Antes de que el Parlamento europeo frenara el acuerdo con el Mercosur, los autores, ambos brasileños, escribieron en el site Terapia Política este artículo que no duda en tomar posición: si el tratado era peligroso antes, con este mundo inestable podría ser aún más dañino.
Hace pocos días, el presidente Lula declaró, refiriéndose al acuerdo Mercosur/Unión Europea, que “estamos cediendo más que los europeos” para poder firmar el acuerdo todavía en este año 2025. Y le hizo un llamado al presidente de Francia, Emmanuel Macron, y a la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, para que desistan de sus objeciones y permitan esa firma.
¿Qué está pasando? ¿Ese acuerdo no había sido dado por concluido hace pocos meses? Intentaremos explicarlo. Antes, sin embargo, cabe situar brevemente la cuestión del acuerdo en el contexto más amplio de la economía mundial y de la política de comercio exterior de Brasil.
Es una opinión extendida entre analistas internacionales que atravesamos un tiempo de transición a escala global. Estamos en un período especialmente incierto, inseguro e inestable. Si normalmente los países no actúan de manera aislada, desdeñando las circunstancias que los rodean, durante movimientos tectónicos es cuando evalúan sus pasos de manera especialmente calculada. No se suben a cualquier canoa.
Pues bien, estimado lector o lectora, en nuestro último texto1 expresamos perplejidad ante el modo en que el gobierno brasileño reaccionaba a la dinámica en torno a uno de los temas más definitorios de la actualidad: el comercio internacional. Brasil, severamente desindustrializado, retrocediendo a paso forzado a la condición de país primario-exportador, vuelve a adoptar el evangelio del libre comercio —justo en el momento en que las economías centrales y países emergentes relevantes reducen el grado de exposición externa de sus economías, adoptan medidas de protección frente a la competencia extranjera y elevan su nivel de autonomía productiva y tecnológica.
Mientras tanto, el gobierno de Lula dobla la apuesta por el libre comercio como estrategia de desarrollo, en una asombrosa línea de continuidad con los gobiernos de Temer y Bolsonaro. En ese sentido, el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea es emblemático y sintomático. Simboliza la estrategia de inserción comercial del gobierno de Lula y revela el sesgo liberalizante de su política económica externa. Con un agravante: lo que era malo quedó aún peor.
Con el apodo de “autos por vacas”2, las reglas de acceso al mercado de bienes agropecuarios que figuran en el acuerdo son aquellas negociadas por Paulo Guedes, las cuales poco alteran nuestra participación en el mercado europeo. Buena parte de los ítems más importantes para los productores brasileños continuará limitada por cupos —como la carne bovina, el pollo y el etanol—, mientras que los productos más básicos, como la soja, el café verde y el mineral de hierro, ya gozaban de arancel cero antes del acuerdo. Para tener una idea, los cupos son tan rigurosos que representan apenas el 1 % del consumo europeo3. Pero esta victoria flagrante no fue suficiente para los europeos. Insisten en un 7 a 1 para sortear las resistencias al acuerdo dentro del bloque.
He aquí el hecho nuevo: el Parlamento Europeo aprobó una instrucción a la Comisión Europea para que incorpore una cláusula de salvaguarda que prevé que, en caso de un aumento de importaciones de un mísero 5 %, la Unión Europea pueda iniciar una investigación expeditiva, con una duración de apenas tres meses, para suspender las condiciones preferenciales de acceso al mercado europeo u obligar a los países del Mercosur a adoptar los estándares europeos de producción de los bienes investigados.4
Sorprendentemente, países como Francia, Italia y Polonia todavía no están satisfechos. Quieren más rigidez. Del lado brasileño, sin embargo, el ministro de Agricultura aclaró que acepta perder por goleada, porque “no sirve de nada que andemos buscando el acuerdo perfecto”5. Nótese, estimado lector, que lo que nos sorprendió fue la postura del lado vencedor. La postración del lado perdedor ya estaba en el guion.
Lo peor es que este acuerdo Mercosur/Unión Europea forma parte de una serie de acuerdos comerciales que Brasil está negociando —como los que mantiene con Canadá y Corea del Sur— o que ya cerró —como los acuerdos con Singapur y la EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio).
Si se confirman el acuerdo Mercosur/Unión Europea y estos otros acuerdos del mismo tenor, cuyas negociaciones se remontan —asómbrense— al gobierno de Bolsonaro, estaremos más cerca de una neocolonización que de una neoindustrialización. Obviamente, esta elección no es adecuada ni sostenible, especialmente a la luz de lo que está ocurriendo en el mundo. La recientemente anunciada estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos no deja margen de duda sobre lo que entienden por reindustrialización. Se basa en la administración estratégica de su comercio y en la autonomía productiva y tecnológica en sectores críticos.
En lugar de buscar acuerdos anticuados, que nos obligan a una liberalización inconveniente, deberíamos promover un verdadero reordenamiento en nuestra estrategia de inserción económica externa. ¿Cómo puede el líder de un gobierno que pretende ser desarrollista, al frente de un país melancólicamente desindustrializado, salir por el mundo proclamando el libre comercio cuando los países donde ese liberalismo tuvo origen están en otra sintonía?
Se atribuye a Keynes la observación de que cuando los hechos cambiaban, él también cambiaba de opinión. Pues bien, los hechos han cambiado profundamente. ¿El presidente Lula cambiará de idea o está definitivamente aferrado a estrategias y políticas superadas?
- Paulo Nogueira Batista Jr. y Manoel Casado, “Para que la soberanía no sea un eslogan vacío”, 5 de septiembre de 2025. https://terapiapolitica.com.br/e-preciso-praticar-e-nao-apenas-proclamar-a-soberania/ ↩︎
- “El acuerdo tiene todo lo que necesitamos”, observó recientemente el comisario de Comercio de la Unión Europea, argumentando que “abriría mercados para los automóviles y la maquinaria de la UE y garantizaría acceso a minerales críticos para reducir la dependencia de China”. Según el Financial Times, el acuerdo fue bautizado como un tratado comercial de “autos por vacas”. “La UE quiere exportar bienes industriales y el Mercosur su carne, soja y cereales”, agrega el informe. ↩︎
- https://exame.com/agro/acordo-ue-mercosul-tem-falsa-batalha-do-agro-diz-ex-negociador/ ↩︎
- https://www.europarl.europa.eu/news/nl/press-room/20251208IPR32082/mercosur-meps-endorse-rules-to-protect-eu-agriculture ↩︎
- https://www1.folha.uol.com.br/mercado/2025/12/itamaraty-ve-sinal-positivo-para-assinatura-de-acordo-ue-mercosul-apesar-de-resistencia-da-franca.shtml ↩︎