El Gobierno busca sumar recursos y sostener el carry trade mediante licitaciones de títulos públicos y financiamiento internacional, en un contexto en el que el crédito privado sigue vedado para la Argentina. El superávit comercial alcanza niveles históricos, pero no se traduce en crecimiento sostenido ni en mejora del empleo. El excedente externo se acumula parcialmente como reservas y sirve para cumplir vencimientos, mientras la economía interna sigue debilitada.
Pareciera ser que el Gobierno busca sumar recursos y continuar con el carry trade. Para eso recurre a licitaciones de títulos públicos y financiamiento internacional, que no puede ser privado. La pregunta es cuál sería la utilidad de la entrada de capitales y cuál es la estrategia de financiamiento. El saldo comercial crece, pero el excedente no se vuelca al crecimiento. El PIB crece poco y la desocupación no baja.
El 9 de julio, el Tesoro debe afrontar vencimientos por 4.350 millones de dólares, correspondientes a capital e intereses de los Bonar y Globales. Hasta el final de esta semana acumulaba 3.681 millones en su cuenta del Banco Central y tenía el objetivo de incrementarlos mediante una licitación llevada a cabo este viernes.
También el lunes se autorizó la toma de deuda por 5.000 millones de dólares con organismos internacionales, con el propósito de reducir los costos de financiamiento del Tesoro Nacional y con la particularidad de que se permite incorporar cláusulas de resolución de conflictos en los tribunales de Nueva York, renunciando a que el Estado argentino pueda invocar inmunidad de jurisdicción.
El miércoles se produjo otra novedad. La calificadora de riesgo Morgan Stanley Capital International, habitualmente denominada MSCI, mantuvo a la Argentina en la categoría de standalone, que es la que se reserva para las economías en las que no se recomienda la entrada de capitales. Esto desautoriza préstamos y compras de activos financieros argentinos por parte de grandes firmas, puesto que MSCI es la referencia internacional.
Financiamiento sin crédito privado
Pareciera ser que el Gobierno busca sumar recursos y continuar con el carry trade. Para eso recurre a licitaciones de títulos públicos y financiamiento internacional, que no puede ser privado. La pregunta es cuál sería la utilidad de la entrada de capitales y cuál es la estrategia de financiamiento.
En un contexto en el que la economía no crece a tasas aceleradas, no parece ser necesario. Sobre todo, por el volumen del saldo del comercio exterior. Sobre el final de la semana pasada, se conoció el saldo del comercio exterior de la Argentina para mayo de 2026. Las exportaciones alcanzaron un valor de 9.537 millones de dólares, 34,4 por ciento superior al del mismo mes de 2025. Las importaciones ascendieron a 6.033 millones, siete puntos por debajo. El saldo resultante fue de 3.504 millones, un máximo histórico para el superávit comercial de un mes.
El máximo de las exportaciones estuvo explicado, en su mayor medida, por los sectores agropecuario y energético. La variación interanual de los productos primarios fue del 22,5 por ciento; la de las manufacturas de origen agropecuario, del 20,5; y la de combustibles y energía, del 167,1. Los dos primeros rubros componen el 43 por ciento de las exportaciones, mientras que el último representa el 18,3 y mantuvo un superávit creciente a lo largo del año.
En ambos casos, los cambios de valor se explicaron por la preeminencia de las cantidades antes que por el efecto de los precios. El índice de precios de las exportaciones marca una variación de 13,9 puntos y el de cantidades, de 18,1. En el caso de las importaciones, los precios crecieron 7,6 puntos, pero las cantidades cayeron 13,6.
Un superávit comercial histórico
En el conjunto del año se repite el mismo patrón. En los primeros cinco meses de 2026 se acumulan 11.783 millones de dólares de saldo superavitario, contra solamente 1.883 millones de 2025. Las exportaciones crecieron 24,3 puntos y las importaciones cayeron 6,6. Ese volumen de superávit comercial indicaría que 2026 puede terminar con un saldo significativo en términos históricos.
Es uno de los elementos que permite avizorar las características de la economía libertaria. El excedente del comercio exterior es creciente por la expansión de los sectores exportadores, pero también por la baja de la producción y el consumo interno, que repercute sobre las importaciones.
Por ende, no se lo utiliza para financiar la expansión de la actividad. En una primera instancia, se transformaría en saldos ociosos acumulados en forma de reservas internacionales. Pero, como el Gobierno lidia con la espada de Damocles de la bicicleta financiera, eso ocurre parcialmente. Acumula reservas, pero a un ritmo que le permite cumplir con algunas obligaciones sin reactivar la economía.
Y, si se produjera una salida de capitales que se vuelquen al dólar, el Gobierno quedaría rápidamente en aprietos, porque no tiene recursos para controlarlo. Su margen de acción es escaso.
Es decir que, contrariamente a lo que suelen repetir las autoridades, el nivel alcanzado por las exportaciones no necesariamente indica una mejora de la economía argentina. Eso depende de que la política económica esté diseñada para capitalizarlo, y no es el caso.
Reservas sin crecimiento
También se difundieron por estas fechas los datos de ocupación y PIB del primer trimestre del año. La desocupación fue del 7,8 por ciento, casi igual que el 7,9 del año anterior, y un punto superior a la del primer trimestre de 2023, que fue del 6,9.
Y el PIB, como anticipaba el Estimador Mensual de Actividad Económica, creció 2,3 puntos. Se corrobora que el componente que más creció de la demanda es el de exportaciones, con un alza del 9,8 por ciento interanual. El consumo privado solamente creció 2,7 puntos y el público cayó 0,9. La formación de capital tuvo una baja del 11,6.
El empleo no acompaña
Que la desocupación no baje cuando el PIB crece parece más sorprendente de lo que es. Las ramas relacionadas con el mercado interno y la producción industrial todavía se encuentran por debajo de sus niveles de 2023. Y, mientras eso ocurre, se alimenta un esquema de endeudamiento, refinanciación y acumulación de reservas sin capitalizar que no se sabe en qué termina, pero en crecimiento seguro que no.