Europa multiplicó su gasto militar durante la última década mientras crecían los reclamos por vivienda, salud, educación y pensiones. Entre 2015 y 2025, la Unión Europea y el Reino Unido elevaron su presupuesto militar conjunto de 284.000 millones a 518.000 millones de dólares anuales a precios constantes. Quienes impulsan el rearme europeo lo justifican por el agravamiento de los riesgos internacionales. Señalan especialmente a Rusia, la guerra en Ucrania, China y la incertidumbre sobre los compromisos de Estados Unidos con sus aliados. Sin desconocer esos riesgos ni el derecho de los Estados a la defensa, queda pendiente una pregunta fundamental: si aumentar permanentemente los presupuestos militares es la única manera de construir seguridad.
Cinco claves:
- El gasto militar de la UE-27 y el Reino Unido creció cerca de un 83% en términos reales entre 2015 y 2025.
- Mantener el gasto de 2015 habría liberado unos 796.000 millones de dólares acumulados durante la década siguiente.
- La brecha anual europea de inversión en vivienda, educación, salud y cuidados fue estimada entre 100.000 y 150.000 millones de euros.
- El rearme no garantiza por sí mismo mayor seguridad y convive con ineficiencias, duplicaciones y fuertes beneficios para determinadas empresas.
- La alternativa propuesta no es el desarme unilateral, sino una estrategia de distensión, control de armamentos, cooperación y autonomía diplomática europea.
Durante las últimas semanas se han multiplicado las protestas y expresiones de malestar en distintas ciudades europeas. Desde las movilizaciones de inquilinos en España y Portugal hasta las demandas estudiantiles en Francia, pasando por las protestas en Albania contra la corrupción y la apropiación de espacios públicos, se suceden conflictos de distinta naturaleza y alcance.
Detrás de muchos de ellos aparece una preocupación compartida: el creciente distanciamiento entre las necesidades de amplios sectores de la población y las respuestas que encuentran en las políticas públicas. Mientras crecen las demandas sociales, se insiste en la insostenibilidad de conquistas históricas, como los sistemas públicos de pensiones, o en las limitaciones presupuestarias para atender necesidades de vivienda, educación y salud. Al mismo tiempo, ciertos discursos presentan a la inmigración como responsable de buena parte de los problemas sociales, del incremento de la delincuencia e incluso de los episodios de violencia callejera.
Una década de incremento del gasto militar
Sin embargo, cuando se trata de incrementar los presupuestos militares, las restricciones financieras parecen adquirir una notable flexibilidad. Medidas sociales —como planes preferenciales de vivienda— pueden demorarse años frente a aprobaciones exprés, y sucesivas, de esos incrementos.
Los datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) permiten dimensionar este proceso. Entre 2015 y 2025, el gasto militar conjunto de los 27 países que actualmente integran la Unión Europea más el Reino Unido pasó de unos 284.000 millones a 518.000 millones de dólares anuales, medidos a precios constantes de 2024. El incremento real fue cercano al 83%.
Evolución del gasto militar de la UE-27 y el Reino Unido, 2013-2025
Miles de millones de US$ constantes de 2024.

Nota: única línea de referencia: el nivel de gasto de 2015, mantenido constante.
Fuente: elaboración propia sobre base de datos SIPRI.
Si el gasto militar se hubiera mantenido, en términos reales, en el nivel de 2015 —ya muy considerable—, entre 2016 y 2025 se habría generado un margen acumulado de unos 796.000 millones de dólares.
¿Qué podría haberse hecho con esos recursos? La pregunta no es retórica. Un grupo de alto nivel sobre infraestructura social europea estimó en 2018 una brecha de inversión de entre 100.000 y 150.000 millones de euros anuales, principalmente en educación, salud, cuidados y vivienda, según el informe Boosting Investment in Social Infrastructure in Europe.
No se trata de suponer que todas las necesidades podrían resolverse mediante una simple transferencia presupuestaria. Falta un debate sobre una reforma impositiva, la financiarización o la relación entre trabajo y capital, sin ir más lejos. Pero la comparación de magnitudes es suficientemente elocuente.
Y la tendencia continúa, porque la Agencia Europea de Defensa informó que el gasto de los 27 miembros de la Unión proyecta para 2026 un nivel superior al de 2025. A ello se añade el programa europeo de preparación militar hacia 2030, presentado para movilizar hasta 800.000 millones de euros en inversiones para defensa (Questions and Answers on ReArm Europe Plan/Readiness 2030). Esta proyección expresa inequívocamente la orientación estratégica adoptada: más armas, menos bienestar.
¿Más gasto militar significa necesariamente más seguridad?
