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Ingeniera Portatadino: “Hay que reconstruir el sistema industrial en materia de defensa nacional”

Los recursos naturales, la capacidad tecnológica y la soberanía vuelven a poner en discusión el papel del Estado y de la industria nacional. La ingeniera mecánica Alejandra Portatadino asegura que la Argentina necesita reconstruir un sistema de defensa que articule Fuerzas Armadas, universidades, empresas públicas y privadas y el conocimiento científico.

–¿Por qué considera necesaria una industria nacional para la defensa?

–Portatadino: Hablar de industria es hablar de ingeniería, y hablar de una industria nacional para la defensa significa reunir los recursos humanos necesarios que generen herramientas y nuevas tecnologías para poder implementarla. Pero antes hay que responder dos preguntas fundamentales: para qué necesitamos esa industria y con qué capacidades podemos desarrollarla. Así lo entendieron ya en los albores de la Patria José de San Martín y Guillermo Brown al convocar a Fray Luis Beltrán, quien con sus conocimientos e investigaciones le hizo posible a San Martín el cruce de los Andes, y a Brown ganar la Batalla de Montevideo. Sin ingeniería no hay fuerzas armadas. 

–¿Cuál es el principal desafío que enfrenta la Argentina en materia de recursos naturales?

–Portatadino: Vivimos en un siglo XXI en el que los recursos naturales, los minerales, los hidrocarburos y las proteínas vegetales y animales son cada vez más necesarias y requeridas. Hay países cuyas poblaciones aumentan y necesitan garantizar alimentos, trabajo y bienestar, y a eso se suma la especulación financiera y la disputa por el control de esos recursos. Nosotros tenemos los recursos que necesitan, pero no hay voluntad política para generar los recursos para industrializarlos en nuestro territorio

–¿Qué papel juega la tecnología en esta disputa?

–Portatadino: El dominio tecnológico y de las comunicaciones otorga poder. Por eso un país rico en recursos puede terminar siendo dependiente si pierde su capacidad tecnológica, educativa y defensiva. La soberanía no consiste solamente en poseer recursos, sino también en disponer del conocimiento y las herramientas necesarias para administrarlos y defenderlos.

–¿Por qué vincula de forma tan directa la defensa nacional con la formación educativa y técnica?

–Portatadino: Porque uno de los pilares de cualquier desarrollo soberano es la educación técnica secundaria, terciaria y universitaria. Sin técnicos, ingenieros, científicos y una capacidad de pensamiento propia no puede existir una industria nacional de defensa. Es por eso que también las escuelas de formación de oficiales y suboficiales deberían tener una fuerte impronta técnica y proyectiva. Las escuelas de suboficiales deberían estar orientadas fuertemente a la educación técnica porque sus integrantes serán usuarios y operadores de equipos militares. En el caso de los oficiales se requiere una formación universitaria más compleja y vinculada con el pensamiento, el desarrollo y la innovación. 

–¿Qué función debería cumplir el Estado en este esquema que propone?

–Portatadino: El Estado es la herramienta esencial de una comunidad organizada. Necesitamos un Estado eficiente que garantice el bienestar común y que también genere las condiciones para desarrollar una industria nacional. Sin industria no hay empleo, disminuye el consumo y cae la recaudación. De este modo se genera una espiral de deterioro que termina debilitando al país.

–¿Qué relación considera que existe entre industria y soberanía?

–Portatadino: Es directa porque cuando un país pierde sus capacidades productivas queda a merced de otros Estados que sí disponen de industrias, tecnología propia y organización para defender sus intereses. Por eso dije, más arriba, que con tener recursos naturales solamente no alcanza. Hay que poder transformarlos, aportarles valor agregado y comercializarlos desde una posición de mayor igualdad.

–Usted menciona la necesidad de disponer de una fuerza disuasiva. ¿Qué significa concretamente?

–Portatadino: Poder demostrar a otros países que apropiarse de nuestros recursos tendrá un costo muy alto y que -por lo tanto- resulta más conveniente negociar en igualdad de condiciones. Si, por ejemplo, tenemos cobre no deberíamos limitarnos a exportarlo y después comprar los cables fabricados por otro país. Si otros necesitan cobre para cables, tenemos que venderles los cables, y para eso hay que desarrollar la capacidad para poder producirlos nosotros mismos.

–¿Cómo se construye esa capacidad disuasiva o de producción?

–Portatadino: Generando nuestros propios recursos defensivos, y eso supone disponer de conocimiento, tecnología, industria y Fuerzas Armadas capacitadas. También nos obliga a analizar qué ocurrió históricamente con proyectos estratégicos argentinos como el misil Cóndor, el Programa Submarino Argentino o nuestra industria naval.

–¿Por qué considera particularmente importante recuperar la industria naval?

