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Lula le pide a Haddad que achique la diferencia

Fernando Haddad, una figura para reducir daños.

El presidente tiene buenos números electorales, pero le faltan candidatos que arrastren en San Pablo, Río y Minas Gerais. El rol del actual ministro de Hacienda, Fernando Haddad, un cuadro de los fuertes, sería presentarse como postulante paulista aunque el PT pierda. La meta es mejorar en sitios difíciles.

La derecha brasileña viene haciendo macanas que comprometen sus votos para las presidenciales de octubre, el presidente Luiz Lula da Silva muestra buenos números, pero las elecciones no están ganadas. En política, ocho meses y medio son una vida, y el armado electoral es una arquitectura de las bravas.

Para entender qué está pasando ahora en nuestro vecino y socio, y encontrarle el sentido a los conteos de porotos, lo primero es entender que casi la mitad del electorado nacional vive en el sudeste del país. San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais son los grandes distritos donde resulta crucial que el candidato a gobernador arrastre el voto a presidente. Lula lo sabe perfectamente bien, porque ya ganó elecciones con la masa de votos de estos tres estados ¡donde había perdido! El truco ni siquiera pasa por ganarlos, si no por perderlos por poco. Por ejemplo, en 2022 Lula le ganó a Jair Bolsonaro exactamente por la mayoría que le sacó en la capital paulista.

Pero el problema para el frente oficialista es que todavía no se sabe quiénes serán el candidato paulista y el mineiro, y el carioca, Eduardo Paes, del PSD, no parece muy entusiasmado con eso de ir al muere por una causa superior. Las encuestas muestran más desaprobación que aprobación con la gestión Lula en los tres estados mayores.

Ahí es donde reaparece la figura de un viejo soldado, el ahora ministro de Hacienda Fernando Haddad, que está siendo abiertamente seducido por Lula. Haddad era intendente de San Pablo y perdió la reelección en 2016, perdió la presidencial con Bolsonaro en 2018 y la gobernación paulista con Tarcisio Freitas en 2022. En todos los casos, se sabía que Haddad estaba poniendo el pecho por el partido, sin posibilidades reales de ganar, pero arrastrando votos para arriba. Un cuadro de aquellos.

Pero parece que Haddad es humano y no tiene ganas de ser, otra vez, el cordero sacrificial para que Lula reelija. Recientemente, presidente y ministro tuvieron un almuerzo de tres horas en el palacio del Ejecutivo, y los testigos salieron guiñando el ojo y haciendo deditos de ok. Parece que el gran caramelo es que el ministro sea sucesor de Lula, al frente de la alianza, en 2030.

Por supuesto, todavía falta ver quién haría de Haddad en Río y en Minas, este último un estado que quiere tanto a los petistas como Córdoba a los peronistas K. 

El Acuerdo

Otra aventura que tiene que encarar Lula a corto plazo es mandar al Congreso el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, que como se sabe fue frenado por el Parlamento europeo. En otra nota de esta edición, los brasileños Manoel Casado y Paulo Nogueira Batista explican por qué se oponen. Mientras tanto, desde el lado oficial, y al contrario que nuestro Javier Milei, que se entusiasmó como si hubiera sido idea suya pero no supo decir demasiado, en Brasil tienen cuadriculado lo que significaría el Acuerdo, y las empresas ya están arrancando sus planes de inversión.

Los brasileños calculan que, bien usado, el nuevo tratado les puede rendir unos 9.300 millones de dólares anuales, un 0,46 por ciento de su PIB. Además, esperan que las inversiones europeas directas suban de inmediato en un 1,19 por ciento y que el salario real en Brasil aumente un 0,41. El sector agrario es el más entusiasmado porque percibe que Europa puede reemplazar a Estados Unidos como mercado, después del tarifazo de Donald Trump. Ya están estudiando en detalle las regulaciones alimentarias europeas y preparando etiquetados multilingües para sus productos de exportación.

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