Quienes impulsan el rearme europeo lo justifican por el agravamiento de los riesgos internacionales. Señalan especialmente a Rusia, la guerra en Ucrania, China y la incertidumbre sobre los compromisos de Estados Unidos con sus aliados.
Sería absurdo desconocer que existen amenazas reales, aunque faltaría un debate profundo y honesto sobre qué serían verdaderamente amenazas para la sociedad europea. Y tampoco puede negarse a ningún Estado su derecho a sentirse seguro.
Pero reconocer el derecho a la defensa no implica aceptar que todo incremento del gasto militar resulte necesario, eficiente o conveniente, y mucho menos que una carrera armamentística constituya la única respuesta posible.
La primera cuestión que debería examinarse es si Europa utiliza adecuadamente los recursos que ya destina a su defensa. La respuesta sería un rotundo no. Más aún: no sólo dilapida crecientes masas de dinero, sino que lo hace selectivamente hacia determinados actores económicos que ven acrecentar sus beneficios.1
La pregunta es inevitable: ¿por qué se presenta el incremento del gasto militar como ineludible mientras se ignoran las posibilidades de mejorar la capacidad defensiva mediante reformas organizativas? ¿No será que avanzar por ese camino afectaría relaciones político-empresariales concretas y exigiría construir estrategias de distensión para las cuales a la dirigencia europea no le da el tupé?
La segunda cuestión es qué seguridad produce el rearme. Si extendemos la mirada más allá de Europa, el incremento armamentístico se vincula con dos fenómenos que alimentan los movimientos migratorios desde África. Por un lado, el militarismo alienta la generación y permanencia de conflictos, donde no están exentas las participaciones de la UE y otras potencias ni las de sus empresas armamentísticas. Por el otro, se reducen los fondos de cooperación destinados a combatir la miseria y los efectos del cambio climático que empujan a muchos a emigrar hacia Europa para sobrevivir. El horizonte presupuestario militar pasa al 5%. El de cooperación se aleja cada vez más del humilde ideario del 0,7%.2
La elección, por tanto, no es solamente entre armas y prestaciones sociales. También hace a la seguridad interna de la UE y a una cooperación real con los objetivos de bienestar de los pueblos africanos, e incluso de reparación histórica.
La alternativa es la distensión, no el armamentismo
El problema de fondo no se resuelve reclamando la congelación de los presupuestos militares. Esa medida podría liberar recursos importantes, pero no modificaría por sí misma las tensiones internacionales que alimentan la carrera armamentística. La verdadera alternativa exige una política deliberada de distensión, prevención de conflictos y construcción de acuerdos de seguridad.
Ello supone disposición a negociar, mecanismos verificables de control de armamentos, garantías recíprocas y respeto al derecho internacional. La historia ofrece numerosos ejemplos de acuerdos que permitieron limitar arsenales y reducir el riesgo de enfrentamientos sin eliminar las rivalidades políticas. La distensión no significa aceptar agresiones ni renunciar al derecho de defensa, sino rechazar la ilusión de seguridad construida exclusivamente mediante la acumulación de medios de destrucción.
Europa podría desempeñar un papel mucho más importante en ese terreno, pero necesita autonomía de criterio, capacidad de iniciativa diplomática y firmeza frente a las violaciones del derecho internacional, provengan de donde provengan. En ese sentido, el seguidismo a las administraciones de J. Biden y D. Trump —cada uno con lo suyo— ha sido nefasto.
Las instituciones europeas condenan tanto la agresión rusa a Ucrania como la devastación de Gaza o los ataques contra Irán. Pero en un caso aportan recursos sin fin y frente a otros —en conjunto— miran desde su balcón cómo se masacran poblaciones.
Europa debe examinar críticamente sus propias intervenciones y las consecuencias de sus decisiones —y no sólo ella—, pues la distensión no es debilidad: exige conducción política y capacidad para sostener posiciones incluso frente a aliados poderosos.

Tampoco el fortalecimiento de la competitividad empresarial y tecnológica europea pasa por convertir la industria bélica en uno de los motores privilegiados de su desarrollo. Una organización más racional de sus capacidades defensivas, acompañada de una reducción de las tensiones internacionales, permitiría orientar mayores recursos hacia la investigación, las infraestructuras, los servicios públicos y el desarrollo de actividades de mayor productividad destinadas al bienestar de su población.
Volvamos, entonces, a las demandas de las sociedades europeas. Cuando se afirma que las pensiones son insostenibles o que faltan recursos para la vivienda, la educación y la salud, mientras se comprometen sumas extraordinarias en una nueva carrera armamentística, no estamos ante una simple contradicción presupuestaria, sino ante una disputa sobre las prioridades políticas y sociales: beneficiar a unos pocos o priorizar el bienestar de las inmensas mayorías.