–Portatadino: Porque somos un país marítimo, bicontinental, antártico e insular. El mar constituye una vía fundamental para comercializar nuestros productos y contiene enormes recursos ictícolas, minerales e hidrocarburíferos. Tener capacidades navales propias tanto militares como mercantes forma parte de la defensa de esos intereses y poder explotarlos nosotros mismos.

–¿Qué lugar deberían ocupar empresas como FADEA, Fabricaciones Militares, Tandanor y Río Santiago?

–Portatadino: Deberían convertirse en motores de un sistema industrial mucho más amplio, pero para eso primero tienen que dejar de ser utilizadas como cajas políticas o espacios para colocar amigos y familiares. Tienen que funcionar con criterios profesionales, productivos y estratégicos.

–¿La industria de defensa debería ser exclusivamente estatal?

–Portatadino: No necesariamente. Las grandes empresas estatales pueden funcionar como motores de empresas privadas más pequeñas. Para construir un buque, un avión o un sistema de armamento hacen falta matrices, cables, herramientas, electrónica, estructuras y una enorme cantidad de componentes. Empresas y astilleros privados pueden aportar piezas, conocimientos y capacidad productiva.

–¿Cómo imagina la conducción de esas empresas estratégicas?

–Portatadino: Mediante una verdadera red del conocimiento. El presidente de cada empresa debería responder al Ministerio de Defensa; un vicepresidente tendría que representar las necesidades de la Fuerza Armada correspondiente y otro debería ser un ingeniero elegido por universidades vinculadas con la actividad. Además, el directorio debería incorporar representantes de los trabajadores y de los ingenieros de planta.

–¿Qué papel tendrían las universidades en estos casos?

–Portatadino: Cumplirían un rol central: deberían investigar y desarrollar las herramientas y tecnologías necesarias para los proyectos de la defensa nacional. La relación entre universidades, Fuerzas Armadas e industria tendría que ser permanente y bidireccional: escuchar, comprender, analizar, investigar y desarrollar.

–¿Quién debería controlar políticamente este sistema?

–Portatadino: El Ministerio de Defensa debería establecer las políticas y recibir los proyectos y niveles de avance de las empresas. Y esos avances también deberían presentarse ante la Comisión de Defensa del Congreso de la Nación, de manera que exista conducción política e institucional. El Parlamento debería involucrarse generando las herramientas legales para promover esas industrias y promover un ciclo virtuoso.

–¿Cuál considera que es el principal obstáculo para construir ese modelo?

–Portatadino: Un cambio profundo de mentalidad, trabajar desde la honestidad intelectual y lidiar contra la corrupción. Volver a conocernos, hablarnos y dejar de odiarnos. Cada pensamiento político o filosófico puede aportar algo positivo si somos capaces de construir sin fanatismos. Muchos criticaron a Perón, pero el pensamiento de Perón como militar y estratega fue crear un movimiento para sacar lo mejor de cada ideología. El tema fueron los fanatismos, de unos contra otros, la codicia de ocupar los lugares. Las diferencias sectoriales fueron movidas por el egoísmo y la codicia, los dos males que nos destruyen como Pueblo, como Nación soberana organizada en un Estado virtuoso. Por eso destaco el pensamiento de Perón como militar y estratega, que apuntaba a construir un movimiento capaz de tomar elementos de distintas corrientes. Los planes quinquenales contemplaban tanto a la industria privada como a la estatal, junto con la defensa de los recursos, la soberanía y la cuestión antártica.

–¿Cuál debería ser, entonces, el objetivo final de una política nacional relacionada a la industria de la defensa?

–Portatadino: Construir una Nación soberana organizada alrededor de un Estado virtuoso, aspirando a ser tecnológicamente independiente mediante la industria, el conocimiento con Fuerzas Armadas comprometidas en ese desarrollo soberano, que puedan entender y tomar conciencia de la importancia de esas capacidad para proteger nuestros recursos, dependiendo lo menos posible de piezas extranjeras que puedan ser motivo de coacciones y afectar la capacidad operativa de nuestras armas. Ya nos pasó y nos sigue pasando. La defensa no puede pensarse aisladamente: requiere de educación, ciencia, ingeniería, producción pública y privada y una sociedad que comprenda que esos instrumentos forman parte de un mismo proyecto nacional. José Ortega y Gasset, que en 1939 visitó la Argentina, dio conferencia titulada «Meditación del pueblo joven» donde luego de abordar diferentes temas entre los más acuciantes invitaba a los argentinos a ocuparse de los problemas reales y concretos del país de forma directa, exponiendo como vivíamos a la defensiva en vez de usar todo nuestro talento y claridad mental para construir. En esa charla expresó una frase que resuena hasta el día de hoy: «¡argentinos, a las cosas!» Sus palabras adquieren -ahora- más significado que nunca si queremos recuperar la industria nacional para la defensa. De lo contrario, nuestro futuro será muy triste.

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