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¿Y ahora qué?

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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 144
Y Ahora Qué en +Perfil /// Entrevistas

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La autocrítica y el timonazo de Lula

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El objetivo es que el votante se sienta escuchado.

Lula analizó con dureza la primera vuelta, cambió la estrategia y está dando combate. Las encuestas siguen mal y la tarea es movilizar a los indiferentes.

Hay una pregunta que obsesiona a tantos brasileños, la que intenta descubrir cuándo fue que la derecha empezó a parecer una alternativa de cambio. No era así. La derecha era conservadora, reaccionaria, ocupada en revertir los cambios, en conservar o reaccionar. No es lo que está pasando en Brasil y en tantos otros países, y es algo que se analiza ahora con urgencia.

La autopsia post mortem de la primera vuelta en la que el presidente Lula da Silva perdió por casi dos puntos ante el flojo, muy flojo senador Flavio Bolsonaro tomó en estos días buena parte de la energía del PT. No es filosofía, es entender por qué pasó lo que pasó, para revertirlo. Una conclusión es que Lula es víctima de su propio éxito: un enorme número de brasileños salió de la pobreza en sus tres gobiernos, creó “una clase nueva que hoy gana de dos a cinco salarios mínimos” y que “ahora quiere más”. Parte de ese grupo piensa o siente que Lula ya no le ofrece un cambio, una vía de ascenso social.

En resumen, Lula cumplió sus objetivos con claridad y eficiencia, pero creó aspiraciones nuevas que no tenía cómo satisfacer. La crisis de deuda privada que vive Brasil, con millones de personas endeudadas “con intereses pornográficos”, es un indicio claro de esta tendencia, porque el crédito es una manera de ampliar el salario. Sólo que un día llega la cuenta.

Otro error conceptual que se discutió mucho es la actitud hacia el votante bolsonarista que, ya en las elecciones anteriores, a partir de 2018, fue visto y tratado como un radicalizado, extremo y aislado. Las encuestas y el análisis cualitativo del voto de la elección que ganó Jair Bolsonaro demuestran que logró apoyo en todas las clases sociales, movilizadas por su mensaje de seguridad pública y valores familiares. Esto no desapareció con el triunfo de Lula en 2022 y reapareció este domingo 4 de octubre.

Y no es que la mayoría de los votantes de Flavio esté de acuerdo con recetas como la castración química, la reducción de la edad de imputabilidad, la creación de un archipiélago de prisiones o las penas extremas para delitos menores. No hace falta. Lo que ocurrió, se analiza ahora, es que un amplio sector se sintió escuchado por el candidato. Las sofisticadas explicaciones progresistas sobre la inseguridad -sus causas profundas, sociales, educativas y económicas- son verdaderas, pero no movilizan como el simplismo de derecha.

Uno de los coordinadores de la campaña de Lula, su ex jefe de Gabinete Gilberto Carvalho, resumió el problema: “Nos equivocamos cuando pensamos, y el mismo presidente pensó, que bastaba comparar nuestras realizaciones con los desastres de ellos. Pasamos la mayoría de la campaña informando al pueblo sobre lo que hicimos y hablamos poco del futuro. Eso estuvo mal”.

Carvalho agregó que otro error fue subestimar a Flavio como alguien sin experiencia y sin el carisma de su padre.

Estrategia

Las encuestas no favorecen a Lula. Datafolha muestra una ventaja para Bolsonaro para la segunda vuelta del 25 de octubre de 52 a 48. La de Atlas/Bloomberg de esta semana indica una de 51,1 a 45,7, con un 3,2 votando en blanco. La de Quaest de este miércoles 14 es más moderada, con un 46 a 44 y un notable 9 por ciento de voto en blanco.

Lula necesita movilizar cuatro millones de votos como mínimo, que sólo pueden venir de los que no votaron, casi la cuarta parte de la población brasileña. La estrategia para esta escasa semana se basa en dos ideas, la de advertir al votante de la que se viene si gana Bolsonaro y aplica el “tijeretazo” al estilo Milei, y la de poner al presidente en contacto directo con los votantes.

Una manera es la de hacer selfies, videítos simples en los que el presidente habla directamente al votante. A los 80 años, Lula no tiene el estilo digital de otras generaciones, pero tres días después del primer turno, el miércoles 7, hubo una reunión de estrategia con aliados de campaña en un hotel de Brasilia. Las estrellas de la reunión fueron los candidatos exitosos que usaron las redes para elegirse, en particular Ana Elisa, diputada electa de apenas 21 años. La chica, en edad nieta de Lula, le explicó que fue la segunda más votada en Minas Gerais y que su voto se repartió parejito por el enorme estado, pese a que había visitado apenas diez localidades, gracias a sus cotidianos videos. Lula, flexible como siempre, compró la idea.

Lo de explorar “la oscuridad” de Flavio arrancó fuerte el fin de semana pasado con el presidente en actos por la Señora de Aparecida, patrona del Brasil. Como se recordará, en las redes flotaba la idea, errónea, de que Flavio había apoyado un viejo proyecto de sacarle ese rol. Resulta que aunque quisiera no podría hacerlo, porque esos patronazgos los decide el Vaticano y no los gobiernos locales. Pero la identificación del derechista con los protestantes es tal, que la noción circuló. Lula fue a la yugular diciendo que “la patrona fue ofendida por algunos religiosos que no respetan la religión de los otros”.

