El brasileño lanzó su séptima campaña electoral en el estadio que lo hizo famoso durante la huelga de 1979 contra la dictadura. Su discurso fue emocional, una convocatoria a la trinchera, a defender la soberanía frente a Estados Unidos, a procesar y cuidar recursos como las tierras raras, y a mejorarle la vida a las mayorías. Es el centro de la política como la entiende el PT y su tres veces presidente, y el discurso fue para la base.
Arrancó la campaña electoral y Brasil tuvo un momento de nostalgia, de retro, de recuerdo, que se sintetiza en una foto de 1979, plena dictadura militar. Es en blanco y negro, es en el estadio municipal de Villa Euclides, la inmensa barriada obrera de San Bernardo do Campo, una de las ciudades satélite de San Pablo. En la foto hay una multitud aclamando a un dirigente sindical treintañero, ya conocido como Lula, el Calamar. El actual presidente estaba al frente de una enorme huelga general, se hacía conocido a nivel nacional y arrancaba su camino de estadista.
La nostalgia vino porque el domingo 16 de agosto el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ochenta años cumplidos, lanzó su séptima campaña electoral en el mismo estadio, repleto y embanderado de rojo como en 1979.
El mismo día, el derechista Flavio Bolsonaro lanzaba también su campaña, pero en la playa de Copacabana. Si en San Bernardo había una multitud de rojo, en la coqueta playa carioca había algunos miles vestidos con la camiseta de la selección, el uniforme que usó Jair Bolsonaro en su campaña de 2018. El hijo, senador y ahora candidato, llegó al acto con un chaleco antibalas que se sacó para su discurso. Tenía una camiseta amarilla con la inscripción “mi partido es el Brasil”, y llegó del brazo de su mujer Fernanda. En el palco estaba su candidato a vice, Alfredo Gaspar, diputado acusado de violar a una menor. Y como para limar la imagen machirula, puso también la economista Daniela Marques, ex funcionaria de su padre, al lado del candidato a gobernador carioca Douglas Ruas.
Flavio, como candidato, está cada vez más desprestigiado por su pobre muñeca política. El acto del domingo dejó en claro la total falta de alianzas con la derecha moderada, ese archipiélago de partidos provinciales, conservadores, que traccionan votos hacia arriba y le dieron el triunfo a su padre. No había ni una figura del sector ahí en el palco, con lo que Flavio tuvo que hacer algo, digamos, pobre: lo imitó a Javier Milei.
Donde el argentino hablaba de la casta y sacaba una motosierra, el brasileño habla del PT y promete “un tijeretazo”. La promesa formal es recortar impuestos y gastos oficiales, echar a los “ñoquis petistas” y acabar con los negocios corruptos. Es porque la culpa de todos los males la tienen “los izquierdistas” y Lula en persona, “el corrupto”. Flavio mezcló bastante de Patricia Bullrich, también, prometiendo que va a impulsar una ley para la castración química de los violadores, reducir la edad de punibilidad para los jóvenes y disciplinar las escuelas, para que no sean “fábricas de militantes”. Son tres obsesiones de la derecha dura.
Los bolsonaristas también tuvieron su minuto de nostalgia, en este caso por el líder en prisión domiciliar por su intento de golpe en 2023. “Bolsonaro no puede estar hoy con nosotros”, entonó el hijo. “Pero como lo está viendo por televisión le quiero mandar un mensaje a ese hombre de bien, honesto e incorruptible: vuelve, Bolsonaro”.
Y el final fue dedicado a los socios norteamericanos, con la promesa de tratar a las bandas delictivas del Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital como terroristas. Como todo el mundo sabe que esto la agenda de Donald Trump, Flavio le dio una vuelta retórica: “El actual gobierno se pelea con un país cercano, pero no se pelea con los ladrones de celulares. No tenemos soberanía sobre nuestros celulares”.
Hasta lo aplaudieron.
