Hace ya cuatro meses que Estados Unidos está en guerra con Irán, ahora sin participación del aliado, y tal vez motivador, Benjamín Netanyahu. Es un fracaso que el mismo Donald Trump se inventó, porque la guerra no era necesaria ni provocada por los iraníes, y porque él la vendió como cosa de días. Hubo una tregua, hubo una negociación, pero la guerra se recalentó y ahora se está complicando.
El Naranja acaba de amenazar con bombardearles hasta los puentes de las autopistas de Teherán, pero los ayatolas ni se inmutaron. Simplemente prometieron un “ojo por ojo” y, mientras tanto, el petróleo volvió a subir.
Es una guerra asimétrica de libro. Es una regla de la vida y de la guerra, en la que los insurgentes ganan sólo con durar, porque el objetivo del grandote es exterminarlos. Con que sigas respirando, ya la ganaste, como comprobaron los vietnamitas, los afganos y los iraquíes, por citar a algunos.
En este caso, mientras los ayatolas puedan seguir tirando misiles a los aliados árabes de Washington y amenazando a los buques en el Estrecho de Ormuz, siguen en el ring.
Y como Trump evidentemente no sabe qué hacer, Teherán movilizó a sus minions yemenitas, los houtis. Aquí conviene ir al mapa y buscar la Península Arábiga, casi completamente tomada por el Reino de Arabia Saudita, con bolsillos de emiratos y el sur con Yemen. A la derecha del mapa, aparece Ormuz y los puertos de exportación de petróleo al alcance de los misiles iraníes. A la izquierda aparece el Mar Rojo, que al sur casi se acogota en el estrecho de Bab al-Mandab. Justo donde están Yemen y los houtis.
Los buques tanque petroleros son masivos, les cuesta frenar, les cuesta acelerar, les cuesta doblar. Y, para mejor, son blancos masivos y explosivos como una bomba. ¿Quién te cubre el seguro en una zona de guerra? Nadie, y esa es la enorme debilidad del atacante y la fuerza del atacado.
Para exportar a sus mercados de Asia, los saudíes estaban sacando la producción por el Mar Rojo, que duplicó el tráfico de buques tanque rumbo a Corea, Japón, China y otros mercados orientales. Son casi cuatro millones de barriles por día por esta vía, una fortuna.
Este jueves, los houtis empezaron a hacer tiro al blanco con los petroleros, le dieron a dos y efectivamente cerraron esta vía. Ahora quedan apenas dos. Una es un oleoducto, que llega a Egipto pero no tiene ni remotamente la capacidad de manejar semejante volumen. La otra es mandar los buques por el Canal de Suez, lo que implica usar buques chicos porque el canal no tiene gran profundidad y pagar una fortuna en fletes, porque los petroleros van a tener que cruzar el Mediterráneo y dar la vuelta al Africa para llegar a Asia, tremendo viaje.
El chantaje es perfecto: el mismo jueves el petróleo volvió a subir y llegó al precio simbólico de cien dólares por barril. Trump no la vio venir y ahora no tiene nada que ofrecer, excepto amenazas de violencia. Eso aumentaría el sufrimiento del iraní de a pie, pero todo indica que la teocracia sigue firme por más muertos que haya.
El régimen mató más gente reprimiendo y en menos tiempo, que los que mataron los bombardeos israelíes y norteamericanos.
Por suerte, Estados Unidos tiene plata porque su secretario de Defensa, Pete Hegseth, tuvo que ir al Senado a pedir fondos. No le alcanzaron los 25.000 millones que le dieron a fines de abril, y ahora pide 12.000 millones más. Esto es la guerra que ya está costando 37.000 millones. Y Hegseth ya avisó que solo es el costo directo, porque hará falta casi otro tanto para reponer el material bélico quemado, usado y gastado contra Irán.
Fracasos
Trump pensaba que la guerra con Irán iba a terminar en cosa de días y que iba a poder usarla como un laurel electoral. Le salió bien el secuestro de Nicolás Maduro y su mujer, y controlar Venezuela será rentable pero no huele a gloria, no tiene potencial electoral.