En definitiva, no se trata solamente de decidir cuánto gastar en defensa, sino qué Europa se pretende construir y qué papel quiere desempeñar en el mundo.
Referencias bibliográficas
Comisión Europea (2018). Boosting Investment in Social Infrastructure in Europe. Report of the High-Level Task Force on Investing in Social Infrastructure in Europe, presidido por Romano Prodi y Christian Sautter. European Economy, Discussion Paper 074. Bruselas: Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros.
Comisión Europea (2025). Questions and Answers on ReArm Europe Plan/Readiness 2030. Bruselas, 19 de marzo de 2025. Documento QANDA/25/790.
Comisión Europea, Eurostat (2026). Official Development Assistance as Share of Gross National Income. Indicador de desarrollo sostenible sdg_17_10. Luxemburgo: Eurostat. Serie estadística sobre la ayuda oficial al desarrollo como porcentaje de la renta nacional bruta.
https://ec.europa.eu/eurostat/databrowser/view/sdg_17_10/default/table?lang=en
Consejo de la Unión Europea (2024). Ayuda oficial al desarrollo: la UE y sus Estados miembros siguen siendo el mayor proveedor mundial. Comunicado de prensa, Bruselas, 24 de junio de 2024.
https://www.consilium.europa.eu/es/press/press-releases/2024/06/24/official-development-assistance-the-eu-and-its-member-states-remain-the-biggest-global-provider/
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE (2026). Development Co-operation Profiles: European Union Institutions. París: OECD Publishing. Estadísticas sobre el volumen y la distribución geográfica de la cooperación de las instituciones de la Unión Europea.
https://www.oecd.org/en/publications/development-co-operation-profiles_04b376d7-en/european-union-institutions_e27f9002-en.html
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE. DAC2A: Aid (ODA) Disbursements to Countries and Regions. OECD Data Explorer. París: OCDE. Base estadística de desembolsos de ayuda oficial al desarrollo por donante y región receptora.
https://data-explorer.oecd.org/
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE. Creditor Reporting System (CRS): Aid Activity Database. OECD Data Explorer. París: OCDE. Base estadística de proyectos y desembolsos de cooperación por país receptor, sector y donante.
https://data-explorer.oecd.org/
Parlamento Europeo, Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, EPRS (2025). Building a Common Market for European Defence. Briefing, PE 775.924. Bruselas, septiembre de 2025.
https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2025/775924/EPRS_BRI(2025)775924_EN.pdf
Parlamento Europeo, Dirección General de Políticas Exteriores (2025). Tackling Barriers to the Single Market for Defence. Estudio, PE 775.283. Bruselas, diciembre de 2025.
https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/STUD/2025/775283/EXPO_STU(2025)775283_EN.pdf
Stockholm International Peace Research Institute, SIPRI (2026). SIPRI Military Expenditure Database, 1949-2025. Estocolmo: SIPRI. Base de datos estadística.
https://www.sipri.org/databases/milex
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR (2026). Ukraine Emergency: UNHCR’s Response to Support Displaced Families. Ginebra: ACNUR.
https://unrefugees.ch/en/emergencies/ukraine-emergency
Organización Internacional para las Migraciones, OIM (2026). Damaged Homes and Energy Attacks Risk Displacing Ukrainians Again This Winter, IOM Warns. Comunicado de prensa, 16 de octubre de 2026.
https://iom.int/news/damaged-homes-and-energy-attacks-risk-displacing-ukrainians-again-winter-iom-warns-0
Desde la propia Europa se señala que las fuerzas armadas de los países miembros utilizan más de 170 sistemas de armamento diferentes, frente a unos 30 en Estados Unidos. La fragmentación y superposiciones elevan los costos y reducen la eficacia del esfuerzo. Ya en nuestro anterior trabajo se hizo referencia a estudios realizados sobre este aspecto. ↩︎
El 5 % es el compromiso asumido en la cumbre de la OTAN de La Haya (junio de 2025): llegar en 2035 al 5 % del PIB, con 3,5 % en gasto militar estricto y 1,5 % en otras necesidades
vinculadas a la defensa. El 0,7 % de la renta nacional bruta es la meta de ayuda oficial al desarrollo que el Consejo Europeo reafirmó en 2015 para alcanzar antes de 2030; en 2023 el conjunto de la UE destinó el 0,56 %. Según datos preliminares de la OCDE, en 2025 la ayuda de los países del CAD cayó 23,1 % en términos reales. ↩︎