Mientras tanto
El presidente sigue gobernando y parte de su campaña electoral es el armado político “por atrás”. Viendo que los partidos del Centro no se encolumnaron con Flavio, Lula enmendó la relación tan tensa que tuvo en este tercer mandato con los líderes legislativos. Primero, tuvo varias reuniones con el senador Davi Alcolumbre, del Partido Unión y presidente de la Cámara, que terminaron esta semana con una aparición pública, juntos para la foto. El presidente de la cámara baja Hugo Motta, del partido Republicanos, fue más lejos y declaró que apoya la reelección de Lula.
Y también se vio muy clarito a figuras de la derecha moderada de nivel como Ciro Nogueira y Artur Lira, operando para que sus partidos no apoyen ni pongan en sus listas a candidatos de Flavio.
Pálpito
Gilberto Kassab es el presidente del Partido Social Demócrata Brasileño, más conocido como los Tucanos, que en tiempos de gloria le dio al país presidentes como Fernando Henrique Cardoso. El PSD es un fantasma reaccionario de lo que fue, pero Kassab es uno de los brasileños mejor informados que existen. El fin de semana pasado, el ahora candidato a vice por su partido cenó en casa del conde Andrea Matarazzo, pariente de los Matarazzo de por aquí pero mucho más rico. Es el tipo de cena a la que uno le gustaría asistir, tanto para comer como para escuchar lo que habla la elite de un país.
Kassab explicó que los partidos del Centro -el conjunto de partidos pequeños que forman el “Centrón” conservador- no sólo no se alinearon con Flavio Bolsonaro, sino que “cerraron” con Lula. Ahora bien, el político es un conocido operador de alto nivel y queda en claro que si dice algo así en un lugar así, es para que se sepa.
Esta situación tiene un efecto práctico, inmediato. Ahora que comenzó la propaganda electoral en radio y TV, que se distribuye en un noventa por ciento en proporción a las bancadas legislativas, Bolsonaro pierde en proporción a su falta de alianzas. Lula gana, los partiditos del Centrón ganan, Flavio pierde minutos por no arreglar con sus socios naturales.
Milei
Marcio Elias Rosa es una persona importante para los argentinos porque es el ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios de Brasil. Este miércoles, le preguntaron qué consecuencias tuvo el desmadre de nuestro Javier Milei, que fue la estrella del acto de lanzamiento de Flavio Bolsonaro y luego siguió insultando a Lula. A principios de mes, el tratamiento ofensivo del argentino al brasileño fue muy comentado. En este fin de mes, Rosa le bajó el precio: Milei no logró afectar la relación comercial con Brasil.
No es que se inmolen por nosotros, hay que entenderlo. Argentina es el destino del 3,98 por ciento de las exportaciones brasileñas, y le vende el 4,49 de sus importaciones. Esto va muy atrás de los socios mayores, que son la Unión Europea, China y Estados Unidos, en ese orden.
Reservas
Los principales bancos brasileños reforzaron esta semana sus fondos de garantía, el dinero que guardan en una cajita para enfrentar créditos que no se pagan. El Banco Central bajó una fracción de punto la tasa básica de interés, pero la situación internacional, gracias a Trump, es tan inestable que nadie está tranquilo. El Banco do Brasil, Bradesco, Itaú Unibanco y Santander guardaron 91.000 millones de reales, unos 18.000 millones de dólares, en esa cajita en este primer semestre del año. Es un aumento del 23 por ciento respecto al mismo período de 2025.
La inflación en Brasi está bajo control, en un dígito bajo, pero el déficit es importante y se está notando en las tasas todavía altas. Es curioso, pero si los argentinos no pueden pagar sus deudas por la recesión horrorosa de Javier Milei, los brasileños tienen problemas por las tasas altas de los préstamos y las tarjetas.
Uniformes
Una curiosidad legal de Brasil es que los militares no solo pueden votar, sino que pueden hacer política y ser candidatos sin perder su estado militar. En 2018, de la mano del ex capitán Jair Bolsonaro, hubo 115 candidatos del Ejército. En 2022, cuando el ahora detenido buscó la reelección, fueron 107 candidatos. Este año son apenas cincuenta, de los cuales solo cinco están en actividad. Ni los de uniforme parecen creer en las chances de Flavio.