El cálculo en Medio Oriente le salió más que mal, pero es apenas el más visible de sus problemas para las legislativas del 4 de noviembre. Por ejemplo, todo el lío económico que creó con las tarifas de importación, que resultaron inflacionarias, se justificaba, según el Naranja, en la creación de más empleos industriales en suelo propio. Pero resulta que la Reserva Federal, el Banco Central de por allá, calcula que de 12.673.000 trabajadores industriales que había en enero de 2025, cuando empezó el segundo gobierno Trump, quedan ahora 12.598.000, o sea se perdieron 75.000 puestos.
El 30 de junio de 2025, la Casa Blanca informó que “La Gran Hermosa Ley Corta el Déficit y la Deuda Nacional Mientras Dispara el Crecimiento Económico”. (Si, la Casa Blanca es ahora un mal caso de mayusculismo). Pero Trump asumió con una deuda nacional de 36,2 trillones (con ‘t’) de dólares y la llevó en 18 meses a 39,5 trillones.
La economía ni en sueños se disparó, el empleo que se genera es en servicios, la inflación no se puede dominar y el súper recorte de impuestos a los ricos ya le está sacando servicios sociales y médicos a millones de personas.
Ningún laurel electoral en la lista.
Negocios
Pero hay quien es feliz con Trump. Por ejemplo, la inmensa firma Westinghouse, que entre otras muchas cosas fabrica plantas nucleares.
Esta semana se supo que el Naranja autorizó la transferencia tecnológica para el enriquecimiento de uranio a Arabia Saudita. Los saudíes están lívidos con la guerra con Irán, que les está costando una fortuna y destruyó la ilusión de que el Reino era un lugar pacífico y seguro para los inversores internacionales. El gesto de la Casa Blanca es un regio caramelo. Claro que, como siempre, el caramelo tiene un lado muy rentable porque la autorización es para que compren tecnología llave en mano de Westinghouse, y estos aparatos cuestan miles de millones de dólares.
Cuando Benjamín Netanyahu protestó en público -la tecnología tiene el potencial de usarse para crear bombas atómicas- Trump dijo públicamente que todo era condicional a un reconocimiento formal con relaciones diplomáticas con Israel.
Los que no están contentos son los canadienses, ya que la Casa Blanca anunció el lunes que va a imponer tarifas de importación del 50% a productos de ese origen. Es notable: la excusa es que Ottawa les puso tarifas a los quesos, los autos y el whisky norteamericanos. Es cierto, pero fue un gesto de reciprocidad ante tanta chicana.
Inmunidad
Los comandos enmascarados de migraciones, las tropas de ICE, volvieron a matar gente y, como siempre, gente que ni de acuerdo a sus propias reglas deberían haber matado: ciudadanos, inmigrantes legales, cuatro inocentes confundidos con blancos de las razzias en Maine y Tejas. Fue otro escándalo y los agentes tuvieron que suspender sus acciones.
El problema es que, por placa y uniforme que uses, cuando alguien muere hay una investigación penal y ni siquiera los MAGA están exentos de eso. Pero Trump encontró una solución: esta semana, las oficinas del FBI de todo el país recibieron una comunicación de la central, ordenando que no investiguen casos que involucren a agentes de migraciones.
No será inmunidad, pero es una garantía de impunidad.
Daniel Ortega
El presidente de Nicaragua ya fue un héroe para muchos, un líder sandinista que ayudó a acabar con una horrenda dictadura. El domingo se consagró abiertamente como presidente de por vida, en un discurso público: “nunca más va a haber elecciones aquí. ¡Olvídense! No van a poder más tratar de tomar el gobierno esos partidos inventados por los yanquis. Hay que erigir un muro contra los golpistas, los traidores. No importa cuánto dinero les den, no van a lograrlo”.
Ortega gobierna desde hace casi veinte años.