro, Cerimedo negó haber hablado de matar, aunque reconoció haber dado un ultimátum al presidente y haber calificado de “idiota” al entonces ministro de la Presidencia José Luis Lupo.

Parecería una ironía cruel. El rey de los bots y de la mentira viral denuncia que le manipularon un audio. Fernando Cerimedo admite que la base de la conversación con el diputado Alejandro Reyes existió, pero dice que le agregaron cosas, que usaron equipos carísimos para hacerlo quedar como lo que es: un hombre al que no le tiembla el pulso para pedir represión.

Bolivia Verifica hizo un peritaje independiente y concluyó que el audio no fue modificado con inteligencia artificial. Lo que se escucha es lo que se habló. El audio no tiene fecha, pero, por lo que se dice en él, habría sido grabado en los últimos días del bloqueo, a principios de junio. Ahí, el asesor principal de Rodrigo Paz se despacha contra todos. Contra el presidente, contra sus ministros —a los que llama tibios—, contra la encargada de Negocios de Estados Unidos en La Paz, a la que califica de “hija de puta”.

Desde Chonchocoro, Cerimedo escribió una carta para matizar: “Sí le di un ultimátum al presidente y creo que el ministro Lupo es un idiota, pero de matar nunca hablé”. José Luis Lupo por esos días era el ministro de la Presidencia y, según Nadia Beller, en una oportunidad casi se agarra a golpes con Cerimedo en plena reunión de gabinete.

La pregunta que queda flotando es otra: ¿cuánto poder tenía un consultor argentino para darle ultimátums al presidente de Bolivia?

En el audio, él mismo se encarga de responder: “Hago cambiar la embajadora —en realidad se refiere a la encargada de Negocios— porque es una hija de puta. Fui yo el que la hizo cambiar. Fui yo el que llamó a Marco Rubio”. Y sigue, en torno al nuevo equipo de la embajada estadounidense: “Es bueno, es bueno, es del equipo, es de la línea MAGA, de la mía”.

“Pongo mi nombre en el Departamento de Estado, pongo mi nombre con Noboa, que nos regala los gases, pongo mi nombre con Israel para que nos traigan equipamiento táctico, consigo el avión de Argentina, puta, me como la puteada de los diputados, macho. Tomamos decisiones o me voy”.

La hora de los muertos

El momento más brutal es cuando habla de la salida a los 53 días de bloqueo que paralizó Bolivia.

“Yo le dije al presidente: o nos caemos por inútiles o nos caemos porque hay muertos. Si usted me pregunta, yo prefiero que haya muertos”.

Reyes, en el mismo audio, le advierte: “¿Por qué el despute, hermano? Igualito va a tener un juicio de responsabilidades por esto”.

Respuesta de Cerimedo: “Lo va a tener igual. Nos vamos a ir por las malas, si nos vamos a ir ahora o en cinco años. Nos vamos a ir a las malas, porque este país se gobierna a las malas, a la mierda. Después tenemos tiempo de recomponer, de sentarnos”.

El hombre que habla con esa tranquilidad de los muertos ajenos es el mismo que lloraba frente a Nadia Beller pidiendo que no hiciera públicas sus confesiones. El mismo que, entre sollozos, pedía ver a sus hijos horas después de ser detenido. Y es el mismo que, un día después de acompañar a su pareja a la ecografía que confirmó que estaba embarazada, la habría mandado a matar, según denunció Nadia Beller.

Y es más: pensaba que después de la masacre podría sentarse a “recomponer”. No conocía Bolivia. Si no, pregúntenle a Gonzalo Sánchez de Lozada, quien también pensó que después de los muertos podría sentarse a negociar y sigue viviendo su exilio en Estados Unidos.

Un caso digno de Freud. Y de Stephen King. Precisamente el autor de El resplandor, en la introducción de esta novela, refiriéndose a Jack Torrance, su personaje, escribió: “Los monstruos son reales, y los fantasmas también. Viven dentro de nosotros y, a veces, ganan”.

Por suerte, a veces, como en este caso, pierden.

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