Otro ejemplo es la fascinante página web dedicada a los delitos y corruptelas de Flavio y su familia, https://bolsomaster.site. Es un verdadero compilado de viajes en aviones privados, compras inmobiliarias fastuosas, pagos inexplicados y un largo etcétera, un arsenal para los que quieren desmentir el honestismo a la Lilita Carrió de la derecha.

Para lo que hay que prepararse es para el debate de este domingo 18 en la red Band. Al contrario que en el primer turno, esta vez es cara a cara entre los dos principales, con lo que si uno no va le está regalando al otro un invaluable tiempo de discurso a solas. Lula dijo que sí y Flavio tardó un día más en anotarse.

Entre otras cosas, el presidente va a poder hablar del éxito que tuvo este miércoles 14 cuando el Senado finalmente hizo ley el nuevo régimen de trabajo 5×2. Es, con décadas de atraso, el Sábado Inglés argentino, en el que se tiene dos días completos de descanso por semana, o se paga extra. En Brasil, eran seis días indiferentes, esto es, el domingo no valía más. El voto fue abrumador, de 75 a 1, y hasta Flavio tuvo que votar a favor.

Pobre: enseguida se supo que le había avisado de antemano a sus apoyos empresariales que lo hacía “porque hay elecciones”, pero que no tenían que preocuparse porque apenas asumiera como presidente “lo voy a revisar”. Las cargadas fueron inmisericordes.

La estrategia de Flavio

Es notable la creciente incomodidad del establishment brasileño con el candidato de derecha. “El proyecto económico de Flavio Bolsonaro es un misterio”, se quejó O Estado de Sao Paulo. La única referencia concreta del candidato dejó preocupados a todos, porque se refirió a su modelo, Javier Milei, con un tijeretazo a las cuentas públicas. Son constantes las caricaturas en que el brasileño y el argentino aparecen juntos, con Milei prestándole la motosierra bajo la mirada benigna de Donald Trump.

Los asesores económicos del candidato, un grupo indefinido del cual todavía no sale un nombre concreto para ministro, murmuran ideas a los periodistas amigos. Hablan, por ejemplo, de un recorte de entre 40 y 60 mil millones de dólares en el presupuesto nacional, que haría posible una baja de impuestos y de tasas de interés. Pero no explican dónde recortarían, lo que deja la clara, sensata, fundada sensación de que se van a joder los más pobres. El coordinador de la campaña bolsonarista, el senador Rogerio Marinho, ya en marzo empezó a hablar de una reforma previsional. En buen romance, eso significa hacerle más difícil al trabajador el final de su carrera, con más trámites y menos prestaciones.

Papá Jair ya había experimentado en su mandato este tipo de recortes, con el menos áspero sistema de dejar languidecer a los programas que no le gustaban con la inflación y limarlos de a poco. Por ejemplo, no quisieron pagar el costo político de cerrar el programa Farmacia Popular, que provee remedios a mejor precio. Cuando Jair asumió, el programa tenía 600 millones de dólares de presupuesto: cuatro años después tenía 500, pese al a inflación

“Flavio va a gobernar como gobernó su padre”, se sinceró el senador Valdemar Costa Neto, presidente del Partido Liberal, sello bolsonarista.

El coordinador Marinho quiere una reforma laboral que continúe la que piloteó la de 2017, bajo Jair, que liquidó la contribución obligatoria a los sindicatos y le bajó el nivel a las negociaciones colectivas. La nueva reforma dejaría de lado esas negociaciones y haría oficiales las negociaciones de cada trabajador con cada empleador, como en el siglo 19

Miedos

Hay sectores del Estado que ya están consternados con la idea de Flavio presidente. El Palacio de Itamaraty, la Cancillería brasileña, vive días de tensión, sobre todo conociendo lo que pasó y pasa en la Cancillería argentina bajo Milei. Los diplomáticos de allá consideran “un desastre” el gobierno de Bolsonaro padre y los más veteranos no quieren volver a vivir las humillaciones de esos años. Ya se habla abiertamente de jubilarse, sobre todo porque se asume que el hermano 0.3, Eduardo Bolsonaro, va a ser el próximo canciller.

Eduardo tiene pedido de captura. Si vuelve de Estados Unidos, donde vive, va preso por traición a la patria por su lobby anti Brasil en la corte de Trump.

El futuro posible canciller ya dijo que va a hacer “limpieza” en el ministerio. El ala senior de la diplomacia considera que se pasó, y que es mejor irse.

El otro sector preocupadísimo son las cúpulas militares, que ya ven al Brasil en el Escudo de las Américas que inventó Trump con los gobiernos derechistas de Argentina, Chile, Ecuador y Colombia. Los generales no quieren ni oír hablar de un mecanismo que permitiría a los norteamericanos enviar tropas a operar en suelo soberano contra narcos ahora redefinidos como terroristas.

Moraes

Uno de los objetivos clarísimos de la campaña derechista es tumbar el ministro de la Corte Suprema Alexandre de Moraes, que mandó preso a Jaír Bolsonaro por golpista y por conspirar para asesinar al entonces presidente electo Lula da Silva. Moraes lo sabe, como lo sabe hasta el gato en Brasilia, pero parece dispuesto a caer haciendo fuego. Acaba de ordenar que apenas Eduardo Bolsonaro pise suelo nacional comience a purgar su condena de cuatro años y dos meses en régimen semiabierto. Como el Bolsonaro 0.3 vive en EEUU, no lo afecta en lo inmediato, pero para volver a casa va a necesitar que su hermano mayor, ya presidente, lo perdone por decreto.

Y después asume como canciller…

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